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    Historia-Revista de la Carrera de Historia

    Print version ISSN 2519-0253

    Historia  no.38 La Paz  2017

     

    HOMENAJE A LA CARRERA DE HISTORIA

     

    Recuerdos del 23 de agosto de 1971. Entrevista a Jorge Camacho, testigo presencial de la lucha de la juventud universitaria en las dictaduras

     

     

    Daniel H. Luján1
    1 Estudiante de cuarto año de la Carrera de Historia, UMSA.

     

     


    La conflictiva historia del siglo XX boliviano tuvo momentos de considerables confrontaciones políticas, dentro del mundo de las ideas y también dentro de acciones políticas concretas que llevaron, en muchas ocasiones de nuestra historia reciente, a una polarización y a enfrentamientos entre las posiciones encontradas, teniendo que lamentar en muchas ocasiones violencia excesiva. Esto es lo que sucedió en Bolivia entre las décadas de 1960 y 1970, cuando la violencia y la irracionalidad primaron por encima del bien común de los ciudadanos.

    Las siguientes líneas presentan algunos aspectos relacionados con la entrevista2 realizada al señor Jorge Camacho que, durante los últimos años de la década de 1960 e inicios de 1970, se encontraba estudiando en la Facultad de Economía de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y que, en su carácter de representante de curso ante el Consejo Revolucionario de su facultad, fue testigo presencial de hechos de mucha importancia en la historia reciente del país como la Revolución Universitaria de 1970 y la resistencia al golpe de Hugo Banzer en 1971. Su participación en estos eventos le dejó consecuencias y secuelas permanentes; debido a esto y, sobre todo, en memoria de sus compañeros caídos, decidió dar su testimonio en torno a estos eventos que marcaron a la juventud paceña y boliviana en esos años.

    Las temáticas desarrolladas a lo largo de la entrevista se dividen de la siguiente forma: se toma en cuenta inicialmente sus impresiones sobre cómo se había desarrollado la Revolución Universitaria de 1970 y cuál fue la influencia de las guerrillas de Ñancahuazú y Teoponte, así como también los movimientos juveniles y universitarios que se manifestaron en varios puntos del mundo; posteriormente, el señor Camacho detalla los pormenores de su experiencia durante los días del golpe de Estado de Hugo Banzer en agosto de 1971 y su posterior captura, prisión y exilio; finalmente realiza una reflexión importante y necesaria sobre el papel que jugaron los universitarios y concluye refiriéndose al legado de los mismos en esos años.

     

    La Revolución Universitaria de 1970 y el radicalismo de esa generación de jóvenes

    La entrevista a Jorge Camacho brinda elementos sobre cómo fue la visión, siendo él un joven estudiante, de la coyuntura que se vivía en el país y el mundo debido a los sucesos que ocurrieron desde la segunda mitad de la década de 1960. Estos hechos fueron precisamente los que le permitieron participar activamente en varias acciones cuando estaba en la universidad. Entre estos aspectos se puede señalar cómo uno de los de mayor importancia la influencia de la acción guerrillera de Ernesto "Che" Guevara en el territorio boliviano en 1966 y 1967, lo cual trajo consigo mucho interés por replicar la experiencia guerrillera. El mismo entrevistado también consideró que en ese tiempo era necesario identificarse con la lucha armada como una máxima expresión revolucionaria para la reconquista de la democracia.

    Otro hecho que marcó profundamente su visión universitaria sobre la historia del país fue la experiencia guerrillera en Teoponte que se extendió de julio a octubre de 1970, a la cual se sumaron dirigentes y estudiantes de las universidades estatales, principalmente de la Confederación Universitaria Boliviana y de la propia UMSA que pasaron a formar filas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), con lo que se demostraba la fuerte convicción de los universitarios. Todavía recuerda con amargura la forma en la que fueron capturados, torturados y asesinados personajes importantes en la lucha universitaria. En estas acciones, la Confederación Universitaria Boliviana (CUB) tuvo una importante participación al prestar cuadros estratégicos a la guerrilla como los hermanos Quiroga Bonadona, Juan José Saavedra, Antonio Figueroa, Adolfo Huici, Horacio Rueda, Norberto Domínguez y otros como Ricardo Justiniano33.

    También se puede considerar que el proceso de efervescencia revolucionaria que influenció a toda esa generación llevó a tomar acciones directas para establecer y demostrar su poder, como fue el caso de la Revolución Universitaria que estalló en abril de 1970, impulsada desde los mismos estudiantes y muchos docentes de la UMSA y cuya experiencia se replicaría posteriormente en otras universidades del país. El señor Camacho menciona que dentro de las acciones tomadas por la Revolución Universitaria, bajo la dirección del rector de la UMSA, se anularon los exámenes de ingreso y, en opinión del entrevistado, aquello permitió que la población universitaria paceña aumentara, lo cual ocasionaría incomodidad entre las autoridades gubernamentales4; además, la Revolución Universitaria también modificó otros aspectos estructurales del sistema universitario:

    ... se conformó el Consejo Supremo Revolucionario, máximo organismo de dirección universitaria, bajo cogobierno paritario docente y estudiantil (...) En el Consejo se aprobaron nuevos planes de estudio y se instaló la cátedra libre y paralela, con el objetivo de lograr que los contenidos formativos encajen con la visión transformadora de la sociedad y las necesidades del país y del pueblo oprimido (Cajías, 2015: 111).

    Según Jorge Camacho, en ese momento de euforia universitaria varios cambios fueron impulsados dentro de la universidad paceña, llegando a influenciar decisiones de otras universidades estatales del país. En Oruro, por ejemplo, se reformuló totalmente el sistema; se crearon comités revolucionarios en cada departamento con delegados de las facultades. En palabras del entrevistado: "sabían lo que no querían, pero no lo que querían". Es decir que la Revolución Universitaria significaba desechar todo, con la incorporación de la gestión paritaria entre universitarios, docentes y administrativos, para lograr una institución más eficaz, eficiente y efectiva al servicio del pueblo. Posteriormente a la Revolución Universitaria llegó la guerrilla de Teoponte donde murieron muchos cuadros universitarios importantes. Camacho reflexiona sobre el tema y señala que ellos "quisieron tocar las estrellas con las manos", repitiendo una frase de Pablo Ramos, pero fueron rápidamente derrotados: añade que "no hubo autocrítica" a sus acciones y lamenta: "cayó toda esa generación que iluminaba a la Universidad".

    Pronto, las actividades de los universitarios generaron una reacción por parte de sectores opuestos como facciones militares fuertemente anticomunistas o partidos como la Falange Socialista Boliviana (FSB). Esto inquietó particularmente a las Fuerzas Armadas que creían que la Universidad "era la matriz o el útero de los futuros guerrilleros", en palabras de Jorge Camacho. Así que estas empezaron a organizarse para contrarrestar este tipo de hechos. La cúpula militar que había pasado cursos de formación en la famosa Escuela de las Américas tenía como meta acabar con el pensamiento universitario pues para ellos, los universitarios -sin importar su militancia política o procedencia social eran "vende patrias, terroristas, castro comunistas, etc.". Al gobierno del general Alfredo Ovando Candia le tocó reprimir a la efervescencia revolucionaria de los universitarios durante este período.

    La represión estatal de una multitudinaria manifestación ocurrida en La Paz ocasionó una muerte y dejó un saldo de varios heridos. (...) los estudiantes se habían manifestado para exigir que se esclarezca la muerte de dos guerrilleros del ELN, que habían sido encontrados en la laguna Alalay de Cochabamba (Ibíd.)

    Casi inmediatamente a la aparición de la guerrilla en Teoponte, el 22 de julio de 1970 (Rodríguez, 2006; 369) ocurrió la tristemente célebre toma del edificio monoblock de la UMSA por parte de los "marqueses", una pandilla juvenil del barrio de Miraflores que aterrorizaba a la ciudad de La Paz. Conjuntamente con los falangistas y algunos cristianos armados, ocuparon el edificio cometiendo desmanes, quemando documentos y realizando todo tipo de actos de vandalismo. Paralelamente, grupos de universitarios de izquierda ocuparon las instalaciones de las facultades de Medicina, Ingeniería, Servicio Social con algunas armas. Por varias noches, se escuchaba tiroteos entre bandos pues cada uno defendía su trinchera. Para Jorge Camacho, la acción ejecutada por los marqueses -coordinada por el jefe de la casa militar de Ovando, Luis Arce Gómez- fue una respuesta de la Liga Anticomunista y el Ejército a la guerrilla de Teoponte. Posteriormente, bajo la presión de una convocatoria a una movilización por la Central Obrera Boliviana (COB), el monoblock de la UMSA fue recuperado por los universitarios.

     

    El desenlace del golpe de Estado de agosto de 1971 y sus consecuencias

    Posteriormente a la Revolución Universitaria y los sucesos de Teoponte llegaron acciones mucho más radicalizadas por parte de los movimientos obreros y populares. Durante el gobierno de Juan José Torres (octubre 1970 - agosto 1971) se desarrollaron la Asamblea del Pueblo, la toma de algunas instituciones consideradas "imperialistas" (el periódico El Diario, el Centro Boliviano Americano) e incluso la toma de tierras en el Oriente boliviano (Mesa, 2009: 543). En todas estas acciones participaron los dirigentes y estudiantes de base de las universidades del país. Ante tal situación, era evidente que se venía gestando un golpe de Estado por parte de elementos reaccionarios del Ejército, conjuntamente con partidos antagónicos como el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y la FSB.

    El golpe de Estado que finalmente estalló en agosto de 1971 estuvo dirigido por militares como los generales Florentino Mendieta y Humberto Cayoja y los coroneles Hugo Banzer Suárez y Andrés Selich, unidos a personajes civiles de importancia como Mario Gutiérrez de la FSB y Ciro Humboldt del MNR. Las primeras acciones se iniciaron en Santa Cruz de la Sierra el 19 de agosto de 1971, siendo la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno uno de los primeros objetivos de los golpistas. Tomaron la universidad cruceña con un elevado saldo de presos, heridos y varios muertos (Sandoval et al.; 2003: 100-103).

    A medida que llegaban estas noticias desde Santa Cruz, los universitarios paceños se pusieron en marcha para defender al gobierno de Torres. Realizaron una manifestación que terminó en la plaza Murillo, en la cual participó el señor Camacho. En esta oportunidad, los universitarios y otros sectores pidieron al presidente Torres que les entregara armas. El sábado 21 de agosto de 1971, a convocatoria de la Federación Universitaria Local, los universitarios se dirigieron al Estadio de Miraflores con el propósito de tomar el Estado Mayor. Casi de inmediato, se desató la ofensiva golpista en La Paz. Ese día de agosto ocurrieron los principales enfrentamientos entre los golpistas y quienes defendían al gobierno, tal como mencionan Jorge Camacho y muchos estudios acerca del golpe de 1971. En los enfrentamientos, los universitarios tuvieron un importante papel5 con una destacada participación en los combates del cerro Laikakota; varios fueron heridos y otros murieron. También intentaron resistir en las zonas populares de la ciudad junto con los obreros, mineros, fabriles y el regimiento Colorados dirigido por Rubén Sánchez, el único oficial del ejército leal a Torres.

    El relato sobre los días del golpe se complementa con el de la toma del edificio de la universidad. El domingo 22 de agosto, el monoblock amaneció totalmente custodiado por parte del Ejército golpista. Durante la noche, efectivos del Regimiento Lanza ocuparon las instalaciones dejando un saldo de cuatro universitarios muertos y otros heridos. Posteriormente, en la madrugada, soldados del Regimiento Andino reemplazaron a los otros y custodiaban la universidad que daba la apariencia de estar "cercada pero no tomada", según la acotación de Jorge Camacho. Permaneció así porque se creía que algunos dirigentes universitarios aun estaban escondidos al interior de la misma, posiblemente armados. Se conformó entonces una comisión que visitó la universidad pero no encontró a nadie6.

    Ya para el lunes 23 de agosto, la universidad seguía cercada por los militares. Los estudiantes empezaron a reunirse en la plaza del Estudiante y en torno al edificio de la UMSA pues, según Jorge Camacho, existía el rumor de que habían matado a estudiantes dentro del monoblock. En ese instante, los universitarios empezaron a rechiflar a las tropas, exigiendo que los dejaran ingresar. Además, hubo presión por parte de los comensales del comedor universitario quienes reclamaban la apertura del mismo ya que éste se encontraba cerrado por los sucesos de los días anteriores.

    Los estudiantes presionaron más, sentándose en el suelo y desafiando las armas de los militares. Llegó una comisión conformada incluso por diplomáticos que lograron convencer a un general, que se encontraba al mando de las tropas, de que los efectivos militares que asediaban el monoblock se replegaran hasta las instalaciones del Ministerio de Gobierno. Aquello llevó a un conflicto interno entre ese general y el coronel Andrés Selich. Finalmente, las tropas se retiraron de las cercanías de la universidad7. Ante esta situación, los universitarios ingresaron con algarabía al edificio de la universidad y, ni bien entraron, se decidió instalar una asamblea en el paraninfo en la que se realizaba un breve homenaje a los estudiantes caídos en los combates de Laikakota y en la ciudad de La Paz.

    De repente, según el entrevistado, se escuchó ruidos de aviones ametrallando la fachada y el atrio de la universidad. Entonces, todos los que asistían a la asamblea se agacharon y corrían desesperados buscando lugares para protegerse. La toma del edificio de la UMSA fue realizada por tropas del regimiento Castrillo y tanquetas blindadas de asalto del Tarapacá, además de paramilitares que se encontraban en la retaguardia. Inmediatamente después de las ráfagas, un grupo de estudiantes conformado por unas siete personas con armas cortas subió hasta el piso 12 del edificio e intentó desde ahí ofrecer resistencia al ataque de los militares pero el acto de locura duro apenas veinte minutos ya que la superioridad bélica y numérica de las tropas que subían por la avenida Arce era por demás notoria. Entonces ya sin municiones, los estudiantes decidieron deshacerse de sus armas y prepararse para lo que implicaría el ingreso violento de los militares a los predios de la universidad.

    El punto álgido del conflicto se dio debido a que los militares decidieron usar una bazooka para hacer volar la puerta lateral de ingreso al monoblock por la calle J. J. Pérez. Además se menciona que se habían realizado disparos con la bazooka hacia el piso 8 del monoblock (Cajías, 2015: 130). Los primeros en salir con las manos en la cabeza eran el cocinero y un albañil que fueron inmediatamente acribillados. Después, otros trataron de alcanzar el segundo patio y les dispararon por la espalda. Los cadáveres fueron recogidos por una movilidad militar. Nunca se supo con exactitud cuántos murieron: los universitarios presentes dijeron que eran quince, pero la prensa escrita del día siguiente sólo identificó a siete y una veintena de heridos de bala. Mientras esto ocurría en el ingreso lateral al monoblock, del interior del mismo los universitarios seguían gritando "¡Viva la U, viva la U, muera la bota militar!". Esto enardeció a los oficiales que dirigían el asedio a la UMSA y procedieron a capturar a los estudiantes universitarios con tiros y culatazos para desalojarlos "a patada limpia", como menciona Jorge Camacho.

    Finalmente la toma del edificio de la UMSA se consolido y terminó con el apresamiento de todos los estudiantes universitarios en los ambientes de la UMSA; estos fueron reunidos en el mismo atrio de la universidad y se les ordenó sentarse de cuclillas y con los brazos en la nuca. El miedo era grande. Por primera vez, los universitarios habían presenciado el asesinato de sus compañeros; incluso se menciona que algunos estudiantes se orinaban encima. Los prisioneros -según estimaciones de Jorge Camacho- llegaron ser alrededor de 300 aunque algunos cronistas relatan un número menor (Ibíd.).

    Después de cerciorarse que no había nadie más en el edifico y trasladar los cadáveres a lugares desconocidos, los militares hicieron formar a los estudiantes y se los llevaron hacia el edificio del Ministerio de Gobierno en la avenida Arce. Durante la bajada, con las manos cruzadas y detrás de la nuca, muchos estudiantes lograron escapar gracias a la cooperación de vecinos que ayudaban especialmente a las mujeres. Según el entrevistado, los militares no se animaban a disparar a los que se escapaban. En cambio, se notaba mayor agresividad por parte de los grupos armados de falangistas que también se encontraban con el Ejército: decomisaban objetos personales como relojes y otros de valor y en una de estas acciones violentas, uno de estos falangistas -el famoso "Mosca Monroy8"- sacó y rompió los lentes de Camacho.

    Posteriormente, los estudiantes prisioneros varones fueron conducidos hacia un garaje de propiedad del Ministerio de Gobierno9, mientras que las mujeres que aún quedaban -aproximadamente 35- fueron llevadas a las oficinas del mismo ministerio donde se les agredió sin contemplación: algunas fueron salvajemente vejadas, según relatos que hicieron familiares a compañeros que se enteraron de ello varios años después. Acomodaron a los varones entre las chatarras de los autos y los dejaron fuertemente vigilados hasta aproximadamente las 19 o 20.00 horas. En ese lapso, un grupo de universitarios apostados en las cercanías del cerro Laikakota intentó rescatar a sus compañeros o por lo menos distraer a los militares que hacían guardia disparando armas de fuego. Gracias a esto, algunos pudieron escapar trepándose a las paredes del garaje. Lamentablemente no fue el caso de Jorge Camacho ya que, debido a que le habían roto sus lentes, no podía con nitidez.

    Quedaron presos 278 universitarios a quienes se les pidió formar y subir a movilidades del Ejército. Mientras tanto, se los acusaba de ser castro-comunistas, traidores a la Patria y se los amenazaba indicándoles de que "iban a morir como tal". Ya al interior de los vehículos completamente cerrados, no podían ver ni sabían a donde los iban a llevar. Algunos empezaron a escribir notas y a botarlas en el camino. Los militares ejercían presión psicológica en contra de los estudiantes, deteniendo las movilidades cada cierto momento y hablando entre ellos sobre si era el mejor lugar para poder matarlos. Decían querer matarlos "de diez en diez" según lo acotado por el entrevistado.

    Finalmente llevaron a los estudiantes a un cuartel que resultó ser el Regimiento Bolívar II de Artillería de la localidad de Viacha. Bajaron de los vehículos en filas y mientras avanzaban, recibían culatazos y golpes en un "callejón oscuro" que se había preparado con conscriptos. Los trasladaron al último piso del cuartel donde había unas celdas pequeñas y cada una de ellas se encontraba hacinada por los universitarios presos. De ésta manera se inauguró la prisión política custodiada por miembros del propio regimiento.

    Posteriormente y al pasar los meses en prisión, el entrevistado se enteró que esas celdas posiblemente fueron construidas especialmente para los guerrilleros de Teoponte. La superficie de cada celda era pequeña y el piso de cemento estaba mojado, lo que convertía este espacio en un lugar húmedo e incómodo. Estaba cerrada por una puerta de acero con dos aperturas: una servía de mirilla y la otra, ubicada casi al ras del suelo, servía exclusivamente para pasar platos de comida. La puerta estaba cerrada por una gruesa aldaba que terminaba en una manivela donde se colocaba un candado. En esas celdas los estudiantes permanecieron hacinados pero, a pesar de las privaciones a las que estaban expuestos, no perdían el buen humor ya que gritaban y jugaban: existía un ambiente de solidaridad y risas a pesar de todo. Pero los militares hacían todo lo posible para bajarles la moral. Durante las noches se escuchaba a los centinelas que se numeraban cada cierto tiempo y en algunos casos también se oía disparos. Uno de esos trágicos momentos que rescata Jorge Camacho fue que, al día y medio de estar presos, llegaron a la prisión unas señoras de pollera que les servían lagua en platos destartalados de soldados. Como estaban perforados, era difícil consumir la sopa. Y en una oportunidad, uno de los cabos sacó de la olla... ¡una chaqueta vieja!

    A los tres o cuatro días, llegaron personeros del Ministerio de Gobierno acompañados por personas con un notorio acento argentino. A partir de entonces se iniciaron los interrogatorios y las preguntas de identificación. Cuando se acercaron estos "caballeros de acento gaucho", repartieron unas hojas tipo test, con preguntas bastante generales. Según Camacho, quienes aprobaban estos tests "eran los más inteligentes y por lo tanto podían ser sospechosos de ser miembros del ELN".

    Poco a poco y por presión de los familiares, las iglesias y la prensa, algunos grupos de universitarios fueron liberados. Finalmente, se quedaron unos once presos entre los cuales seis eran estudiantes de la UMSA que fueron apresados el día 23 de agosto. A este grupo más otros universitarios que llegaron posteriormente, los denominaron "los chicos malos". Lo curioso es que, al pasar el tiempo, el resto de los presos de diferentes sectores que arribaron en los siguientes meses a la prisión militar e inclusive algunos oficiales les tenían cierto respeto por su solidaridad y disciplina.

    La detención de Jorge Camacho duró aproximadamente diez meses. En ese tiempo, al igual que a otros presos calificados de "peligrosos", fueron interrogados y se les pedía que delataran a sus compañeros aunque nunca lo hicieron porque comprendieron que su suerte estaba sellada. El propio dictador Banzer había declarado ante la prensa en un acto con los campesinos: "Tráiganme un comunista y les enseñaré cómo se los mata". Las mujeres también eran tratadas con crueldad: algunas de ellas fueron llevadas a la "Casa de Piedra", una prisión política en la zona de Achocalla donde fueron torturadas y vejadas sin contemplación alguna pero nunca comentaron lo que se les hacía y eso fue un ejemplo para muchos presos.

    Según Jorge Camacho, este fue un régimen de terror, sin humanidad ni piedad alguna. Quienes más torturaban eran civiles, muchos de ellos funcionarios del Ministerio de Gobierno que eran asesorados por instructores militares que les enseñaban técnicas específicas pero que no aparecían en los momentos de tortura. En cambio muchos soldados del propio regimiento Bolívar, de origen minero por ejemplo, los ayudaban llevando mensajes a sus familias e informando sobre los compañeros que eran sacados de noche. Eso permitió la conformación de una red de comunicación entre las familias de los presos y las demás victimas que mantenían en contacto a muchos de los prisioneros, reflejando la existencia de solidaridad. Estas redes de familiares sirvieron bastante para localizar a desaparecidos y en el exilio, muchos estudiantes pudieron contactarse con sus compañeros gracias a la información de la misma.

    En febrero de 1972 se llevó a cabo una huelga de hambre por parte de los presos políticos que pedían su libertad. Entonces, muchos presos fueron trasladados al Departamento de Orden Político (DOP) ubicado en la esquina de la plaza Murillo, donde ahora se encuentra el edificio de la Gobernación de La Paz. Entre ellos estaba Jorge Camacho. Posteriormente fue sacado de ahí para ser llevado a una "casa de seguridad" en la zona de Sopocachi donde se lo encerró en un sótano; supuestamente, era del ELN. Fue llevado junto con el arquitecto Eddy Bravo Burgoa, docente de la UMSA. Nuevamente se les tomó declaraciones y fueron acusados de ser miembros del ELN. Por ello, recibieron tratos inhumanos. Al igual que otros presos, el entrevistado fue víctima de tortura física como la picana que le dejó secuelas hasta el día de hoy pues padece trombosis en las piernas; además, se ejerció tortura sicológica contra su familia.

    Posteriormente, con su salud notoriamente afectada, su libertad fue negociada por sus familiares y luego fue obligado a exiliarse. Las autoridades indicaban que los estudiantes tenían solo quince días a partir de su liberación para recibir alguna curación trasladarse al extranjero. Por terror a la dictadura, pocos médicos se animaban a recibirlos en los hospitales así que muchos estudiantes heridos o enfermos fueron atendidos en sus domicilios por familiares u otros. Cumpliendo el compromiso conminatorio firmado por sus padres con el Ministro del Interior, Cnel. Mario Adett Zamora, Camacho emigró a Argentina. Pese a recibir un pasaporte de turismo, éste llevaba un "sello rojo", señal que lo estigmatizaba como subversivo de izquierda. Por consiguiente, aún fuera de Bolivia, tenía que presentarse periódicamente ante las autoridades del país de acogida.

    Al igual que muchos otros exiliados bolivianos en Argentina, él tuvo que trabajar haciendo de todo un poco: artesanía, cocina, música y otros oficios. Algunos universitarios, junto con otros bolivianos que se reencontraron en el exilio, se unieron a diferentes grupos de izquierda como el de los Montoneros. En ese país también se encontraba Marcelo Quiroga Santa Cruz10. Pudieron reunirse con él y le contaron lo que sucedió con los universitarios, lo que lo estremeció. Sin embargo, en el juicio de responsabilidades que llevó adelante contra el ex presidente Banzer, por motivos desconocidos, no se incluyó aquellas denuncias sobre la toma y las muertes en la UMSA que ocurrieron el 23 de agosto de 1971.

    Jorge Camacho permaneció en el exilio hasta 1974. Al retornar al país, fue nuevamente apresado en 1978 y trasladado al DOP.

     

    El legado de los universitarios

    A manera de conclusión, quisimos saber cuál fue, de acuerdo con el entrevistado, el legado del movimiento universitario en la época en la que le tocó vivir. En su criterio, la universidad siempre fue un faro de luz para la formación ideológica y política que buscaba mejorar la situación y el trato hacia las clases marginadas. Nunca se había visto un estoicismo revolucionario de esa magnitud: los universitarios estaban dispuestos a todo, inclusive a perder la vida por sus ideas. Hoy en día, comenta, la universidad es diferente y se notan los cambios. Pese al dolor y a la tristeza por lo que ocurrió años atrás y por la muerte de muchos compañeros en la clandestinidad y el anonimato, valió la pena luchar contra la dictadura. Considera que es menester insertar en la historia universitaria los hechos acaecidos durante el golpe de Banzer y que sean recordados como parte de las luchas por la autonomía universitaria.

    De hecho, muchos antiguos estudiantes ahora viejos y/o jubilados piensan que se debería rescatar si no los nombres por lo menos los hechos acaecidos en las universidades estatales al inicio y durante la dictadura de Banzer y particularmente lo ocurrido el 23 de agosto de 1971 en la Universidad Mayor de San Andrés, para que se comprenda que la autonomía y la democracia no fue una concesión de nadie: costó sangre de los propios universitarios y ahora se la debe cuidar y respetar.

    Además, Camacho reitera el respeto que se fueron ganando los estudiantes en prisión por su disciplina, organización y solidaridad entre ellos por parte de sus custodios y vuelve a mencionar que los hechos que sucedieron en 1971 fueron producto de una estrategia previamente planificada. Uno de los objetivos de los golpistas era precisamente atacar a las universidades públicas y destruir sus aportes políticos11. La toma de la UMSA por los militares permitió a los organismos de represión contar con una amplia base de datos para localizar, perseguir y capturar a universitarios tipificados como "rojos". Un ejemplo de la crueldad de la dictadura de la época fue la anécdota que le tocó vivir ya en democracia. Cuando quiso renovar su cédula de identidad, fue al registro civil y le dijeron que su partida de nacimiento no existía. Lo que ocurrió fue que los funcionarios del régimen de la dictadura, por órdenes superiores, se habían dado a la tarea de raspar con hojas de afeitar las partidas originales de supuestos "agitadores", como si ellos nunca hubiesen existido. Alguien del Ministerio del Interior había declarado en ese tiempo de represión que "los desaparecidos nunca existieron" y eran inventos de los castro comunistas... Fue "muy cruel, muy planificado", acota el entrevistado.

    Al finalizar la entrevista, Jorge Camacho también criticó la manera en que se manejó la universidad después de 1971, cuando el gobierno militar se hizo cargo de ella. Por ejemplo, aparecieron muchos falangistas como docentes e incluso con dos títulos universitarios. Entre los administrativos también hubo "buzos" y entre sus funciones principales estaba la de alertar la presencia de universitarios vetados por el régimen.

    Respecto a los resarcimientos o reconocimientos que le corresponden por haber sido víctima de la dictadura, recordó que durante el gobierno de Carlos Mesa (2003-2005) se promulgó una ley12 que establecía grados de resarcimiento en función a los daños recibidos (tortura, exilio, etc.). Uno de los principales gestores para la promulgación de dicha ley fue el universitario Mario Guevara Rodríguez que fue capturado con Jorge Camacho en los acontecimientos que nos ha relatado. Posteriormente, estando preso, en noviembre de 1972 fugó de la Isla de Coatí junto con otros compañeros. Cuando se promulgo la ley de Resarcimiento, muchos quisieron tener derecho al mismo. Se dio tuición a una comisión del Ministerio de Justicia que lamentablemente quedó en manos de funcionarios novatos que no conocían los hechos históricos y exigían documentos probatorios imposibles de conseguir (por ejemplo testigos oculares de torturas; nombre de los verdugos, etc.). Finalmente, un grupo de personas recibió una compensación pero esta apenas llegó al 20% de lo que establecía la ley y no hubo ningún acto de reconocimiento al respecto por parte del parlamento.

    Parte de esta historia queda aún en la prensa de la época aunque en varias bibliotecas estos periódicos han desaparecido misteriosamente. Sin embargo quedan los testimonios de las victimas en los expedientes que se encuentran en el Ministerio de Justicia, desde la época del general René Barrientos (1964) hasta la dictadura de los años 1980. En su opinión, esta documentación debería pasar a la universidad como un archivo especial para poder conocer la verdad histórica de los hechos, lo que sería más útil que seguir solicitando la desclasificación de documentos conservados por los militares y que el propio gobierno democrático afirma que no existen.

    Al comparar la universidad de hoy con la de los años 1970, Jorge Camacho considera que sería un error querer que las generaciones actuales pensaran como ellos: "La historia tiene sus tiempos y circunstancias y siempre avanza aunque a veces los protagonistas cometen los mismos errores". Finalmente, busca recordar y recuperar la memoria de hechos históricos importantes.

    Debido a esto es que se ha animado a hablar pues si no fuera por los que lucharon y los que cayeron, sería incorrecto o sesgado hablar de los frutos de la democracia.

     

    Notas

    2 La entrevista no está transcrita tal cual. Fue realizada el 15 de septiembre de 2016 en La Paz, en instalaciones de la Casa Marcelo Quiroga Santa Cruz de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UMSA.

    3 El entrevistado menciona especialmente a Justiniano, estudiante de la carrera de Economía de la UMSA y militante del PDC Revolucionario, que murió en Teoponte (Rodríguez Ostria, 2006: 624).

    4 Existió incomodidad por parte del Alto Mando de las Fuerzas Armadas así como también de sectores ligados a los partidos políticos, principalmente el Movimiento Nacionalista Revolucionario y la Falange Socialista Boliviana.

    5 Muchos de los miembros del ELN se entremezclaron con los universitarios, fueron ellos quienes organizaron a otros estudiantes para defender al régimen (Rodríguez, 2006: 577).

    6 Ver Cajías (2015: 130). Desde el 22 de agosto, los estudiantes se atrincheraron al interior del monoblock.

    7 Según Cajías, el que dio la orden fue el coronel Joaquín Zenteno Anaya (1921-1976) (2015: 130). Este era un militar cochabambino con mucha influencia política en la época: fue comandante de la Octava división en Montero (Santa Cruz); tuvo una participación activa en la campaña antiguerrillera en Ñancahuazú en 1967; ocupó cargos de jefe de Estado Mayor y comandante en jefe de las FFAA hasta 1973; fue nombrado embajador boliviano en Francia hasta 1976, cuando fue asesinado (Rocha Monroy, 2010: 160).

    8 Fernando "Mosca" Monroy hera un famoso paramilitar boliviana.

    9 Según el entrevistado, este garaje se encontraba cerca de la actual Cinemateca Boliviana, por la calle Rosendo Gutiérrez.

    10 Marcelo Quiroga Santa Cruz se encontraba, al igual que muchos bolivianos, exiliado en Buenos Aires desde inicios de la dictadura de Hugo Banzer Suárez. Su exilio duró muchos años y lo llevó a Argentina y México hasta su regreso al país en 1978.

    11 Posteriormente, el gobierno de Hugo Banzer cerró las universidades públicas por dos años.

    12 La Ley N° 2640 promulgada el 11 de marzo de 2004 tenía como objeto resarcir a las personas contra quienes se hubiera cometido actos de violencia política (art. 1). La ley toma en cuenta a las personas que fueron víctimas entre el 4 de noviembre de 1964 y el 10 de octubre de 1982 (art. 2). Los beneficiarios de dicha Ley eran las víctimas directas o las viudas o viudos de víctimas fallecidas por motivo de la violencia política (art. 3).

     

    Bibliografía

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