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    Historia-Revista de la Carrera de Historia

    versión impresa ISSN 2519-0253

    Historia  n.38 La Paz  2017

     

    HOMENAJE A LA CARRERA DE HISTORIA

     

    50 años de la carrera de Historia: tres historias de vida académica

     

     

    Sofía Bellido, Paola A. Villarroel Oyanguren, Soledad Tito López, Lucía Margarita Zambrano-Varón1
    1 Estudiantes de la Carrera de Historia (UMSA). Además, Paola es egresada de Psicología, Soledad es licenciada en Turismo y Margarita, doctora en Sociología.

     

     


    El legado de la carrera de Historia es examinado a través de la voz de sus protagonistas. En conmemoración de los 50 años de la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés, presentamos las reflexiones, preocupaciones y análisis de las experiencias de tres investigadores pertenecientes a la primera y segunda generación de egresados de la misma. A través de entrevistas a los doctores Fernando Cajías de la Vega, Clara López Beltrán y Ximena Medinacelli Gonzáles, recorremos la historia de la carrera a la luz de sus experienciasprimero como estudiantes y luego como historiadores y sintetizamos su contribución al conocimiento histórico. Para finalizar, destacamos sus recomendaciones para nuestra propia formación; estas constituyen, sin duda, un aporte singular a la conmemoración de los 50 años de la carrera.

    50 años de la carrera de historia: Reseña histórica

    Como antecedente al surgimiento de la carrera en la Universidad Mayor de San Andrés, fundada en La Paz en 1830, Roberto Prudencio, filósofo, ensayista dedicado al proyecto "Metafísica, Historia de la Filosofía y Filosofía de la Historia" (UMSA, Carrera de Historia, http://historia.umsa.bo) alertó en 1941 sobre la necesidad de crear un centro universitario de formación e investigación que tuviera como objetivo estimular la discusión intelectual y alcanzar un impacto social y político en diferentes esferas. Es a inicios de 1964 cuando la universidad aprobó la división de la facultad de Filosofía y Letras, hoy Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, en tres especialidades entre las que se encontraba el programa de Historia. El 24 de enero de 1966, mediante aprobación del Consejo Universitario, surge la licenciatura en un contexto de política dictatorial militar y de represión a la que la universidad respondía entonces con proyectos del nacionalismo revolucionario, crítica y resistencia. En este mismo año, los señores Rubén Carrasco de la Vega, decano de Filosofía y Letras y Secretario General de la universidad, así como el Rector, el ingeniero Hugo Zarate Barrau, elaboraron y aprobaron la resolución número 28/646/24126, en la que planteaban como líneas de especialización la docencia y la "tesis de investigación", las que a partir de entonces marcaron la identidad de la carrera.

    De la primera generación fundadora fueron docentes Luis Ossio Sanjinés y José de Mesa, Valentín Abecia Baldivieso, Teresa Gisbert, María Eugenia de Siles, Teodosio Imana, José Luis Roca, María Sánz, Zacarías Monje, Jorge Muñoz Reyes, Jimmy Vergara, Eduardo Arze Quiroga, Estanislao Just, Jorge Siles Salinas. A este grupo, se incorporaría don Alberto Crespo Rodas y posteriormente Guillermo Ovando Sánz y Ramiro Condarco Morales, Roberto Prudencio, Humberto Bilbao y Arturo Orías entre otros. La primera defensa de tesis fue la de por Florencia Ballivián de Romero en 1975. Le siguieron Blanca Gómez de Aranda, Fernando Cajías, Rene Arze, Max Portugal, Roberto Choque Canqui, Martha Urioste de Aguirre, Mary Money, Gladys Guzmán, Valentín Vega, Clara López Beltrán y Laura Escobari (Cajías, 1993). Su pasión por dilucidar el pasado y descubrir nuestros orígenes e influencias ha permitido iniciar el camino de la formación disciplinaria que años después recorrieron nuestros docentes actuales. Siguiendo sus pasos nos encontramos quienes hoy somos estudiantes de la Carrera de Historia.

    Los primeros años de la carrera. Experiencias estudiantiles

    El contexto político y social en el que surgió la carrera no fue obstáculo para el impulso que tanto docentes como sus primeros universitarios concedieron a los estudios académicos. En medio del fervor con el que se abrazaron la causa de la Revolución Cubana en los inicios de 1960 y los diversos movimientos de reivindicación de los derechos civiles, sociales, políticos y culturales en el mundo, el país vivió el golpe de Estado de 1964 con el que se instauran una serie de gobiernos militares hasta 1982. El sector universitario no fue ajeno a la lucha nacional y popular contra la dictadura produciendo cambios de gran alcance como la conformación del "Consejo Supremo Revolucionario" que aprobó nuevos planes de estudios "[...] con el objetivo de lograr que los contenidos formativos encajen con la visión transformadora de la sociedad y las necesidades del país y del pueblo oprimido" (Cajías, 2015: 111). Paulatinamente las facultades de Arquitectura y Humanidades, denominadas de "interacción social", se dieron a la recuperación de los idiomas nativos, la promoción de las distintas expresiones culturales, el incentivo al área de bienestar estudiantil y comedores universitarios así como la creación de un Seguro Social Universitario para profesores y sus familias. La movilización que abarcó distintos sectores sociales, a pesar de la represión de que fue objeto, condujo a la recuperación democrática y, en este contexto, a la recuperación de la autonomía universitaria en 1983 (Rada, 2015).

    Nuestros entrevistados vivieron estos eventos. Para Fernando Cajías, su paso por la universidad que inició en el emblemático 68 y finalizó en 1975 "fueron años duros políticamente hablando". Esta época no democrática no solo afectó los estudios de los universitarios sino también a los docentes, pues algunos fueron vetados y expulsados de la carrera por su tendencia ideológica, entre ellos los esposos José de Mesa y Teresa Gisbert. Fue este uno de los motivos para tomar una posición de lucha por la autonomía universitaria. También afirma que este periodo fue uno de los más productivos en cuanto a investigación y estudio, reconociéndose como un waskiri, es decir, aquella persona que se da a la tarea de aprender todo de memoria repasando los libros intensamente.

    Este periodo fue rememorado por Ximena Medinacelli quien, debido al cierre de la universidad durante un tiempo, trabajó con Fernando Cajías y René Arze Aguirre en la transcripción de documentos referentes a las rebeliones indígenas, tema con el que se acrecentó su interés por la historia prehispánica. En aquellos años de estudio, nos dice, existía la gran influencia del pensamiento de Marx y del materialismo histórico que se impartía en todas las materias y coexistía con una intensa actividad militante estudiantil. Sin embargo, en su caso tuvo primacía el conocimiento del mundo indígena "que había aportado de manera tan interesante a nuestra cultura, a nuestra manera de ser, sin ejercer necesariamente el poder".

    Por su parte, Clara López Beltrán ingresó a la UMSA en medio "de una universidad muy politizada" y afirma ella, "de las peleas existentes entre grupos de izquierda y alguno de derecha". Puesto que venía de estudiar fuera del país, no lograba seguir el argumento ideológico de las diversas tendencias, pero sí participaba en los debates que se desarrollaban en los cafés que entonces proliferaban alrededor de la universidad. Así también estas actividades universitarias irían desarrollando sus intereses por el conocimiento de la historia del país.

    Cabe resaltar que los tres entrevistados afirman que lo mejor del paso por la universidad fueron las relaciones entre amigos y docentes, ya sea en un café (Clara López), en un taller de estudios libres (Ximena Medinacelli) y en tertulias y reuniones (Fernando Cajías).

    Asimismo, coincidieron en su apreciación sobre las diversas transformaciones de la carrera las que describimos en etapas. Una primera etapa consistió en la docencia por parte de profesionales que, sin ser historiadores de profesión, compartían una vocación hacia la historia de naturaleza autodidacta, muchos de ellos grandes maestros como Ramiro Condarco, afirma Ximena Medinacelli. Después de este periodo se dio un paso importante con la profesionalización de historiadores formados en cinco años de carrera, hecho que dio paso a una etapa de transición entre profesores historiadores titulados y otros de distintas ramas. En una tercera etapa destaca como hito la gestión de Florencia Ballivián, quien durante seis años en la dirección institucionaliza la carrera en la universidad, "sentando profundas bases que permiten la proyección de la misma como una de las mejores carreras de la facultad", en palabras de Ximena Medinacelli.

    En cuanto a la vida profesional, Fernando Cajías realza las influencias de sus padres así como de los intelectuales Mesa Gisbert quienes inspiraron el estudio del patrimonio cultural. Fue asimismo fundamental el aporte del profesor Alberto Crespo en el estudio de archivos y el rescate de fuentes importantes para la historia de Bolivia. En el tema marítimo, fue Gunnar Mendoza quien contribuyó la consolidación de este tema de estudio y área de investigación a través de nuevos documentos del Archivo de la Biblioteca Nacional de Bolivia. Este maestro le brindó una nueva perspectiva acerca de la provincia de Atacama. No olvida a María Eugenia del Valle, esposa de Jorge Siles Salinas, quien en su docencia influyó en la mirada americanista.

    Finalmente recuerda con cariño a René Arze Aguirre, compañero de estudios y amigo de toda la vida.

    Ximena Medinacelli aprecia el papel de don Ramiro Condarco en su formación académica y destaca a Alberto Crespo de quien recuerda su manera de ver la historia con una sensibilidad especial, además de ser una persona dedicada al desarrollo de la investigación. Una gran influencia fueron los estudios de la maestra Teresa Gisbert quien, aunque no fue su docente, si estimuló nuevas fuentes de indagación y preocupación histórica. La socióloga Silvia Rivera Cusicanqui quien por entonces fue docente e investigadora en el Archivo de La Paz, le dio luces en la tutela de su tesis de licenciatura: "es una mujer combativa y con una mirada desde la sociología con una propuesta no solamente académica sino para la historia". Fue una de las exposiciones de la investigadora Verónica Cereceda la que también estimularía aún más su opción por la línea de investigación indigenista: "Nos abrió las puertas a una realidad desconocida, porque los indígenas como tal, hay que decir, nunca estuvieron olvidados en nuestra historia, nunca". De la misma forma don Gunnar Mendoza en el archivo de Sucre ya decía: "Contra los indios, con los indios pero no se puede hacer una historia sin que el indígena este presente".

    Clara López manifiesta su inclinación por la lectura desde temprana edad y le atraía estudiar historia del arte y es en la carrera donde descubre su vocación de historiadora por influencia de sus docentes. Así, ingresa a Filosofía y Letras. Destaca así a dos de sus profesores el Dr. Ossio, abogado, quien les "enganchó" a través de su forma de enseñar, "tan atractiva, recuerdo, nos enseñaba la heurística y la hermenéutica" y, posteriormente, don Alberto Crespo quien "nos dio el empujón". El profesor Crespo promocionaría su primera publicación. A su vez, la doctora López editó su última obra, una selección de artículos. Es por esto, piensa, que en Bolivia es posible crear y cerrar estos ciclos. Estos profesores fueron una gran inspiración para toda su generación. Considera a su formación excepcional. Desde el inicio sus profesores se trazaron como objetivo ser creativos y el hecho de ser muy pocos hizo que aprendieran "como en familia". Una vez egresada de San Andrés tuvo la oportunidad de leer el libro Formación y crisis de un sistema feudal. América Latina del siglo XVI a nuestros días de Marcelo Carmagnani, investigador de la Universitá degli Studi di Torino (Italia), tema que despertó en ella un enorme interés. En dicha universidad, bajo su tutoría, obtuvo el doctorado con profesores como Mauro Ambrosolli, Franco Venturi, Norberto Bobbio, padre de la filosofía política, Umberto Eco y, en particular, Giovanni Levi, uno de los iniciadores de la "micro historia", entre otros. Posteriormente fue aceptada en la Universidad de Columbia, en Nueva York, de la que recibió un nuevo doctorado colaborando estrechamente con Herbert Klein y Nicolás Sánchez Albornóz y Aboín, historiador español quien ejerció influencia en su producción histórica demográfica.

    Producción historiográfica

    Como es de esperarse, la producción historiográfica de los tres entrevistados es diferente por lo que la presentamos de forma separada.

    Fernando Cajías

    Para Fernando Cajías, destacan principalmente cuatro temas de investigación y de docencia: la costa boliviana, el proceso de la independencia, la ciudad de La Paz y temas de cultura boliviana.

    En torno al tema de la costa, su principal aporte es su tesis de licenciatura: "La provincia de Atacama (1825-1842)" presentada en la Carrera de Historia en 1975 y que surge con la iniciativa de investigar la región en los primeros años republicanos y demostrar la propiedad y posesión de Bolivia, tesis que contó con la asesoría de profesores como Gunnar Mendoza. Al respecto nos cuenta: "Pensé no solamente abordar las relaciones diplomáticas sino saber lo que está pasando en el litoral". La tesis fue publicada en 1977; en sus propias palabras: "Este libro me ha dado muchas satisfacciones, me permitió entrar a la Academia de Historia". Al llegar el centenario de la guerra, realizó varios ensayos sobre la misma y asesoró la elaboración del guión de la película Amargo Mar (1983) de Antonio Eguino. También participó en el equipo histórico que redactó la demanda marítima presentada en La Haya

    En cuanto al estudio del proceso de independencia, éste nació por la casualidad durante su doctorado en Sevilla. Al dirigirse al Archivo de Indias y solicitar un folio referente al tema de Atacama, se le entregó otro, por error, que se refería a un juicio a los sublevados de Oruro a fines del siglo XVIII: de esta manera se conformó su tema de estudio del doctorado, "Oruro, 1781: Sublevación de Indios y Revuelta Criolla", (1987, publicada en 2005). Al terminar su tesis, se realizaron nuevas investigaciones en torno al tema pero ninguna de la amplitud de la primera edición.

    La ciudad de La Paz fue tema de varias investigaciones plasmadas en varias obras en coautoría y considera como su principal aporte el libro La plaza y región de Churubamba San Sebastián (2010).

    Posteriormente vinieron temas de nuestra cultura y patrimonio, considerados como su cuarta área de investigación tales como artículos sobre el Barroco y prepara hace ya varios años un libro sobre la fiesta en Bolivia. También ha participado en libros de difusión de la historia boliviana como Historia de Bolivia y de la coca (coautor con Magdalena Cajías, 1995).

    Clara López Beltrán

    Su producción historiográfica es vasta. Inició con historia económica y ha contribuido al conocimiento demográfico y más recientemente a la historia social desde la perspectiva de la etnohistoria. El tema transversal ha sido el periodo colonial, indiano, virreinal, el siglo XVII. Le interesaba responder la pregunta: "¿de qué trataba este sistema que pusieron en funcionamiento en América desde la corona española?". Retomando la influencia de Giovanni Levi produce la "historia de personas con nombres y apellidos" y es así que su libro Alianzas familiares. Elite, género y negocios en La Paz, Charcas, siglo XVIII (2012) viene a cerrar una brecha en el conocimiento de las elites urbanas que gobernaron la Paz en el siglo XVII. En los últimos años se abre hacia el espacio bibliográfico de los viajeros y recupera la vida de Luigi Balzán (2008) traduciendo del italiano la obra de ese naturalista italiano de fines del siglo XIX que recorrió la Amazonía boliviana y, por último, este año vio la luz su libro La ruta de la Plata: de Potosí al Pacífico. Caminos, comercio y caravanas en los siglos XVI - XIX (2016) en el que entreteje el conocimiento teórico y el análisis de fuentes documentales poniendo en valor la función de las vías de comunicación y avanzar el conocimiento de las historias regionales y locales.

    Ximena Medinacelli

    Su tesis de licenciatura titulada: "Comunarios y yanaconas. Resistencia pacífica de los indios de Omasuyos. Siglo XIX" fue esencial para el desarrollo de su oficio como historiadora y para su desarrollo personal. Su libro Sariri. Los llameros y la construcción de la sociedad colonial (2010) constituye un gran aporte, aunque ella considera que aún no se ha entendido suficientemente:

    ... esta posibilidad de ver a los Andes como pastoriles nos cambia la perspectiva. No es un mundo de agricultores estables, tiene características e implicaciones distintas. Esta sociedad que se mueve, en la que todos son un poco sacerdotes, un poco dirigentes, un poco artesanos, imprime un carácter distintivo.

    Su interés investigativo se extendió hacia otros temas, en particular, el de género. La obra Alternando la rutina: Mujeres en las ciudades de Bolivia 1920-1930 (1989), realizada para el

    Centro de Información y Desarrollo de la Mujer, fue un trabajo que duró dos años. Este libro constituye un gran aporte para las investigaciones con referencia a este tema.

    Influencia de la producción historiográfica

    Preguntamos a nuestros entrevistados acerca de los aportes de la carrera a la sociedad y fueron todos tajantes en afirmar que estos dependen de las tendencias que se presentan en distintas épocas.

    Ximena Medinacelli hace referencia a la tesis de Fernando Cajías: "Nos decía Esther Aillón, creo que con mucho tino, la tesis de Atacama que hizo es el parte aguas" ya que profundizó un tema olvidado, el tema del Pacífico. En su concepto,

    Fernando Cajías ha sido una persona de mucho valor, ha estado involucrado en política, ha sido militante, ha sido prefecto, secretario general, decano, ha desempeñado puestos políticos muy importantes (...) ligados a su actividad académica; lo de la llamerada, por ese lado fija su personalidad de una manera muy interesante.

    En su momento, la historia contribuyó a ese proceso de construcción de un imaginario del indígena con poder. En este contexto estaba el Taller de Estudios Libres, los estudios del mundo andino que permitieron descubrir la existencia de una filosofía detrás de este mundo, una forma distinta de ver la historia, su historia; de ver su política. Inicialmente la historia tuvo un carácter netamente académico, y de pronto, empieza a tener un papel en la sociedad. Cita el ejemplo de Víctor Hugo Cárdenas, hijo de la Revolución del 52 quien encontró en esta manera de ver la historia las bases para estar orgulloso y fundar el katarismo. A esto se suman "coincidencias", por ejemplo las películas de Jorge Sanjinés: Ukamau y Yawar Mallku.

    Tropiezos y levantes (obstáculos y recomendaciones)

    Nuestros entrevistados reflexionaron sobre la disciplina y ofrecieron algunas recomendaciones para nuestra formación y vida profesional. Los tres coinciden en que es una carrera vocacional, es decir que la primera recomendación es hacer historia desde el corazón, y con entusiasmo pues es realmente una satisfacción hacer lo que "a uno le gusta hacer en la vida". Sin embargo, reconocen que no es una carrera donde se hace dinero y aún más, es cada vez más difícil conseguir financiamiento para las investigaciones.

    Por su parte Ximena Medinacelli destaca el estatus social de la profesión de historiador, su prestigio, aunque económicamente no tenga una retribución significativa: "En nuestra sociedad hay una conciencia histórica muy fuerte, tanto así que hasta burlas recibimos: '...pareces boliviano siempre mirando atrás'"; por este motivo "si bien, el historiador no tiene necesariamente poder político ni económico, si tiene un poder simbólico".

    Identifica dos obstáculos importantes. En el proceso de formación, uno es la incapacidad de leer, "... la mayoría de los jóvenes que salen del colegio no saben leer y difícilmente escribir y nuestra profesión es leer y escribir. Superar este obstáculo cuesta mucho". Otro obstáculo, ya en el ejercicio de la profesión, es que los campos son limitados. Sin embargo ante esta situación los mismos estudiantes han abierto una brecha importante en el campo de la archivística. El trabajo de archivos históricos es la base de trabajo de más de la mitad de los egresados. Otro campo es la docencia, pues si bien tiene sus limitaciones como el hecho de no poder ser ejercida sin haber estudiado en la Escuela Normal, es posible trabajar en colegios particulares y en la universidad, ahora en la Universidad Pública de El Alto y en la carrera de historia de la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Sucre. Los egresados podrán abrir carreras de historia en otras ciudades. Otro campo, en reciente discusión, es el de la gestión cultural; sin embargo aún está en proceso de formación.

    Sobre las recomendaciones, Ximena Medinacelli recalca la presencia de aspectos éticos, así como de carácter emocional e intelectual. En primer lugar, la honestidad consigo mismo y con la comunidad; en segundo, la pasión por el oficio y el "enamoramiento" de la profesión y, finalmente, la disciplina que durante el proceso de formación se adquiere. Recuerda que, con base en su experiencia como estudiante y como docente, es usualmente a partir del segundo o tercer año de carrera que el estudiantado se decide por un campo o por un tema y es entonces cuando "brillan por sí mismos y reafirman su elección de ser historiadores". Por esto recomienda evaluar y reafirmar la elección de la Historia que puede darse sólo en el medio de la carrera. Por último, resalta la importancia de la investigación como base para ejercer en cualquier campo de nuestra profesión.

    Fernando Cajías, al igual que Ximena Medinacelli, nos recuerda: "uno debe ser un historiador de vocación y procurar que los ingresos de vida provengan de esta profesión". De la misma forma que debemos esforzarnos en nuestras metas e investigaciones. "Soy un creyente que cuanto más tiempo le dedicas a algo más produces". En su recomendación siguiente, recuerda la influencia del psicólogo Alfred Adler, discípulo de Freud en su vida personal y profesional. Así, "en la vida uno tiene que moverse entre un sentimiento de inferioridad y un ideal de perfección que no hay que confundir ni con el complejo de superioridad ni con el complejo de inferioridad", por el que el ideal de perfección es:

    puedo lograr, puedo avanzar, puedo tener objetivos arriba sin olvidar los sentimientos de inferioridad, que en este caso es hacer unanálisis de la realidad, ver donde uno está y que es lo que necesita hacer para llegar a esa meta. Plantearse un ideal al que sabes no vas a lograr por varias condicionantes es fracasar como por ejemplo querer ser cantantes sin un oído para la música hablando de sí mismo.

    Nos recomienda ser historiadores libre pensantes, libertad que nos permita hacer investigaciones objetivas, lo que no significa que uno no tenga una ideología, siempre que esta no influya en el momento de hacer historia. Finalmente recuerda a su padre y uno de sus consejos: "se debe ser gente con raíces pero sin fronteras", refiriéndose a ser muy bolivianos pero a la vez ciudadanos del mundo.

    En cuanto a los obstáculos, estos van relacionados con el dinero y tiempo que requiere el historiador. "El obstáculo es conseguir dinero para la investigación". Una de sus anécdotas está relacionada con este tema cuando se encontraba en el Archivo de Indias.

    Temblábamos cuando un investigador norteamericano ingresaba; temíamos que estuviera estudiando el mismo tema sobre todo porque en otros países son las universidades y otras organizaciones quienes financian las investigaciones y por periodos largos. Mientras que en la mayoría de los casos el financiamiento de nuestras investigaciones como historiadores bolivianos salen del propio bolsillo. Sin embargo, debemos estar contentos de trabajar en nuestro rubro y vocación lo que compensa cualquier obstáculo.

    Finalmente, Clara López privilegia tanto la disciplina y el entusiasmo como aspectos esenciales del oficio, en particular de quienes optan por la investigación. La disciplina, pues la historia es una carrera "muy solitaria y lenta" y son estas características lo que la hacen "más dura" pues al ser una actividad intelectual, requiere gran concentración y, sobre todo, tenacidad, porque "...pasa un día, y otro, y otro más...y apenas hemos terminado de leer recién el tercer libro y cuando aprendemos a saber lo que hay, al punto del estado del arte del tema que estamos tomando, han pasado muchos días". Y, asimismo, el entusiasmo pues en la base de la historia está el ser "totalmente vocacional". No es una carrera popular o que despierte aprecio fácilmente: "No salimos en la televisión". Su recomendación es muy "básica y simple: !estudiar!"

    Lo aprendido y valorado

    En las entrevistas a nuestros docentes conocimos las perspectivas sobre los orígenes de la carrera, su influencia y diversas características respecto al quehacer del historiador. Sus historias de vida son inspiradoras para quienes, como nosotras, conformamos una nueva generación ávida de aprender. Rescatamos su pasión por el pasado de la nación boliviana que se plasma en la selección y el desarrollo de sus investigaciones. Nosotras, como estudiantes, recordaremos: "Ser historiadores de vocación libres de pensamiento y con una mirada amplia hacia nuestra realidad pasada, presente y futura, pasado que se convierte en la identidad y el alma de nuestro ser y de nuestro pueblo".

    Agradecemos a la Carrera de Historia por darnos un espacio para compartir estas tres historias de vida académica al conmemorar los 50 años de carrera de Historia. A Fernando Cajías, a Clara López Beltrán y a Ximena Medinacelli por cedernos su valioso tiempo, compartir sus experiencias y puntos de vista y guiar nuestro caminar por el sendero del conocimiento y de la investigación. Finalmente a la Universidad Mayor de San Andrés y a la carrera de Historia por darnos la oportunidad de ser parte de su historia, poniendo a nuestro alcance la sabiduría, el entusiasmo y el compromiso de nuestros maestros.

     

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