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    Revista de Investigacion Psicologica

    Print version ISSN 2223-3032

    Revista de Psicologia  no.19 La Paz  2018

     

    INVESTIGACIONES

     

    Sexismo ambivalente y su relación con la aceptación de mitos sobre la violencia sexual en una muestra de Lima

     

    Ambivalent sexism and its relationship with sexual violence myths acceptance in a sample of Lima

     

     

    Erika Janos Uribe1 & Agustín Espinosa Pezzia2
    1 Licenciada por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Pre docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Integrante del Grupo de investigación en Psicología Política y Social de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Correo electrónico.: ejanos@pucp.pe
    2 Doctor en Psicología Social por la Universidad del País Vasco, España, y graduado en Psicologia por la Pontifícia Universidad Católica del Perú. Profesor de la Facultad de Psicología y Coordinador del Grupo de investigación en Psicología Política y Social de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Correo electrónico.:agustin.espinosa@pucp.pe
    Fecha de entrega: 31 de enero de 2018 Fecha de dictamen: 12 de febrero de 2018

     

     


    Resumen

    La presente investigación analiza la relación entre el sexismo ambivalente y la aceptación de mitos sobre la violencia sexual, así como las diferencias en cuanto a variables sociodemográficas en una muestra de Lima (N= 304). Los resultados indican que el sexismo benevolente resulta el mejor predictor para la aceptación de mitos sobre la violencia sexual. De igual forma, los hombres, las personas de mayor edad y aquellas con menor nivel educativo presentan una mayor tendencia a la aceptación de mitos sobre la violencia sexual.

    Palabras Clave

    Sexismo ambivalente, mitos sobre la violencia sexual, roles de género, violencia sexual, sexismo benevolente.


    Abstract

    This research analyzes the relationship between ambivalent sexism and the sexual violence myths acceptance, as well as differences in sociodemographic variables in a sample of Lima (N = 304). The results indicate that benevolent sexism is the best predictor for acceptance of sexual violence myths. Additionally, men, older people and people with less education would be more likely to accept sexual violence myths.

    Key words

    Ambivalent sexism, sexual violence myths, gender roles, sexual violence, benevolent sexism.


    Resumo

    Esta pesquisa analisa a relação entre o sexismo ambivalente, a aceitação de mitos sobre a violência sexual e um conjunto de variáveis sócio-demográficas em uma amostra de pessoas da cidade de Lima-Peru (n=304). Os resultados indicam que o sexismo benevolente é o melhor preditor da aceitação dos mitos sobre a violência sexual. Além disso, as pessoas do gênero masculino, com maior idade e com menor nível educativo são aquelas que apresentam maior aceitação dos mitos sobre a violência sexual.

    Palabras-Chave

    Sexismo ambivalente, mitos sobre a violência sexual, roles de gênero, violência sexual, sexismo benevolent.


    Conflictos de interés: Los autores declaran que no existe conflicto de intereses.


     

     

    I. Introducción

    La violencia sexual puede definirse como la consumación o la tentativa de consumar todo acto sexual no deseado (Jewkes, Sen & Garcia-Moreno, 2002). Adicionalmente, este tipo de violencia también se expresa a través de actos cotidianos cuyo contenido violento suele pasar desapercibido o ser invisibilizado como en el caso del acoso sexual callejero, entendido como un conjunto de prácticas con un manifiesto carácter sexual, que incluyen frases, gestos, tocamientos, masturbación pública, exhibicionismo, seguimientos, entre otras (Janos & Espinosa, 2015; Vallejo & Rivarola, 2014).

    Dentro del espectro general de la violencia sexual, según la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres a nivel mundial han experimentado algún tipo de violencia sexual a lo largo de su vida (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2016). En relación a la expresión más cruda de violencia sexual, en el Perú, ocurren alrededor de 7000 violaciones al año (Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú [IOP], 2013). Sin embargo, se calcula que solo el 5% de las víctimas de violencia sexual llegan a presentar una denuncia (Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer [DEMUS], 2013). Además, surgen formas paralelas de violencia y en relación a ello el 52.8% de mujeres a nivel nacional reportaron haber sido víctimas de acoso sexual callejero (IOP-PUCP, 2016).

    La crítica, cuestionamientos y desestimación del acto de violencia, por parte de las autoridades y allegados, resulta una de las principales barreras para la presentación de la denuncia y la penalización del acto de violencia (Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad [MSSSI], 2015). Lo anterior también da lugar a un proceso de victimización secundaria en el que se responsabiliza a la víctima por el acto de agresión sufrido, llevando a un sentimiento de culpa y vergüenza (Campbell & Raja, 1999), y a la creación círculos viciosos en los que diferentes formas de violencia sexual se ven justificadas, normalizadas e incluso invisibilizadas. Así, parece ser que, en situaciones de violencia sexual, quienes perciben o se ven involucrados en el acto de denuncia (incluyendo a la víctima), emiten juicios sobre la víctima, el agresor y la situación de violencia sexual, minimizando el acto e incluso exonerando al perpetrador.

    Para entender la situación descrita, ciertas investigaciones han explorado el impacto del mantenimiento del llamado sistema patriarcal, el cual resulta dominante en la mayoría de sociedades incluyendo la peruana. Se entiende por sistema patriarcal a aquel que mantiene una relación jerárquica dentro de la sociedad en la que los hombres y lo masculino ocupan un espacio superior y dominante en contraposición a las mujeres y lo femenino (Cabral & García, 2000; Velásquez, 2003; Asiyanbola, 2005; Hirigoyen, 2006; Ramos, 2006; Fernández, 2007). Este tipo de sistema comprende componentes actitudinales, afectivos (e.g. Abrams et al. 2003; Viki & Abrams, 2002) y cognitivos (e.g. Suarez & Gadalla, 2010; Eyssel & Bohner, 2011; Gerger, Kley, Bohner & Siebler, 2013) los cuales parecen relacionarse al mantenimiento de inequidades de género y las expresiones de violencia sexual.

    Ahora, los componentes actitudinales antes mencionados pueden ser entendidos como prejuicio. De manera general, el prejuicio puede definirse como un sentimiento negativo o una actitud negativa hacia una persona o grupo de personas por su pertenencia a una categoría social específica (Allport, 1954; Stangor, 2000). La literatura psicosocial ha enfatizado la investigación del prejuicio en base a factores demográficos tales como la edad, la raza y el sexo, pues en tanto estas características visualmente accesible permiten categorizar a las personas (Fiske, 1998; Stangor, 2000). Observándose en el sexismo la expresión del prejuicio en base al sexo, y a su construcción social: el género.

    El sexismo ambivalente surge como un constructo actitudinal que soporta y legitima un sistema de inequidad entre grupos según género (Masser & Abrams, 1993; Glick & Fiske, 1997) y está compuesto por dos dimensiones actitudinales coexistentes que promueven el mantenimiento de los roles tradicionales de género con el fin de defender una estructura social patriarcal (Glick & Fiske, 1997; García-Leiva, Palacios, Torrico & Navarro, 2007).

    La primera dimensión, denominada sexismo hostil, es de corte agresivo y comprende actitudes violentas hacia las mujeres. Diferentes estudios han encontrado una relación entre la ideología conservadora, y el sexismo hostil, dando cuenta de una motivación base de dominación intergrupal y soporte a las jerarquías sociales en el mantenimiento de este tipo de prejuicio (Christopher & Mull, 2006; Sibley, Overall & Duckitt, 2007). En relación a lo anterior, esta expresión abierta de hostilidad tiende a relacionarse con la atribución de la culpabilidad a las víctimas, mayormente mujeres, en situaciones de violencia sexual (Viki y Abrams, 2002; Abrams, Viki, Masser & Bohner, 2003), favoreciendo la imagen positiva del perpetrador, desestimando los actos de violencia y manteniendo aquella relación jerárquica de dominancia masculina que supone el sistema patriarcal.

    Sin embargo, las expresiones modernas de prejuicio no siempre son hostiles, por lo que surge de manera complementaria la idea de un sexismo benevolente la cual otorga a las mujeres cualidades afectivas y altruistas complementarias al hombre, así como también le atribuye una debilidad natural frente al mismo (Glick & Fiske, 1997). Este tipo de sexismo ha sido vinculado a una postura ideológica autoritaria cuya motivación se desprende de la búsqueda de seguridad y un alto grado de convencionalismo, que es manifestado a través de la disposición a preservar y defender convenciones sociales y representaciones de género tradicionales (Rottenbacher, Espinosa & Magallanes, 2011). A pesar de que las actitudes sexistas benevolentes a menudo no suelen ser vistas de manera negativa pues se perciben como prosociales (Glick & Fiske, 1996), esta forma de sexismo también se asocia a la atribución de la culpabilidad de la víctima en situaciones de violencia sexual; sin embargo, esta atribución tiende a presentarse en situaciones específicas como, por ejemplo, cuando la víctima no cumple con las representaciones estereotípicas de género y por tanto la necesidad de mantenimiento de la tradición se ve vulnerada (Viki & Abrams, 2002; Abrams et al, 2003; Espinoza-Ornelas, Moya & Willis, 2015).

    Siguiendo la misma línea, el mantenimiento del sistema patriarcal funciona también como soporte para la aceptación de un conjunto de representaciones estereotípicas y creencias erróneas o distorsionadas acerca de la víctima, el agresor y las circunstancias relacionadas a un acto de violencia sexual que pueden ser entendidas, en conjunto, como mitos sobre la violencia sexual (Burt, 1980).

    Sociedades patriarcales promueven el mantenimiento de mitos sobre la violencia sexual en base a dos dimensiones estereotípicas predominantes relacionadas a las mujeres, (1) por un lado se representa a las mujeres como seres frágiles, vulnerables, pasivos, dependientes del hombre y de sus deseos (Janos & Espinosa, 2015), representación que se asocia al sexismo benevolente (Abrams et al, 2003; Chapleau, Oswald y Russel, 2007), y (2) por otro lado, se le encuentra seductora, provocativa, incitadora de cualquier tipo de acto sexual (Janos & Espinosa, 2015), representación que se asocia al sexismo hostil (Abrams et al, 2003; Chapleau, Oswald y Russel, 2007). En contrapartida, dentro del mismo contexto existen estereotipos que muestran al hombre como un ser dominante, cuyos deseos e impulsos no pueden ser contenidos (Janos & Espinosa, 2015).

    Es así como los mitos alrededor de lo femenino, lo masculino y la propia violencia sexual, así como también los componentes afectivos que suponen el sexismo ambivalente, pueden suponer herramientas de silenciamiento, normalización e invisi-bilización de la violencia; lo cual no solo impide la comprensión de la magnitud de su impacto en la vida de las víctimas, sino también impide la posibilidad de penalización de la violencia (Velázquez, 2003).

    Sin embargo, a pesar de las altas cifras que el Perú mantiene en lo que respecta a la violencia sexual, la aceptación de mitos sobre la violencia sexual, así como su relación con el sexismo ambivalente resultan espacios inexplorados; es por ello que esta investigación abordó el estudio de la relación entre el sexismo ambivalente y la aceptación de los mitos sobre la violencia sexual, así como factores demográficos vinculantes (edad, género y nivel educativo) (Klein, Kennedy, & Gorzalka, 2008; Malamuth, 1983; Suarez & Gadalla, 2010). En este sentido se considera que podría brindar un punto de partida para la compresión del mantenimiento de estos últimos en el imaginario social. Como segundo objetivo se pretende explorar la estructura de la escala de aceptación de mitos sobre la violencia sexual creada para la presente investigación en base al estudio cualitativo de Janos y Espinosa (2015).

     

    II. Metodología

    Participantes

    En este estudio participaron 304 personas con edades comprendidas entre los 18 y los 57 años (M = 23.8; DE = 7.4), de los cuales 169 fueron mujeres y 135 fueron hombres, residentes de Lima Metropolitana. En cuanto al nivel educativo, 188 contaban con educación universitaria incompleta o más, y 116 iban desde la primaria completa a la superior técnica.

    Instrumentos

    Inventario de Sexismo Ambivalente (Glick yFiske, 1996)

    Se utilizó la versión adaptada en Perú por Rottenbacher (2012). Conformada por 20 ítems que expresan, mediante las subescalas de sexismo hostil y sexismo benévolo, creencias acerca de los roles de género tanto de los hombres como de las mujeres. La opción de respuesta es una escala tipo Likert con 5 opciones de respuesta en la que 1 (totalmente en desacuerdo) y 5 (totalmente de acuerdo). Ambas dimensiones mostraron una confiabilidad alta en el presente estudio, siendo a = .86 para el sexismo hostil (e.g. Un hombre debe establecer límites claros a las mujeres de su casa) y a = .81 para el sexismo benevolente (e.g. Un hombre sólo puede compartir sus miedos con la mujer que ama).

    Aceptación de Mitos sobre la Violencia Sexual

    Sobre la base de los resultados de un estudio cualitativo el cual explora los mitos y creencias alrededor de la violencia sexual en el contexto peruano (Janos & Espinosa, 2015), se construyó una prueba conformada por 20 ítems relacionados con la aceptación de mitos sobre la violencia sexual. La opción de respuesta es una escala tipo Likert que va desde 1 (totalmente en desacuerdo) hasta 4 (totalmente de acuerdo). Una alta puntuación se asocia a una alta aceptación de mitos sobre la violencia sexual lo que significaría una mayor predisposición a asumir como verdaderas representaciones distorsionadas de la violencia en función a sus actores, contexto y la misma situación de violencia. Para asegurar la validez de contenido, esta escala fue evaluada por un jurado de expertos. Adicionalmente, fue probada en un piloto conformado por participantes peruanos residentes en Lima entre 18 a 60 años. Los contenidos de la escala se aprecian en la Tabla 1.

    Ficha de datos sociodemográficos

    Se creó una ficha de datos sociodemográficos que incluían información sobre los participantes que era relevante para el estudio como edad, sexo y nivel educativo.

    Procedimiento

    Se contactó a los participantes de manera individual en función de su disponibilidad y voluntad para participar de este estudio. Se les informó de la naturaleza del mismo y posteriormente se les entregó el consentimiento informado para la firma correspondiente.

     

    III. Resultados

    Estructura de la escala de Mitos sobre la Violencia Sexual.

    Para analizar la escala de mitos sobre la violencia sexual se efectuó un análisis factorial exploratorio (KMO = .903, p < .001). El método de extracción fue el de componentes principales y el método de rotación fue Varimax con normalización de Káiser. De este análisis factorial se obtuvieron dos factores que explican el 44.98% de la varianza y cuya descripción aparece en la Tabla 1.

    Se generaron dos factores: Un primer factor de "Mitos sobre el papel de la mujer" (MSPM) (a = .90), formado por 11 enunciados referidos a la culpabilidad de la víctima y la imposibilidad de las mujeres de ser agresoras y un segundo factor denominado "Mitos sobre aspectos físicos de la violencia sexual y el papel del hombre" (MSPH) (a = .76), que agrupa 9 enunciados que se refieren al papel del hombre como agresor, la imposibilidad de que sea víctima y la necesidad de violencia física en relación a la violencia sexual.

    Niveles de sexismo ambivalente y aceptación de mitos sobre la violencia sexual.

    Con la intención de identificar la dimensión de sexismo ambivalente predomínate en la muestra, se realizó una prueba T de student para muestras relacionadas que demostró que es el sexismo benevolente la dimensión con mayor nivel de acuerdo; a través de la misma prueba se halló que, en relación a la aceptación de mitos sobre la violencia sexual, son los mitos sobre aspectos físicos de la violencia y el papel del hombre los más aceptados por participantes de este estudio (Tabla 2).

     

    Diferencias en los niveles de sexismo ambivalente y la aceptación de mitos sobre la violencia sexual

    En relación al sexo, se encontraron diferencias significativas en el grado de aceptación de mitos sobre el papel de las mujeres, el cual fue mayor en los hombres. Así también, se encontraron diferencias significativas correspondientes a los niveles de sexismo ambivalente, en los que serían los hombres quienes puntuarían más tanto en la dimensión de sexismo benevolente como la hostil (Tabla 3).

    Por otro lado, fueron aquellos con menor grado de instrucción (primaria completa a técnica) quienes presentaron una mayor aceptación de mitos sobre la violencia sexual un mayor grado de aceptación de los mitos sobre aspectos físicos de la violencia y el papel del hombre, y también puntuarían más en ambas dimensiones del sexismo benevolente. (Tabla 4).

    Relación entre el sexismo ambivalente y la aceptación de mitos sobre la violencia sexual.

    En la Tabla 5 se puede ver la relación entre los componentes de la aceptación de mitos sobre la violencia sexual, los del sexismo ambivalente y la edad, tomando en cuenta todos los participantes del estudio. Tabla 5

    Relación entre las dimensiones de la aceptación de mitos sobre la violencia sexual, el sexismo ambivalente y la edad.

    Como se aprecia, se muestran correlaciones significativas con efectos pequeño, medianos (.30 < |r| < .50) y con efectos grandes (.50 < |r| < 1) según los criterios establecidos por Cohen (1988). Entre ellas resaltan las correlaciones significativas con efectos grandes se dan entre: sexismo hostil y sexismo benevolente; entre sexismo hostil y mitos sobre el papel de la mujer; entre sexismo benevolente y mitos sobre el papel de la mujer; entre sexismo benevolente y mitos sobre aspectos físicos de la violencia sexual y el papel del hombre; y entre mitos sobre el papel de la mujer y mitos aspectos físicos de la violencia sexual y el papel del hombre.

    En relación a los resultados anteriores, con el fin de explicar la influencia del Sexismo Ambivalente en la Aceptación de mitos sobre la violencia sexual se elaboró un modelo de regresión lineal. Se propone un modelo que explica el 48.5% de la varianza de la aceptación general de mitos sobre la violencia sexual, R2=.485, F(1.278)=263.53, p<.01 se encontró que el sexismo ambivalente (p = .55, t = 16.23, p < .01) resulta un predictor adecuado para la aceptación de mitos sobre la violencia sexual.

    Por su parte, en la Tabla 6 se puede comprobar que el sexismo benevolente resulta el mejor predictor tanto para la aceptación de mitos sobre el papel de la mujer como para los mitos sobre el papel del hombre y aspectos físicos de la violencia en el caso de las mujeres.

    Por último, en la Tabla 7 se puede comprobar cómo el sexismo benevolente es el mejor predictor para la aceptación de mitos sobre el papel de la mujer, mientras que el sexismo hostil resulta un mejor predictor para la aceptación de mitos sobre aspectos físicos de la violencia sexual y el papel del hombre en el caso de los hombres.

    IV. Discusión

    Uno de los objetivos del presente estudio fue explorar la estructura de la Escala de aceptación de mitos sobre la violencia sexual creada a partir de los resultados de un estudio cualitativo de Janos y Espinosa (2015); la cual obtuvo una consistencia global buena, mostrando dimensiones bien definidas. La primera dimensión recoge mitos asociados a la atribución de la responsabilidad a las mujeres en casos de violencia, así como también la imposibilidad de que sean las mujeres las agresoras.

    Este conjunto de mitos sostiene una imagen benevolente en la que la delicadeza y sumisión atribuida a las mujeres impediría que esta se convierta en agresora, mientras que cuando estas características son trasgredidas se justificaría el que sean víctimas de violencia atribuyéndoles la culpa.

    Por otro lado, la segunda dimensión contiene mitos que reflejan la creencia de que la violencia sexual solo puede ser entendida como tal si contiene elementos de agresión física, además de contener elementos de atribución externa que justifican el ejercicio de la violencia por parte de los hombres. Esta dimensión recoge mitos asociados a un sexismo de corte más hostil, en el que se refuerza una posición de poder masculino, desestimando además formas de violencia utilizadas como herramientas cotidianas de dominación. Cabe resaltar que es esta segunda dimensión la predominante en la muestra, por lo que la justificación de actos de violencia sexual estaría más asociada a una desestimación de distintas formas más de violencia entendidas como más cotidianas y a la aceptación de características asociadas al rol masculino que justificarían el ejercicio de la violencia sexual.

    En cuanto a la relación entre la aceptación de mitos sobre la violencia sexual y el sexismo ambivalente, los resultados obtenidos ponen de manifiesto que el sexismo benevolente resulta el mejor predictor para la aceptación de mitos sobre la violencia sexual, cabe resaltar que fue también esta dimensión del sexismo ambivalente la predominante en la muestra.

    Este resultado concuerda con las lecturas modernas sobre el prejuicio, las cuales establecen que actualmente la manifestación abierta de prejuicios se sanciona socialmente (Masser & Abrams, 1993; Glick & Fiske, 1997), por lo que es entendible que sean expresiones benevolentes, las cuales reconocen características "positivas" en las mujeres, las más aceptadas en este contexto, proveyendo así una base para la aceptación de mitos y justificación de la violencia sexual.

    Otro de los objetivos era identificar las diferencias en el nivel de aceptación de mitos sobre la violencia sexual de acuerdo a factores demográficos vinculantes como el sexo, edad y nivel educativo. Así, en relación a las diferencias en función del sexo, se encontró una mayor aceptación general de mitos sobre la violencia sexual en los hombres. Este dato es congruente con el de otras investigaciones, como la de Suarez & Gadalla (2010), en la que se asocia esta mayor tendencia a la aceptación de mitos sobre la violencia sexual en los hombres con una experiencia menor con situaciones de violencia y una menor identificación con la víctima (quienes en su mayoría serían mujeres). Este menor grado de identificación con situaciones de violencia sexual podría también explicar la baja aceptación por parte de los hombres de los ítems referidos a situaciones de violencia sexual que no involucran contacto físico (Janos & Espinosa, 2015).

    También se encontró que la aceptación de mitos sobre aspectos físicos y el rol del hombre tendrían como mejor predictor el sexismo hostil en los hombres, resultado congruente con los encontrados en otras investigaciones (e.g. Glick, Diebold, Bailey-Werner & Zhu, 1997). La relación entre este componente del sexismo ambivalente y el mantenimiento de mitos sobre aspectos físicos y el rol del hombre podría asociarse a una mayor intención por parte de los hombres de mantener los roles de género tradicionales y justificar, para ello, actos de dominación masculina.

    Sin embargo, componente de aceptación de mitos sobre aspectos físicos y el rol del hombre, incluye mitos referidos a los factores externos que influyen en las acciones del agresor (manipulación de la mujer, consumo de drogas, etc.), de forma que, aunque se pretende mantener los roles de género tradicionales, cuando estos se asocian a una imagen negativa (perpetrador) entran en juego elementos de atribución externa que permiten la preservación e identificación con el rol apreciado. Este fenómeno es consistente con los resultados de Rollero & Fedi, (2012), quienes encontraron que los hombres suelen describirse y aceptar características colectivas excepto cuando actitudes hostiles son asociadas al grupo con el que se identifican.

    En el caso de las mujeres, el sexismo benevolente resulta el mejor predictor para la aceptación de mitos sobre el rol de la mujer. Ello podría sugerir cierto deseo de las mujeres de conservar los roles tradicionales relacionados a características favorables para ellas. El sexismo benevolente sugiere que las mujeres poseen características positivas que serían, además, un complemento para el bienestar masculino. Este soporte al "machismo bueno" brindaría la ilusión de una posición "beneficiosa" dentro de la sociedad. La imagen de las mujeres víctimas de violencia sexual transgredirían estas características (Janos & Espinosa, 2015), lo cual crearía una situación ambigua y de rechazo hacia ellas, que permitiría expresar creencias sexistas que justifican la agresión y culpan a la víctima (Frese, Moya, & Megías, 2004). Esta relación, sugeriría lo que Ross (1977), llamó error fundamental de atribución, que permitiría alejar la posibilidad de identificarse con la víctima, atribuyéndole la culpa, pues trasgrede el rol tradicional de buena mujer, y al mismo tiempo permitiría identificarse con ese rol positivo.

    Por otro lado, se encontró una mayor tendencia a la aceptación de mitos sobre la violencia sexual en los participantes de mayor edad, resultados que van en la línea de los obtenidos por otros autores y que indican una mayor aceptación de los roles tradicionales en personas de mayor edad (Rodríguez-Espartal & López-Zafra, 2009, 2010). Esta relación se atribuye a una interacción entre la edad y una mayor rigidez cognitiva, de tal forma que personas con un estilo cognitivo más rígido tenderían a ser menos tolerantes a la ambigüedad y vulneración de lo tradicional en el entorno social (Jost, Glaser, Krulanski, & Solloway, 2003; Van Hiel, Onraet & De Pauw, 2010).

    Por último, y en relación al nivel educativo, se encontró que aquellos con menor nivel educativo tienden a una mayor aceptación de mitos sobre la violencia sexual. Este resultado es consistente con el de otras investigaciones que han encontrado que un mayor nivel de educación se encuentra asociado a un menor mantenimiento de todo tipo de pejuicios (Rodríguez-Espartal & Lopez-Zafra, 2009, 2010; Suarez & Gadalla, 2010). Por lo que la educación parecería funcionar como un factor protector ante la aceptación de mitos sobre la violencia sexual.

     

    V. Conclusión

    En términos generales, podemos sostener que a pesar de que las actitudes sexistas benevolentes a menudo no suelen ser vistas de manera negativa en la sociedad en general, ya que reconocen atributos favorables en las mujeres y su relación con los hombres (Glick & Fiske, 1996), el sexismo benevolente parece funcionar como la antesala a expresiones de mayor hostilidad, justificando la violencia cuando se presenta una trasgresión de los roles tradicionales femeninos. Así, el presente estudio demuestra que el mantenimiento de esta forma de sexismo no solo tendría efectos negativos con graves consecuencias para el tratamiento y la evaluación de situaciones de violencia sexual, si no que además la fomentaría. Ante esta situación, es importante resaltar que distintos grados de experiencia y sensibilización, incluso mediante la educación, podrían funcionar como factores protectores ante la aceptación de mitos sobre la violencia sexual.

     

    Referencias bibliográficas

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