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    Historia-Revista de la Carrera de Historia

    Print version ISSN 2519-0253

    Historia  no.37 La Paz  2017

     

    ARTÍCULO

     

    Apuntes para una historia del café en los Yungas paceños

     

    Notes for a History of coffee in the Yungas of La Paz

     

     

    María Luisa Soux1
    1 Directora de la Carrera de Historia, UMSA, La Paz. Correo electrónico: mlsoux@yahoo.es
    Recibido en: 11.05.2016 Aprobado en: 31.05.2016

     

     


    Resumen:

    El artículo busca establecer algunas pautas para comprender la historia del café en Bolivia, especialmente en la región de los Yungas de La Paz. El cultivo del café que es considerado hoy como una alternativa a la producción de coca y que, por lo tanto, ha sido objeto de una serie de proyectos de "Desarrollo alternativo", tuvo su origen en Bolivia en la primera mitad del siglo XIX y ya hacia fines del siglo era considerado un producto pasible de ser exportado con grandes ventajas. A lo largo del siglo XX, se constituyó en un cultivo preferido por los hacendados y pasó luego a ser considerado un producto importante en la economía campesina yungueña luego de la Reforma Agraria; sin embargo, la comercialización y la exportación estuvo controlada por grandes empresarios que obtenían amplias ganancias. A pesar del poder de los grandes del café en Bolivia, su papel en el mercado internacional fue minúsculo y no fue sino a través de la producción de cafés seleccionados y de la participación en mercados solidarios que la economía del café en Bolivia pudo lograr mejores resultados.

    Palabras claves: Café, coca, producción, comercialización, exportación, dearrollo, Yungas de La Paz.


    Abstract:

    This article seeks to establish certain reference points for understanding the history of coffee in Bolivia, especially in the Yungas of La Paz region. Today, coffee cultivation is considered an alternative to coca production and ithasbeen thefocus ofanumberof "alternative development" projects. Its origins in Bolivia go back to the first half of the nineteenth century, and towards the end of the century it was seen as a potentially successful export product. During the twentieth century, it became one of the preferred products for landlords and after the Agrarian Reform it was an important crop in the peasant economy in Yungas. However commercialization and export were controlled by large entrepreneurs who reaped great profits. In spite of the power of the big coffeegrowers, Bolivian coffee had a minuscule role in international markets and it was not until the emergence of "select" coffees and solidarity markets that the Bolivian coffee economy began to achieve more success.

    Key words: Coffee, coca, production, comercialisation, exportation, developnent, Yungas of La Paz.


     

     

    El café, en sus múltiples tipos y formas de preparación, se ha convertido hoy en un símbolo de la modernidad. Los lugares especializados en su consumo, los tan famosos cafés, no son sólo espacios fundamentales de la socialización, donde se resuelven negocios y se inician romances, sino que en el último tiempo ha surgido en ellos una verdadera cultura del café. Los cafés propios e importados compiten frente al paladar de los expertos y no tan expertos, como un símbolo de buen gusto en un espacio globalizado.

    Pero si bien el café se constituye hoy en un fundamento de la sociabilidad urbana, su historia se remonta en América Latina hasta el siglo XVIII, que fue cuando llegaron las primeras plantas de cafeto. En lo que hoy es Bolivia, las primeras semillas fueron sembradas en los Yungas de La Paz a fines del siglo XVIII.

    ¿Cómo se inició en Bolivia la producción de café? ¿Cómo se relacionó con la producción de coca? ¿De qué manera se comportó el mercado internacional y nacional? ¿Cómo el café generó una lucha de poderes a nivel local y nacional? En el presente artículo se presentarán algunos apuntes de forma preliminar para entender la historia de este producto.

     

    Los Yungas de La Paz y su producción

    De forma contraria a lo que se planteó en los proyectos de sustitución de cultivos de coca y el rol que en ellos jugaría el café a fines del siglo XX e inicios del XXI, la región de los yungas paceños nunca fue una zona de monocultivo, y fue en este ecosistema donde se desarrolló el cultivo del café de forma complementaria a la hoja de coca.

    Desde la etapa prehispánica, los yungas Peri y Chape fueron espacios ocupados a través del llamado control vertical de pisos ecológicos como tierras cálidas donde se cultivaba coca y ají (Murra, 1975), además de otros productos como la walusa, descritos por cronistas como Garcilazo de la Vega. Ya durante la etapa de la colonial temprana, en la zona de Peri (hoy Coripata) además de la coca se empezó a cultivar la caña de azúcar para la fabricación de aguardiente. Laura Escobari, en su obra sobre el comercio indica: "Las haciendas de Peri, en el valle de Coroico donde tiene cañavera-lesen cuartiles para moler" (1986: 116). En estas haciendas se producía más de 1000 arrobas de caña cuyo producto se comercializaba en la ciudad de La Paz.

    El cultivo de la caña de azúcar continuó durante toda la etapa colonial, concentrándose posteriormente en ciertas haciendas cercanas al río de La Paz como las de Irupana y Ca-ñamina (hoy provincia Inquisivi), donde la producción de caña de azúcar fue económicamente más importante que la de hoja de coca. Por el contrario, en la zona de Peri, la más antigua para la caña, la misma fue sustituida totalmente por la coca, aunque posiblemente la caña se mantuvo en un nivel familiar de autoconsumo. Así, por ejemplo, los datos de producción de las haciendas de la familia del Sargento Mayor don Tadeo Díez de Medina no consignan sino coca como producto comercializable en la ciudad2.

    A mediados del siglo XIX, sobre todo en la región norte de los Yungas, la producción de coca estuvo complementada con la extracción de cascarilla o quina, corteza que empezó a tener un gran valor comercial debido al boom de su consumo, derivado de la ampliación de la colonización europea en Asia y África, zonas endémicas del paludismo. Frente al crecimiento del mercado internacional, los habitantes de los Yungas dejaron sus cocales y tomaron rumbo al monte para extraer la cotizada corteza. Este boom duró pocos años, pero mostró a la población de Yungas la existencia de otros productos complementarios a la coca que eran necesarios para complementar una economía de mono-producción, aunque también les hizo ver el peligro que representaba la dependencia del mercado mundial.

    A fines del siglo XIX e inicios del XX, época marcada por los gobiernos de carácter liberal, la dependencia económica de hacendados y co-munarios de Yungas frente a la coca fue mayor que nunca. La hoja cubrió más del 95% de la producción agrícola que llegaba al mercado, mientras que los demás productos como café, fruta o "chacarismos" se consumían internamente en la región.

    Frente a esta situación, surgieron algunos estudiosos que trataron de encontrar otros productos que fueran rentables para la economía regional y, sobre todo, para los hacendados. Uno de estos estudiosos fue Manuel Baudoin quien, en 1915, ya proponía la formación de haciendas modernas en los Yungas e Inquisivi con una producción diversificada. Baudoin hablaba de la importancia del café, los frutales, el maíz, el jamachipecke, las aves de corral y otros productos susceptibles de ingresar al mercado como alternativos a la coca. A pesar de estos intentos, los hacendados y comunarios continuaron con la producción de coca.

    No fue sino en 1935 que, con la apertura de los caminos para automóviles (que coincidió además con la baja de la demanda de coca en el mercado nacional e internacional y la competencia de la coca peruana) que la Sociedad de Propietarios de Yungas3 inició una gran campaña para diversificar la economía de la región, importando plantines de árboles frutales y promoviendo su venta por parte de la misma Sociedad y la Oficina de Fomento Agrícola en Chulumani y Coroi-co, establecida por el gobierno. A pesar de esta política, los nuevos productos como la fruta y el café tardaron varios años en ser adoptados tanto por los hacendados como por los propios campesinos, debido sobre todo a la seguridad que daba el cultivo de la coca -con tres cosechas al año- y al desconocimiento en el trabajo de otros cultivos. Así, por ejemplo, los datos estadísticos de 1942 presentados por la Aduana de la Coca reportaban un ingreso diez veces mayor por este producto, dejando muy atrás al café, la quina (que vivía un nuevo boom), la fruta, la madera y los minerales.

    La crisis de producción y mercado de la coca se profundizó en la década de 1950, coincidiendo con el proceso de Reforma Agraria que se llevó a cabo en Yungas a partir de 1956. La desaparición de la todopoderosa Sociedad de Propietarios de Yungas no implicó necesariamente la desaparición del cultivo de la hoja, pero sí volcó el interés de los campesinos propietarios hacia nuevos productos, sobre todo a la producción de fruta. Los árboles de naranjas y otros cítricos fueron plantados principalmente en la región de Coroico con el apoyo del Ministerio de Agricultura y Asuntos Campesinos, a través de sus oficinas regionales, y con la dirección técnica del Servicio Agrícola Interamericano.

    En la década de 1980, como consecuencia de la política contra las drogas, la Oficina de Naciones Unidas promovió nuevamente una amplia campaña para, en este caso, sustituir la producción de hoja de coca. Fue entonces que se pensó en el café como el principal producto de sustitución de cultivo. Se importó plantines de café tipo caturra y se promovió su cultivo en las regiones de Coroico, Chulumani y La Asunta. Con esta gran campaña, muchos campesinos dejaron sus cultivos tradicionales de café arábigo, ya adaptados a la altura, y sembraron el nuevo tipo de café. Sin embargo, no se tuvo en cuenta los graves problemas de adaptación al clima yun-gueño y gran parte de las nuevas plantas de café se llenaron de broca y roya, dos plagas que prácticamente acabaron con la producción. Los cafetaleros, entonces, tuvieron que volver a sus cultivos tradicionales.

    Esta campaña y otras desarrolladas por USAID en la región del Chapare en el departamento de Cocha-bamba fueron un fracaso no tanto por el problema de la importación de plantas foráneas, sino porque la cultura campesina de la coca se impuso y si bien muchos pusieron cafetos, no lo hicieron con el fin de sustituir la coca sino de diversificar su producción; es decir que no fue un productos de "sustitución", como se había planteado desde el gobierno y las oficinas internacionales, sino de "complementariedad" dentro de la lógica campesina.

     

    El café de los Yungas

    El café, al contrario de la hoja de coca, no es una planta originaria de América, sino de la región de Arabia. Su historia se remonta a tiempos tan antiguos como 800 a.C., cuando se hallan historias de una bebida negra y amarga que tenía un gran poder de estimulación. Sobre su descubrimiento se encuentran varios mitos y leyendas, siendo la más conocida la historia del pastor de cabras que descubrió que sus animales se alimentaban de unos frutos rojos que les producían una gran agitación. El pastor cosechó algunos de estos frutos y procesó las semillas, dando lugar a la primera taza de café. De acuerdo con algunos estudios, la bebida fue utilizada como medicina por médicos medievales como Avicena y, poco a poco, se fue ampliando su consumo como parte de la sociabilidad y se hizo conocida en Europa, generando un creciente mercado suntuario. El mismo se fue fortaleciendo conforme aumentaba la población urbana y se fortalecía el mercado mundial convirtiéndose, junto con el chocolate, en el símbolo de los nuevos espacios de sociabilidad pública que fueron surgiendo en las principales capitales europeas.

    Según la tradición, la primera sala pública para café se inauguró en 1640 en Venecia; en 1652, se estableció la primera cafetería de Inglaterra en Oxford y veinte años después, en 1672, se abrió el primer "café público" en París4. Si bien se conoció el café en América desde 1668, cuando se abrió la primera cafetería en Nueva York, se trataba en todos los casos -europeo y americano- de un producto de importación, ya que la producción era exclusiva de la región árabe que cuidaba rigurosamente que plantas y secretos de su producción no fueran conocidas en el extranjero.

    De acuerdo con estudios acerca del cultivo del café en América, se conoce que las primeras plantas fueron traídas a este continente por viajeros franceses que llegaron a la Martinica en 1723 y de allí fueron llevados a América Central y del Sur. Se sabe que el cultivo del café se inició en el norte de Brasil en 1727 por parte de colonos holandeses y que posteriormente se expandió hacia Río de Janeiro, San Paulo y Minas Gerais. En todo caso, fue entre 1740 y 1805 que el cultivo del café se extendió en Centro y Sudamérica5.

    Para el caso de Bolivia, la documentación sobre las haciendas de Yungas de fines del siglo XVIII no proporciona datos sobre posibles árboles de café (Soux, 2009). Así, por ejemplo, los inventarios de las haciendas de los Díez de Medina, como Santa Teresa de Peri, sólo consignan datos sobre la producción de coca6. Los primeros datos fidedignos sobre la presencia de cafetales en las haciendas yungueñas son de los primeros años del siglo XIX y corresponden a dos haciendas de Coripata: Guay-cuni de la Trinidad y Anguía la Alta. En el primer caso, el inventario indica: "La guerta: noventa y quatro (árboles) entre chicos y grandes y de duraznos, duraznillos, paltos, piñas, limas, café en pillo"7. En el segundo caso se describe: "Dos guertas secadas de árboles frutales y ambas plantadas de café, la una con su puerta y armella"8.

    Como puede verse en las descripciones anteriores, el café se ubicaba entre los productos de huerta, en una cantidad menor y para el consumo familiar. Esta situación puede ser confirmada por alguna correspondencia privada que se halla también en el Archivo Díez de Medina - Méndez y que detalla el envío de pequeñas cantidades de café a la propietaria, doña Ignacia Díez de Medina9. Por los pocos datos recogidos, se puede determinar que el café era un producto de interés del hacendado que los yanaconas no producían en sus tierras de arriendo y cuyo consumo era de carácter suntuario.

    La producción de café fue saliendo poco a poco de los productos de la huerta, estableciéndose espacios especiales para su cultivo. Así, un nuevo inventario de la hacienda Anguía Alta, fechado en 1851, indica inicialmente: "La huerta de árboles frutales de naranjos, limoneros, etc., se halló montuosa y llena de chume; en ella hay muchos arbustos de café", y más adelante: "...al lado de la huerta y más arriba hay un cafetal chume y montuoso"10.

    El aumento del cultivo de café fue constante, constituyéndose en un producto cada vez más apreciado económicamente como complementario a la coca. Hacia 1875, el viajero francés André Bresson recorrió los Yungas y le llamó la atención la producción de café que tenía, según su apreciación, un futuro económico mejor que el de la coca. Escribía Bresson en el libro que publicó con sus experiencias de viaje: "... el café del país que pasa -a buen derecho bajo mi propia experiencia- por el mejor de toda América" (Bresson, 1886: 465). Para el viajero, el café era en ese momento el principal producto agrícola de Bolivia (Ibíd.: 620).

    A fines del siglo XIX, otro viajero, el italiano Luigi Balzán, escribió también en su relato de viaje algo sobre el café. A pesar de que recalcaba que el principal producto de los Yungas era la coca, indicaba lo siguiente:

    Los peones y colonos cultivan a veces por su cuenta el arroz en seco en las faldas de los cerros, y el café (en las chácaras de coca totalmente abandonado pero de excelente calidad) es generalmente del patrón, aun cuando también los peones poseen algunas plantas11.

    Si esa era la visión de los viajeros extranjeros, el Estado boliviano había visto también la importancia económica del café, incluyéndolo en el Catastro de la provincia Yungas de 1882 como un producto que influía en la determinación del valor y la renta de las haciendas. Para ese año ya había cafetales en los cantones de Chulumani, Ocobaya, Chirca, Yanacachi, Chupe, Coroi-co, Coripata, Pacallo, Mururata e Irupana12. La producción de café se había concentrado sobre todo en las haciendas, siendo mínima en las comunidades que se dedicaban exclusivamente a la coca.

    El café y su producción despertaron también el interés de algunos hacendados que buscaban modernizar sus propiedades mediante un estudio más "científico" de la agricultura. Uno de ellos fue Manuel Bau-doin, que publicó en 1915 el libro

    Breves apuntes sobre los Yungas y la agricultura tropical boliviana. En él, trataba de explicar las técnicas de cultivo de los principales productos yungueños y, al igual que Bresson, daba un lugar preeminente al café. Es interesante señalar que ya en esta época, Baudoin se preocupaba por el tema de la calidad del café boliviano y su pérdida de calidad y precio debido a técnicas deficientes como una cosecha sin discriminar los frutos maduros y verdes, o el mal beneficio con un exceso de fermentación y falta de un secado conveniente. Indicaba también que el café tipo arábigo era el que se adaptaba mejor a las condiciones del suelo y el clima yungueño, mientras que el café tipo robusta, de menor calidad, era propicio únicamente en las vegas de clima más cálido. Esto significa que ya a inicios del siglo XX, los expertos valorizaban los tipos de café de altura.

    Con relación al mantenimiento de los cafetos, sostenía Baudoin que las plantas de café yungueño sufrían por lo general pocas enfermedades, siendo la más frecuente la clorosis, originada por un cultivo mal entendido "y hasta contrario a la naturaleza de la planta y del terreno" (Baudoin, 1915: 185). Finalmente, concluía de la siguiente manera:

    El café de Yungas es de superior calidad, especialmente el que se produce en determinadas zonas; lástima es que la exigüidad de su cultivo no le permite tomar parte en los torneos del mercado mundial, donde, sin la menor duda, pronto conquistaría un lugar preferente (Baudoin, 1915: 187).

    Mientras la coca mantuvo su primacía en la producción y la aceptación de su comercio, el cultivo del café fue siempre marginal; sin embargo, a partir de la década de 1930, cuando se empezó a poner trabas a la exportación de la hoja hacia Chile y bajó el consumo interno, el café empezó a ser imaginado como un producto capaz de levantar la economía de las haciendas yungueñas. Esta posibilidad fue aumentando conforme se fueron construyendo los caminos de automóviles hacia los Yungas, durante la Guerra del Chaco. En estos años, una mentalidad "empresarial" empezó a buscar nuevas opciones para compensar la pérdida del mercado de la coca. Así, durante la década de 1940, en extensas zonas de la región de Coroico se fueron estableciendo las primeras empresas agrícolas dedicadas al cultivo del café. La más importante fue la Sociedad Colonizadora Boliviana (SOCOBO), institución creada por el industrial minero Mauricio Hochschild para ubicar en ella a sus compatriotas judíos que habían huido de la persecución nazi. La SOCOBO se estableció en el cantón Suapi y, a diferencia de las haciendas tradicionales que se basaban en el uso de mano de obra indígena, trabajaba con los colonos judíos y mano de obra asalariada de la región (Bieber, 2010). Otro centro de recepción de judíos creado por Hochschild se ubicó en Charobamba (Chulumani) donde también cultivaban café, "un producto al que consideraban estrella". Aparentemente, de acuerdo con testimonios posteriores, el café era comercializado en la ciudad de La Paz y también era exportado13. A pesar del gran interés de Hochschild, estos proyectos fracasaron por la dureza de la región y la falta de apoyo estatal.

    La Reforma Agraria, dictada en 1953, se implementó en los Yungas recién a partir de 1956 en medio de una coyuntura regional que presentaba una profunda crisis en la producción de coca por la pérdida de mercados internos y la prohibición de su exportación. Frente a ello, el gobierno de la Revolución Nacional, a través del Ministerio de Asuntos Campesinos y Agricultura (MACA), empezó a promover el cultivo del café y a apoyar la organización de cooperativas agrarias con este fin. Tratando de llegar a los nuevos propietarios, la Dirección General de Agricultura editó ese año un folleto titulado Cómo debes cultivar el café, en el cual se mostraba con palabras sencillas y dibujos la forma en la que el campesino podía sembrar, cultivar, podar y beneficiar el café. Se puede considerar a este folleto como el primer intento estatal por mejorar la producción y comercialización del café, en un contexto en el cual empezaba a ser considerado mundialmente como un producto agrícola importante.

    El primer estudio científico serio sobre el tema del café en Bolivia data de la década de 1960. Se trata de los diagnósticos Producción y comercialización de café en las Provincias de Nor y Sur Yungas del Departamento de La Paz, de los ingenieros Reynaldo Velasco y Roberto Vega, y el Estudio de los sistemas de beneficiado del café en las provincias de Nor y Sud Yungas de los ingenieros agrónomos Reynaldo Velasco y Gastón Valda. Ambos fueron publicados por el Servicio Agrícola Interameri-cano y el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Colonización en 1965, aunque los estudios originales datan de 1961 y 1962, respectivamente. Los estudios revelaban varios de los problemas estructurales de la economía del café: el primero, la baja producción que no llegaba a cubrir los mercados tradicionales; el segundo, que si bien se había logrado ganancias, éstas se debían a la subida del precio internacional, es decir que existía una dependencia muy grande respecto al mercado mundial; finalmente, el tercero era la dependencia del campesino frente a los comerciantes mayoristas que mediante el rescate podían fijar el precio al pequeño productor (Velasco y Valda, 1965: 13-14).

    Acompañando el aumento sustancial de la economía del café a nivel mundial que tuvo lugar en la década de 1970, y bajo la premisa del "desarrollo del agro" y las campañas de colonización en el norte de La Paz, la producción de café aumentó considerablemente de forma extensiva, ampliándose nuevas zonas productoras como Caranavi y La Asunta. Al mismo tiempo, el interés por fortalecer un producto frente a la caída de la producción de coca en la región promovió desde el Estado y desde USAID la elaboración de varios estudios sobre la problemática cafetalera, de los cuales el más importante fue el llamado "Informe Abruña" de 1976, que indicaba los siguientes problemas en la producción y comercialización del café: falta de conocimientos técnicos, falta de facilidades de investigación, vías de comunicación deficientes, sistemas injustos de mercadeo y sistemas deficientes de beneficiado. Con relación a las técnicas de producción informaba sobre los siguientes problemas: plantaciones con demasiada sombra, falta de orden en los cafetales, mezcla de cultivos, falta de selección de la semilla, deficiencia en el uso de fertilizantes, dependencia de un solo tipo de café, proceso de recolección desordenado, condiciones inadecuadas de beneficio y, finalmente, salarios injustos para los trabajadores (Abruña, 1976). Como se puede analizar, para la década de 1970 la problemática del cultivo del café giraba en dos ámbitos: por un lado el interés por generar una producción entre los campesinos y los colonizadores; por el otro, establecer formas "modernas" de producción capaces de mejorar el rendimiento como una alternativa al desarrollo campesino.

    A partir de la década de 1980 y más aún a partir de la promulgación de la Ley 100814, la producción del café fue tratada como una alternativa económica de sustitución de los cultivos de coca y un producto estrella de desarrollo alternativo. En este emprendimiento es importante señalar tres proyectos diferentes de desarrollo con objetivos también diversos.

    El primero fue el desarrollado por la Oficina de Naciones Unidas con el proyecto Agro Yungas que propició el cultivo de nuevos tipos de café, sobre todo en la región de Coroico. El objetivo era sustituir los cultivos de coca y mejorar las técnicas de producción y beneficiado del café para dar una opción de desarrollo alternativo a la región. La aceptación por parte de los campesinos fue limitada, más aún cuando la aclimatación del café tipo caturra provocó, de acuerdo con los campesinos, una plaga de broca que acabó inclusive con los cultivos tradicionales de café tipo arábigo. El otro problema que tuvo que sortear el proyecto fue el del mercado cambiante y la competencia con grandes países cafetaleros como Colombia y Brasil que influían en el precio internacional. De esta manera, los campesinos que habían optado por el café se vieron frustrados al no poder exportar convenientemente su producto.

    El segundo proyecto fue llevado a cabo por USAID, también con el objetivo de generar un "desarrollo alternativo" a la coca y se centró en el Chapare y posteriormente en Caranavi. Los resultados tanto con el café como con otros productos alternativos tampoco fueron buenos, debido a la dificultad de aclimatación de la planta a un clima demasiado lluvioso y también a problemas políticos y de mercado.

    El tercer proyecto partió más bien de las mismas asociaciones campesinas, con la conformación de algunas cooperativas y el desarrollo del proyecto Corporación Agropecuaria Campesina (CORACA), brazo económico de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). A diferencia de los otros proyectos, este buscaba generar desde sus mismos afiliados estrategias económicas frente a la cada vez mayor dificultad de producir coca por las limitaciones que implementó la Ley 1008. Este proyecto también se vio frustrado sobre todo por problemas internos y por la caída del precio internacional del café a partir de 1989.

    A partir de inicios del siglo XXI, los proyectos de producción de café, sin dejar el objetivo de convertirse en proyectos alternativos y de sustitución de la economía de la coca, han apostado a la producción de cafés de alta calidad con vista a mercados solidarios, dejando la producción de café regular bajo la responsabilidad de los mismos campesinos para cubrir el mercado interno popular. De esta manera, tanto USAID como la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (UNODC) generaron proyectos con determinadas comunidades para apoyar una producción de café seleccionado que se vende en mercados solidarios, generalmente bajo la condición de dejar la producción de coca o reducirla al máximo15. Por su parte, la producción de café tradicional de tipo arábigo continúa por parte de las comunidades en las provincias Nor y Sud Yungas y abastece el mercado local tradicional y la exportación comercial. Finalmente, algunas empresas han empezado a incursionar en el cultivo de café en regiones como el norte de La Paz o en Buenavista en el departamento de Santa Cruz, produciendo cafés de altura seleccionados, con los que compiten en el mercado internacional y el un mercado local exigente.

    Desde el lado oficial, el Fondo Nacional de Desarrollo Alternativo (FONADAL) ha generado un amplio programa para el desarrollo del cultivo del café, el "Programa café", que tiene como objetivos el apoyo al cultivo de cafés especiales y orgánicos, dirigidos también a mercados solidarios en Europa. Como es lógico suponer, todos estos productos se centran en la idea de lograr cultivos alternativos a la coca; sin embargo, todos son conscientes de la inestabilidad del mercado del café y los peligros de la dependencia del mercado mundial, aún en el caso de los mercados solidarios.

    Esta introducción de larga duración sobre el café en Bolivia ha buscado dar un pantallazo de la complejidad del tema. Desde los inicios de su producción en las huertas de las haciendas de Yungas, pasando por un proceso de ampliación, aunque siempre supeditada a la coca, hasta los cambios suscitados luego de la Reforma Agraria y los proyectos de "desarrollo alternativo" de los últimos treinta años, el café se ha convertido poco a poco en el principal producto "complementario" a la coca aunque, debido a diversos factores económicos, políticos y sociales, no ha logrado suplantar a la hoja en la economía campesina de los valles sub-andinos.

    ¿De qué manera el café ingresó a la economía campesina? ¿Cómo se generaron alrededor de su producción nuevos grupos de poder? ¿Qué papel jugó el Estado en la conformación de una economía cafetalera? Para responder de forma inicial a estas preguntas, me concentraré en analizar una etapa específica de la larga historia del café, la que se ubica entre la Reforma Agraria (1953) y la Ley 1008 (1988), en un contexto de desarrollo de una economía campesina, la existencia de proyectos desarrollistas y un mercado mundial en constante cambio.

     

    Las relaciones de producción en la economía del café

    El proceso productivo del café en la etapa post Reforma Agraria (1953-1988) presenta relaciones de producción complejas. En las etapas del cultivo y beneficiado hallamos vínculos familiares, trabajo solidario y corporativo, mientras que en la esfera de la comercialización encontramos una compleja relación ascendente entre rescatistas, pequeños comerciantes, torrefactores y exportadores hasta llegar a los grandes distribuidores en el mercado mundial.

    Un estudio realizado por la Asociación de Cooperativas del Café (ACCOPCA) determinó, para la década de 1970, diversos niveles de productores campesinos. En primer lugar, aquellos que poseían tierras suficientes para la producción de café, que tenían animales de carga para el traslado del producto y lograban vender su producto personalmente en mercados distantes; en segundo lugar, los pequeños productores que disponían de suficiente tierra pero no podían pagar mano de obra asalariada, por lo que recurrían a su propia fuerza de trabajo, a la de su familia y al ayni comunal y cuya producción era vendida a intermediarios; finalmente, los propietarios de minifundios, a los cuales les sobraba fuerza de trabajo que la vendía como peones eventuales y que entregaban su poca producción a los intermediarios locales. Para estos estudios, la diversa forma de acceso a la tierra y la mano de obra generaba una diferenciación de status y capacidad de manejar redes, generándose cadenas de dependencia y dominación. Así, por ejemplo, la posición de los asalariados temporales era mucho más débil en las comunidades que la de los campesinos con suficiente tierra para producir el café, que muchas veces se aliaban con los rescatado-res (ACCOPCA, 1982).

    En 1978, CIPCA publicó dos trabajos acerca de la región de los Yungas: Coripata, tierra de angustias y cocales y Yungas, los otros aymaras16. En ellos indicaba, a diferencia del estudio de ACCOPCA, que en el cultivo del café, las relaciones de producción se guiaban por el intercambio de trabajo por dinero y que no se utilizaban otros sistemas como el ayni. Esta diferencia de apreciación en ambos estudios se debe a diferencias regionales y a que, en las regiones más ricas de Yungas como Coripata, la relación de trabajo mercantil era mayor que en otras regiones más pobres donde se mantenía el ayni como estrategia para bajar los costos de producción. Esto puede comprobarse con estudios anteriores, como los de Velasco y Valda, que presentaban el número de jornales que se empleaba en cinco años de producción de café, datos que nos permiten analizar también los sistemas de trabajo, como muestra siguiente cuadro:

    Como puede analizarse, la mayor cantidad de jornales correspondía al trabajo de deshierbe, que es un trabajo continuo a lo largo del año y que muy posiblemente era realizado con mano de obra familiar para bajar los costos; por su parte, el trabajo de cosecha, que absorbía casi 20% de jornales, se concentraba en un momento dado utilizaba mano de obra asalariada o, en su caso, un sistema de ayni. Este es un ejemplo más del uso de estrategias de trabajo diversas en las economías campesinas, que articulan el trabajo familiar con las relaciones inter-co-munitarias y formas asalariadas, obteniendo de esta manera mayores beneficios al bajar los costos de producción.

    Con relación a la etapa de la comercialización, los estudios señalaban que los productores de café enfrentaban una serie de problemas al no poder ingresar directamente al mercado. Esto se debía fundamentalmente a las siguientes razones: falta de capital, falta de vías de comunicación y aumento de los grupos intermediarios en los pueblos yungueños.

    Los rescatistas o intermediarios conformaron un grupo importante en el comercio yungueño desde el siglo XVIII, como eslabón fundamental en el mercado de la coca. En este punto es importante destacar que ya en esa época se diferenciaban en el mercado de Potosí a la coca katera o gatera de la coca mercadera siendo la primera la producida en las haciendas y la segunda la rescatada por comerciantes de los productores pequeños (Tande-ter, 1992). Posteriormente, a partir del siglo XIX, se distinguió a la coca entre la de hacienda y la de rescate. La primera era enviada a los mercados directamente mediante fleteros, mientras que la segunda era el resultado del trabajo de rescatiris (Soux, 1993). Estos rescatiris, llamados huayllanchos en los Yungas, trabajaban de la siguiente manera:

    El buhonero (vendedor ambulante) introduce mercadería y artículos de primera necesidad a Yungas, los que vende aparentemente a precios bajos por las razones comerciales ya expuestas (no pagan impuestos ni patentes municipales); cambian estos productos con coca, explotando en el peso que recibe y sobre la que juega a la baja día tras día; evita la oferta y la demanda en las plazas yungueñas pues se introduce al asiento del mismo productor, personalmente transporta a esta plaza el producto y lo vende, siempre jugando a la baja y libre de todo gasto comercial.17

    Este problema se agudizó luego del ingreso de caminos de automóviles a la región, al fusionarse el grupo de rescatistas con el de transportistas, duplicando así su ganancia por la diferencia en el precio de compra y venta y el ahorro al transportar el producto en sus propios camiones. Su crecimiento fue tal que luego de la Reforma Agraria, al desaparecer los hacendados y la Sociedad de Propietarios de Yungas, el poder económico y político local pasó a los grupos de vecinos comerciantes que tenían, además, el monopolio del transporte a través del Sindicato de Transportistas a los Yungas.

    No todos los rescatistas tenían el mismo status ni poder. El Consejo Boliviano del Café (COBOLCA), en su Memoria 1974-1979, distinguía a los siguientes grupos:

    • El pequeño rescatista, relacionado estrechamente con el productor, con el que podía mantener relaciones de parentesco o compadrazgo. Recorría las tierras y compraba el café "in si tu". Muchas veces intercambiaba el café con productos de primera necesidad que entregaba como adelanto. Las transacciones eran orales. Eran los herederos de los huayllanchos de la época de las haciendas.

    • El rescatista de feria, con un capital mayor y un status mayor. Este rescatista recorría las distintas ferias locales, semanales o anuales. Compraba el café del pequeño rescatista o de los productores que habían llegado a esa instancia y les pagaba con dinero. Contaba generalmente con una pequeña movilidad en la cual transportaba lo rescatado hasta los centros más grandes. Ya en la década de 1960 corría el peligro de desaparecer por la competencia de los comerciantes mayoristas.

    • El comerciante mayorista. Su trabajo consistía en concentrar, generalmente en el pueblo principal de la provincia, lo rescatado por los otros grupos. Se hallaba ligado al Sindicato de Transportistas y mantenía relaciones comerciales con las empresas exportadoras, para las cuales trabajaba. Eran ellos los que sacaban el café de los Yungas y, por lo tanto, eran también los que pagaban el impuesto interno en los puestos de la Aduana de la Coca. Algunos de ellos vendían el café en los tambos de la ciudad (el café de segunda o kholo) o a los exportadores y torrefactores (el café de primera).

    Para las décadas de 1970 y 1980, algunas empresas exportadoras habían decidido obviar el trabajo de los rescatistas y llegaban a los pueblos e inclusive a las ferias para comprar el café directamente del productor, logrando una mayor ganancia. Finalmente, algunas firmas como Industria del Café (INCAF), habían establecido una planta beneficiadora en la misma zona productiva, en Caranavi, y sacaban café ya beneficiado.

    En la cima del circuito productivo se hallaban las empresas exportadoras que tenían el monopolio del beneficio de café, con dos destinos: el café de primera, que era exportado y el de segunda, e inclusive el de desecho, que era entregado a las torrefactoras para el mercado interno (COBOLCA, 1979). Finalmente, cerrando el circuito se hallaban las empresas torrefactoras que se encargaban del mercado interno. Por lo general mezclaban el café de segunda con un porcentaje de azúcare inclusive con otros aditamentos como cereales y lo comercializaban directamente al consumidor como café molido.

    El siguiente flujograma sobre proceso económico del café elaborado por COBOLCA en 1979, permite comprender mejor las relaciones de producción:

    El diagrama anterior muestra que el café producido de forma individual por los campesinos pasaba por cinco instancias hasta llegar al consumidor, mientras que el productor cooperativizado había logrado reducir las instancias de intermediación a sólo tres, lo que iba en beneficio de su producción. Ya en la década de 1980, los nuevos sistemas de organización de los productores cafetaleros, como era el caso de CORACA, habían logrado reducir totalmente la intermediación para llegar a mercados solidarios.

     

    Las estructuras del poder en la economía del café

    Poco antes de la implementación de la Reforma Agraria, diversos grupos se ubicaban de manera diferente frente a la problemática del café. Mientras el Estado se hallaba totalmente desinteresado del problema y, con excepción de un decreto durante el gobierno de Carlos Quintanilla (1939-1940), no veía en el café una opción económica, los propietarios, agrupados en la Sociedad de Propietarios de Yungas, miraban con preocupación la pérdida de mercado de la coca e intentaban pasar al café, aunque sin mayores conocimientos técnicos; finalmente, los productores veían al café como un producto complementario y marginal frente a la coca.

    En contraposición, luego de la Reforma Agraria y el alejamiento de los hacendados18, el Estado empezó a preocuparse por el agro en Yungas. Por ello, estableció allí oficinas y proyectos del Ministerio de Agricultura y del Servicio Agrícola Interamericano, aunque la respuesta campesina a esta iniciativa fue lenta. La primera organización de carácter estatal que se preocupó específicamente del café fue el Instituto Boliviano del Café (INBOLCA), creado por Decreto Supremo 7023 de 11 de enero de 1965, que buscaba sobre todo mejorar la calidad del café19. Su directorio estaba conformado por el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Economía Nacional, el Ministerio de Hacienda y las asociaciones de productores de café, de exportadores de café, de industriales del café (molineros) y de rescatadores de café, es decir, de todos los grupos interesados en el tema, aunque sus objetivos eran totalmente diferentes, sino contrarios. Esto se manifestó con desacuerdos entre estos grupos y una dominación de los grupos más débiles, como los productores, por los grupos más fuertes como los exportadores, rescatistas y molineros.

    Heredero de INBOLCA, se creó entre 1972 y 1975 -etapa de dictadura y una política económica dirigida a la exportación y de carácter desarro-llista- el Comité Boliviano del Café (COBOLCA), una institución pública descentralizada que se encargaba de repartir los cupos de exportación establecidos por el Comité Internacional del Café (CIE) y donde, lógicamente, iban a parar a los más poderosos y amigos del régimen.

    De forma paralela a la acción de COBOLCA, que se encargaba de fortalecer la exportación a precios del mercado internacional, el Estado, por medio del Ministerio de Industria y Comercio, declaró al café como artículo de primera necesidad, subvencionando su precio para el mercado interno. De esta manera, el mismo Estado trataba a los diversos grupos de forma diferenciada; así, mientras apoyaba a los grandes exportadores entregándole cupos de exportación, obligaba a los pequeños propietarios de café de segunda a vender su producto a precios menores bajo la figura de la subvención para defender la economía popular.

    Como una forma de enfrentarse a COBOLCA y lograr ingresar al círculo de exportadores de café, los campesinos cafetaleros empezaron a organizar cooperativas a partir de la década de 1970, siendo las principales: la Central de Cooperativas Cafetaleras de Nor Yungas Ltda (CENCOOP), que logró exportar café directamente desde 1972; la Cooperativa Nor Yungas, que aparece en el registro de exportadores en 1982; la Central Cooperativa Ca-ranavi, que data también de 1982 y la Cooperativa de Ahorro y Crédito Bella Vista Ltda., ubicada en el Alto Beni, que exporta a partir de 1986. Si bien estas no son las únicas cooperativas que surgieron en Yungas durante los años de estudio, son, de acuerdo con los documentos revisados, las únicas que pudieron entrar al cerrado mundo de la exportación de café formado por algunas empresas que conformaban un verdadero oligopolio.

    Otra respuesta campesina frente al oligopolio del café, y con una connotación más política, fue la creación de la Asociación Nacional de Productores de Café (ANPROCA), aprobada en 1975. A pesar de que buscaba generar una mayor participación del campesinado productor, fue creada en el contexto del Pacto Militar Campesino20 y la intervención del movimiento sindical, siendo su principal dirigente el coordinador de los campesinos cafetaleros, Corsino Ferrufino. De esta manera, a la larga fue cooptada por COBOLCA y terminó figurando en sus registros como una firma exportadora más.

    Otro tipo de organizaciones que se fueron creando a partir de 1980 fueron ACCOPCA y CORACA. La primera surgió en Coripata en coordinación con la parroquia del lugar; la segunda se creó en el Congreso Nacional de enero de 1984 por la misma CSUTCB, como su brazo productor, con el nombre de Corporación Agropecuaria Campesina. Cada una respondía al contexto en que fueron creadas. ACCOPCA lo hizo en medio de tensiones políticas y dos días antes del golpe de García Meza, en julio de 1980, por lo que su relación con la Iglesia era estratégica para evitar ser vista como una organización de izquierda; CORACA es el resultado del empoderamiento de la CSUTCB y la COB y surge en un momento en que las organizaciones sindicales se habían fortalecido. Es importante señalar al respecto que CORACA en Irupana surgió inicialmente para comercializar la coca, pero luego del D.S. 21060, en 1985, pasó a dedicarse a la producción y exportación directa del café (CORACA-RI, 1988).

     

    El oligopolio de la exportación de café

    En el periodo que estudiamos, podemos decir que existía un verdadero oligopolio en la exportación del café boliviano. Conceptualizamos el término de oligopolio como la situación en la que el número de vendedores es reducido; por lo tanto, los oligopolistas aprovechan su posición de privilegio para generar precios más altos y menos producción21.

    La Asociación Nacional de Productores de Café (ANPROCA), que buscaba precisamente romper esta situación, publicó en 1980 un folleto titulado El café en Bolivia, trabajo de muchos, riqueza de pocos, que mostraba precisamente esta situación. Este dominio a favor de los exportadores podía ser visto desde diversos aspectos. Así, por ejemplo, con relación al precio, mientras que el definido para el productor era de $b 800,00 para el productor, el de exportación subía a $b 4.000,00, es decir cinco veces más. Si bien el exportador invertía en el proceso de beneficiado, la diferencia en los precios mostraba claramente quién se llevaba la mayor ganancia.

    Las firmas exportadoras que conformaban este oligopolio eran escasamente doce para 1979 y de ellas sólo una era cooperativa, la de Nor Yungas, como puede verse en el siguiente cuadro:

    Estas empresas tenían, además, el monopolio para la compra del café de primera o de exportación, mientras que los torrefactores compraban el café de segunda o de descarte subvencionado para mantener bajos los precios de la canasta familiar. Las principales empresas torrefac-toras inscritas en COBOLCA llegaban a treinta, entre ellas algunas muy conocidas como Café Royal, Café Copacabana y Café Oriental. De acuerdo con disposiciones legales, se debía asegurar 30% de la producción para cubrir el mercado interno; sin embargo, a partir de 1976, se presentó una severa escasez de café en el país22. Para ANPROCA, lo que sucedía era lo siguiente: el torrefactor compraba al exportador el café de primera a un precio subvencionado de $b. 580,00 el quintal (mientras que el rescatista lo había vendido a $b. 1.200,00), pero lo revendía nuevamente a las firmas exportadoras en el mercado negro a un precio que oscilaba en los $b. 2.000,00, y estas lo exportaban a un precio mayor. De esta manera, el torrefactor ganaba por dos vías: por la subvención y por la reventa, mientras que el exportador recuperaba el café vendido con subvención y lo exportaba al precio del mercado mundial de $b. 4.000,00 por quintal. Estas transacciones ilegales muestran la existencia de un grupo de poder conformado por los exportadores en primer lugar, y los torrefactores en segundo lugar, que buscaban elevar de manera fraudulenta sus ganancias en perjuicio de los productores directos y de los consumidores del mercado interno, que debían contentarse con café de descarte, mezclado con azúcar, cereales y otros aditamentos.

    Debido a que la exportación se realizaba por cupos, establecidos de antemano por la Organización Internacional del Café (OIC), la existencia de un oligopolio era fundamental para que los cupos pudieran beneficiar a unos cuantos a través de COBOLCA, que era la encargada nacional de repartirlos. De esta manera, el ingreso de nuevos exportadores obligaría a entregarles cupos, disminuyendo a los demás. A pesar de ello, la presión de los productores y del mismo Estado boliviano, obligó a la larga a que los exportadores reciban en su seno a otras empresas, entre ellas algunas cooperativas.

    Si los exportadores eran los "amos" del café a nivel nacional, no eran sino miembros marginales del comercio mundial. La OIC estaba controlada por los principales países productores: Brasil, Colombia y la organización cafetalera de los países africanos de habla francesa (OAMCAF) y Bolivia era un miembro de segundo rango, con una producción cuarenta y cinco veces menor a la de Brasil, por lo que se hallaba entre los países productores sin cuota mínima. Otra característica de la OIC era que estaba conformada no solo por los países productores, sino también por los principales países consumidores como Estados Unidos, Alemania, Japón y otros que fijaban, en gran parte el precio internacional del café.

    La OIC clasificaba los tipos de café en cuatro: suaves colombianos, otros suaves, arábigos sin lavar y robustas. El café boliviano era clasificado como arábigo sin lavar, como se ve en el siguiente cuadro:

    La distinción entre los poderosos del café nacional y las bases productoras se manifestó también en el ámbito del pago de impuestos y el contrabando. El pequeño contrabando interno, que consistía en la evasión del pago en los retenes de la Aduana Agropecuaria, recaía sobre los productores o los pequeños rescatadores que sufrían el decomiso de su producto o el cobro con una multa de 50%, como se percibe en la correspondencia y los informes de la Aduana Agropecuaria; sin embargo, el gran contrabando era el relacionado con la exportación que aprovechaba las diferencias entre la unidad de comercio interno -que era el quintal- y la de exportación que era la bolsa de 60, 69 o 70 kilogramos, de acuerdo con el puerto de envío. A esto se sumaba la "merma", es decir, la pérdida de humedad y peso en el proceso de beneficio, que variaba notablemente de un caso al otro e iba de 20% a 35%. De esta manera, era difícil para la Aduana Agropecuaria determinar-con exactitud la cantidad de café exportado. En 1981 se hizo un estudio que determinó grandes diferencias entre los comprobantes de recaudación de la Aduana Agropecuaria y las pólizas de exportación de las empresas, con diferencias que llegaban a más de 27.000 qq. A pesar de ello, no se cuenta con datos sobre algún decomiso o multa a las empresas exportadoras23.

    Otro abuso de algunos exportadores se produjo en 1982, cuando se descubrió un escándalo en CO-BOLCA: el robo y posterior venta al exterior de estampillas de exportación, lo que implicaba que existía una exportación ficticia o "inflada" que llegaba a las 20.000 bolsas, o 20% de la cuota de exportación. El caso pasó a conocimiento de la Contraloría y se vieron implicados varios funcionarios de COBOLCA.

    El poder económico y político detrás de la economía del café en Bo-livia en la época de estudio llegó a afectar a la misma asociación de productores, ANPROCA, que debía constituirse en la entidad que defendiera al pequeño productor campesino. En 1979, por ejemplo, se presentó en la asociación un grave conflicto entre las bases y los dirigentes. Los productores acusaron a la dirección de ANPROCA de "favorecer los intereses empresariales y de políticos de poder", ya que habían dejado de ser productores y se habían dedicado a la comercialización de café, denunciando, además, la relación entre la dirigencia de ANPROCA y el Pacto Militar Campesino. Por su parte, los dirigentes indicaron que ANPROCA no era un organismo sindical sino una entidad privada. Este conflicto, que concluyó con la intervención del gobierno, devela los entretelo-nes de una lucha en la cual los mismos dirigentes de los productores campesinos habían traicionado a sus bases, convirtiendo la asociación en una entidad privada y transformándose ellos mismos en comercializa-dores aliados a torrefactores y exportadores. Frente a esta situación, los productores lograron, a través de la Federación de Colonizadores, convocar a un congreso de productores de café, en el cual se impusieron los delegados de base.

     

    Conclusiones

    El trabajo inicial presentado en el presente artículo, por su mismo carácter, nos permite presentar algunas conclusiones generales, que deberán ser profundizadas más adelante.

    Se ha demostrado que la producción de café, en su inicio, fue de carácter familiar y de interés de los hacendados. No será sino a mediados del siglo XX que la misma se presente como una opción económica campesina frente a la pérdida del mercado de la coca. Esta primera constatación nos lleva también al ámbito del consumo, ya que siendo durante muchos años un producto de consumo de las elites, se transformó poco a poco en uno de consumo popular, ya sea como café torrado o como sultana.

    Si se compara la producción de café en Bolivia con la de otros países de América Latina, se puede ver que su desarrollo histórico presenta aspectos específicos, relacionados sobre todo con los sistemas de trabajo y comercialización. Mientras que en países de gran tradición cafetalera, como Brasil y Colombia, la producción de café desde épocas tempranas estuvo en manos de grandes hacendados que trabajaron inicialmente con mano de obra esclava y posteriormente con trabajo asalariado (permanente o temporal), en Bo-livia, la producción de café, como consecuencia de la Reforma Agraria de 1953, se mantuvo, al menos en los Yungas de La Paz, dentro de la economía campesina que se sustenta sobre todo mano de obra familiar o sistemas de trabajo comunales. De esta manera, el poder económico detrás del café, en el caso boliviano, se desarrolló no en la esfera de la producción, sino en las de la distribución, la comercialización interna y la exportación. Si bien los productores campesinos podían organizar su producción, se veían sometidos a los monopolios de rescatistas y grandes exportadores, generándose de esta manera una dependencia económica que no logró contrarrestarse con la organización de cooperativas de productores ya que, como hemos visto, sus principales ejecutivos se transformaron rápidamente en comercializadores o rescatistas regionales. Esta situación nos presenta otra lógica de control por parte de lo que se conocía como la "oligarquía del café", cuyos representantes se insertaron en el circuito de distribución y exportación, dejando al campesino libre en el ámbito de la producción. No será sino a fines del siglo XX que algunos comercializadores de café y otros capitalistas ingresen en nuevas zonas con empresas productivas de carácter industrial.

    A pesar del control de la comercialización y la exportación, el mercado abierto del café y su control por parte de los grandes países productores, presentó durante muchos años una situación de inestabilidad para el mercado boliviano. La fluctuación del precio internacional y la poca capacidad para adaptarse al mismo obligaron a los productores directos y a los proyectos de café como parte del desarrollo alternativo a incursionar en el café orgánico de altura y dirigido a mercados alternativos y de precio justo. Este cambio fue posible gracias al surgimiento a nivel mundial de un mercado gourmet para el café, que se convirtió en el principal consumidor de café boliviano.

    Como el título del artículo lo especifica, este es un primer avance que indaga en las posibilidades para realizar un estudio más profundo sobre la historia de la economía del café, por lo que creemos indispensable investigar aún más en muchos aspectos relacionados a la producción y comercialización del café. Entre los aspectos que consideramos es fundamental profundizar se encuentran los siguientes:

    • Establecer con exactitud las medidas e indicadores que se utilizan en el circuito económico del café: unidades de cultivo, medidas usadas para la producción interna, medidas utilizadas en la exportación, bases de cálculo de la merma, unidades de rendimiento y humedad y unidades utilizadas en las estadísticas nacionales y mundiales. Si bien los grupos involucrados en este circuito y el Estado como receptor de impuestos buscaron establecer cálculos de conversión entre unidades de medición, la existencia de medidas arbitrarias -como el de la exportación en la que se utiliza como unidad la bolsa de 70 kilogramos, aunque las estampillas de la OIC marcan bolsas de 60 kilogramos y la unidad del precio era de dólares/ bolsa de 50 kilogramos- dificultan la realización de un análisis más profundo acerca de la producción de café y los juegos de poder que giraron en torno a su comercialización y exportación.

    •     Profundizar el estudio hacia otras épocas, como el siglo XIX, la etapa liberal o los últimos años del siglo XX e inicios del XXI. El lugar que va a ocupar el café en la economía campesina, la de los hacendados o de los exportadores será muy diferente en todas estas etapas, al igual que el discurso sobre su papel de "producto alternativo o complementario" a la coca.

    •     Establecer con mayor profundi-dadlas diferencias locales, tanto en la región de los Yungas como en las otras zonas productoras, analizando las formas de trabajo, las relaciones de producción y los sistemas de control frente a los mercados y los precios internacionales.

    Para todo ello, se hace indispensable realizar estudios interdisciplinarios para lograr así generar proyectos hacia el futuro que permitan aprovechar las ventajas y superar las dificultades que han tenido en el pasado los productores de café.

     

    Notas

    2 Archivo Muñoz Reyes. Documentación de la familia Díez de Medina-Méndez. Cuentas de las haciendas de San José de Peri, Dorado Chico y otras. Las fuentes tratan de otros productos como la fruta pero únicamente a nivel familiar y de autoconsumo.

    3 La Sociedad de Propietarios de Yungas fue una organización de los hacendados de la región creada en el año 1830 con el nombre de Junta de Propietarios de Yungas. Su principal objetivo fue establecer un sistema de caminos de herradura, aunque sus funciones fueron mucho más amplias ya que tomaban muchas decisiones respecto al comercio de la coca. Su principal ingreso fue el "real en cesto", un impuesto que servía para la construcción y el mantenimiento de los caminos yungueños. La SPY desapareció luego de la Reforma Agraria.

    4 El café en su historia y su cultivo en el mundo. En http://historiaybiografias.com/cafe/

    5 El café en su historia y su cultivo en el mundo. En http://historiaybiografias.com/cafe/

    6       Es posible que los documentos de contabilidad se especializaran en los productos que eran comercializados en el mercado, como la coca, y dejaran de lado los que formaban parte o eran consumidos en el ambiente familiar.

    7       Archivo Díez de Medina- Méndez. Inventario de la hacienda de Guaycuni de la Trinidad. 1835. "En pillo" significa podado, lo que quiere decir que era una planta cultivada.

    8       Archivo Díez de Medina-Méndez. Inventario de la hacienda de Anguía la Alta. 1837.

    9      ADDM-M. Correspondencia de doña Ignacia Díez de Medina.

    10    ADDM-M. Inventario de la hacienda de Anguía Alta. 1851.

    11     Archivo de La Paz. Fondo Julio César Val-dez. Caja 3. Doc. 5 fs. 2. Este relato de viajero fue recientemente publicado (2008).

    12     Archivo de La Paz (ALP). Padrones Republicanos (PR). Catastro de la provincia Yungas. 1882.

    13 "Judíos de Yungas". En Revista Escape, del periódico La Razón, 12 de octubre de 2014.

    14 La Ley 1008 fue promulgada el 19 de julio de 1988 bajo el gobierno de Víctor Paz Estenssoro. En la parte que nos interesa, esta ley toma en cuenta el régimen de la coca y de las sustancias controladas, indicando zonas de producción tradicional y otras excedentarias donde se llevaría a cabo proyectos de erradicación, mientras que en las primeras se desarrollarían proyectos de desarrollo alternativo.

    15 Variedad Castillo de café: una alternativa promisoria a la coca. En https://www.unodc.org/bolivia/es/stories/castillo_ palestina.html

    16 El equipo de CIPCA de carácter interdisciplinario estaba dirigido por Xavier Albó.

    17 Archivo de La Paz. Prefectura. Correspondencia. Sociedad de Propietarios de Yungas, 1932.

    18    Pocos fueron los hacendados yun-gueños que perdieron en su totalidad sus haciendas al ser considerados latifundistas. Entre ellos se puede citar a Juan Perou y José María Gamarra, por el hecho de ser propietarios de más de una hacienda. La gran mayoría de los hacendados fueron afectados sólo con una parte de la hacienda y se le reconocieron la propiedad de la casa de hacienda, algunos cocales y la huerta.

    19    ALP. Aduana Agropecuaria Departamental. Leyes y Decretos. 1968.

    20 El Pacto Militar Campesino fue firmado durante el gobierno del general René Barrientos Ortuño entre la Confederación de Campesinos y las Fuerzas Armadas, bajo el discurso de defender la nación y la Reforma Agraria. En la práctica fue una forma de relación clientelar entre el gobierno y los dirigentes campesinos. El Pacto empezó a resquebrajarse en la década de 1970 y, sobre todo, luego de la Masacre de Tolata en 1974.

    21 http://definición.de/oligopolio/

    22 Periódico Presencia. Varias noticias entre 1976 y 1977 dan cuenta de este problema, indicando la posibilidad de que el café boliviano, debido a su precio subvencionado, pudiera salir de contrabando al Perú.

    23 ALP/AAD. Informes 1981.

     

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