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    Historia-Revista de la Carrera de Historia

    Print version ISSN 2519-0253

    Historia  no.37 La Paz  2017

     

    ARTÍCULO

     

    Memorias de la Revolución de 1952

     

    Memories of the Revolution of 1952

     

     

    Pilar Mendieta Parada1
    1 Pilar Mendieta es doctora en Historia; actualmente es docente de la Universidad Mayor de San Andrés y de la Universidad Católica Boliviana San Pablo, en La Paz y lo fue en la Universidad Pública de El Alto. Correo electrónico: pilarmendieta@yahoo.es
    Recibido en: 31.03.2016 Aprobado en: 17.05.2016

     

     


    Resumen:

    Este articulo trata de las memorias que los habitantes del área rural de La Paz así como las clases medias y altas de la ciudad acerca de la Revolución de 1952. El trabajo se basa en las entrevistas que los alumnos de la UPEA, la UCB y la UMSA realizaron entre los años 2010 y 2015 como trabajo de curso. A través del método de la historia oral, hemos intentado rescatar las memorias de quienes no tuvieron una actuación directa en los acontecimientos y de quienes sí participaron pero cuyas vivencias no son conocidas. Se trata de las memorias de personajes del común cuyas voces no son habitual-mente escuchadas por los investigadores. En ambos casos, la Revolución de 1952 es considerada como un hito en su historia.

    Palabras clave: Revolución de 1952, memoria colectiva, memorias, historia oral


    Abstract:

    This article deals with the memories of the 1952 Revolution among inhabitants of rural La Paz as well as middle and upper classes in the city. It is based on interviews conducted by students of the UPEA, the UCB and the UMSA between 2010 and 2015 as part of their coursework. Using oral history methodology, we attempt to recover the memories of those who did not have a direct role in the events and of those who participated but whose experiences are not well known. This involves the memories of common people whose voic-es are normally not heard by researchers. In both cases, the Revolution of 1952 is considered a historical landmark.

    Keywords: Revolution of 1952, collective memory, memories, oral history


     

     

    Introducción

    Este es un trabajo que trata de las memorias que las clases medias y de la elite paceña, así como los indígenas-campesinos del área rural de La Paz tienen acerca de la Revolución de 1952 en Bolivia. Esta revolución, ocasionada por la crisis del Estado oligárquico y la creciente importancia de nuevas ideologías nacionalistas y de izquierda, dio como resultado el asenso al poder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), convirtiéndose en una de las revoluciones más significativas ocurridas en América Latina. Medidas como la reforma agraria, la nacionalización de las minas y el voto universal inauguraron un nuevo horizonte histórico nacionalista al que Silvia Rivera llama populista y otros llaman el Estado del 52. Para este trabajo, nos hemos basado en testimonios orales de los que vivieron o escucharon a los protagonistas de aquellos acontecimientos a partir de entrevistas que mis alumnos de la Universidad Católica, la Universidad Pública de El Alto y la Universidad Mayor de San Andrés han realizado como trabajos de curso entre los años 2010 y 2015. La idea nació como una manera de resolver el problema de las copias que los alumnos hacen del Internet para sus trabajos finales y fue fortalecida por la angustia de que los testimonios sobre la revolución se perdieran debido a la edad avanzada de los protagonistas2.

    Una gran inspiración fue la publicación en el año 2012 del libro La bala no mata sino el destino en la que su autor, Mario Murillo, recupera el testimonio oral de muchos de los personajes que, de forma anónima, formaron parte de los hechos ocurridos durante los tres días que duró la insurrección de abril de 1952 en la ciudad de La Paz. Para sustentar su trabajo, Murillo defiende la idea de que la historiografía convencional solo rescata las medidas tomadas por el MNR y a los líderes más visibles de la revolución, entre ellos Víctor Paz Estenssoro, Juan Lechín y Hernán Siles Zuazo, invisibilizán-dose la acción de una cantidad de héroes anónimos que, desde los barrios y las barricadas de la ciudad de La Paz, participaron de la misma. El autor se pregunta también cómo vivieron éstas personas la revolución, rescatando las memorias desde otras voces que no son las oficiales bajo la premisa de que el MNR fue un actor más dentro de la trama compleja de distintos protagonistas que participaron en los hechos de 1952 (Murillo, 2012:9).

    Sin desconocer el protagonismo indiscutible del MNR y de los líderes de la revolución, en este trabajo intentamos rescatar las memorias de quienes no tuvieron una actuación directa en los acontecimientos y de quienes participaron pero cuyas vivencias no son conocidas. Nos interesa las memorias de personajes del común cuyas voces no son habitual-mente escuchadas por los investigadores que tienen mayor interés en los que sí fueron parte de la lucha y son héroes conocidos o no conocidos, como los que rescata Murillo. A diferencia de Murillo -que trabaja con voces citadinas tanto de la elite como de los sectores medios y populares, en un marco temporal que se limita a los días que duró la revolución en la ciudad de La Paz- me interesa escudriñar en los fragmentos que quedan de las memorias del 52 en los habitantes del área rural de La Paz y también en los sectores urbanos de las clases medias y altas ya que todos fueron afectados de distinta manera y en mayor o menor grado en un marco temporal algo más laxo debido a que las respuestas de los entrevistados así lo determinaron3. Esto obedece también a que los alumnos de éstas universidades pertenecen a distintos estratos sociales. En la Universidad Pública de El Alto (UPEA), la mayor parte de los alumnos son de origen aymara con estrechas relaciones con el área rural paceña y en la Universidad Católica Boliviana (UCB) y la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), los alumnos pertenecen a distintas clases sociales, incluidas la clase alta.

     

    1. La memoria colectiva

    Aunque la problemática de la memoria es bastante compleja y ha sido trabajada por un buen número de autores a lo largo del tiempo desde la historia, la sociología y la psicología, creemos importante brindar un esbozo general acerca del tema con la finalidad de contextualizar este trabajo. Por ejemplo, historiadores como Jacques LeGoff (1991) entienden el concepto de memoria como la capacidad de conservar diferentes informaciones a través de las cuales el hombre está en condición de actualizar impresiones pasadas. Por su parte, Elisabeth Jelin (2002) dice que también es importante referirse a los contenidos de esa memoria, o sea, a la cuestión de qué se recuerda y qué se olvida y el cómo y el cuándo se recuerda y se olvida (Jelin, 2002:81). El sociólogo de la memoria colectiva Maurice Halbwachs (1940) distingue dos tipos de memoria: la individual y la colectiva. La individual se encarga de la reinvención y el recuerdo a partir de la experiencia personal y la colectiva de la reinvención del pasado sobre la base del recuerdo y la experiencia dentro del pensamiento colectivo mantenido a través de los años y de generación en generación. Añade que si bien quienes "recuerdan" no son los grupos sociales sino los individuos, éstos no lo hacen solos, sino en relación con otros. Halbwachs entiende a la "memoria colectiva" a partir de la distinción que establece entre memoria histórica y memoria colectiva, siendo la primera una memoria contingente, cerrada en los límites de los procesos históricos que la definen; mientras que la memoria colectiva se asocia -según el autor- con un lenguaje y significación común a los miembros de un grupo quienes vuelven a su pasado, actualizándolo, en un proceso colectivo.

    En Bolivia, el concepto de memoria colectiva ha sido aplicado a la interpretación de la historia por Silvia Rivera (1993) y los miembros del Taller de Historia Oral Andina (THOA) para entender la especificidad boliviana fuertemente influenciada por las poblaciones indígenas. Para comprender la historia de Bolivia, Rivera se refiere a la existencia de horizontes de la memoria que dan cuenta, por un lado, de una memoria colectiva larga donde hitos, figuras y herencias simbólicas están marcados por la permanente violencia colonial sobre el mundo indígena, existiendo también memorias colectivas más cortas que se conectan y coexisten con el horizonte colonial de la memoria larga. Para Rivera, un segundo horizonte es el que se inicia con la creación de la República en 1825. Este horizonte liberal es entendido por la autora como un momento en que se introduce el reconocimiento de una igualdad básica entre seres humanos que, sin embargo, sigue basándose en jerarquías raciales y culturales dando como resultado a un conjunto de acciones civilizato-rias, renovando la violencia cultural y territorial contra la población indígena, articulándose de esta manera con el horizonte colonial de larga duración. Más tarde, en el marco de la Revolución Nacional de 1952, la autora señala el inicio de un nuevo horizonte populista que, a través de una reforma estatal, promovió la incorporación de los ahora llamados campesinos a través de redes partidistas, sindicales, clientelares así como también a través de la profundización y extensión de mecanismos asociados con la noción de igualdad, entre ellos la reforma educativa, el voto universal y la reforma agraria. No obstante, para Rivera, la reforma liderada por el MNR una vez más resultó ser una ficción ya que no hizo otra cosa que instalar la lógica de "cambiar sin que nada cambie" renovándose la dominación. En resumen, para Rivera, estos horizontes son ciclos históricos de memoria colectiva de diversa profundidad y duración que interactúan en el tiempo presente, configurándose fundamentalmente a partir de contradicciones no coetáneas que perviven y reelaboran las estructuras de dominación a partir del colonialismo interno.

    Consideramos que la posición de Silvia Rivera es coherente e iluminadora para comprender e imaginar la memoria larga de la sociedad boliviana y para la visualización una situación real que ha sido el colonialismo y la dominación sobre los sectores subalternos. Sin embargo, pensamos también que el énfasis en la dominación, desde donde la autora interpreta la sociedad, hace que la propia historia y la compleja agencia de los actores sociales se encuentren diluidas y que no se vislumbren los cambios, las transformaciones y la diversidad de situaciones o momentos en los que, por ejemplo, los indígenas participaron, negociaron e incluso se aliaron al poder y lo ejercieron a nivel local (en el caso que estudiaremos de los primeros años de la Revolución Nacional) enfatizando en la continuidad de la exclusión.

    Bajo esta óptica, da la impresión de que las relaciones de dominación sólo se dan a partir del colonialismo interno y que únicamente los sectores subalternos poseen una memoria colectiva puesto que tendrían, como consecuencia de la dominación, una mayor identidad cultural y una mayor profundidad histórica distinguiéndose del resto de la sociedad debido a su situación de opresión. ¿Es que las clases medias o las elites no tienen memoria colectiva? ¿La memoria sería entonces propiedad de grupos sociales supuestamente cohesionados y aquellos que no pertenecen a esos grupos carecen de legitimidad para tener "memoria", de tal forma que solo les queda la posibilidad de conocer el pasado a través de la historia oficial convertida en parte del sentido común?

    Bajo la premisa de que existen múltiples memorias colectivas en varios niveles que se pueden analizar desde lo cotidiano hasta lo nacional, pensamos que todo grupo social, étnico, incluidas las clases medias y las elites, tienen sus propias memorias las cuales están supeditadas a su posición dentro de la sociedad más que determinado por su cultura o raza. Así, para Halbwachs los diversos modos en que las memorias se asocian resultan de los varios modos en que las personas también se asocian. Además, existen hitos en las memorias que pueden o no ser compartidos. Por ejemplo, los hitos de la memoria de los mineros no son los mismos que los de los indígenas o de los miembros de las clases medias y altas. Los propios hitos de la historia indígena no son los mismos para todos puesto que, por ejemplo, en las comunidades originarias donde la Revolución de 1952 y la reforma agraria no tuvieron mayor impacto, los indígenas no recuerdan 1952 como un hito importante en su historia4. Esto complejiza el papel que juegan las memorias y la manera en la que los diferentes actores sociales miran su pasado desde sus propias experiencias.

    La valoración positiva o negativa que cada grupo tiene de su pasado es también diferente ya que, por ejemplo, en el caso de los mineros, a pesar de la explotación laboral a la que fueron sometidos, ellos sienten orgullo de su aporte económico a la nación y de su importancia política en los años pre y post Revolución de 1952. En los casos donde la Revolución de 1952 tuvo mayor influencia, este hecho también es visto como un momento positivo de la historia indígena. En este sentido, encontrar acontecimientos o momentos de la historia que la memoria subalterna rescata como hitos positivos matiza en algo la visión pesimista de la perspectiva de la dominación, aunque no por ello negamos su existencia.

     

    2. La relevancia de la historia oral para la recuperación de las memorias colectivas

    Ligados a las memorias se encuentran los testimonios orales a los que recurrimos en este trabajo. Nuevamente, uno de los grandes aportes de Rivera y del THOA es la aplicación en sus estudios del método de la historia oral rescatando las percepciones del otro lado de la historia conjugando, por una parte, la reconstrucción de la historia y, por otra parte, cómo las sociedades andinas colonizadas piensan e interpretan su experiencia histórica.

    La historia oral, vista por la mayor parte de los historiadores convencionales, es solo una técnica de investigación que rescata lo popular, las historias de vida y que solo tiene sentido apoyada por los documentos. Sin embargo, para quienes piensan más allá de los documentos escritos, la historia oral ofrece-una gama de posibilidades. Según Vincent Nicolas (2006) quien ha aplicado el método de la historia oral en sus estudios sobre el norte de Potosí, la diferencia entre la historiografía tradicional basada en documentos y la historiografía oral andina está en que una prefiere ocultar la puesta en relato a través del documento con la ilusión de obtener la veracidad de los hechos y la otra pone claramente de manifiesto que se trata de un relato que no necesariamente se piensa que es veraz o que obedece a una cronología entendida como una sucesión de hechos a la manera occidental (Nicolas, 2006: 72). En este sentido, para los campesinos-indígenas, la experiencia histórica que se trasmite de boca a boca es la fuente del testimonio del narrador.

    En el caso de lo ocurrido en la Revolución de 1952, la memoria oral sobre estos acontecimientos es muy interesante ya que -como veremos-los campesinos-indígenas efectivamente cuentan sus recuerdos como un relato mientras que las demás clases sociales recuerdan estos hechos como algo subjetivo aseverando que los hechos así sucedieron realmente en una temporalidad claramente definida.

    Personalmente, creo en la validez descolonizadora de la historia oral o de otras fuentes alternativas como los quipus, aunque para entender los significados de las interpretaciones que hacen los indígenas sobre su historia hay que conocer profundamente la lógica andina, el modo de explicar su propia temporalidad e intentar ubicar las narraciones en el contexto, lo que nos obliga a combinar lo oral con la utilización de bibliografía y documentos escritos. Asimismo, hay que tener en cuenta de que lo oral no implica necesariamente una pureza ya que existen también posibles contaminaciones lo que sin duda dificulta la tarea del historiador para reconocer las visiones subalternas. Es por ello que hemos contextualizado los relatos orales con las investigaciones realizadas por historiadores especializados en la Revolución de 1952.

    Con respecto a este trabajo, mi impericia en el manejo de la historia oral hizo que yo solo sugiriera el tema de la Revolución del 52 en los días en que ésta se llevo a cabo. Por su parte, los alumnos que recabaron los testimonios decidieron formular las preguntas tratando de no forzar las respuestas, dejando que la conversación fluya de igual a igual y sin intercepciones culturales o preguntas intelectualizadas, en ambos casos. De esta forma, lo que en principio parecía una debilidad se convirtió en una fortaleza ya que en el caso de los indígenas-campesinos, se pudo ver de manera más clara cómo los entrevistados narran sus propias vivencias o lo que han escuchado sobre lo ocurrido. Las entrevistas realizadas por doce estudiantes de la Carrera de Historia de la UPEA a sus parientes mayores se desarrollaron en el área rural de La Paz, abarcando varias provincias. El hecho de que la mayoría hablara o entendiera el idioma aymara facilitó el resultado. En ambos casos se ha respetado el lenguaje utilizado por los entrevistados.

     

    3. Los indígenas-campesinos y la memoria de 1952

    Las memorias sobre el 52 en el área rural de La Paz están estrechamente ligadas con las relaciones de servidumbre en las haciendas, la reforma agraria, la creación de las milicias campesinas, los sindicatos agrarios y el voto universal. Como veremos a través de las entrevistas, los acontecimientos ocurridos en 1952 y en los años posteriores son recordados como un cambio muy fuerte en su historia y son reconocidos como un triunfo del MNR y también propio.

    Un primer acercamiento a los entrevistados del área rural revela que ellos no estuvieron ausentes de lo que ocurría en la década de 1940. Algunos recuerdan la Guerra del Chaco (1932-1935), la muerte de Villarroel (1946) y la guerra civil de 1949 como antecedentes importantes de lo que ocurrió en 1952. Por ejemplo, Concepción Mamani de Puerto de Huari Belén recuerda que cuando era chiquita "en la ciudad eran graves las peleas, aquí no sabe llegar tanto, pero los representantes saben ir, sabemos tener desde antes jilakatas, ellos saben ir, parece que saben decir que al presidente lo habían matado"5. Es muy posible que la entrevistada recuerde la muerte del presidente Gualberto Villarroel y la lucha de los caciques-apoderados por la devolución de sus tierras6.

    Si bien los indígenas-campesinos del altiplano paceño no jugaron un rol relevante en los tres días que duró la insurrección de abril en la ciudad de La Paz, cuando la noticia se esparció por el campo fue recibida con alborozo y en las siguientes semanas una gran cantidad de campesinos llegaron a la ciudad para mostrar su apoyo a la revolución. El estudio de Laura Gotkowitz (2011) demuestra que, con anterioridad al 9 de abril de 1952, ya existían malestares en el área rural y los ánimos ya se encontraban caldeados por lo que el apoyo al MNR no se dio sobre el vacío.

    Sobre lo ocurrido el 9 de abril de 1952, por ejemplo, Carlos Apaza de Villa Asunción de Caluyo en la provincia Los Andes cuenta que "hubo guerra en la ciudad, muchos murieron, se derramó mucha sangre, pero hemos ganado, mis tíos murieron en esa guerra, yo estaba aquí en la comunidad, era chiquito, pero sabía que mis tíos habían participado en esa lucha y sabia que estaban heridos". Por su parte, Damían Paco-sillo de la comunidad de Quilima en la provincia Camacho recuerda que "en ese tiempo todos andaban medio loqueados, los mayores se reunían cada vez, en la Karcan-tia, donde la carretera no ve, ahí se reunían y hablaban sobre lo que estaba pasando en La Paz. Todos decían tenemos que ir ahora es el tiempo, ahora es cuando decían... lo que paso es que se reunieron todos los mayores y fueron a Chu-quiabo o La Paz porque se sabían por cuentos que estaban las gentes como en guerra, algo así, parecía que hablaban de la toma de cuarteles. Después fueron cambiados con sus ponchos y sus chullus y yo me quede acá nomás con mi mamá..."7

    La misma persona dice que después de eso "llegaron pues, era algo bonito de pronto se escuchaban los sonidos de los pututus entrando harta gente de todas las comunidades se veía como venían desde Sisasani de arriba nove de ahí todos entrando con algunas armas diciendo ¡viva la revolución!, hemos ganado, ahora es pues cuando hemos logrado, entre algunas lagrimas de alegría... la gente salía y gritaba ¡hemos ganado! ¡Hemos ganado! cantando viva la revolución con Paz Estenssoro, después todos sabían tocar moseñada salieron y nos reunimos en Chuñu-na lugar donde se hace el chuño en esa pampa primero llego la moseñada... entre mujeres, hombres y niños estaban bailando alegrando diciendo que ahora si hemos ganado". Los sentimientos de revancha también se hicieron presentes ya que según el mismo testimonio muchos dijeron: "Como te patearon así también vos les vas a patear, del mismo lugar que te patearon de la costilla del mismo lugar les vas a patear"8.

    Esteban Quispe Sinañi, también de la villa de Asunción de Caluyo en la provincia Los Andes, recuerda cómo a partir de entonces tenían la obligación de desfilar cada 9 de abril, fecha de la conmemoración de la revolución. Esta costumbre se inició el 1° de mayo de 1952 cuando miles de campesinos estuvieron presentes en la urbe paceña luciendo sus vestimentas tradicionales y marchando al son de los pututus y sus instrumentos musicales. Quispe dice: "así también con el Víctor Paz Estenssoro se ha quitado de los patrones, entonces desde ese momento cada año teníamos que ir a desfilar, teníamos que ir con hondas con desfile el 9 de abril teníamos que ir". El mismo entrevistado recuerda cómo cantaban una canción que decía "el 9 de abril es del sol de justicia así como un sol que alumbra así alumbrando había el canto con ese cantando se iba a girar a la Plaza Murillo así eran esos años de 1952...9

    Una forma de sistematizar a los ahora llamados campesinos fue la creación de organizaciones de base del MNR comandos campesinos y los grupos dotados de armas concedidas por el gobierno eran las milicias armadas campesinas. Según Quintana (2003), de esta manera se inició un periodo de emergencia de una nueva legitimidad para el uso de la violencia por actores armados no estatales que conllevó al cierre del ejército. En abril de 1953, en el primer aniversario de la revolución, llegaron a La Paz más de 15 regimientos con unos 100000 soldados aymaras que desfilaron por las calles de la ciudad. Estos pertenecían al regimiento Villarroel organizado en Calamarca y a las milicias formadas por el sindicato agrario. Desfilaron ordenadamente empuñando sus fusiles Mauser con la firme voluntad de acabar con el régimen latifundista. En la provincia Los Andes, también se organizó el regimiento Germán Busch Primero de Caballería nombrándose al cruceño Ñuflo Chávez Ortiz ministro de Asuntos Campesinos y jefe de las fuerzas armadas del campesinado, al dirigente Gavino Apaza como subjefe, a Emilio Santa María como comandante y a Pedro Colque como sub-comandante (El Diario, 20 de marzo de 1953 citado en Maquera, 2002: 127). Las milicias dirigidas por los propios indígenas reprodujeron, en este contexto, prácticas de sus antepasados como los asedios nocturnos a los centros urbanos como, por ejemplo, sobre el pueblo de Achacachi.

    En este contexto, la actividad política en el campo se exacerbó y la creación de milicias y sindicatos provocó que en algunas regiones se conformaran verdaderos poderes campesinos semi-autónomos al mando de líderes salidos de las bases. Las autoridades del antiguo sistema, asustadas, se pusieron a buen recaudo y entre los años 1952 y 1953 el poder en el campo pasó al control de los líderes campesinos nacidos al calor de la revolución. Un caso especial del empodera-miento de algunos de estos líderes campesinos, en la primera etapa de la revolución, es el de Laureano Machaca del pueblo de Escoma, cerca del lago Titicaca, quien logró acumular mucho poder utilizando al MNR para tomar medidas con cierta autonomía dentro de su área de influencia. En Achacachi, actuaron los dirigentes Toribio Salas y Paulino Quispe (alias El Wilasaco) quienes extendieron su influencia en la provincia Omasuyus asumiendo roles de jueces, notarios y recaudadores de impuestos imponiendo su propio estilo de gobierno local en importantes sectores del agro (Mendieta, 2015: 38).

    Al respecto, recuerdos interesantes son los de Elías Cahuana, de la provincia Camacho, quien dice que "en los días de la revolución había miedo y las personas se escondían en las cuevas, en los ríos" recordando la participación del líder Laureano Machaca "quien se levantó y no sé quien más para la revolución y es quien más insistía en que nos levantemos... Ángel Machaca pedía armas cuando era presidente Paz Estenssoro, por eso la gente tiene armas todavía". Sin embargo, la hacienda no desapareció del todo en la provincia Camacho puesto que, según el testimonio de Elías, siguió el dominio de los hacendados en Chuma y Aucapata10.

    Para los indígenas-campesinos hay un antes y un después de 1952. Entre los temas más recordados se encuentra el despojo de sus tierras previo a la revolución y las relaciones serviles que tenían que realizar dentro de la hacienda. Al respecto, el indígena Tiburcio Barco dijo en la década de 1980: "Entonces para los hacendados nomás todo estaba bien; para ellos nomás había libertad. En cambio para los comunarios no: esos hacendados qaras nos echaron de nuestras tierras" (THOA, 1984: 13)11. Aquello es corroborado por los testimonios recogidos en la actualidad ya que, por ejemplo, Benigna Mamani de la localidad de Tajani en la provincia Camacho dice que en la hacienda donde su madre trabajaba "no había descanso, siempre estaban trabajando, solo descansaban en las noches y se trabajaba por un poco de comida". Añade que se "levantaban muy temprano para trabajar para los hacendados. En el mes de octubre se tenía que sembrar la papa y se trabajaba sin descansar hasta que termine la siembra.. y si descansaban se los azotaba o se los castigaba sin darles comida..."12. Carlos Apaza, de la villa Asunción de Caluyo en la provincia Los Andes, dice que: "antes del 52 trabajábamos para el patrón, vivíamos como esclavos, el patrón y los mayordomos manejaban las haciendas en ese tiempo. La mayor parte del trabajo era para la hacienda, para nosotros muy poco, para nuestros ganaditos y para nuestras chacras era muy poco"13. Añade que después de la reforma "ha cambiado cuando Víctor Paz Estenssoro entró como presidente, a partir de ahí hemos vivido poco a poco en libertad, ya no había patrón ni mayordomos, antes nuestros padres vivían como esclavos, pero después de 1952 poco a poco fue cambiando...".

    A pesar de que decreto de la reforma agraria fue firmado en agosto de 1953, Albó (1979) sostiene que, por ejemplo, en la zona de Acha-cachi, ésta medida fue socializada lentamente. Dice que una vez que triunfó la revolución, líderes como Luciano Quispe tuvieron que caminar de hacienda en hacienda para convencer a los colonos de que era posible una reforma agraria mientras que en otros lugares, como en las cercanías de lago Titicaca y en Cochabamba, las tomas de haciendas fueron casi inmediatas. En el caso de Carabuco y Achacachi, los vecinos propietarios rurales iniciaron un éxodo general hacia las ciudades debido al miedo por las posibles tomas y asaltos a las haciendas. Algunos volvieron y se reinventaron en el marco de los poderes locales, reavivando los mecanismos de poder frente a los campesinos.

    Los ex patrones son frecuentemente recordados. En su testimonio, Sotero Flores del cantón Cohoni, en la provincia Murillo, recuerda que antes de la reforma agraria existían 36 haciendas y que todas eran de la familia Pando. Señala que: "la hacienda de la comunidad Taninpata era la más sufrida porque el patrón Pando era muy malo que a los indios que éramos nosotros nos chicoteaba nos hacia controlar con los capataces como hacíamos la chacra, todo eso nos miraba". Teodora Flores también recuerda que el patrón se apellidaba Pando y que "después se ha cambiado de patrón, se llamaba Castillo". Dice que él era bueno, "no era tan malo como Pando. El ya no nos abusaba como el otro patrón"14. Es posible que esta familia Pando fuera la misma que la de José Manuel Pando y al ser este un personaje conocido, el apellido ha quedado en el recuerdo. Es interesante notar que recuerdan también a otro personaje apellidado Castillo que "no era tan malo".

    Fue común que después de la reforma agraria las relaciones espirituales entre los patrones y los colonos siguieran reproduciéndose. Al respecto, Jaime Guzmán cuenta cómo los campesinos, en este caso de Co-chabamba, continuaban visitando a su madre que era terrateniente aun después de la reforma agraria: "asumo que mi madre, la madre de mi abuela en este caso la madre de mi mamá que era la terrateniente, ha debido ser buena persona, supongo,... y mi madre tenía que ayudarles a comercializar a que vayan al mercado a que pongan el precio cuánto va a valer la papa porque hay variedades..."15. En el altiplano paceño sucedió lo mismo. A algunos ex colonos les costó dejar de lado la relación de sumisión y fidelidad con sus ex patrones a los que querían seguir sirviendo y con quienes mantuvieron contacto hasta años después de ocurrida la revolución. Es una de las tantas paradojas de la dominación que seguramente tiene que ver con conflictos por tierras y linderos, sin descartar que pudieran existir relaciones de afecto y lealtad con algunos patrones que los trataban humanamente y respondían a las normas de la reciprocidad.

    Hacia 1954, más de 9000 campesinos se habían afiliado a los sindicatos agrarios. Es por ello que la reorganización de las haciendas en comunidades de ex haciendas y en sindicatos agrarios es otro de los acontecimientos que es recordado, a pesar de que en el altiplano paceño la medida tomó algo más de tiempo que en Cochabamba. La prensa de la época solo menciona a un solo sindicato formado en la provincia Aroma en agosto de 1952 (Albó, 1979: 15). Al respecto, Concepción Mamani de Puerto Huari Belén recuerda que: "Yo vivía allá en la otra comunidad, pero este lugar perteneciente a la central Gua-richullpa en el año 1956 fue fundado, el Nicolás Cachi ha fundado a nombre del MNR diciendo ha fundado". La misma entrevistada señala que después de la Reforma Agraria dividieron la tierra: "este lugar Mamani, aquel de allá no ve ese es Laura, cerca del río es Quis-pe, aquel lugar hasta Wakallilla es de los Caspa y aquel parte es de los Copa". Marta Mamani de Warisata dice que: "digamos que esa tierra es del patrón, el patrón lo que poseía, una familia maldito ya se lo ha quitado, ya se lo han partido la comunidad, esto es para mí, el otro es para vos si ya se han partido los comuna-rios". Recuerda cómo "antes aquí como asentamiento era, pero con lo que saben decir reforma agraria, con autoridades saben reconocer el lugar y harto papel hay que firmar saben decir, mi mamá grave sabe firmar todos saben firmar, sin ver saben firmar nomás, luego el jilaka-ta sabe decir hay que ir a vivir a ese lugar todos los que quieran gratis va a ser los terrenos sabe decir... de ahí saben dividir por sector con mapa saben hacer". Por su parte Vicente Calle de Jesús de Machaca recuerda que "de las tres haciendas que había se reconstruyeron dos como ayllus..."16. Todo esto confirma la compleja situación del agro después de la reforma agraria puesto que se formaron comunidades basadas en las ex haciendas, comunidades originarias fueron ratificadas o fueron recuperadas y en el caso de pequeñas y medianas propiedades privadas, éstas se conservaron aunque las relaciones serviles y de pongueaje estaban prohibidas.

    A pesar de estar manejado desde las cúpulas superiores del MNR, entendido esto como "pongueaje político" según Rivera, el sindicato agrario se convirtió en un lugar de encuentro entre ex peones y comu-narios. En un testimonio recogido por Waskar Ari (2003), el ex peón de la hacienda Copusquia en Ambaná recuerda que: "cuando había reuniones del comando, todos juntos nos reuníamos, de las ex haciendas y de las comunidades originarias, reunidos en la plaza. Hablábamos como podemos levantarnos, ahí los de las comunidades nos orientaban bien... puesto que sabían manejarse mejor en la política por haber luchado desde antes" (Ari, 2003: 208)17. El mismo testimonio asevera que cuando llegaban los jefes del comando, en su mayoría mestizos militantes del MNR, ellos se callaban de manera estratégica para no develar sus discusiones y agendas internas, lo que demuestra su astucia política (Ibíd.). De acuerdo con Albó (1979), para los campesinos la adopción de la "forma sindical" fue también parte de su proceso interno y de sus condiciones históricas.

    Una de las reformas más importantes del MNR fue la adopción del voto universal. Cumplidos los cuatro años de gobierno, Paz Estensso-ro (1952-1956) llamó a las primeras elecciones en la que podían votar mujeres e indígenas. Para los indígenas-campesinos, esta era una experiencia inédita y los resultados en el área rural fueron previsibles ya que el MNR se impuso masivamente. Por supuesto, se digitó las elecciones desde arriba ya que el propio gobierno se encargó de repartir sus papeletas rosadas, del color del partido, y de entrenar a los campesinos para usar la papeleta de ese color (Albó, 1979: 57). En el pueblo de Tarcavi, Julio Laura Choque señala: "no me acuerdo en qué año eran las elecciones saben decir, de eso grave saben venir a los pueblos para que nos digan que votemos por ellos, antes que los Karas vengan nosotros no sabíamos que era votar...saben venir dice que del MNR, alguna vez algunos qaras saben venir pero los que podían votar más mayores eran y de puro aymara sabían hablar y los qaras en castellano no mas saben hablar nadie sabe entender"18.

    La ausencia de escuelas antes de 1952 también es un tema que salió a relucir en las entrevistas. Por ejemplo, Marta Mamani de Warisa-ta dice que ella no sabe leer puesto que no la dejaron ir a la escuela y el idioma español es difícil para ella. Recuerda como "los patrones se reunían en Achacachi. No les gustaba que haya la escuela. Ellos nos chicoteaban, grave era. Tu abuelo fue a la escuela y le gustaba ir a los partidos de fútbol, grave tomaba y ahí nomás gastaba la plata y nos faltaba y nos pegaba a las tres mujeres, yo quería separarme, pero que voy a hacer. Tu abuelo era Amauta, no se hace nada sin Amauta, Jilakata y Mallkus. Cuando había escuela su decisión de las autoridades fue importante para construir la Taika"19. Dionisio Qaqasaca de la isla de Pa-riti recuerda que ya había escuela desde el gobierno de Villarroel pero había que pagar para asistir y que, después de 1952, se convirtió en fiscal y se encontraba a cargo del preceptor Gavino Valdez quien, con anterioridad, era mayordomo de la hacienda Pariti20. Por su parte, Concepción Mamani de Puerto Hua-ri Belén le da a la entrevista una perspectiva de género puesto que señala que las mujeres no entraban a la escuela. Al respecto dice: "No yo no sé entrar, esos tiempos para los hombres no mas era pues las mujeres qué vamos a entrar a la escuela... los papás no saben querer mandar, para cocinar y pastear oveja, vaca no más saben querer que estemos, nadie de las mujeres saben estudiar". Claramente, los habitantes del campo paceño recuerdan lo acaecido en 1952.

     

    4. Memorias de las clases medias y altas sobre la Revolución de 1952

    Las clases medias y altas de la ciudad de La Paz también tienen sus memorias sobre lo ocurrido en 1952. El tema es más complejo en estos sectores sociales ya que -como dijimos- algunos recuerdos se encuentran determinados por los efectos que tuvo la revolución en la reducción de sus privilegios o en sus posiciones partidarias, ya sea de parte del MNR o de la oposición. Sin embargo es notable que, a pesar de ser miembros de las clases más privilegiadas, la mayoría admite que la revolución era algo que debía suceder tratando racionalizar lo ocurrido. Así como los campesinos recuerdan la época de la hacienda como parte de la historia anterior a la revolución, las clases medias y altas recuerdan los diversos acontecimientos de la década de 1940 como antecedentes de la misma.

    Por ejemplo, el apoyo que el MNR brindó supuestamente a los nazis en los años de la II Guerra Mundial es recordado por un abogado poto-sino cuyo testimonio es recogido por Salvador Romero (2003): "yo siempre he sido anti movimientis-ta. Había que buscar una alternativa que impida que los movimientistas -que eran nazis-, porque eran nazis estaban financiados por Alemania" (Romero, 2003: 144)21.

    Del otro lado de medalla, el señor Jaime Alfonso Rodríguez, piloto de aviación quien se hallaba en Co-chabamba en el año 1952, recuerda más lo ocurrido en 1949 y cuenta con detalle que "el bombardeo se hizo en la pista de Cochabamba y algunas bombas cayeron en el río, donde ha muerto mucha gente." Añade que "tomaron presos a medio mundo, tomaron presos a todos los que estaban metidos en la revolución, incluso yo dejé de trabajar tres meses en el Lloyd"22. Dice que en 1949 se hizo movimientista y que "nuestras reuniones eran en el mismo Lloyd, teníamos cédulas de movimientistas"23.

    Consuelo Muñoz Reyes viuda de Solares recuerda que era secretaria de un ministro durante la época del presidente Gualberto Villarroel: "Yo estuve más tiempo y me acuerdo más del 46, con la revolución de Villarroel, ahí fue desterrado Víctor Paz, Siles y una cantidad de gente que estaba en el gobierno. Después se nombró a un doctor que era Hertzog como presidente. Luego estuvo enfermo, se retiró por enfermedad y entró Mamerto Urriolagoi-tia, después de Urriolagoitia fueron las elecciones de 1951 y lo nombraron a un militar llamado Hugo Ba-llivián, ese fue el último"24. Añade que en esos tiempos su cuñado fue desterrado porque estuvo en un alto cargo durante Villarroel: "se escapó de milagro, porque habló mi hermano con el embajador de Venezuela si lo podían recibir y le dijeron que vaya a las 7 de la noche cuando ya estaba oscuro, cuando mi cuñado fue, se apagaron las luces en toda La Paz y pudo saltar sin que lo vean y el embajador estaba en el jardín esperándolo. Faltando poco para la revolución él ha llegado a fines del 51 en octubre y no estaba trabajando, estaba viendo que podía hacer, dio su examen de abogado, y después cuando subió Víctor Paz asumió un cargo en el gobierno"25. Este testimonio es interesante puesto que la entrevistada recuerda de manera ordenada la cronología de los presidentes que se alternaron en el poder después de la muerte de Villarroel y no tiene una valoración negativa del MNR puesto que, además de trabajar para el gobierno, su cuñado estaba involucrado con este partido. En este testimonio, como en los anteriores, la década de 1940 no está desvinculada de lo ocurrido en 1952.

    Por su parte, el abogado y ex presidente de la Corte Suprema de Justicia Armando Villafuerte Claros, testigo ocular de la revolución en La Paz, nos ofrece una interpretación impersonal e intelectualizada de la causas de la misma. El entrevistado explica que en ese entonces "el país casi duplicó su población, la población urbana creció pero Boli-via seguía siendo un país eminentemente rural". Añade que: "antes las tierras las poseían los terratenientes, donde eran propietarios del trabajo y el capital de cada persona, el pongueaje era una causa común para enriquecerse de manera abrupta y egoísta, el despertar de los indios en el altiplano y valles a partir de la creación de sindicatos y de las movilizaciones de 1945 significó que la agricultura crecía y se pasó a manos de los comunarios y pueblos indígenas con la reforma agraria"26. Aclara que el sustento electoral básico del MNR era el gran caudal de votantes campesinos que fueron beneficiados por la reforma agraria. Por ello, concluye que la revolución era una necesidad.

    El entrevistado no deja de tener razón ya que efectivamente, según el historiador Herbert Klein (1981), para comprender los cambios que se produjeron en los meses que siguieron a abril de 1952, resulta imprescindible entender el carácter de la sociedad y la economía boliviana a mediados del siglo XX. El autor sostiene que, a pesar de algunos avances ocurridos desde principios del siglo XX, si hubiera que tipificar Bolivia en aquel momento, esta aparecería todavía como una sociedad predominantemente rural en la que la mayoría de la población solo estaba marginalmente integrada en la economía de un país que vivía básicamente de la economía del estaño.

    La reforma agraria fue uno de los temas que surgió en las entrevistas. Si bien la Revolución de 1952 otorgó el sufragio universal para las mujeres y propició su incorporación militante en la política partidaria, para las señoras de la clase terrateniente, la reforma agraria significó no solo la pérdida de su modo de vida señorial sino también la pérdida del poder económico que habían adquirido como administradoras de sus latifundios. Mientras que sus maridos se dedicaban a la profesiones liberales, al comercio y a la política en la primera mitad del siglo XX, las terratenientes eran quienes dirigían las relaciones de producción en las haciendas y manejaban la parte contable de las mismas comercializando los productos en las aljerías, apadrinando a los colonos, manejando los conflictos como si fueran juezas, entre otras actividades que las relacionaban íntimamente con los ciclos agrarios del campo. Testimonios recopilados por la investigación de Qayum, Soux y Barragán (1997) dan cuenta del sentimiento de las mujeres terratenientes con respecto al impacto en sus vidas de la reforma agraria. La señora Marta Nardín de Urioste dice lo siguiente: "la mujer pierde mucho cuando pierde la relación con la tierra con la Reforma Agraria. Mi mamá no tenía norte porque no tenía profesión, había sido bachiller y punto. Entonces su vida había sido eso de las haciendas y de pronto se quedó pues así" (Qayum, Soux, Barragán, 1997:57).

    La señora Olga María Navia viuda de Enríquez, quien tenía 22 años cuando ocurrió la revolución, cuenta con cierta nostalgia que "mi familia tenía dinero, mi papá llegó de la Argentina después del peronismo, él era partidario junto con sus hermanos; se vino porque lo estaban buscando para matarlo, llegó a Boli-via y compró la hacienda. Teníamos muchos trabajadores, fuimos una familia buena, no los explotábamos como hacían los otros terratenientes del lugar.... A los hijos de los campesinos yo les enseñaba a leer y para que no tengan hambre les invitaba café con un pancito. Eran tiempos lindos porque no nos faltaba nada, a mi papá les decían patrón y los hijos de los campesinos le decían tata...". Aclara que "a nosotros nos perjudicó esa revolución porque cuando entró el "Mono" hicieron la reforma agraria y yo veía como los pegaban a los otros patrones de las haciendas y como los botaban a patadas. A nosotros por suerte no nos han hecho nada porque éramos buenos con ellos. Incluso los campesinos de la hacienda Coripata se querían entrar a la casa y nuestros trabajadores se han parado al lado de la puerta para que no entren. Mi papá y mi tío se habían calentado de que ellos sean tan prepotentes y salvajes, sacó su arma y con balazos al cielo los ha hecho escapar. Nunca más volvieron a molestar..."27.

    Algo muy interesante que señala la señora Olga es que, a ella, la reforma agraria sí la perjudicó pero a su padre no porque como él era peronista y como Eva Perón era amiga del pueblo, él estaba con los campesinos. Cuenta también que su padre era un terrateniente "desubicado" porque, por lo general, la gente que poseía haciendas era muy adinerada y tenía mucho poder. Al igual que muchos hacendados, se excusa de las relaciones serviles en la hacienda señalando que ellos eran buenos y trataban bien a sus colonos.

    Existen también relatos sobre lo vivido en los días de la revolución. La revolución se inició en la ciudad de La Paz el 9 de abril de 1952 en la madrugada. Aquel día, las marchas militares se oían en todas las radios y venían acompañadas de proclamas y llamadas al valeroso pueblo de La Paz anunciando un golpe de Estado contra la oligarquía. Durante los meses anteriores, comandos zonales y barriales del MNR habían fabricado granadas de cemento amarradas con una carga de dinamita, bazucas que fueron las principales armas utilizadas (Fundación Cajías, 2002:49-50). El comité revolucionario del MNR compuesto por Hernán Siles Suazo, Adrián Barre-nechea, Hugo Roberts, Jorge Ríos, Juan Lechín, entre otros, había asegurado la participación de Antonio Seleme quien era comandante de las Fuerzas Armadas. Durante tres días, la ciudad de La Paz se vio alterada por combates en varias zonas, por ejemplo en Villa Victoria, Sopocachi y Miraflores y El Alto. El 11 de abril, con la participación del pueblo y de los carabineros, se produjo la destrucción y desbande del ejército triunfando la revolución gracias a sus líderes y a las acciones valerosas del pueblo armado.

    Mary Lilian López de O'Keeffe, de origen cruceño, recuerda esos días. Cuenta a su nieta que estaba embarazada de su primer hijo y que faltaban pocos días para que nazca: "tu abuelo Willy estaba desesperado y apareció en la puerta de mi cuarto a eso de las 8 a.m. Estaba agitado y parecía que había corrido mucho. Ahí fue que me enteré de que había habido una revolución. Me contó que lo despertaron las balas y que al encender la radio escuchó que había estallado una revolución. Dijo (su padre) que ahora el campesino seria el dueño de la tierra que trabaja, que las mujeres podrían votar y que muchas cosas cambiarían adelante añadiendo que los gamonales estaban furiosos, que no querían salir de sus tierras, que querían seguir siendo amos y señores. Estábamos asustados porque en las noticias se oía que habían muchos muertos, heridos y prisioneros y que los campesinos estaban tomando represalias en contra de mucha gente y lo peor es que estaba a punto de tener a mi primer bebe y el médico no llegaba. Al día siguiente cuando sentí que el bebe iba a nacer se presentó un médico del ejército, así que podríamos decir que tu tío es hijo de la revolución". Resulta interesante la opinión del padre quien, a pesar de ser de la elite, no necesariamente estaba en contra de la revolución admitiendo las injusticias y la necesidad de los cambios poniendo énfasis en la realidad del campo.

    La señora Consuelo Muñoz Reyes viuda de Solares también recuerda cómo su hijita de 6 meses se salvó de una bala perdida que entró en su cuna durante los días de la revolución. Cuenta que ella y su esposo vivían en el departamento de su cuñado y que este "se encontraba en una cuesta y el departamento quedaba bajo la tierra; era un hall que el techo daba al patio de arriba y mi cuñado nos dijo bájense, había mucha bala, mucho tiroteo terrible. Entonces nos fuimos al piso de abajo y cuando ya paso todo volvimos a subir y en la cuna de mi hija encontré una bala, gracias a Dios que habíamos bajado"28.

    Otro testimonio es el de Victoria de Quiroga quien, en esas épocas, era vecina de la plaza de San Pedro de La Paz. Ella considera que no fue parte de la rosca pero que fue una niña privilegiada ya que su padre era contador y que "nunca les faltó y nunca les sobró". Cuenta que su familia poseía tierras en Sapahaqui, pero que estas no eran muy grandes. Como la mayoría de los entrevistados, recuerda con claridad la muerte del presidente Villarroel ya que se encontraba en los alrededores de la plaza Murillo y vio cómo colgaban a Eguino y a Escobar, dos personajes odiados quienes fueron los encargados de la represión durante su gobierno. Fue testigo ocular de los acontecimientos de 1952 y asegura que no tuvo la intuición necesaria para advertir los hechos que estaban a punto de ocurrir ya que -según ella- la política era cosa de cuatro gatos. Con respecto a los días de la revolución dice que "era terrible, caían los muertos como moscas. Incluso en la casa dos balas han entrado....uno de esos días ha nevado. Un hombre se había trepado a uno de los techos y ahí lo han matado. La nieve ha empezado a caer todita impregnada de sangre.... Los camiones pasaban por la calle con los muertos en cantidades incontables". Sin embargo, lo que más recuerda es el desabastecimiento ya que tuvieron que vivir únicamente de pan durante una semana: "Nadie decía nada, lo que nos preocupaba era buscar comida...". Añade que posteriormente, las haciendas que eran de sus padres no fueron afectadas por su pequeña extensión; sin embargo la hacienda de Capacachi en Cochabamba que pertenecía a su esposo fue tomada por los campesinos29.

    Si bien la revolución del 9 de abril aconteció principalmente en la ciudad de La Paz, en Oruro también hubo enfrentamientos. El siguiente testimonio corresponde al reconocido médico Javier Torres Goitia quien, en 1993, fue senador por el departamento de La Paz, así como ministro de Previsión y Salud Pública de 1982 a 1985. La Revolución de 1952 lo sorprendió trabajando en la mina San José de Oruro donde se encontraba como médico interino. San José era la sede de la Federación Sindical Minera de Oruro y, por lo tanto, era un centro clave del sindicalismo que apoyó a su líder Juan Lechín y al MNR durante la revolución. Cuenta que cuando los sindicatos mineros se enteraron de este hecho, decidieron apoyar a la revolución y reivindicar el triunfo del MNR en las urnas el año 1951. El sindicato de la mina San José decidió tomar el cuartel Camacho que se encontraba en la ciudad y "en la noche se empezó a atacar con dinamitas y fusiles. En realidad pocos eran los mineros que tenían fusiles mientras que por atrás se luchaba con dinamita. La lucha era muy dispareja". El doctor Torres Goitia dice que los mineros le advirtieron sobre su mandil blanco puesto que era muy visible y se lo tuvo que quitar. Con la tela blanca pudo auxiliar a los heridos. "La lucha continuo así hasta las cuatro de la mañana cuando se dejaron de escuchar disparos en el cuartel ¿Qué sucedía? ¿Se habían rendido los militares? nadie lo sabía con certeza. Empezaron a llegar noticias por la radio, pero la comunicación era mala y solo contribuía a hacer más incierta la situación; unos decían que la revolución había triunfado otros decían que se estaban preparando para atacar Oruro... En realidad no se sabía nada". Al comentar sobre los mineros dice que "era sorprendente, no le tenían miedo a la muerte". Además explica que estos hechos influyeron mucho en su carrera y en su vida ya que según sus propias palabras: "estar al lado de los mineros fue mi mejor universidad" lo que le llevo a comprender que "la gente pobre es más valiente y solidaria, más que la gente rica"30.

    Existen recuerdos que tienen que ver con posiciones partidarias afines al MNR. Por ejemplo los de Carlos Zaconeta quien trabajó para el MNR durante casi toda su vida. Recuerda la importancia que en los años 1940 tuvo la logia militar Razón de Patria (RADEPA) a la que perteneció Villarroel. Su padre había participado en la Guerra del Chaco y fue parte de RADEPA y del MNR por lo que él naturalmente se convirtió en emenerris-ta31. Cuenta cómo, cuando tenía 11 años, conoció a Víctor Paz Estens-soro y que esto le impresionó bastante. Dice que con anterioridad a la revolución, tuvo un papel importante como miembro de un grupo juvenil que se organizó en las aulas del colegio San Calixto. Entre los miembros de este grupo se hallaban Mariano Baptista, Mario Velar-de, Fernando Campero, Javier Be-dregal y Javier Lorini. Cuenta que tenían un periódico que se llamaba Barricada donde "dábamos palo a Mamerto Urriolagoitia". Aclara que el proceso revolucionario empezó en 1943 con la subida al poder de Gualberto Villarroel y a raíz del descontento que había después de la Guerra del Chaco. En los días de la revolución "fui cabecilla de un grupo juvenil asignado por el MNR y junto a los muchachos de la agrupación política. Nos asignaron el objetivo de tomar la Radio América pero caímos presos, por la inexperiencia de ser tan jóvenes". Luego "decidimos tomar un edificio de la policía en la Plaza Abaroa, donde intercambiamos fuego toda la mañana del 9 de abril contra los soldados del Ministerio de Defensa. Al retirarnos nos enteramos que Javier Lorini, nuestro compañero murió víctima de una bala". Al concluir la entrevista reflexiona sobre los logros de la revolución como el cogobierno MNR-COB y añade: "mira, antes no podías ver un campesino, o indio como se le llamaba en esa época, caminando en la plaza Murillo, ni podías ver manifestarse al sector campesino como lo vemos hoy en día..."32.

    El otro lado de la medalla también fue representado por el testimonio de un militante falangista. La Falange Socialista Boliviana (FSB), partido político nacido en 1938, fue dirigido por el carismático líder Oscar Únzaga de La Vega quien, a raíz de una de las tantas conspiraciones falangistas en 1959, fue muerto por el MNR. La Falange era de tendencia nacionalista de extrema derecha y entre sus militantes había muchos miembros de las clases altas que se oponían al MNR. Los falangistas fueron las principales víctimas de la represión política encarnada en el control político33 y en los campos de concentración que el MNR organizó para reprimir y torturar a los opositores.

    La entrevista fue realizada al señor Jaime Machicao Méndez quien, al igual que los demás, señala que fue impactado por lo ocurrido en ocasión de la muerte de Villarroel en 1946. Recuerda que aquel día se encontraba cerca al panóptico donde pudo ver cómo la multitud buscaba al director del Tránsito. "Lo llevaron a colgar en uno de los postes, resultando ser el primer colgado de la revuelta. Después con toda la gente bajamos por la calle Colombia hasta la avenida Santa Cruz. Después estábamos cerca de un mercado donde las cholitas nos daban frutas y otras cosas, o sea nos apoyaban y fuimos bajando. Vimos que la plaza Murillo había sido tomada por otra gente, vimos tres colgados en la plaza. Eran Villarroel y sus ayudantes... seguramente había gente de la Falange dirigiendo estas revueltas, que eran en gran parte universitarios. Después de eso yo ya colaboraba con Falange"34. Con respecto a la Revolución de 1952, dice que después de los acontecimientos del 9 de abril fue preso en la calle Potosí por los milicianos que lo llevaron al famoso control político y lo enviaron exiliado a Arica en una avioneta del ejército: "cuando llegamos a Arica yo no tenía una miga en el bolsillo y no sabía qué hacer... cerca del Morro me encontré con un cosechador de almejas y lo ayudé, también le conté lo de la deportación y gracias a Dios en agradecimiento el hombrecito me llevo a su casa"35. Cuenta que luego tuvo que trasladarse a Lima donde los exiliados, que eran alrededor demil, consiguieron un refugio cerca de la plaza San Martín: "dormíamos en el suelo o donde se podía y cada uno se buscaba su alimento". Al final de la entrevista sostiene que a los falangistas los llamaban fascistas, camisas blancas "pero éramos democráticos".

    También existieron víctimas anónimas. Una de las entrevistas más conmovedoras fue la realizada al azar a una ancianita llamada Ana (no quiso decir su apellido) quien solía (quizás sigue haciéndolo) sentarse todos los días en un asiento de la plaza Murillo en La Paz. La entrevistadora se acercó a ella y cuando le preguntó sobre la Revolución de 1952 dice que sus ojos se le iluminaron. En 1952, Ana tenía 16 años. Según su testimonio era de una buena familia y tenía mucho dinero. Se auto-identificó como parte de una familia burguesa ya que su padre trabajó en una mina privada. Dijo que un poco antes de la revolución conoció a un joven cadete llamado Luís que se hallaba haciendo unas prácticas en la plaza Murillo: "cuando terminaron de practicar él se acercó con intención de cortejarme, pero yo era muy tímida en ese entonces. Pasaron los días y así los meses hasta que me enamoré profundamente de él. Era un hombre con mucha imaginación y una gran ambición. Me contaba todas sus aventuras y las que desearía poder vivir". Lamentablemente Ana cuenta que su padre se opuso a la relación porque el cadete era un chico pobre. Añade: "pero no nos importó esas diferencias y él me propuso matrimonio y escapar de la ciudad, era algo muy arriesgado pero yo como toda adolescente joven y enamorada acepté.... Decidimos encontrarnos el segundo sábado de mayo..." Lamentablemente ocurrieron los hechos del 9 de abril de 1952 y el cadete enamorado murió en unos enfrentamientos en la plaza Murillo. Al respecto, Ana dice que "por eso vengo cada sábado a esta plaza en memoria al único hombre al que llegué a amar. Y me encuentro sola porque la muerte se llevó en este lugar al único hombre que iba a ser mi esposo, por eso lo espero cada sábado hasta que la muerte también me lleve en el mismo lugar donde yació mi amor verdadero"36.

     

    Conclusiones

    Estas entrevistas nos han permitido escudriñar en la diversidad de las memorias que tienen personas del común sobre la Revolución del 52, que no fueron necesariamente héroes anónimos ni personas importantes cuando ocurrieron los hechos. También nos han permitido visualizar una gama de situaciones y detalles por los que pasaron los entrevistados en los días que duró la revolución e incluso, en el caso de los habitantes del campo paceño, después de ésta y que, de otra manera, no hubieran sido registradas por la historia.

    Como vimos, los entrevistados del área rural distinguen claramente entre lo que han oído decir sobre lo que sucedió en la ciudad de La Paz y lo realmente vivido que se refiere especialmente a los acontecimientos que ocurrieron en el campo después de la revolución, aunque algunos aclaran que no recuerdan bien porque eran muy jóvenes o porque los sucesos les fueron contados por sus padres. Otra característica es que -como ya se observó- los campesinos no se rigen por la cronología tradicional sino que tienen su propia forma de ordenamiento de lo ocurrido; la edad que tenían en ese momento es la que domina en el relato: "yo era muy joven en ese momento". Sus recuerdos no se abocan exclusivamente a lo escuchado o lo vivido en 1952 sino que van hacia atrás temporalmente para narrar cómo era la vida durante el régimen de la hacienda y la relación con los patrones, distinguiendo claramente un antes y un después de 1952. En algunos casos, da la impresión de que la memoria vívida de la dominación en el altiplano paceño no empieza en la colonia como podría esperarse, sino en la época de la hacienda y en la lucha por la recuperación de sus tierras usurpadas por los hacendados desde finales del siglo XIX. Por lo que lo ocurrido en 1952, se siente como un momento trascendental de triunfo ya que -según afirman- "antes vivíamos como esclavos". Algunos también recuerdan la Guerra del Chaco (1932-1935), la muerte de Villarroel (1946) y la guerra civil de 1949 como antecedentes importantes. Para todos el año 1952 es un hito muy importante de su historia. Frases como "ahora es el tiempo" y "hemos ganado" demuestran que en la memoria colectiva este hecho fue considerado como un momento positivo en la historia indígena de la cual generalmente se resalta solo lo negativo. Al respecto, creemos que en la actualidad las posiciones críticas a la Revolución de 1952 no pueden explicar porqué el MNR tuvo tanto éxito en hacer una revolución con legitimidad ante las masas campesinas y cómo la hegemonía del MNR fue lograda justamente con su respaldo. Al respecto, coincidimos con Albó (1979) de que es necesario ver al sindicalismo campesino como una opción política que va más allá de lo étnico-cultural y a la revolución de 1952 como un hito importante en la historia de los indígenas-campesinos como lo prueban los propios testimonios.

    Al igual que para los habitantes del campo, para las clases medias y altas también existe un antes y un después de 1952. Sin embargo en estos grupos las memorias están divididas entre quienes no participaron en los acontecimientos, entre los que apoyaron las medidas y participaron activamente y los que fueron perjudicados: tal es el caso de los hacendados cuyas propiedades fueron expropiadas o los militantes falangistas que tuvieron que sufrir en los campos de concentración organizados por el MNR. Es notable que la mayoría de los entrevistados recuerden estos hechos como algo inevitable e incluso deseable. Aunque tal vez esto es algo que piensan ahora y no lo pensaban en ese momento puesto que existieron casos de algunas familias de clase alta que se fueron de Bolivia en una especie de autoexilio. Es recurrente que la memoria de estos sectores retroceda a los hechos ocurridos en la convulsionada década de 1940 que es vista como el antecedente de la Revolución de 1952. Se recuerda al gobierno populista de Gualberto Villarroel (1943-1946) cuando ocurrieron los fusilamientos de Chuspipata y perdieron la vida miembros de la elite paceña. Son recordadas también las supuestas vinculaciones del MNR con el nazismo, la violenta muerte de Villarroel, la guerra civil de 1949, lo que permite concluir que en la década de 1940, este partido no necesariamente tuvo una imagen positiva para los miembros de las clases medias y de la elite, aunque para fines del llamado Sexenio (1946-1952) esta situación se revirtió y el MNR empezó a ser visto como una posibilidad ante la crisis definitiva del régimen oligárquico. En ambos casos, la Revolución de 1952 es entendida como un momento de ruptura con el pasado. Un personaje importante en las memorias es Víctor Paz Es-tenssoro quien es recurrentemente recordado en las entrevistas, en desmedro de los demás líderes de la revolución.

     

    Notas

    2 Para reforzar el texto, en algunos casos fueron utilizadas entrevistas realizadas por otros investigadores.

    3 Existen otros trabajos que rescatan la historia oral de los protagonistas de la revolución de 1952. Entre ellos el de José M. Gordillo sobre el sindicalismo cochabam-bino o, por ejemplo, las entrevistas publicadas en la revista Ciencia y Cultura, 29 de la UCB que está dedicada a la revolución de 1952 y en la revista Historias de 1952 publicada por la Coordinadora de Historia.

    4 Al respecto ver el trabajo de Hanne Cottyn en el libro coordinado por Ximena Medin-aceli. Turko Marca. La Paz, IEB, 2012

    5       Entrevista realizada por la alumna de la UPE A Jhocelin Laura Caspa Sarzuri a su tía Concepción Mamani de 76 años en el cantón Puerto de Huari Belen, en 2014.

    6       Los caciques apoderados conformaron un movimiento que se originó a principios del siglo XX con la finalidad de defender las tierras de comunidad que estaban siendo usurpadas, a través de la lucha legal.

    7 Entrevista del alumno de la UPEA He-bert Layme Pacosillo a Daniel Pacosillo de la comunidad de Quilima, provincia Camacho, realizada el 30 de noviembre 2014.

    8      Ibíd.

    9      Entrevista realizada por la alumna de la UPEA Zenobia Conde a Esteban Quispe Siñani de la villa Asunción de Caluyo en la provincia Los Andes, en el año 2014

    10 Entrevista realizada por el alumno de la UPEA Edgar Poma Huayhua a Elias Cahuana de la provincia Camacho en el año 2014

    11     Descendiente de Santos Marca Thola cacique de Callapa en Pacajes. Entrevista realizada por el THOA en los años 1980.

    12     Entrevista realizada en 2014 por la alumna de la UPEA Claudia Virginia Parada Ma-mani a su madre Benigna Mamani de Parada, de 45 años, quien le cuenta sobre lo que escuchó de su abuela, Eurasia Acarapi.

    13 Entrevista realizada por la alumna de la UPEA Jannette Conde a Carlos Apaza de 71 años en la comunidad Villa Asunción de Caluyo, provincia Los Andes el año 2014

    14 Entrevistas realizadas por la alumna de la UPEA Maritza Vargas Mamani en el año 2015

    15 Entrevista realizada por el alumno de la UMS A José Octavio Orsag al señor Jaime Guzmán, el 9 de noviembre de 2015

    16 Entrevista de la alumna de la UPE A Reyna Calle a Vicente Calle, comunario de Jesús de Machaca en el año 2014.

    17 Entrevista realizada en 1988 por Waskar Ari a Jorge Canaza de Capawaya.

    18 Entrevista realizada por la alumna de la UPEA Jhocelin Laura Caspa Sarzuri a Julio Laura Choque de 77 años en el pueblo de Tarcavi, el año 2014.

    19     Entrevista realizada por el alumno de la UPEA Olvis Erlan Rojas a su abuela Marta Mamani de Achacachi en el año 2014. Taika se refiere a la escuela indige-nal de Warisata

    20     Entrevista realizada por el alumno de la UPEA Isaac Callisaya en la isla de Pariti el año 2015

    21     Salvador Romero Ballivián no consigna el nombre de la persona.

    22     En 1949 el MNR ensayo un golpe de Estado conocido como la guerra civil de 1949. Este acontecimiento fue especialmente álgido en el interior del país

    23     Entrevista realizada por el alumno de la Universidad Católica Boliviana Gabriel Rodríguez a su abuelo. La entrevista fue realizada el año 2010.

    24     En 1951 hubo elecciones en las que ganó el MNR. Sin embargo, la oligarquía que se negaba a dejar el poder protagonizó un golpe de Estado poniendo a Hugo Ballivián en la presidencia.

    25 Entrevista realizada por la alumna de la Universidad Católica Maricruz Zalles a Consuelo Muñoz Reyes en el año 2010.

    26 Entrevista realizada por el estudiante de la Universidad Católica Arturo Castrillo a Armando Villafuerte, abogado, ex presidente de la Corte Suprema y presidente del Tribunal de ética de periodistas. La entrevista fue realizada en el año 2010.

    27 Entrevista realizada por el estudiante de la Universidad Católica Javier Alejandro Aguilar el 24 de noviembre de 2010. "El Mono" se refiere al apodo dado a Víctor Paz Estenssoro.

    28 Entrevista realizada por la alumna de la Universidad Católica Maricruz Zalles a la señora Consuelo Muñoz Reyes de Solares en diciembre de 2010.

    29 Entrevista realizada por el estudiante de la Universidad Católica Arian Laguna Quiroga. La entrevista fue realizada en 2010.

    30 Entrevista realizada al Dr. Javier Tórres Goitia por la alumna Laura Paz Rescala de la Universidad Católica en el año 2010.

    31 Después de la Guerra del Chaco se conformaron logias militares con la finalidad de afianzar sentimientos nacionalistas dentro del ejército.

    32 Entrevista realizada por el alumno de la Universidad Católica Willem Kamerbeek al señor Carlos Zaconeta en el año 2010.

    33 El llamado control político era un brazo del gobierno del MNR que realizaba labores de inteligencia y de represión de los opositores.

    34     Entrevista realizada por el alumno de la Universidad Católica Adrián Machicao en el año 2010.

    35     Los milicianos eran gente armada que fueron organizados por el MNR para contrarrestar la ausencia del ejercito y salvaguardar la revolución.

    36 Entrevista realizada por la alumna de la Universidad Católica Stefani Salas a la señora Ana a fines de 2010.

     

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