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    Historia-Revista de la Carrera de Historia

    Print version ISSN 2519-0253

    Historia  no.38 La Paz  2017

     

    HOMENAJE A LA CARRERA DE HISTORIA

     

    Las demandas marítimas Bolivianas y sus protagonistas.
    Contribuciones de la Carrera de Historia

     

     

    Fernando Cajías de la Vega

     

     


    En los últimos años, una importante tendencia historiográfica está realizando profundos estudios sobre el rol de los llamados subalternos. Sin desmerecer los liderazgos políticos, militares o intelectuales, la mayoría de los acontecimientos políticos, militares o de otra índole no se pueden explicar a cabalidad sin conocer el rol de los subalternos, tanto para los éxitos como para los fracasos. Por ejemplo, Napoleón no habría logrado ninguna victoria sin sus oficiales y sin sus soldados.

    En la historia de la lucha diplomática de Bolivia, primero por mantener la provincia de Atacama luego departamento del Litoral y, posteriormente, por recuperar la cualidad marítima, han destacado varios presidentes y cancilleres de Bolivia cuyo aporte es bastante conocido.

    En este artículo, analizo brevemente el rol de intelectuales, diplomáticos, empresarios y juristas que hicieron importantes aportes para las causas mencionadas y que, en muchas ocasiones, fueron los autores y operadores de significativas estrategias instruidas por sucesivos gobiernos bolivianos. A todos ellos los considero importantes protagonistas de esta lucha boliviana de larga duración. Como toda lista contiene el peligro de significativas e involuntarias omisiones, lo importante es contribuir a que su trabajo permanezca en la memoria.

    Por otra parte, como pequeño homenaje a los 50 años de la Carrera de Historia de la UMSA, me ha parecido importante resaltar la importante contribución de nuestra carrera con importantes investigaciones sobre el tema.

    Los protagonistas de 1840-1879

    El proceso de la usurpación de la provincia de Atacama, denominada posteriormente departamento del Litoral, se inició cuarenta años de la Guerra del Pacífico. Esta provincia desértica no fue del interés del gobierno chileno sino cuando el guano se convirtió en un producto apetecible en los mercados europeos, más aún cuando se le sumaron otras riquezas como el salitre, la plata y el cobre.

    Esto ocasionó, como es bien sabido, el inicio de la política expansionista de Chile sobre Atacama y Tarapacá. Para justificarla legalmente, se emitieron leyes que declaraban la provincia de Atacama como suya. Con el transcurso del tiempo, el gobierno chileno aclaró que sus derechos llegaban hasta el grado 23°; en cambio Bolivia reclamaba como suyo el territorio existente hasta más allá del grado 25°.

    Precisamente para defender esos derechos, el gobierno boliviano envió sucesivas misiones diplomáticas. La mayor parte estuvo conformada por Encargados de Negocios, personas preparadas, conocedoras del tema, con trayectoria política, con prestigio e influencia en Bolivia. En el periodo que va de 1842 al Tratado de 1866, los principales protagonistas, en orden cronológico, fueron los siguientes: Casimiro Olañeta (1842-1843) quién dejo importantes folletos sobre el tema de límites; Manuel Buitrago (1843-1844), luego prefecto del Litoral; Joaquín Aguirre (1846); Juan de la Cruz Benavente (1853); Manuel Macedonio Salinas (1858-1859) quién publicó las memorias de su misión y un excelente libro titulado: Impugnación a la cuestión de límites entre Chile y Bolivia escrita porMiguel Amunátegui (Sucre, 1863) en el que refuta los argumentos del escritor chileno y defiende los derechos de Bolivia. José María Santiváñez (1860-1861) reclamó apasionadamente las dilaciones del gobierno chileno a la solución del problema de límites para seguir explotando informalmente las guaneras de Mejillones, lo que produjo la declaratoria de guerra por parte de Bolivia en 1863. En esa situación tensa, el gobierno boliviano envió al prestigioso abogado y político potosino Tomás Frías (1864), luego presidente de Bolivia, quién también fracasó en el objetivo principal de su misión.

    Dos situaciones impidieron que se pase del debate diplomático a la guerra: la invasión española y el ascenso de Melgarejo al poder, que permitieron una negociación pacífica que desembocó en el Tratado de 1866. Además del presidente, el principal protagonista fue Mariano Donato Muñoz, representante de la élite paceña de la época. Mientras los chilenos, durante la presidencia de Melgarejo, mantuvieron un solo ministro plenipotenciario, el gobierno boliviano envió varios diplomáticos. Destacan el historiador José Rosendo Gutiérrez, de corta misión y Jorge Oblitas, luego canciller de Hilarión Daza.

    No es objetivo de este ensayo analizar los pros y contras del Tratado de 1866. Lo cierto es que, a la caída de Melgarejo, fue desconocido por el nuevo gobierno boliviano. En década de 1870 se dio mayor acercamiento con el Perú hasta llegar al Tratado de Alianza de 1873 y se firmó con Chile el Tratado de 1874. En dicha década, los actores bolivianos en las misiones diplomáticas fueron también personas destacadas, por ejemplo, el prestigioso hombre público Rafael Bustillo (1871-72) y el secretario de la legación por varios años, el historiador Gabriel René Moreno. En todo caso, uno de los personajes más influyentes, sobre todo para el acercamiento con el Perú, fue el geopolítico Julio Méndez.

    Además de ser un actor político en el gabinete de Daza, Méndez escribió artículos periodísticos, compilados en el folleto (publicado en Lima en 1874) titulado Realidad del equilibrio hispanoamericano y necesidad de la neutralización perpetua de Bolivia.

    La invasión de 1879

    Luego de un largo proceso de apropiación de las riquezas naturales de Atacama y Tarapacá, especialmente de la explotación del salitre mediante una alianza de empresarios chilenos (varios vinculados al gobierno de Chile) y de empresarios ingleses, así como de una fuerte migración de trabajadores chilenos, se produjo la invasión militar chilena con el claro objetivo geopolítico de apropiarse del Litoral boliviano como del Tarapacá peruano.

    Desde el inicio de la invasión, el gobierno de Chile y especialmente su Ministro de Relaciones exteriores Domingo Santa María y el Ministro de Guerra, Rafael Sotomayor se dieron cuenta, como consta en una correspondencia ampliamente difundida, que no podían dejar a Bolivia sin una salida al mar: por ello propiciaron la llamada "política boliviana" que buscaba una alianza con Bolivia contra el Perú a cambio de otorgarle Tacna y Arica. Para ello, sumaron como objetivo militar la toma de esas localidades peruanas, tradicionalmente muy vinculadas con Bolivia.

    Luego de una serie de conversaciones secretas, el gobierno chileno envió, con el reconocido historiador boliviano Gabriel René Moreno y Luis Salinas Vega, las "bases chilenas" para un acuerdo con Bolivia mediante el cual Bolivia renunciaría a la provincia de Atacama a cambio de asegurarse Arica como su puerto de conexión con el Océano Pacífico. Las reuniones con Daza se realizaron en mayo de 1879 en Arica y el resultado fue un fracaso. El historiador Gabriel René Moreno fue declarado traidor pero luego de una brillante defensa fue absuelto por la Corte Suprema de Sucre en 1880. Sobre el particular se ha escrito bastante destacando, entre otros, el libro del propio Gabriel René Moreno.

    1880-1930

    En octubre de 1880 el gobierno de Estados Unidos auspició conferencias para lograr la paz entre los tres países beligerantes. Por parte de Bolivia, asistieron Mariano Baptista, Juan Crisóstomo Carrillo y como secretario de la delegación boliviana Félix Aramayo. La representación boliviana como la peruana se negaron a aceptar las drásticas condiciones chilenas.

    Desde inicios de 1883 se iniciaron negociaciones para llegar a un pacto de tregua. La posición boliviana abogaba por una negociación tripartita, la que se frustró cuando uno de los presidentes que gobernaba el Perú, Miguel Iglesias, firmó el Tratado de Ancón por el cual Perú cedía el perpetuo dominio de Chile sobre Tarapacá y que Tacna y Arica queden bajo tuición chilena por espacio de diez años hasta que un plebiscito determine a qué país quedarían anexadas ambas ciudades.

    Los efectos para Bolivia fueron enormes: el gobierno de Santa María abandonó la "política boliviana" y ya no buscó una solución con Bolivia, acercándola como futuro aliado, sino bajo presión militar, para obligarle a firmar el Pacto de Tregua.

    En la negociación del pacto participaron los representantes bolivianos Belisario Boeto y Belisario Salinas. Ambos plantearon que Bolivia no podía resignarse a carecer de un punto de comunicación con el Pacífico sin riesgo de condenarse a un perpetuo enclaustramiento. El proceso de negociación del pacto dejó en claro dos posiciones irreconciliables: Bolivia declara su derecho a tener un acceso al Océano Pacífico y Chile se lo niega aduciendo que no puede interrumpir su territorio ni disponer sobre el territorio anteriormente peruano, aunque sobre este último punto se dieron cambios muy importantes, sobre todo en 1895, 1950 y 1975.

    Después de varios años de una paz fría, la Guerra Civil en Chile desencadenada en 1891 y el acercamiento de Bolivia con Argentina dejó abierto el camino para que el gobierno chileno retornara a la "política boliviana". Durante los gobiernos del chileno Jorge Montt y del boliviano Mariano Baptista, el 18 de mayo de 1895, se suscribieron en Santiago tres tratados: uno de paz, uno de transferencia de territorios y otro de comercio. Por el primero, Bolivia cedía todo el territorio del Litoral; por el segundo Chile se obligaba, una vez llamado el plebiscito, a ceder a Bolivia los territorios de Tacna y Arica y, si no ganaba el plebiscito, a ceder la caleta Vitor.

    El principal protagonista boliviano en la negociación fue Heriberto Gutiérrez, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Bolivia ante Chile. Por dilaciones en los protocolos de los tratados y otros problemas, los tratados no llegaron a consumarse.

    A fines del siglo XIX y a principios del siglo XX, las buenas relaciones de Chile con Argentina y el Perú, la guerra de Bolivia con el Brasil, la malas relaciones de Bolivia con sus países vecinos, la dividida situación interna boliviana a consecuencia de la Guerra Federal ocasionaron el cambio radical de la política chilena hacia Bolivia reflejada en la tristemente célebre carta de Abraham Köning por la cual expresaba que Bolivia debía ceder el Litoral bajo las condiciones de Chile como nación vencedora de la guerra y que a cambio Chile no estaba obligado a entregar un puerto a Bolivia. Esto era una posición totalmente contraria a la que había asumido la cancillería chilena en 1895 cuando reconoció la necesidad de que Bolivia tenga un puerto.

    Al principio de las nuevas negociaciones, el gobierno liberal, mediante su canciller Eliodoro Villazón, rechazó la posición de Köning reafirmando la aspiración portuaria de Bolivia. Sin embargo, por la presión militar, económica, por el aislamiento diplomático y otras circunstancias, el gobierno boliviano firmó el Tratado de 1904 por el cual Bolivia cedía todo el departamento del Litoral a cambio de compensaciones territoriales y el libre tránsito.

    Los protagonistas, además de las autoridades del gobierno liberal, fueron el empresario Félix Avelino Aramayo, el ministro plenipotenciario Alberto Gutiérrez y el canciller de Bolivia Claudio Pinilla. Un análisis especial requiere la figura de Alberto Gutiérrez ya que fue el autor de dos libros fundamentales de defensa de los derechos bolivianos en respuesta a la obra histórica del chileno Manuel Bulnes, que justificaba la invasión chilena.

    Si bien los gobiernos liberales fueron bastante pasivos respecto al reclamo boliviano de acceso al mar, se dieron importantes manifestaciones en este sentido. La principal demanda al respecto fue el Memorándum del 22 de abril de 1910, dirigido por el canciller boliviano Daniel Sánchez Bustamante a los gobiernos de Chile y Perú expresando el deseo boliviano de adquirir Arica a cambio de compensaciones a Chile y Perú.

    Paradójicamente, fue a fines de los gobiernos liberales cuando sus autoridades reconocieron el gran mal producido por el Tratado de 1904 e iniciaron una ofensiva para su revisión. También es paradójico que los protagonistas de esta ofensiva fueron, en parte, los mismos que protagonizaron la negociación de 1904. Por ejemplo, el ex canciller Claudio Pinilla, en ese momento Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Chile, planteó en 1918 la necesidad de buscar un puerto propio para Bolivia y que, por la perjudicial condición económica ocasionada por el Tratado de 1904, era necesario revisar el mismo ya que fue firmado bajo presión.

    La creación de la Sociedad de la Naciones fue considerada como una situación favorable para que Bolivia presentara la demanda marítima. De esto también se dio cuenta el gobierno chileno que se apresuró a realizar negociaciones con Bolivia respecto a su demanda. En enero de 1920 se firmó un protocolo entre el canciller boliviano Carlos Gutiérrez y el Ministro Plenipotenciario de Chile Emilio Bello en el que, entre otras cosas, se manifestaba que Chile estaba dispuesto a procurar que Bolivia obtenga una salida al mar.

    El pacto de la Sociedad de la Naciones fue creado por Tratado de Versalles que entró en vigor en enero de 1920. Entre los países firmantes y fundadores de la sociedad estuvieron Bolivia, Perú y Chile. Varios artículos del tratado daban pie a la revisión de tratados que hubieron llegado a ser inaplicables. Así, Bolivia decidió presentar su demanda marítima ante la Sociedad de la Naciones. Uno de los protagonistas principales para elaborar la estrategia boliviana fue Ismael Montes, bajo cuya presidencia se aprobó el Tratado de 1904 y el que la redactó fue el historiador Alcides Arguedas, secretario de la delegación boliviana. El objeto principal de la primera estrategia boliviana ante la Sociedad de las Naciones refleja la posición practicista: obtener Tacna y Arica a cambio de compensaciones a Perú y Chile, posición que produjo indignación en el Perú.

    Si bien esta demanda fue presentada en forma de Memorándum y con folletos anexos, no prosperó porque a mediados de 1920 se produjo el cambio de gobierno cuando los republicanos reemplazaron a los liberales en el poder. Ismael Montes fue reemplazado como jefe de la delegación por Félix Avelino Aramayo y Alcides Arguedas, como secretario, fue reemplazado por otro famoso escritor boliviano, Armando Chirveches. Como delegados ante la asamblea, además de Aramayo, fueron designados Florián Sanabria y el famoso intelectual Franz Tamayo. Ellos elaboraron la segunda estrategia boliviana ante la Sociedad de las Naciones, de línea reivindicacionista, que planteaba la denuncia del Tratado de 1904, basándose en el artículo 19 del Tratado de Versalles que normaba la posibilidad de realizar un nuevo examen de los tratados, argumentando la violencia bajo la cual fue impuesto el Tratado de 1904 y que, como consecuenciam Bolivia estaba convertida en un país privado de acceso al mar.

    La Asamblea General de 1920 decidió postergar el análisis de la demanda boliviana a la Asamblea de 1921, año en que Bolivia volvió a presentar la demanda. La delegación boliviana estaba conformada nuevamente por Félix Avelino Aramayo, su hijo Carlos Víctor Aramayo y Demetrio Canelas. Sin pronunciarse sobre el fondo de la demanda, esta no fue analizada por la Asamblea por no considerarla de su competencia y se invitó a los dos países a reiniciar conversaciones bilaterales. Es importante recordar que el canciller boliviano, en ese momento, era Alberto Gutiérrez, otro de los protagonistas de 1904 quien explicó, en su memoria de 1921, que el retiro de la demanda boliviana era momentáneo y que con su presentación se había logrado un éxito: difundir suficientemente la condición mediterránea de Bolivia.

    Bolivia, forzada por las circunstancias, tomó la iniciativa de una negociación bilateral. Para ello envió primero a Macario Pinilla y, a fines de 1922, al prestigioso poeta y ex canciller Ricardo Jaimes Freire. Jaimes Freire presentó ante el presidente Alessandri la posición de Bolivia de revisar el Tratado de 1904 y obtener un puerto soberano en la zona de Atacama. Por rechazo del gobierno chileno, pese a que reconoció las legítimas aspiraciones de Bolivia, las negociaciones fracasaron nuevamente.

    Si bien la política principal del gobierno boliviano republicano fue conseguir la revisión del Tratado de 1904 y la consecución de un puerto propio en el Litoral boliviano, no descuidó la posibilidad de obtener Tacna y Arica antes del plebiscito.

    Por múltiples divergencias, los gobiernos de Perú y Chile no habían logrado ponerse de acuerdo en la forma de realizar el plebiscito y por eso aceptaron la mediación del gobierno de E.E.U.U.

    Durante las negociaciones, para la causa boliviana, el gran protagonista fue el Secretario de Estado norteamericano Franz Kellog quién, mediante memorándum de 30 de noviembre de 1926, propuso ante el fracaso de dos fórmulas de solución en la controversia peruano chilena, una tercera: "La cesión libre y voluntaria a Bolivia de los derechos, títulos o intereses que Perú y Chile tuviesen en las provincias de Tacna y Arica..."; a cambio, "Bolivia daría una compensación voluntaria, fijada por las partes destinada a cubrir el monto de las obras públicas existentes".

    El gobierno boliviano, a través de su canciller Alberto Gutiérrez, expresó su satisfacción y la aceptación plena de la propuesta. El gobierno chileno aceptó en principio discutir la propuesta; en cambio, el gobierno peruano se opuso.

    Chile y Perú continuaron sus negociaciones sin invitar a Bolivia hasta firmar el Tratado de Lima en junio de 1929 el que, además de poner fin a la controversia de esos dos países mediante un Protocolo Complementario, dificultaba enormemente la posibilidad de que Bolivia consiga un puerto a través de esos territorios. Así lo hizo notar inmediatamente el canciller boliviano Tomás Guillermo Elío que además calificó al tratado de inamistoso.

    1930-1952

    Estos años se caracterizaron, en la mayoría de los países latinoamericanos, por la sobrevivencia del liberalismo pese al fuerte cuestionamiento de corrientes nacionalistas y socialistas. Fue un periodo de transición del liberalismo al estatismo o economía mixta y, como toda época de cambio, predominó la violencia y la anarquía. En Bolivia la situación se agravó por el estallido de la Guerra del Chaco y a nivel mundial, por el de la Segunda Guerra Mundial.

    Estos factores, internos y externos, motivaron que la demanda marítima bajara de intensidad, pero no por ello dejó de estar presente. Chile se declaró neutral en la Guerra del Chaco y aquello lo llevó a incumplir el Tratado de 1904, al dificultar el tránsito de armas a Bolivia. La actitud de Chile provocó el constante reclamo boliviano. La cuestión fue resuelta en el Convenio de Tránsito de 1937 que establece que libre tránsito significaba todo tipo de carga; pero, en 1937, la guerra había terminado.

    Prueba de que la demanda marítima boliviana no estaba archivada, pese al conflicto del Chaco, es el discurso del historiador cruceño y canciller de Bolivia, Enrique Finot, en la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz, celebrada en diciembre de 1936 en Buenos Aires:

    Me veo obligado a recordar que Bolivia es la única nación de América que carece de comunicación con el Océano...Bolivia llama la atención de América, porque entiende que al hacerlo cumple un deber para consigo misma y para con hermanas del continente, las cuales, por su propio prestigio, están obligadas a contemplar de frente los verdaderos problemas que afectan la paz...

    En la década de 1940, el gobierno boliviano aprovechó diversas ocasiones para una nueva ofensiva con la demanda portuaria. Por ejemplo, el canciller boliviano Tomás Guillermo Elío, en mayo de 1943, apoyó la movilización de intelectuales, estudiantes y obreros que, aprovechando la visita del presidente norteamericano Wallace, solicitaron que se revisaran las fronteras de Bolivia dándole una salida al mar. En todo caso, sin la menor duda, la acción diplomática más importante en la temporalidad 1930-1952 fue la gestión del embajador boliviano Alberto Ostria Gutiérrez ante el gobierno chileno presidido por Gabriel González Videla.

    Si bien, en el curso de las negociaciones ya no se planteó como solución el puerto de Arica, sino un corredor al norte de Arica, lo que significaba un retroceso respecto a las ofertas de 1895, 1920 y 1926, ésta misión tuvo una gran importancia porque logró un cambio de la posición chilena respecto a la demanda portuaria. El canciller chileno Walker Martínez, pese a reafirmar la no revisión del Tratado de Paz de 1904, manifestaba, en nota de 20 de junio de 1920, que "animado de un espíritu de fraternal amistad hacia Bolivia, está llano a entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda ser posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al Océano Pacifico.." (La cursiva es mía).

    La negociación, por diversas circunstancias, internas y externas, fracasó, pero las notas de Walker Martínez y los discursos de Gonzáles Videla, emitidos durante las conversaciones de 1950, son fundamentales como es de conocimiento público para la actual demanda marítima ante La Haya. Por ello, Alberto Ostria Gutiérrez merece tener un lugar preferencial en el panteón de los protagonistas de la demanda marítima boliviana.

    1952-2000

    Bolivia experimentó un profundo cambio político y social con la Revolución de 1952. Una de sus principales medidas fue la nacionalización de las minas, medida que, a poco tiempo, puso a prueba el libre tránsito por puertos chilenos. A inicios de 1953, un juez del puerto de Antofagasta impidió que maquinarias y herramientas destinadas a las minas de Bolivia siguieran camino, aduciendo que pertenecían a los ex propietarios de las minas nacionalizadas. El Encargado de Negocios de Bolivia en Chile, el prestigioso abogado Luis Alípaz, presentó el reclamo. Nuevamente se incumplía el Tratado de 1904 que consagra la más absoluta libertad de tránsito de mercaderías. El reclamo tuvo eco inmediato: la Confederación de Trabajadores de Chile apoyó el reclamo y a poco tiempo se permitió el tránsito de las mercaderías a Bolivia.

    Posteriormente, a partir de la Conferencia de Arica de enero de 1953, entre los cancilleres de ambos países, Walter GuevaraArze de Bolivia y Arturo Olavarría de Chile, se inició una década de buenas relaciones, especialmente por la amistad entre el presidente boliviano Paz Estenssoro y el presidente chileno Carlos Ibáñez, a más del paradigma de la complementariedad económica, entonces, en boga plasmado en el Tratado de Complementación económica chileno Boliviano de 1955. En esa década disminuyó la ofensiva boliviana por su aspiración portuaria, situación que cambiaría en la década siguiente.

    Al principio de la década de 1960, la relación se presentó auspiciosa ante la sorpresiva iniciativa chilena de retomar las negociaciones de 1950, expresada en el Memorándum del Embajador Chileno Trucco, de julio de 1961, por el que puso nuevamente sobre la mesa las notas de 1950, en las que el gobierno chileno asumía el compromiso de buscar la fórmula de dar a Bolivia una salida soberana al Océano Pacífico.

    Sin embargo, el 14 de abril de 1962, el presidente Alessandri ordenó abrir las compuertas de Chapiquiña para que las aguas del río Lauca rieguen el valle de Azapa; lo hizo a pesar de las reiteradas protestas y reservas bolivianas, actitud que el gobierno boliviano consideró una agresión a la integridad territorial de Bolivia. Después de la invasión al Litoral boliviano, el desvío de las aguas del río Lauca fue el episodio de mayor ruptura entre ambos países. Tanto que, a consecuencia de ello, el gobierno boliviano decidió la ruptura de relaciones con Chile y presentar su protesta ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

    Por diversas circunstancias, especialmente la influencia de la Guerra Fría en la OEA por la que se daba prioridad al bloqueo de la revolución cubana, la protesta boliviana fue admitida pero no se llegó a una solución práctica. El Libro Rojo, editado por la Cancillería boliviana de entonces, queda como testimonio. Varios diplomáticos bolivianos participaron en la protesta, entre ellos los historiadores Eduardo Arze Quiroga y Jorge Escobari Cusicanqui, quién ha escrito importantes libros al respecto, al igual que Valentín Abecia, otro historiador prolífico en el tema, a más de protagonista.

    El desvío de las aguas del río Lauca tuvo tres grandes consecuencias: el perjuicio a numerosas familias bolivianas, la ruptura de relaciones con Chile y la reavivación de la demanda marítima boliviana. El objetivo nacional de retorno al mar se puso nuevamente en primer plano en los discursos políticos, en las acciones y sentimientos en las calles, en los medios de comunicación y en el enfrentamiento diplomático. El mayor logro de la diplomacia boliviana fue introducir el problema de su mediterraneidad en el seno de la OEA, logro que conseguiría sus mejores frutos en 1979 y en la década de 1980. En ese cometido, varios cancilleres y embajadores jugaron un importante papel.

    Los sucesivos gobiernos bolivianos de las décadas de 1960, 1970 y 1980 optaron por dar prioridad a presentar la demanda en la OEA y en otras organizaciones multilaterales. Sin embargo, también se dieron negociaciones bilaterales como las poco conocidas durante la corta coincidencia de los gobiernos de Salvador Allende y Juan José Tórrez pero, sin duda, la más importante negociación fue la emprendida entre los gobiernos de Hugo Banzer y Augusto Pinochet.

    El gobierno chileno reconoció la necesidad de buscar fórmulas para solucionar la mediterraneidad que afecta a Bolivia. No es del alcance de este artículo analizar los pormenores de esta negociación sino destacar, además de presidentes y cancilleres, a los principales protagonistas. Como se restablecieron las relaciones diplomáticas, tuvieron papel importante los embajadores Guillermo Gutiérrez Vea Murguía (que escribió un libro sobre su misión) y Adalberto Violand. Destacan en el equipo de asesores Ronald MacLean y el historiador Ramiro Prudencio, quién ha escrito el libro más importante sobre esas negociaciones.

    Es también importante destacar que, durante la negociación, se formaron equipos de especialistas y personas notables para elaborar alternativas de negociación. El más importante fue el del Consejo Nacional Marítimo (CONAMAR), coordinado por el empresario Adalberto Violand. Se crearon cinco grupos de trabajo, todos bajo la tuición de las Fuerzas Armadas. Los resultados se mantuvieron en secreto y, aún en la actualidad, no han tenido mayor difusión. También se dieron encuentros de notables como el Encuentro de Cochabamba de abril de 1974 que terminó fragmentado por la utilización, en política interna, de la Declaración del Encuentro. En octubre de 1977 se produjo el fin de la negociación y en marzo de 1978, nuevamente se rompieron las relaciones entre ambos países.

    La transición del militarismo a la democracia fue particularmente violenta y anárquica. En cuanto a la Demanda Marítima, el año 1979 fue el más emblemático; al recordar el centenario de la Guerra del Pacífico se multiplicaron las publicaciones y los desfiles. En el campo multilateral, se presentó una situación muy favorable al reunirse la asamblea de la OEA en la ciudad de La Paz, que fue aprovechada al aprobarse la resolución que califica la Demanda Boliviana con interés hemisférico y que se encuentre una solución equitativa para que Bolivia obtenga acceso soberano y útil al Océano Pacífico. El principal protagonista fue el propio presidente Walter Guevara Arce quien ha dejado importantes escritos sobre el tema.

    La década de 1980 se caracterizó por profundos cambios políticos, especialmente porque desde 1982 se consolida el sistema democrático. En cuanto a la Demanda Marítima, los sucesivos gobiernos bolivianos reiteraron la demanda portuario boliviana ante la OEA, consiguiendo sucesivamente diferentes resoluciones de apoyo entre la que destaca de 1983 por haber sido firmada por Chile. En cuanto a las negociaciones bilaterales, destaca la denominada "enfoque fresco" que se realizó entre 1986 y 1987. El principal protagonista fue el historiador Jorge Siles Salinas quien ha dejado un importante libro sobre la negociación. La negociación bilateral fracasó nuevamente pero durante esa década se consiguió una permanente simpatía por la causa boliviana en organizaciones multilaterales, tarea que fue realizada por muchos diplomáticos y ciudadanos bolivianos.

    Por diversas razones, la década de 1990 se caracterizó por relaciones cordiales entre ambos países. Esta situación se vio favorecida por el retorno a la democracia en Chile, por las múltiples iniciativas de integración latinoamericana, por el surgimiento de la "paradiplomacia" manifestada en reuniones entre universidades, gobiernos municipales, historiadores e intelectuales, etc. Sin embargo, también surgieron nuevos obstáculos como la posición de historiadores chilenos fundamentalistas en difundir la falsa idea de que Bolivia nunca tuvo mar y la postura del gobierno chileno al reiterar que entre Bolivia y Chile no había nada pendiente.

    2000-2015

    El nuevo siglo se abrió con una declaración esperanzadora, la declaración Algarve (Portugal) firmada en el año 2000 por los cancilleres Javier Murillo de Bolivia y Gabriel Valdez de Chile, que establecía la disposición de ambos países de tratar la Agenda Bilateral "sin exclusiones".

    Esta declaración y el interés del gobierno chileno por beneficiarse en la comercialización del gas boliviano motivaron varias reuniones bilaterales, inclusive ofrecimientos de uso de puertos en un largo plazo. Esta situación rebrotó la demanda boliviana, especialmente durante la sublevación popular de octubre de 2003, cuyos principales protagonistas fueron las juntas vecinales de El Alto.

    Las relaciones entre ambos países se tensionaron profundamente en 2004, año en el que se recordaba el centenario de la firma del Tratado de 1904. Esa tensión llegó a su punto culminante en enero de ese año cuando se produjo un duro intercambio de palabras entre el presidente de Bolivia Carlos Mesa y el presidente de Chile, Ricardo Lagos. Uno de los principales protagonistas del reclamo boliviano fue el literato Ignacio Siles, entonces canciller y promotor del Libro Azul.

    Con el gobierno de Eduardo Rodríguez Veltzé (2005) y el primer gobierno de Evo Morales (2006-2010), las relaciones volvieron a ser cordiales, desembocando en la Agenda de los Trece Puntos que incluye, en el sexto, la negociación del tema marítimo. Se llevaron a cabo diferentes reuniones de diversos niveles gubernamentales pero el gobierno de Chile incumplió su reiterada oferta de presentar una propuesta concreta para solucionar el problema.

    Por ello, a partir de marzo de 2011, el gobierno boliviano ha iniciado una nueva estrategia al presentar la Demanda Marítima ante un organismo multilateral de la talla del Tribunal de la Haya. Es bastante conocido por la opinión pública el curso de esta demanda y el protagonismo que han tenido en ella las principales autoridades de nuestro país y funcionarios diplomáticos. Dado el objetivo de este ensayo de recordar los equipos que han participado, a lo largo de la historia, en presentar bilateral o multilateralmente la Demanda Marítima, creo importante recordar el equipo multidisciplinario que ha contribuido a la investigación y posterior redacción de la demanda.

    En este sentido es importante destacar dos niveles fundamentales: el equipo de asesores internacionales, expertos que trabajaron desde el primer momento y que influyeron enormemente en la decisión del carácter de la demanda, y, el equipo boliviano que trabajó en la Dirección de Reivindicación Marítima (DIREMAR).

    Si bien, como ya se ha visto, numerosas personalidades han trabajado individualmente o en equipo para contribuir en diferentes momentos históricos en la presentación y posicionamiento internacional de la demanda marítima boliviana, la creación de DIREMAR y su posterior organización permitieron el trabajo coordinado y continuo de un numeroso equipo multidisciplinario conformado por abogados, historiadores, diplomáticos, economistas, informáticos, geógrafos, traductores y administradores.

    DIREMAR fue dirigido sucesivamente por Rubén Saavedra, Juan Lanchipa y Emerson Calderón. Este último fue quién logró con mayor énfasis el trabajo plenamente integrado de historiadores y abogados y bajo su dirección se concluyó la elaboración de la demanda presentada ante La Haya en la que tuvieron también, como ya se dijo, un rol fundamental la embajada boliviana ante la Haya y el brillante equipo de asesores externos. También es importante destacar, en la primera etapa del trabajo, la labor del diplomático Erich Kuhn Poppe a cuyo impulso se debe la creación del centro de documentación.

    Entre los abogados y diplomáticos es importante recordar a Diego Molina, Franz Zubieta, Marco Antonio Barroso, Gustavo Murillo, Windsor Hernani, Keshia Gutiérrez, Vanessa Aliaga, Jorge Estrada, Álvaro Gonzáles Quint, Velia Mendoza, Oswaldo Choque, José Villarroel, Milka Costas, Verónica Chávez, Stephan Odena, Marcelo Reynolds, Marcia Monje, cada uno con diferentes aportes cualitativos y cuantitativos.

    Entre los economistas estuvieron Rodolfo Ledezma, Leslie Ríos, Martha Montaño, Rodrigo Burgoa y Andrés Guzmán. En la sistematización de la información tuvo un rol muy destacado la informática Karina Dávila y también Wilmer Chambi. Cabe mencionar el trabajo de los traductores Teresita Reyes, Fabián Aruquipa, Jean Galaverna y Ángela Romay.

    El trabajo de los historiadores se dividió en dos fases. En la primera se priorizó la recopilación de fuentes primarias y toda la bibliografía existente sobre el tema. Se identificaron los principales documentos históricos en torno a los diferentes tópicos de interés, tomando en cuenta la época colonial, la época republicana antes de la invasión chilena, las relaciones diplomáticas después de la Guerra del Pacífico hasta nuestros días.

    Este trabajo fue coordinado por mi persona y participaron en la investigación de temas y épocas concretas los historiadores Esther Aillón, Alexis Pérez y Rodolfo Becerra. El trabajo de recopilación en archivos y bibliotecas de Bolivia así como en la redacción de ensayos sobre momentos históricos emblemáticos fue realizado por estudiantes de cursos superiores de la Carrera de Historia de la UMSA, encabezados por Stephanie Vargas y Katherine Aparicio; también participaron los siguientes universitarios: Diego Herrera, Luis Vera, Fabiola Linares, José Pradel, Leslie Pérez, Jesús Llusco, Daniela Troche, Miguel Arroyo, Paola Terán, Hilda Sinche, Mariela Rodríguez, Evelinne Bustillos y Silvana Severich  y en Sucre, el universitario Edwin Mamani de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca.

    Varios de ellos, a estas alturas, ya son licenciados con importantísimas tesis sobre el tema marítimo o    graduados por excelencia.

    En la segunda parte, los historiadores coadyuvaron en la revisión de la parte histórica de la demanda en una labor conjunta de días y de noches, con el equipo de abogados. En este trabajo que demandó muchas horas, participamos Esther Aillón, como coordinadora del equipo, el historiador cochabambino Gustavo Rodríguez y mi persona. También colaboraron en la revisión de las épocas en las que fueron protagonistas los diplomáticos-historiadores Ramiro Prudencio, Jorge Gumucio y el ex canciller Javier Murillo.

    Es probable, que por lo numeroso del equipo, se me haya olvidado un nombre; pido disculpas anticipadas por ello pero creo haber cumplido con el objetivo principal de poner en relieve a los equipos y personalidades que, a lo largo de la historia, han dado su aporte académico, desde puestos subalternos, para mantener vigente la demanda boliviana. Respecto al equipo de DIREMAR, he considerado importante darlo a conocer, ya que la mayoría de los que han contribuido a la buena presentación de la demanda han permanecido en el anonimato y creo justo que la opinión pública boliviana los conozca y reconozca.

    Es importante reiterar que en este ensayo se ha destacado el aporte académico; merece otro artículo analizar el aporte de la sociedad civil y de los medios de comunicación para mantener viva la demanda, especialmente el de las organizaciones pro mar para Bolivia, por ejemplo la de Cochabamba encabezada, por muchos años, por Gaby de la Reza.

    La contribución de historiadores y de la Carrera de Historia

    Como se puede inferir de lo descrito anteriormente, historiadores, además de sus investigaciones y publicaciones, fueron importantes protagonistas de la gestión de la demanda marítima. Tal es el caso, antes de la creación de la carrera, de Gabriel René Moreno, Alcides Arguedas y Enrique Finot.

    También es importante recordar que desde la fundación de la carrera, varios de sus profesores, además de sus conocidas publicaciones sobre el tema, tuvieron actuaciones destacadas en momentos decisivos de la demanda. Tal es el caso de Valentín Abecia, Eduardo Arze Quiroga, Juan Siles Guevara y Jorge Siles Salinas. Se han presentado a lo largo de estos años varias tesis sobre el tema como las de Martha Urioste, Fernando Cajías, Alexis Pérez, trabajos recientes de Esther Aillón y los de la última generación de Leslie Pérez y Miguel Arroyo. Stephanie Vargas y Rocío Alurralde, al graduarse por excelencia, continúan sus proyectos de tesis también referidos al tema, dentro de sus estudios de postgrado. El Archivo de La Paz, dependiente de la Carrera de Historia, cuenta con un importante fondo sobre el tema. En la preparación de la Demanda Marítima presentada por Bolivia ante La Haya, tuvieron participación importante profesores y estudiantes de la Carrera, como se ha señalado en el acápite correspondiente.

    Tres licenciados de la Carrera, de la última generación, han sido merecedores del Premio Eduardo Abaroa por trabajos relacionados con la historia de la costa boliviana y acerca de las relaciones entre Chile y Bolivia: se trata de Leslie Pérez, Luís Vera y Nivardo Rodríguez.

    La Carrera de Historia de la UMSA además ha propiciado el diálogo con colegas de Chile y Perú para reflexionar sobre posibles soluciones, analizando no solo los momentos de quiebre sino otros procesos de historia común. Así, ha organizado varios de los catorce Encuentros de Historiadores e Intelectuales de Bolivia y Chile y ha participado en todos ellos, así como en los tres encuentros entre historiadores de Bolivia y Perú.

    Uno de los logros más importantes, en ese espíritu de diálogo y de integración latinoamericana, ha sido la publicación a cuatro manos del libro Bolivia-Chile; Chile-Bolivia (2008), auspiciado por las carreras de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés y de la Universidad Católica de Valparaíso. En este proyecto participaron los profesores bolivianos siguientes: Rossana Barragán, María Luisa Soux, Raúl Calderón, Magdalena y Fernando Cajías además de Gustavo Rodríguez y Carlos Ostermann.

    Por todo ello, se puede concluir que uno de los principales temas de investigación y gestión de la Carrera de Historia, desde su fundación hasta nuestros días, ha sido la historia de la costa boliviana, las relaciones de Bolivia con Chile y Perú y la demanda marítima.