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    Historia-Revista de la Carrera de Historia

    Print version ISSN 2519-0253

    Historia  no.38 La Paz  2017

     

    RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

     

    Banco Central de Bolivia (2015).


    Historia Monetaria de Bolivia.
    Tomo I: Pre-colonia a 1875 La Paz: Banco Central de Bolivia, 266 p.ISBN 978-99974-50-40-1

     

     

    Fabricio D. Gonzalez Quint Aranibar1
    1 Estudiante de la Carrera de Historia. Correo electrónico: fabri.gqa@gmail.com

     

     


    Recientemente, el Banco Central de Bolivia ha propiciado la publicación de la obra Historia Monetaria de Bolivia escrita por varios historiadores y conformada por dos tomos. En el primero, las autoras Carmen Beatriz Loza, Clara López Beltrán y Esther Aillón Soria hacen un análisis histórico del uso de la moneda en el actual territorio de Bolivia desde la época prehispánica hasta los primeros 50 años de la República. En el segundo tomo, por su parte, se analiza el manejo económico y monetario de Bolivia desde 1875 hasta 2013, examinando la creación de varios bancos, el periodo económico neoliberal y la crisis de 2005, entre otras cosas.

    El primer tomo se divide en cinco capítulos que estudian el tema en la larga duración. El primer capítulo, escrito por Carmen Beatriz Loza, está exclusivamente dedicado a la época prehispánica. La autora se centra en la llamada "premoneda" y el sistema que llama "premonetal". Los mindaláes mercaderes que comerciaban bienes exóticos de tierras bajas y los kallawayas formaron una red comercial con las tierras bajas y estaban en contacto con los mercados que los españoles identificaron como tiángueces término náhuatl mucho antes de la época inka y que posteriormente fueron anexados por los inkas. En estas redes mercantiles existió la llamada "moneda mercancía" que generalmente era un producto de difícil acceso y que servía para consumo ceremonial o económico: ahí hallamos a la hoja de coca. En ese sentido, el mullu o espondilo y un tipo de molusco era más apreciado que el oro y la plata por sus caracolas o chakiras y por ser consideradas "hijas del mar" (p. 33). Esta "moneda mercancía" fue todavía utilizada como medio de pago hasta el siglo XVI.

    El capítulo 2, redactado por Clara López Beltrán, analiza los siglos XVI y XVII en el territorio de la Audiencia de Charcas en cuanto al ámbito monetario. Comienza explicando la locura de los españoles por los metales oro y plata sobre todo al llegar a nuestro continente. Asimismo, se analiza la relación entre encomenderos y tributos indígenas: estos fueron regulados durante la gestión del virrey del Perú, La Gasca, en la década de 1550 y posteriormente, el virrey Toledo instruyó que se efectuasen los pagos en especies y en monedas para introducir el sistema monetario en el Perú. A ello contribuyó también la instauración de la mita potosina pues con la misma se inició el pago de salario en moneda para mitayos y mingas también llamados trabajadores libres. Además, ya era patente la importancia del distrito de Potosí en el virreinato del Perú con dos grandes centros mineros: Porco, explotado desde 1536, y el Cerro Rico, desde 1545. En los primeros años, no se requería de mucha tecnología para explotar el mineral de plata pero en la década de 1570 tuvo que introducirse el método del amalgama con mercurio o azogue: así se llegó al punto más alto de producción en 1592 con 200.000 marcos de plata (p. 61). De esa forma, Potosí se convirtió en un gran mercado mundial de consumo. Este tema es ampliamente ilustrado en el capítulo.

    El capítulo 3, también escrito por López Beltrán, se centra en la primera Casa de la Moneda de Potosí desde su creación hasta su desaparición en 1773. Por los problemas de escasez de moneda, se ordenó en 1565 la apertura de la Casa de Moneda de Lima; al no ser suficiente su producción y al existir un enorme crecimiento del sector minero, también se instaló otra Casa de la Moneda en el corazón mismo de la minería, es decir en Potosí. Las monedas acuñadas en esta casa tuvieron dos etapas interrumpidas por la falsificación de plata y que son ampliamente desarrolladas en el capítulo: entre 1575 y 1652 y entre 1652 y 1773. Se examina también el tipo de monedas acuñadas en estas épocas, el contrabando de plata, la merma en la mano de obra debido a la mita toledana, el malestar de mestizos e indígenas que se tradujeron en levantamientos importantes, la crisis minera potosina del siglo XVIII y el cambio de la Casa de la Moneda en 1773 por una más grande y amplia que cierra el ciclo de transición entre la política imperial de los Habsburgo y la centralista borbónica (p. 112).

    El cuarto capítulo elaborado por Esther Aillón Soria empieza con la crisis minera de 1680 a 1750 y llega hasta las guerras independentistas que desligan a nuestro territorio del dominio español. Hubo una destacable recuperación minera hacia fines del siglo XVIII que se expresó en el hecho que la plata potosina representaba 40% de la plata del Virreinato del Perú en 1770 y 80% de las exportaciones del Virreinato del Río de La Plata (creado en 1776) en 1780 (p. 120). En estos años, otros centros mineros como Oruro, La Paz y Carangas también fueron importantes. Además, se creó en 1747 el Banco de Rescate de Potosí que subvencionaba el azogue, recuperaba el mineral de los k'ajchas o "ladrones de plata" y entregaba las pastas a la Casa de la Moneda. La nueva Casa de Moneda de Potosí amonedaba entonces una mayor cantidad de monedas de plata. Todos estos eventos son ampliamente referidos en este capítulo que muestra también cómo la producción argentífera se vio terriblemente afectada por las guerras de independencia en estas regiones. Con la independencia se terminó la subvención al azogue; el número de propietarios mineros disminuyó debido a la guerra; se abolió la mita y muchas minas fueron abandonadas e inundadas. Existió, asimismo, una confusión en cuanto a las amonedaciones de 1808 a 1816: en efecto, entre 1810 y 1815, los ejércitos argentinos revolucionarios tomaron Potosí y mandaron a acuñar monedas de "las provincias unidas del Río de La Plata" mientras que los realistas tenían órdenes de mandar a acuñar monedas con el busto del rey hasta que en 1816 los realistas retomaron Potosí y acuñaron solamente monedas de Fernando VII ("Ferdin VII"). También, y vale la pena mencionarlo, en este capítulo se estudia los tres tipos de monedas acuñadas en este periodo: las macuquinas de 1574 a 1773 (método arcaico), las columnarias de 1767 a 1772 (redondas con la imagen de dos mundos entre columnas y con cordoncillo) y las de Busto de 1772 a 1825 (redondas con la imagen del rey y con cordoncillo).

    Finalmente, en el último capítulo que igualmente fue escrito por la doctora Aillón, el texto se concentra en los primeros cincuenta años de la República de Bolivia. Se analiza aquí el desorden fiscal y monetario heredado por la guerra de independencia que llevó a los gobiernos bolivianos a imprimir billetes de crédito público y a acuñar monedas de baja ley o las denominadas "febles". Aunque la idea de Simón Bolívar y de Antonio José de Sucre era continuar emitiendo monedas con la misma ley que en la colonia, el mismo Sucre se dio cuenta que era necesario acuñar monedas de baja ley y, por ende, Andrés de Santa Cruz emitió una enorme cantidad de monedas febles a partir de 1829. Aunque José María Achá intentó poner fin a esta moneda feble en 1863 con la implementación del sistema decimal francés contra la base octal que se utilizaba desde la colonia, fue Agustín Morales en 1873 que eliminó completamente la emisión de monedas febles. Hilarión Daza (1877) la devaluó para que saliera de circulación. Todo esto está muy bien analizado en este capítulo. También se examina a detalle el problema de proteccionismo y librecambismo durante el siglo XIX librecambismo que provoca el auge minero de plata desde la ley de libre exportación de pastas de plata de 1872 hasta finales de siglo, el problema del azogue resuelto con las vetas de California, el problema de la escasez de mano de obra, la acuñación de cuatro denominaciones (los Pesos, los Soles, los Pesos Melgarejo y los Bolivianos) y la historiografía boliviana que aborda estos temas (con autores como Mitre, Platt, Benavides, Dalence, Santiváñez, entre otros).

    Este libro se convierte en un texto vital para escribir acerca del tema de la moneda boliviana, aportando no solo datos de la acuñación de las monedas en la ceca potosina o sobre sus ensayadores como lo hace minuciosamente el libro de Glenn Murray (2016) Guía de las cantidades acuñadas Cecas de Potosí y Lima sino contextualizando todos los momentos importantes en este tema nacional, aportando datos económicos, políticos y sociales, no solamente numismáticos. Aunque Cunietti Ferrando (2014), en su libro La Casa de Moneda de Potosí durante las Guerras de la Independencia también hace un análisis parecido, solamente se concentra en el rol de Potosí en las Guerras de Independencia argentinas. Asimismo, en sus otras obras como en su famoso libro Historia de la Real Casa de Moneda de Potosí durante la dominación hispánica. 1573-1652 (1995), ese mismo autor solamente escribe acerca del rol de Potosí durante la colonia y solamente de su país: Argentina. Por ello, fue importante analizar no solo la historia de la moneda potosina en la colonia sino igualmente en la República Boliviana, por lo que este texto resulta ser un gran aporte. Quizá, y esa es mi opinión personal, hubiera sido interesante enfocarse no solamente en la minería argentífera sino también en la minería aurífera igualmente importante en esta época y que se aborda muy poco o casi nada. Asimismo, considero importante mencionar la Casa de Moneda de La Paz que, si bien funcionó muy poco (1853-1859), también acuñó monedas y no se dice prácticamente nada de ella pues el libro se centra en la Casa de Moneda potosina; por ejemplo, no se dice cuáles fueron las causas por las que cerró o cuántos tipos de moneda se amonedaron ahí. Sin embargo, y como ya lo dijimos, esta obra constituye un enorme aporte a la historiografía boliviana.