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    Revista de Investigación Scientia

    versión On-line ISSN 2313-0229

    Rev Inv Sci v.2 n.1 Cochabamba ago. 2012

     

    ARTÍCULOS

     

    Aproximación a la relación fe y ciencia

     

     

    Juan Wilfredo Choque Medrano

     

     


     

     

    La palabra ciencia está relacionada con lo "racional" y por tanto se espera que sea razonable, por su parte, se ha asociado al creacionismo con "fe" y por ello aparenta ser incompatible con cualquier aspecto de la racionalidad. Pero, existe una diferencia entre una "fe" mítica o supersticiosa y la fe basada en la Biblia. Ésta es "racional" porque no sigue lineamientos místicos o irracionales. La fe bíblica exige un alto grado de racionalidad, porque deposita su confianza en un Dios racional que ha otorgado la capacidad de raciocinio al hombre. Uno de los primeros puntos en ser aclarados está relacionado con el carácter y significado del relato de la creación como fundamento para el desarrollo del pensamiento racional y científico.

    En la actualidad, se observa una tendencia a desligar a Dios de la práctica científica, en consecuencia, cualquier esfuerzo hecho en otra dirección, es considerado anticientífico. Pero, es necesario recordar que existen "cosas en la religión que no son derivables a la investigación científica porque la ciencia no puede verificarlas. Esto no significa que sean falsas, sino que simplemente están fuera del ámbito que la ciencia pueda tratar".1

    Desde esta óptica, no podría existir la imposibilidad de relacionar ambas. Por el contrario, exige la búsqueda de un terreno común en el cual la ciencia y la religión puedan entablar un diálogo constructivo, ya que una postura cerrada a la posibilidad de relacionar a la ciencia con Dios, puede ser considerada irracional y no científica puesto que de antemano se crea un prejuicio. Así, la razón y la ciencia ya no estarían abiertas a la búsqueda de la verdad y ésta puede ser, desde la perspectiva de Morin2, una tendencia a la ceguera y el error del que habría que ser conscientes. Además, este autor entiende que tanto el conocimiento religioso y el científico han marchado a la par. Incluso, que la racionalidad objetiva de la ciencia ha llegado tardíamente y esto tan solo para dar cuenta de sólo una parte del saber humano. La ciencia no puede ser absolutamente objetiva y racional, puesto que "mientras que los otros sistemas de ideas se fundan en intuiciones, revelaciones, opciones no refutables/verificables; éstas intuiciones u opciones existen sin duda en el espíritu de los científicos y en el núcleo de sus teorías".3 En este entendido, un diálogo entre la ciencia y la religión no sólo es aceptable, sino necesario y esto incluye la búsqueda de vías en las cuales estos dos campos puedan entenderse sin dejar de ser lo que son; pero comprendiendo que ambas forman parte de la realidad y están presentes en toda teoría y todo científico.

     

    El pensamiento bíblico como base para el desarrollo del pensamiento científico.

    La mayoría de los pueblos antiguos establecieron relatos mitológicos que intentaban explicar el origen del hombre y el universo.4 La cuestión es establecer si el relato del Génesis corresponde a esta categoría mitológica. Si así fuera, no podría servir de sustento para un abordaje científico del estudio de la naturaleza y el ser humano. Sin embargo, existen razones para afirmar que, por el contrario, el relato del Génesis se diferencia de otros relatos míticos y que la naturaleza de las declaraciones del relato contribuyeron al desarrollo de la ciencia. A diferencia de otros relatos, son dos los elementos que diferencian al Génesis de las narraciones míticas. Primero, la naturaleza de un ser creador y segundo, la comprensión del tiempo.

    El Génesis presenta una clara diferenciación entre un ser superior que crea el universo y los elementos creados. Este hecho no se presenta en los relatos mitológicos donde el creador se confunde con la creación o tiene las características humanas. Es decir, los pueblos antiguos cuando construyen sus relatos míticos asumen que los dioses que crean el mundo y a los seres humanos son seres con atributos naturales.5 Por su parte, cuando se identifica al ser creador con una persona, ésta tiene rasgos característicos de los humanos, antropomorfismo, haciéndoles tan falibles como los humanos.6 En este contexto, se hace imposible hacer ciencia pues tanto el pensamiento humano como las respuestas que éste da a los grandes interrogantes de la vida, se ven perjudicadas por el capricho de los dioses. Los griegos tuvieron que abandonar el pensamiento mitológico para ingresar al pensamiento racional puesto que estudiar la naturaleza desde la concepción mítica sería imposible ya que las leyes naturales están ligadas a la voluntad de los dioses, de tal manera que abordar científicamente un estudio del mundo sería imposible. Sin embargo, aún en la concepción filosófica griega del mundo existen dificultades para realizar un acercamiento científico.

    Platón concibe el mundo en dos planos, donde el mundo en el cual el ser humano vive era una mera representación imperfecta de otro ideal. En este plano, un abordaje científico de la naturaleza no sería posible puesto que al mundo ideal sólo se lo accedía por medio del intelecto. Con Aristóteles surge un leve cambio; pero la ciencia, sus descubrimientos, sólo servían para la contemplación del filósofo y no para el adelanto y aplicaciones científico - tecnológicas.

    No ocurre lo mismo con el relato bíblico donde desde un inicio se presenta una diferencia clara entre el ser que crea y lo creado. Es más, el Dios creador hace clara esta distinción cuando, de manera preceptiva, prohíbe la adoración a elementos de la naturaleza (Exodo 20: 4, 5). Así, el Dios cristiano se diferencia de otras deidades porque es un ser creador que no es parte de la naturaleza, sino una deidad que trasciende su creación; pero que a la vez es inmanente al estar en contacto con el hombre.7

    Este modo de concebir el mundo hace posible el nacimiento de la ciencia, de tal manera que "historiadores de la ciencia han sugerido que el ambiente judeocristiano de Europa Occidental y la creencia en un Dios monoteísta fueron responsables del desarrollo de la ciencia moderna en esa cultura".8 Por su parte, Jaspers, citado por Monti, menciona que "la ciencia moderna no puede ser concebida surgiendo aparte del espíritu y fuerza directora la cual tiene sus raíces en la religión bíblica"9. En otra declaración afín, se expresa que "la doctrina cristiana de la creación fue la fuente del elemento no griego indispensable para el desarrollo de la ciencia moderna".10

    Estas posiciones fundamentan el hecho de que el ser creador del cristianismo es un ser legislador; por consiguiente, el mundo está sujeto a leyes y esas leyes debieran ser comprensibles y accesibles al estudio racional. Es este el primer asidero que hace posible un acercamiento racional a los fenómenos naturales y sociales y que permite el desarrollo del pensamiento científico. La ciencia es posible porque puede estudiar las leyes de la naturaleza y la sociedad puesto que éstas no están sujetas al capricho de una deidad. En consecuencia, haciendo eco de las palabras de Roth, se puede afirmar con total certidumbre que "lejos de que la ciencia y Dios no tengan nada que ver entre sí, la ciencia debe su origen al tipo de deidad descrito en la Biblia".11

    Además, otro argumento que favorece esta postura es un fragmento en el relato del Génesis que hace referencia a la actividad del ser humano en medio del mundo creado. Dios le ordena "sojuzgad el mundo" (Génesis 1: 28.). Con este mandato indica al hombre una actividad de estudio y comprensión de la naturaleza. El término sojuzgar no se entiende como explotar, sino en su concepción de cuidado del planeta que habría de ser el centro de actividades y hogar del ser humano. El hombre, a partir de su creación, debía cuidar la naturaleza. Para ello, él necesitaba entenderla, estudiarla, investigarla. El relato del Génesis presenta a Dios como creador de un mundo que será objeto de estudio del ser humano de modo que éste pueda aprender "acerca de la naturaleza acudiendo a la naturaleza misma, y no a la autoridad ajena".12 En este entendido, la ciencia bien puede tener un asidero en el relato bíblico para desarrollarse sin entrar en conflictos de fe.

    Un segundo argumento está en el tratamiento del tiempo. La mayoría de las culturas no bíblicas considera un tiempo cíclico, dando como resultado el hecho de que todos los eventos estarían pre configurados y la ciencia no tendría la posibilidad de estudiarlos por el carácter anticipado y repetible de los hechos. Por su parte, la Biblia establece un tiempo lineal con lo que configura un "sentido de la historia". Berdiaev, citado por Priora, afirma que "la idea de los 'histórico' fue introducida por los hebreos y, a nuestro entender, la misión fundamental del pueblo hebreo ha sido la de introducir en la historia del espíritu humano esta conciencia del devenir histórico, en lugar del movimiento circular imaginado por los griegos".13 Esta concepción del tiempo es condición imprescindible para el desarrollo científico. Un tiempo lineal brinda la posibilidad de realizar cambios históricos puesto que sólo cuando la historia es vista como una realidad dinámica y no como un universo cerrado en el cual todo está dado, tiene sentido el cambio y la transformación. Es el ser humano, dotado de libre albedrío que ejerce su libertad y autonomía para hacer y estudiar la historia. El ser humano es protagonista de los cambios históricos que alterarán su futuro. Es sólo desde la idea bíblica del tiempo que la ciencia se hace posible.

    Los dos argumentos presentados bien pueden abrir un portal para que la fe, la religión y la ciencia puedan tener un terreno común desde donde iniciar el tránsito hacia la búsqueda de conocimiento científico.

     

    La fe y la ciencia en la historia

    Otro aspecto a tomar en cuenta, respecto a la relación ciencia y fe, es el referido a la separación de ambas. Hoy se considera una incompatibilidad de ellas. Sin embargo, no siempre fue así. Agustín de Hipona, pasando por Tomás de Aquino, incluyendo a Averroes y Maimónides, trataron de establecer la relación fe y ciencia. Cada uno desde su postura como filósofo y religioso ha tratado de responder a la naturaleza y relación de ambas. También, durante el desarrollo histórico de la ciencia hubo hombres que hicieron ciencia sin necesariamente renunciar a su fe. Entre ellos se puede mencionar a14: Blas Pascal (1623 -1662), Robert Boyle (1626 -1691), Isaac Newton (1624 - 1727), Louis Pasteur (1822 - 1895), Joseph Lister (1827 - 1912), Sir Arthur Stanley Eddington (1882 - 1924), Robert Millikan (1868 -1953)15 y Albert Einstein (1879 -1955), entre otros. Por otra parte, en tiempos recientes, en un estudio realizado se encontró que 40% de los científicos norteamericanos aseveran creer en un Dios personal.16 Así también se debe destacar la publicación de Ashton17 en la que presenta a científicos de prestigio que aceptan y declaran su religiosidad al mismo tiempo que realizan ciencia. Como se puede evidenciar, el mundo de la ciencia no está poblado de científicos sin una tendencia religiosa. El problema es que existe la idea de que al momento de hacer ciencia, el científico debe despojarse de todo elemento religioso.

    La raíz para la separación entre la religión y la ciencia fue el hecho de asumir dogmas por parte de la religiosidad imperante en la edad media y parte de la edad moderna. Algunos de dichos dogmas obstaculizaron o rechazaron los descubrimientos científicos y por ello se comenzó a dudar de la autoridad de la iglesia frente a la ciencia.18 Pero no se cuestionó la capacidad de un científico de hacer ciencia y mantener una vida religiosa. Fue más bien en tiempos posteriores a Comte y a Darwin que el secularismo gestado desde el Renacimiento fue ganando terreno para la separación de la fe y la ciencia.

    Es necesario buscar un acercamiento entre la ciencia y la fe, sobre todo en un tiempo en que la ciencia no es ya considerada un conocimiento infalible e irrebatible. Hoy en día, la ciencia no es el único y exclusivo modo de conocer; no es infalible, ni dogmático. Con ella intentamos, más bien, conocer cuán seguras son nuestras hipótesis acerca de algún aspecto de una realidad imaginada, pensada o extra mental. Por ello, se convierte en un proceso de constante aprendizaje humano en el cual vamos descartando nuestros errores.19

    En síntesis, hoy más que nunca es posible buscar un acercamiento entre estos dos conceptos que hagan posible una actividad científica anclada en la racionalidad y los supuestos de la fe.

     

    Enfoques de la relación entre ciencia y religión

    En la búsqueda de establecer una relación entre la fe y la ciencia que sirva de base para emprender la actividad de investigación, se presenta a continuación dos enfoques. La primera, propuesta por Rasi,20 muestra cuatro aproximaciones para entender dicha relación.

    a)   El fideísmo. Cuando la fe ignora o minimiza el rol de la razón en la búsqueda de la verdad.

    b)   El racionalismo. Cuando se prioriza la razón humana como único medio de acceder al conocimiento de la verdad.

    c)   El dualismo. Ambas, fe y razón, actúan en compartimentos separados de modo que ni se confirman ni se contradicen.

    d)   La sinergia. Ambas cooperan y se apoyan para la búsqueda del conocimiento de la verdad.

    Por su parte, Brand21 establece tres modelos de relación ciencia religión.

    a) Modelo 1. Aislamiento. No se acepta que la ciencia y la religión puedan influir una sobre otra. Por el contrario, cada una funciona de manera aislada. Sería incompatible, desde esta óptica la existencia de un científico que asuma una creencia religiosa. Las personas deben elegir entre la ciencia o la religión. Cada una es excluyente. En el presente es el enfoque que prevalece en la mayoría de los científicos.

    b)   Modelo 2. Paralelos pero separados. Se acepta a la ciencia y la religión como fuentes de verdad pero no existen elementos comunes que los conduzcan a interactuar. Un científico puede asumir una vida religiosa; pero sus conclusiones científicas no contemplan ni reflejan su fe.

    c)   Modelo 3. Interacción. Aunque se reconoce que la religión y la ciencia difieren en modos importantes, se considera la posibilidad de que la fe pueda interactuar con la ciencia.

    Las dos aproximaciones que tratan las relaciones entre la fe y la ciencia perciben actitudes desde la total separación hasta la interacción de ambos campos. Para lograr esta interacción, será necesario encontrar una manera que posibilite este cometido. En esta circunstancia, es oportuno recordar y tomar en cuenta el principio dialógico propuesto por Morin22 el cual permite un acercamiento entre estos dos conceptos que en la actualidad se encuentran disociados por muchas comunidades científicas. Para este cometido, Brand ha elaborado un modelo de interacción constructiva entre la ciencia y la religión.

     

    Modelos de interacción constructiva entre la ciencia y la religión.

    Dando por sentado que es posible relacionar la ciencia y la religión, la pregunta es cómo se puede plantear dicha relación. Al respecto, Brand23 propone un modelo de interacción constructiva entre ambas. Dicho modelo establece dos dominios: el de la ciencia y el de religión.

    a) En el dominio de la ciencia se encuentran la observación, los métodos, la experimentación y el análisis que conducen a aceptar o rechazar las hipótesis.

    b) El dominio de la religión evalúa los conceptos religiosos para determinar significados precisos. Para esto se vale de análisis lingüísticos, métodos hermenéuticos de interpretación, investigación histórica y documental.

    En el centro de ambos dominios aparece una interface que permite el diálogo entre la fe y la ciencia. Es de esperar que surjan conflictos entre ambas; pero no son conflictos irresolubles; por el contrario, desde una postura científica, esos conflictos exigen una búsqueda de soluciones. Así, un conflicto puede servir de base para revisar minuciosamente el registro bíblico con el fin de establecer un significado adecuado de dicho registro. Esto es importante puesto que sólo un análisis lingüístico - hermenéutico podría servir de aproximación para una interpretación acertada. Por otra parte, en el plano de la ciencia, los datos descubiertos conducen al investigador a pensar interpretaciones o a plantear nuevas hipótesis que permitan entender algún fenómeno en el contexto de la interpretación bíblica. Esto último no quiere decir que se tenga que ajustar la ciencia a lo que dice la Biblia, esto no sería una actuación científica aceptable, sino que los datos pueden ser interpretados, con la mayor rigurosidad posible, desde una teoría basada en la Biblia, y aceptar o rechazar las hipótesis, según sea el caso. Este modelo de interacción permite un diálogo constructivo entre la ciencia y la religión, exigiendo una rigurosidad científica de cada uno de sus métodos que servirán de base para una relación entre ambas.

     

    Modelo de relación fe y ciencia centrado en el ser humano

    La ciencia y la fe o religión, como conceptos tienen al hombre como el elemento integrador. El ser humano en sus dimensiones física, mental y espiritual es quien hace ciencia y quien manifiesta su religiosidad. No podría existir ciencia sin el hombre y la religión no tendría sentido sin él. Así que estos aparentes campos contrarios e irreconciliables tienen al hombre mismo, con todo lo que supone su integralidad, como el eslabón que las une.

    Un modelo que permita la interacción entre la ciencia y la religión puede mostrase en el siguiente clúster que, sustentado en el principio dialógico del pensamiento complejo, permite acercar ambas posturas encontrando en medio elementos comunes. Estos elementos son la racionalidad, la ética, los valores y el conocimiento. El centro de la relación está constituido por el ser humano integral quien desde sus tres dimensiones se involucra en la búsqueda del conocimiento científico. La ciencia está influenciada por las facultades física, mental y espiritual, a su vez la fe también es percibida por el ser humano integral. De esta manera, todo el ser del científico se involucra en la tarea científica.

    La ciencia es por naturaleza racional y la fe cristiana, como se mostró anteriormente, es razonada. Un científico debe mostrar una ética que fundamente su accionar independientemente que sea afín a una religión o prescinda de ella y los valores, elemento fundamental para hacer, en palabras de Morin, ciencia con conciencia. Finalmente, el conocimiento es también afín a ambos aunque con la diferencia de que en el campo de la ciencia el conocimiento es adquirido por un proceso de búsqueda sistemática y metodológica. En cambio en la fe, el conocimiento, si bien es también el resultado de un proceso de búsqueda, es en su esencia, revelado.

     

    El actual debate entre la fe y la ciencia sostiene que ellos no son incompatibles. Más aún, el pensamiento hebreo-cristiano se constituye en un elemento originador para el pensamiento racional y científico. Por tanto, un investigador cristiano, en cualquier área del conocimiento, no tiene que rechazar su fe o dejarla de lado cuando realiza su labor científica. Por el contrario, desde sus descubrimientos, puede contribuir al conocimiento del mundo desde una óptica cristiana.

     

    Notas

    1 Leonard. Brand, "Fe y razón en la historia de la tierra. Un paradigma de los orígenes de la tierra y de la vida mediante un diseño inteligente". Lima Perú. Universidad Peruana Unión. Ediciones Teologika. 1998,14.

    2 Edgar Morin, filósofo francés impulsor del pensamiento complejo, señala que el conocimiento siempre estará amenazado por el “error” y la “ilusión”, por consiguiente, las teorías científicas no están exentas del error. Será tarea de la educación identificar el origen de los errores y las cegueras. Edgar Morin. Los siete aberes necesarios para la educación del futuro. (Buenos Aires: Nueva Visión, 2002).

    3 Edgar Morin. El Método IV. Las ideas. Su hábitat, su vida, sus costumbres, su organización. (Madrid: Ediciones Cátedra. 1982), 88– 89.


    4 Se pueden citar a manera de ejemplos relatos como: la epopeya de Gilgamesh, el Popol Vuh, la mitología griega, etc.

    5 "En estos mitos, que en realidad son mayormente teologías y no cosmogonías, los mismos dioses aparecen como producto de la materia prima producida" Merling Alomía. "Génesis 1. ¿Qué dice realmente el texto? Theológika (Vol. XVIII, Na 1, 2003), 106 - 107. Por otra parte se puede señalar como un ejemplo reiterativo el culto al sol como reconocimiento de una deidad creadora y sustentadora. Esto se presenta en diversas culturas como la incaica, por dar un ejemplo cercano.

    6  El mejor ejemplo de ello es la mitología greco-romana que atribuye sentimientos y acciones humanas a los dioses.

    7 Alomía, Génesis 1. ¿Qué dice realmente el texto?, 108.

    8  Ben Clausen. A Believing Scientist Approaches The Sciences. (Loma Linda, EEUU, Geoscience Research Institute), 519. "Historians of science have suggested that the Judeo-Christian environment of western Europe and the belief in a monotheistic God were responsible for the development ofmodern science in that culture".

    9   Emilio N. Monti. "Irracionalidad y racionalidad en la relación fe y ciencia". Conflictos epistemológicos entre el conocimiento científico y el religioso. Compilado por William Darós y Fernando Aranda Fraga, (Libertador San Martín, Argentina: Universidad Adventista del Plata, 2009), 87.

    10 Monti, Ibid., 87.

    11 Ariel A. Roth. La ciencia descubre a Dios. Siete argumentos a favor de un Diseño Inteligente. (Madrid: Editorial Safeliz, 2009), 40.

    12  Ben Clausen y Gerald Wheeler. Génesis: Historia de los orígenes. (Florida, Argentina: Casa Editora Sudamericana, 2006), 22, 23.

    13   Juan Carlos Priora. La ciencia histórica y la fe: Una perspectiva trascendente para interpretar y enseñar la historia. Florida, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007,14.

    14 Datos obtenidos de Priora, La ciencia histórica y la fe.

    15 Premio Nobel de Física en 1923.

    16  S. Begley. "La ciencia encuentra a Dios" Newsweek (20 de junio de 1998), pp. 46 - 51. Trad. por el Dr. Roberto Biaggi.

    17 John Ashton. Em seis días. Por que 50 cientistas decidiram aceitara criaçâo. (Brasilia: Sociedad Creacionista Brasileira, 2010).

    18 Como ejemplo se puede citar el caso de Galileo y la teoría heliocéntrica.

    19   William Daros; Aranda, Fernando. "Delimitación del concepto ciencia" en Conflictos epistemológicos entre el conocimiento científico y religioso. (Libertador San Martín: Universidad Adventista del Plata, 2009), 17

    20 Humberto Mario Rasi. "El cristiano ante la fe y la razón". Diálogo universitario. 15 - 3, (2003), pp. 5 -9,16.

    21 Leonard Brand. En el Principio. La ciencia y la Biblia en la búsqueda de los orígenes. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), 152,153.

    22  Este principio, permite comprender que existen ideas que son opuestas y que se excluyen mutuamente; sin embargo, una persona tiene la capacidad de asociarlas, considerarlas dentro de la realidad contextual.

    23 Brand, En el principio, 155-156.

     

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