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    Revista de Investigacion Psicologica

    Print version ISSN 2223-3032

    Revista de Psicologia  no.19 La Paz  2018

     

    INVESTIGACIONES

    Cultura política en un
    escenario electoral de polarización en Argentina

     

    Political culture in an electoral
    polarization scenario in Argentina

     

     

    Daniela Alonso1 & Silvina Brussino2
    Fecha de entrega: 26 de enero de 2018 Fecha de dictamen: 7 de marzo de 2018

     

     


    Resumen

    Este artículo aborda la cultura política de ciudadanos/as de Córdoba en un escenario de polarización. El objetivo principal es conocer las características de la ciudadanía en función variables del ámbito psico-político y sus diferencias en función de la preferencia electoral. Se examinaron dos grupos de ciudadanos: aquellos que votaron por el actual presidente argentino, Mauricio Macri y quienes lo hicieron por su opositor, Daniel Scioli. La muestra estuvo compuesta por 455 cordobeses/ as entre 18 y 70 años (M=37,3). Se midieron variables vinculadas a la confianza política (confianza en actores políticos; percepción de corrupción, cinismo político y justicia); percepción del contexto sociopolítico (clima socioemocional, percepción de anomia) variables ideológicas (RWA, SDO, creencia en un mundo justo, tolerancia política, autoposicionamiento ideológico), valores psicosociales, aspectos cognitivos (interés, conocimiento y eficacia política), capital social (confianza social y participación) y actitudes hacia la democracia. Los resultados dieron cuenta de diferencias significativas entre estos grupos: los votantes de Macri manifestaron ideologías más conservadoras, mayor cinismo, desconfianza y actitudes más negativas hacia actores tradicionales de la política; mientras que valoraron positivamente el contexto social y el gobierno actual.

    Palabras Clave

    Clima político, cultura política, legitimidad política, polarización política, voto


    Abstract

    This paper assesses the political culture of citizens from Córdoba in a political polarization scenario. The main objective isto explore its characteristics in terms of a set of psycho-political variables and their differences depending on the electoral option. Two groups of citizens were examined: those who voted for the current Argentinian president, Mauricio Macri, and those who voted for his opponent, Daniel Scioli. The sample consisted of 455 citizens from Córdoba, between 18 and 70 years old (M = 37.3). We measured variables related to political trust (trust in political actors, corruption perception, political cynicism and justice), perception of the socio-political context (socio-emotional climate, anomie perception) ideological variables (RWA, SDO, belief in ajustworld, political tolerance, ideological selfpositioning), psycho-social values, cognitive aspects (political interest, knowledge and efficacy), social capital (social trust and participation) and attitudes towards democracy. The results showed significant differences between these groups. Macri's voters showed more conservative ideologies, greater cynicism, distrust and more negative attitudes towards politics' traditional actors; while they positively valued the social context and the current government.

    Keywords

    Political climate, political culture, political legitimacy, political polarization, vote


    Resumo

    Este artigo estuda a cultura política dos cidadãos de Córdoba em um cenário de polarização. Assim, seu principal objetivo é conhecer as características da cidadania através de variáveis da esfera psico-política e suas diferenças, dependendo da opção eleitoral na segunda rodada. Foram examinados dois grupos de cidadãos: aqueles que votaram no atual presidente argentino, Mauricio Macri e aqueles que votaram em seu oponente, Daniel Scioli. A amostra consistiu de 455 cidadãos cordobesos entre 18 e 70 anos (M = 37,3). Nós medimos variáveis de confiança política (confiança nos atores políticos, percepção de corrupçãom, cinismo político ejustiça), percepção do contexto sócio-político (clima socio-emocional, percepção de anomia) variáveis ideológicas (RWA, SDO, crença em um mundo justo, tolerância política, autoposicionamento ideológicos), valores psicossociais, aspectos cognitivos (interesse e conhecimento e eficácia política), capital social (confiança social e participação) e atitudes em relação à democracia. Os resultados mostraram diferenças significativas entre esses grupos. Os eleitores de Macri manifestaram ideologias mais conservadoras, maior cinismo, desconfiança e atitudes mais negativas em relação aos atores tradicionais da política; enquanto valorizaram positivamente o contexto social e o atual governo.

    Palavras-Chave

    Clima político, cultura política, legitimidade política, polarização política, voto


    Conflictos de interés: Las autoras declaramos que no existe conflicto de intereses.


     

     

    I. Introducción

    Las elecciones presidenciales de octubre de 2015 constituyeron un hito en la política argentina contemporánea por dos razones principales: por un lado, se trató del primer presidente electo no perteneciente a ninguno de los dos partidos tradicionales (Partido Justicialista y Unión Cívica Radical) desde la primera presidencia de Juan Domingo Perón en 1946 y, por el otro, fue la primera vez que se efectivizó una segunda vuelta electoral (ballotage). Además, esto sucedió luego de 12 años de gobierno de un mismo signo político y en un clima de gran polarización, donde -sin embargo- ni el armado de los partidos políticos ni las identidades políticas son estables. Así, los partidos políticos han dejado de ser espacios orientados por principios ideológicos, dificultando al electorado "ordenar" el mapa político en estos términos, habilitando nuevas identidades centradas en la imagen personal de los dirigentes (Caruncho & Aiassa, 2015). De este modo, no necesariamente se desestima el rol de las identidades políticas en comportamientos políticos como el electoral, sino que se señala que son identificaciones menos estables; cada vez menos centradas en anclajes políticos tradicionales y más vinculadas a aspectos coyunturales, temas (issues) y características personales de los líderes políticos (Bennet, 2012).

    El candidato que resultó finalmente electo presidente, Mauricio Macri, representaba al partido Pro (Propuesta Republicana) en la alianza Cambiemos; un partido de centroderecha surgido en Capital Federal luego de la crisis de 2001. Macri llegó a la política siendo empresario y dirigente de un club de fútbol y fue jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (Murillo, Rubio & Magonnet, 2016). Así, el actual presidente se identifica a sí mismo con la renovación que se reclamaba en 2001, distanciándose de la idea tradicional de política; personificando la figura de un outsider (Mauro & Brusco, 2016). Por su parte, el candidato oficialista Daniel Scioli podría también ser un outsider, en tanto se involucró en política a partir de su carrera deportiva. Sin embargo, Scioli tiene una trayectoria de participación en el partido justicialista, fue vicepresidente de Néstor Kirchner y gobernador de la provincia de Buenos Aires, lo cual lo vincula a la política partidaria tradicional.

    En la coyuntura electoral de 2015, Daniel Scioli representaba la continuidad con el gobierno kirchnerista, aunque su relación con este partido fue siempre ambivalente y discursivamente destacaba sus diferencias ("continuidad con cambio"). Esto último buscaría atraer a un electorado que, acordando con muchas políticas del gobierno kirchnerista, manifestaba disconformidad con su estilo. Por su parte, Mauricio Macri representaba una opción abiertamente de centroderecha, identificada con una idea tecnocrática de la política y con un mensaje sustentado en el optimismo, la esperanza, el trabajo en equipo y el cambio (Lupu, 2016). En este sentido, en la propuesta de Macri se expresa una visión "modernizante" que reniega de la política tradicional y se plantea como pos-ideológico (en tanto nuclea distintas expresiones) (Vommaro, 2016).

    Más allá de estas diferencias y del clima político-mediático de polarización, la ciudadanía no parecía identificar una distancia ideológica entre los candidatos. Al respecto, Lupu (2016) señalaba que los ciudadanos argentinos adscribieron un posicionamiento ideológico casi idéntico a ambos, ubicándolos ligeramente hacia la derecha desde el centro. Esto parecía consistente con la idea de que son los candidatos y no los programas políticos o ideológicos los que configuran la opción electoral en contextos como el argentino (Caruncho & Aiassa, 2015). Además, Córdoba representó un estudio de caso en este contexto, en tanto fue el distrito donde la diferencia entre los candidatos fue mayor, alcanzando un 43%; mientras que a nivel nacional alcanzaba apenas a un 2,7%.

    En resumen, damos cuenta de un contexto político-mediático de gran polarización que, si bien se refleja en el resultado electoral a nivel nacional, adquiere otra dinámica en el contexto de Córdoba. Además, señalamos que se trata de una opción electoral limitada en situación de ballotage donde la opción puede no coincidir con la preferencia inicial del electorado. Conjuntamente, se trata de dos candidatos percibidos como ideológicamente similares, aunque ubicados en polos opuestos del mapa político actual. En este marco, nos interesa conocer si las preferencias electorales configuran efectivamente adscripciones ideológicas e identitarias diferenciales, así como diferencias en las actitudes hacia objetos sociales y políticos, teniendo en cuenta su relevancia para el desarrollo de los sistemas políticos.

    Es la noción de cultura política la que nos provee un marco interpretativo amplio para dar cuenta de estas inquietudes. Este concepto, de carácter polisémico, ha sido profusamente investigado desde distintas perspectivas disciplinares, incluyendo las ciencias políticas, la sociología, antropología y la psicología política. Una de las inquietudes fundamentales que subyace a esta línea de investigación radica en identificar qué características de la ciudadanía hacen que los regímenes democráticos sobrevivan y se desarrollen (Dalton & Welzel, 2014). La mayoría de los estudios que abordan esta temática ubican sus orígenes principalmente en el clásico trabajo de Almond y Verba (1963) quienes la comprenden como orientaciones y actitudes de carácter político hacia las estructuras o roles del sistema político, pero también hacia sus ocupantes, decisiones y políticas públicas. Además, estas comprenden orientaciones tanto cognitivas, como afectivas y evaluativas.

    Consecuentemente, los autores presentaron un abordaje amplio de la cultura política que incluye variables como el nivel de conciencia e información sobre asuntos políticos, sentimientos hacia el sistema político y el gobierno, sentimientos de deber cívico, eficacia y competencia política, participación, valores democráticos y variables vinculadas a las relaciones sociales/capital social (Almond & Verba, 1963). Según Dalton y Welzel (2014), este modelo conlleva una perspectiva normativa de la cultura cívica, asentada en una idea de ciudadanía relativamente pasiva, con una participación modesta, principalmente convencional y leal al sistema político. Sin embargo, en los estudios de Inglehart y colaboradores, asentados en una perspectiva de posmodernización, la evidencia sugeriría una ciudadanía más asertiva (Inglehart, 1990; Inglehart & Welzel, 2005; 2010). Según esta perspectiva, en las democracias establecidas se estarían produciendo cambios en los sistemas de valores, dando cuenta de una ciudadanía más crítica.

    Al respecto, Inglehart y Welzel (2005) sostienen que, en la medida en que las sociedades alcanzan un grado mayor de desarrollo, pudiendo garantizar las necesidades básicas a la mayoría de las personas, los valores dominantes se mueven de intereses materialistas (subsistencia material, bienestar económico, seguridad) a otros posmaterialistas (libertad, igualdad social, derechos, autoexpresión). Además, estas transformaciones jugarían un importante rol en los procesos de democratización. Consecuentemente, identifican en un conjunto de actitudes que enfatizan aspectos como la libertad, la tolerancia a la diversidad, la confianza interpersonal, satisfacción con la vida y participación, lo que denominan valores de autoexpresión (Inglehart, 1990; Inglehart & Welzel, 2005; 2010). Este conjunto de actitudes sería propio de las sociedades industriales modernas y estaría en la base de una cultura política democrática más asertiva. En este sentido, en lugar de identificar las caídas en los niveles de confianza y aceptación pasiva de la institucionalidad política y sus resultados con una crisis de legitimidad, señalan el impacto positivo de estas actitudes críticas sobre la calidad y estabilidad de las democracias.

    En consecuencia, identificamos aquí dos visiones de la cultura política democrática. Una de ellas destaca la vinculación positiva y relativamente pasiva con el sistema político. enfatizando en indicadores vinculados a la confianza, las orientaciones hacia el sistema político en general y los partidos políticos en particular y la participación moderada y convencional; mientras que la otra identifica una ciudadanía más activa y se asienta principalmente en las bases sociales de la cultura democrática, enfatizando en aspectos como valores y relaciones interpersonales e intergrupales.

    Adicionalmente, en el contexto argentino, Jorge (2015) identifica dos esferas principales de elementos que constituyen a la noción de cultura política: por un lado, aquellos que refieren directamente a cuestiones políticas (como la confianza institucional) y, por el otro, rasgos más generales de la cultura que influyen son la esfera política (como, por ejemplo, las concepciones acerca de diferencias intergrupales) (Jorge, 2015). Así, damos cuenta de que no sólo son relevantes las actitudes directamente políticas, sino también los marcos ideológicos más amplios.

    En resumen, aunque difieran en el alcance y algunos de sus elementos, los enfoques coinciden en la multidimensionalidad de la cultura política, en su carácter cambiante y su importancia para el desarrollo de las democracias, tanto en contextos donde éstas se encuentran establecidas, como en aquellos en proceso de democratización (Dalton & Welzel, 2014). Tal como lo señala Jorge (2010): "las ideas, valores y conductas de la gente común tienen una influencia decisiva en el rumbo de las democracias" (p. 19). En este sentido, esta noción brinda un marco interpretativo a nuestras variables, reconociendo la necesidad de comprenderlas como elementos interrelacionados, que no son permanentes y no se distribuyen homogéneamente en la ciudadanía, sino que hay formas variadas de cultura con diferentes implicaciones para el sistema político (Dalton & Shin, 2014). Al respecto, Jorge (2010) señala que compartir una cultura raramente va a implicar compartir todo un sistema de valores, sino que las personas van a elegir qué aspectos del repertorio cultural priorizan. Esto habilita una perspectiva orientada a la identificación de las diferencias al interior de las democracias en función de características grupales.

    En términos generales, a partir de datos tanto de Latinobarómetro (Corporación Latinobarómetro 2010) como de la sistematización de los mismos que provee Jorge (2010) -a la que suma los aportes de la encuesta mundial de valores- podemos mencionar algunas características generales de la cultura política argentina vinculadas a las variables que forman parte de nuestro análisis. Argentina es uno de los países de la región con actitudes más positivas hacia la democracia y mejores indicadores de confianza institucional e interpersonal. Aun así, estos se ubican históricamente en niveles muy bajos, combinados con una percepción de corrupción política generalizada. Así, si bien el apoyo a la democracia manifiesta una ligera tendencia a la baja, aún se ubica en un 67%; significativamente más alto que la satisfacción con su funcionamiento que recoge apenas un 38% de apoyo (Corporación Latinobarómetro, 2017). Por su parte, la percepción de corrupción política ronda un 75% y no ha variado significativamente en los últimos 20 años; siendo el gobierno y la justicia las instituciones percibidas como más corruptas.

    En relación con esta pobre valoración del funcionamiento del sistema político y las instituciones, se estudian no sólo los niveles de confianza política, sino también su contracara expresada en la noción de cinismo político. Este aspecto nos permite recuperar el sentimiento de desconfianza y escepticismo generalizado, asociado mayormente a la corrupción, pero no vinculada exclusivamente a un actor o institución en particular sino con la política en general (Jorge, 2010). En el contexto local, los niveles de confianza política son bajos, siendo la confianza en el gobierno la que manifiesta las mayores fluctuaciones en función de su alternancia (desde un 4% sobre el final del gobierno de De la Rúa hasta un pico de 45% en 2003 cuando asume Néstor Kirchner). Para 2017, los niveles de confianza en el Gobierno en Argentina fueron del 32%, en el Congreso del 28% y en los partidos políticos del 18% (Corporación Latinobarómetro, 2017). Una de las razones que se señala en la base de estas fluctuaciones tiene que ver con los ciclos económicos, en tanto impacten en el bienestar subjetivo de la población. Al respecto, Jorge (2016) señala que no es el desarrollo económico el que impacta directamente en las instituciones políticas y la democracia, sino que lo hace a través de los cambios que produce en la estructura social y la cultura política.

    Además, creemos relevante recuperar otros elementos del contexto relacionados al bienestar social y personal: el clima socioemocional y la percepción de anomia. Respecto del primero, no refiere a la suma de las emociones individuales, sino que da cuenta de un afecto colectivo generado por los modos en que los individuos interactúan entre sí en una sociedad (Muratori & Zubieta, 2015). Se trata así de un hecho social que implica que las emociones predominantes en un período sociopolítico determinado impregnarán las relaciones sociales (Páez Ruiz, Gailly, Kornblit, Wiesenfeld & Vidal, 1997). Además, esta variable se relaciona a otras como la confianza institucional, la percepción de problemas sociales, el bienestar personal y social e, inclusive, el autoposicionamiento ideológico (Muratori & Zubieta, 2015; Zubieta, Muratori & Mele, 2012). Por su parte, la percepción de anomia remite al correlato subjetivo de condiciones sociales de desregulación y ausencia de normas claras; siendo un constructo que articula elementos macrosociales y macropolíticos con aspectos individuales. Las condiciones sociales de anomia se han asociado a otros aspectos de la cultura política que también contemplamos como la alienación, el cinismo y la impotencia política, la inobservancia de normas y la corrupción (Cichocka & Jost, 2014; Parales-Quenza, 2008).

    En lo que respecta a las bases sociales de la democracia, la literatura ha dado cuenta de una asociación entre los niveles de confianza interpersonal -como uno de los indicadores del capital social- y la estabilidad y calidad de las democracias (Inglehart & Welzel, 2003; Zmerli & Newton, 2008). En este sentido, se entiende que es el entramado social el que "da cuerpo" y sustenta a la democracia, facilitando vínculos de cooperación y respuesta conjunta a problemas comunes (Jorge, 2010). Este indicador es poco alentador en la región con un 14% promedio, el más bajo desde que comenzó a medirse en 1996 (Corporación Latinobarómetro, 2017). En Argentina, se ubica ligeramente por encima con un 20%. Vinculado a ello, los niveles de participación -no sólo política sino en organizaciones o acciones promovidas por la sociedad civil- son notablemente bajos. Al respecto, Sorribas y Brussino (2017) encontraron que sólo entre un 19% y un 35% de los/as Cordobeses/as había realizado alguna acción de participación política y/o social durante el último año.

    Por otra parte, ese estudio daba cuenta de algunas variables que permiten discriminar las personas que participan de las que no lo hacen, reportando hallazgos consistentes con otros estudios en el área. En este sentido, se asocian a la participación política variables tanto de movilización cognitiva y eficacia política, como de valores e ideológicas. Estas también forman parte de este trabajo, en tanto se señalan como aspectos valiosos de una cultura política democrática a la movilización cognitiva en términos del interés e involucramiento con el mundo político, así como también a la percepción de competencia cívica o eficacia política (Almond & Verba, 1963; Jorge, 2010). Respecto de las variables de corte ideológico, las autoras examinan el aporte del autoritarismo del ala de derechas (RWA) y la orientación a la dominancia social (SDO) a la discriminación entre participantes y no participantes, señalando que éstas han sido asociadas con valores políticos, variables cognitivas y de personalidad y con actitudes y posicionamientos partidarios (Sorribas & Brussino, 2017). En este sentido, puede esperarse que manifiesten también diferencias entre nuestros grupos de votantes.

    Finalmente, examinamos aquí la Creencia en un Mundo Justo que da cuenta de la necesidad psicológica de las personas de creer que las personas obtienen lo que merecen, permitiendo crear un entorno más predecible y reduciendo la incertidumbre (Dalbert, 2009). Estas, junto con el RWA y la SDO, son actitudes de contenido ideológico y defensivas del statu quo y las jerarquías sociales (Duckitt & Sibley, 2007). Así, se han asociado con aspectos como el conservadurismo (Harnish, Bridges & Gump, 2017), prejuicio y discriminación étnica (Duckitt, 2006; Duckitt & Sibley, 2007), sexismo (Sibley, Wilson & Duckitt, 2007) y comportamiento político electoral (Crowson & Brandes, 2017; de Zavala, Guerra & Simão, 2017), entre otras.

    En función de los antecedentes expuestos, se decidió abordar aquí un conjunto de variables relevantes para una perspectiva amplia de la cultura política que incluyeron aspectos vinculados a la confianza política (confianza en actores políticos, cinismo político, percepción de corrupción y justicia); percepción del contexto sociopolítico (clima socioemocional y percepción de anomia) variables ideológicas (RWA, SDO, creencia en un mundo justo, tolerancia política y autoposicionamiento ideológico), valores psicosociales, aspectos cognitivos (interés, conocimiento y eficacia política), capital social (confianza social y participación) y actitudes hacia la democracia. En conjunto, estas variables nos permiten una descripción compleja y amplia de los grupos examinados y la problematización acerca de la penetración de la coyuntura política polarizada en la cultura política local.

     

    II. Método

    2.1. PARTICIPANTES: se tomó una muestra no probabilística de 455 ciudadanos/as de la ciudad de Córdoba entre 18 y 70 años seleccionados según cuotas de sexo, edad y nivel socioeconómico conformadas en función de los datos de la encuesta anual de hogares urbanos del INDEC del año 2010 (Muraro, 2012). Así, El 52,4% de las participantes fueron mujeres y la media de edad fue de 37,3 años. Respecto del nivel educativo, el 4,7% tenía un nivel educativo primario completo o incompleto, el 16,2% secundario incompleto, el 22,8% secundario completo, el 33,5% terciario o universitario incompleto y el 22,8% restante nivel educativo superior completo. En relación con el NSE el 13,7% pertenecían a un nivel marginal o bajo inferior, el 31,6% a un nivel bajo, el 28,8% a un nivel medio-bajo, el 18,6% a un nivel medio típico y el 7,3% restante a un NSE medio alto o alto.

    2.2. INSTRUMENTOS DE RECOLECCIÓN DE DATOS: se generó un cuestionario cerrado con preguntas de alternativas fijas. A continuación, se desarrollan las escalas utilizadas.

    Variables Sociodemográficas: se controlaron sexo, edad y nivel educativo con preguntas cerradas de alternativa fija. Para el NSE se utilizó un índice que incluye la relación entre cantidad de aportantes de ingresos y miembros del hogar y ocupación, nivel educativo y cobertura de obra social del principal sostén del hogar (Comisión de Enlace Institucional, AAM-SAIMO-CEIM, 2006).

    Comportamiento de voto: se evaluó preguntando a qué candidato votó en la segunda vuelta electoral en las últimas elecciones presidenciales del 22 de noviembre de 2015, siendo las opciones: Mauricio Macri, Daniel Scioli, en blanco/Impugné y no voté. Para el presente estudio sólo se consideraron las personas que votaron afirmativamente por alguno de los dos candidatos.

    Percepción de Corrupción: dos ítems recuperados de Linde y Elingsson (2012) que indagaban acerca de cuántos políticos y cuántos funcionarios la persona cree que se encuentran involucrados en situaciones de corrupción. Las opciones de respuesta van de 1=casi ninguno a 5=casi todos.

    Percepción de Justicia: dos ítems recuperados de Linde y Elingsson (2012) que indagaban acerca de si los funcionarios públicos son justos en su trato con los ciudadanos y si este depende de a quién conocen. Las opciones de respuesta van de 1=nunca a 5=casi siempre.

    Confianza Política: escala confeccionada ad hoc que pide a los participantes que puntúen de 1 a 5 el nivel de honestidad y evaluación de desempeño sobre Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial y Partidos Políticos. Se generó, para cada actor/institución una escala que suma los puntajes asignados a cada uno de los dos aspectos evaluados.

    Confianza Social: 3 ítems con formato de respuesta tipo Likert de 5 puntos recuperados de la encuesta en español de la Internacional Social Survey Programme (ISSP Research Group, 2003) que examina niveles generales de confianza interpersonal. La consistencia interna de esta dimensión fue de α=,51.

    Cinismo Político: se utilizó la escala de González, Manzi y Cortés (2005) tal como fue aplicada en el contexto local (Brussino, Alonso & Imhoff, 2015). Esta escala tiene 4 ítems con opciones de respuesta en formato tipo Likert de 5 puntos y examina la concepción de las personas acerca de si los intereses colectivos priman sobre los personales en el ejercicio del poder político. Su consistencia interna fue adecuada de α=,87

    Clima Socioemocional: dos sub-escalas recuperadas del autoinforme de Clima Emocional de Páez, et al. (1997) que indagan la percepción de clima positivo (7 ítems; α=,79) y negativo (3 ítems; α=,71). Las respuestas se presentaban con un formato tipo Likert de 5 puntos.

    Percepción de Anomia: escala de Mc-Closky & Schaar (1965) en su versión en español (Rodríguez García, 2006). Esta versión de 9 ítems, a diferencia de la original que tenía opciones de respuesta dicotómicas, provee opciones de respuesta en formato Likert de 5 puntos. La consistencia interna fue óptima de α=,82.

    Valores Psicosociales: se usó la escala de Pereira, Camino y Bastos da Costa (2004) tal como fue aplicada en el contexto local (Alonso, Brussino & Civalero, en prensa). Consta de 24 valores a los que la persona debe asignar un puntaje de 1 a 10 en función de la relevancia que les adscribe pensando en el desarrollo de una sociedad ideal. Estos se distribuyen en 4 dimensiones: 1) valores materialistas (α=,81), 2) valores hedonistas (α=,80), 3) valores religiosos (α=,92) y 4) valores posmaterialistas (α=,80). En la propuesta original, este último sistema estaba compuesto por tres subsistemas: a) bienestar social, b) bienestar individual y c) bienestar profesional. Sin embargo, en este caso confluyeron en una única dimensión más general.

    Autoritarismo del ala de derechas (RWA): esta variable comprende a las actitudes ideológicas que expresan la motivación por el establecimiento y mantenimiento del orden social, la cohesión y la seguridad (Duckitt & Subley, 2007). Para su medición tomamos la versión reducida de la escala de RWA adaptada al contexto argentino por Etchezahar, Cervone, Biglieri, Quattrocchi y Prado-Gascó (2011). La misma consta de 6 ítems con formato de respuesta tipo Likert de 5 puntos que conforman una única dimensión. Su consistencia interna fue de α=,88.

    Orientación a la Dominancia Social (SDO): refiere a la preferencia por relaciones intergrupales de tipo jerárquicas, donde algunos grupos tengan poder por sobre otros (Kugler, Cooper & Nosek, 2010; Sibley & Duckitt, 2010). Contiene dos dimensiones básicas: 1) la promoción de la dominancia grupal que implica la promoción del endogrupo y derogación del exogrupo y 2) la oposición a la igualdad que indica la preferencia generalizada por relaciones sociales desiguales, independientemente de si favorecen o no al propio grupo (Jost & Thomson, 2000). Para su medición se utilizó la escala desarrollada y validada por Etchezahar, Prado-Gascó, Jaume y Brussino (2014) para el contexto argentino, en función de las de Pratto, Sidanius, Stallworth y Malle (1994), Jost y Thompson (2000) y la de Silván-Ferrero y Bustillos (2007) (citados en Etchezahar et al., 2014). Consta de 10 ítems con formato de respuesta tipo Likert de 5 puntos distribuidos en dos dimensiones de 5 ítems cada una: dominancia grupal (α=,71) y oposición a la igualdad (α=,79). Para este última, los ítems se recodificaron de modo inverso, de modo que un mayor puntaje pueda dar cuenta de una mayor oposición a la igualdad.

    Creencia en un Mundo Justo (CMJ): refiere a una necesidad psicológica de las personas de creer que el mundo es un lugar justo, en el que cada uno recibe lo que merece y merece lo que recibe (Dalbert, 2009). Este tipo de creencias permiten dotar al contexto de cierto orden y predictibilidad, cumpliendo una función adaptativa de reducción de la incertidumbre y disminución del malestar que generaría el reconocimiento de las contradicciones e injusticias de cualquier sistema social (Dalbert, 2009; Lerner, 1980). Estas creencias también tienen sus correlatos negativos como la derogación y culpabilización de las víctimas (Furnham, 2003). Para su abordaje, retomamos la adaptación al contexto local de la escala original de Lipkus (1991) aplicada por Barreiro, Etchezahar y Prado-Gascó (2014). Consta de 7 afirmaciones con formato de respuesta tipo Likert de 6 puntos. En nuestra muestra tuvo una consistencia interna adecuada de α=,86.

    Autoposicionamiento Ideológico: un ítem que pide al participante que se posicione en una escala de 7 puntos que va desde totalmente de izquierda a totalmente de derecha de acuerdo con su ideología.

    Tolerancia Política: definida como el respeto a los derechos políticos de otros ciudadanos/as, aunque -y especialmente cuando- no se esté de acuerdo con ellos/as (Lodola & Seligson, 2011; 2013). Para su abordaje empírico, recuperamos el indicador de los estudios del Barómetro de las Américas del 2014. Consta de 4 ítems (α=,86) que indagan en qué medida las personas aprueban formas de expresión y participación de personas que se oponen al sistema político. Las opciones de respuesta van de 1 =desaprueba totalmente a 10=aprueba totalmente.

    Conocimiento Político: este constructo es una de las dimensiones más estudiadas de la sofisticación política. En este estudio fue evaluado a través de la escala de conocimiento político y cívico desarrollada por Acuña, Fernigrini y Brussino (2003) y validada en el contexto local por Brussino, Sorribas y Medrano (2008). Esta escala, de estructura unidimensional, consta de 8 preguntas sobre conocimiento cívico y político (por ejemplo, nombre de los tres poderes del estado y partido con mayor cantidad de miembros en el poder legislativo provincial). Las respuestas categorizan en tres posiciones: 0=no sabe/incorrecta, 1=parcialmente correcta y 2=correcta. La sumatoria de respuestas correctas y parcialmente correctas da como resultado el puntaje total de la escala. La confiabilidad de esta escala fue de α=,72.

    Interés Político: remite al aspecto motivacional de la sofisticación política. Fue evaluado a través de la escala adaptada al contexto local por Brussino, Rabbia y Sorribas (2009) a partir de la desarrollada por Hahn (1999). Consta de 6 ítems que plantean situaciones vinculadas a la política a las cuales el participante debe responder indicando el nivel de interés que le generan en una escala que va desde 1=ningún interés a 5=mucho interés. Su confiabilidad fue óptima de α=,93.

    Eficacia Política: constructo que da cuenta de la vinculación de la ciudadanía con el sistema político. Consta de dos dimensiones diferenciadas: la eficacia política interna, que refiere a las creencias sobre la propia competencia para comprender y participar en política; y la eficacia política externa que refiere a las creencias sobre la capacidad de respuesta de las autoridades e instituciones de gobierno a las demandas ciudadanas (Niemi, Craig y Mattei; 1991). Para su medición tomamos la versión adaptada al contexto local por Brussino, Sorribas, Rabbia y Medrano (2006) de la escala de Niemi et al. (1991) que replica las dos dimensiones teóricas de eficacia política interna (α=,84) y externa (α=,72), cada una evaluada a través de 4 ítems con opciones de respuesta en formato tipo Likert de 5 puntos.

    Participación Política y Social: se indagó por la participación durante el último año en distintos espacios políticos y sociales. Se incluyeron organizaciones religiosas, sobre temas sexuales y de género, ambientales, estudiantiles, centro vecinal o cooperativa barrial, partido político, gremio o sindicato u otra organización política o social. Para cada participante se sumó la cantidad total de espacios en los que participa o participó em el último año. Es preciso destacar que el 79,3% de la muestra no participaba en ningún espacio, el 14,7% en uno y sólo el 6% participaba en dos o más.

    Apoyo al sistema político democrático: esta variable evaluó los niveles de apoyo y satisfacción con el sistema político democrático. Se tomó la escala aplicada en el contexto local, desarrollada por Alonso, et al. (en prensa) a partir de los ítems ítems de la Word Values Survey que medían apoyo a la democracia (Magalhaes, 2014) y de la escala de Actitudes Democráticas de Pereira, Lima y Camino (2001). Consta de 11 ítems, con formato de respuesta tipo Likert de 6 puntos; distribuidos en tres dimensiones: 1) preferencia por la democracia (α=,71) que indaga la preferencia por la democracia a la vez que el rechazo a otros sistemas políticos; 2) apoyo al ideal democrático (α=,81), que evalúa la importancia de los ideales democráticos para el desarrollo y bienestar de la ciudadanía y 3) satisfacción con la democracia (α=,70) que evalúa la percepción de este sistema político como uno eficiente para dar respuesta a las necesidades ciudadanas. Así, se examinaron desde las actitudes más generales e inespecíficas hacia el sistema político hasta otras más concretas vinculadas a su funcionamiento.

    2.3 TIPO DE ESTUDIO, PROCEDIMIENTO Y ANÁLISIS DE DATOS: dado que nuestro objetivo fue conocer cómo se manifiesta un fenómeno (la cultura política) en determinados grupos pero sin establecer relaciones entre las variables involucradas, planteamos un estudio descriptivo cuantitativo (Sampieri, Collado, Baptista Lucio, & Casas Pérez, 1998), La recolección de datos se realizó durante los meses de agosto a octubre de 2016 a través de la aplicación de un cuestionario cara a cara por parte de encuestadores/as entrenados. El procedimiento garantizó el anonimato y confidencialidad de los datos, así como la voluntariedad de la participación, pidiendo el consentimiento informado de los/as participantes. El tratamiento de estos datos se realizó con el software SPSS 17. En primera instancia se comprobaron las propiedades psicométricas de los instrumentos y se estudiaron las características de su distribución en la muestra (Aaron & Aaron, 2001). Además, se examinó la asociación entre el comportamiento de voto y variables sociodemográficas. Para estimar las diferencias en nuestras variables en estudio entre votantes de Daniel Scioli y votantes de Mauricio Macri. se realizaron pruebas t para muestras independientes.

     

    III. Resultados

    Respecto de los análisis descriptivos, los resultados expuestos en la tabla 1 muestran que el 79,1% de la muestra votó a alguno de los dos candidatos. Los casos restantes (N=95) se consideran perdidos para nuestro estudio de modo que la muestra final fue de N=360. Así, Mauricio Macri obtuvo el 59,7% de los votos afirmativos y Daniel Scioli el 40,3% restante. Si bien esto refleja aproximadamente la tendencia electoral nacional; en la Ciudad de Córdoba Mauricio Macri había obtenido el 74,89% de los votos afirmativos, de modo que los votantes de Daniel Scioli se encuentran sobrerrepresentado. Sin embargo, en tanto el objetivo es comparar ambos grupos, esta sobrerrepresentación no afecta a nuestros análisis.

    En primera instancia, se examinaron las relaciones entre los aspectos sociodemográficos y el comportamiento de voto estimando el coeficiente de asociación Phi -para la asociación entre sexo y comportamiento de voto- y V de Cramer -para la asociación entre edad, nivel educativo y NSE y comportamiento de voto-. Las variables sexo, edad y nivel socioeconómico no se asociaron significativamente con el comportamiento de voto, mientras que el nivel educativo sí lo hizo, aunque esta asociación fue débil (V=,17, p≤,05). En el gráfico 1 se muestran los porcentajes de participantes que eligieron a cada candidato según su nivel educativo. Los resultados evidencian una asociación entre tener un nivel educativo más alto y haber votado a Daniel Scioli. Así, en niveles educativos más altos se incrementa la proporción de votantes de Scioli, mientras que la brecha se amplía en favor de Macri en los niveles educativos más bajos.

    Porcentajes de votantes de Daniel Scioli y Mauricio Macri en función del nivel educativo (N=360).

    Por otra parte, en la tabla 2 se exponen las puntuaciones medias, desviación estándar y prueba de diferencia de medias entre votantes de Daniel Scioli y Mauricio Macri. Los resultados dan cuenta de diferencias significativas en casi todas las variables en estudio, a excepción de la confianza en el poder legislativo, los valores posmaterialistas y hedonistas, la eficacia política externa y la valoración de la democracia como ideal.

    Como se desprende de los resultados, las diferencias entre los grupos son notables y atañen a todas las esferas de la cultura política examinadas. Esto es especialmente relevante en tanto no analizamos grupos sobre los cuales podamos asumir una fuerte identificación con el partido o candidato elegido, dado que se trata de un escenario de polarización provocado por el ballotage. De cualquier modo, los datos mostraron grupos con actitudes, valores e ideología diferentes.

    Además, resulta interesante examinar la dirección de estas diferencias y analizarlas tanto desde el punto de vista teórico como en el marco de la coyuntura política actual. Los votantes de Macri, con su voto, han brindado apoyo a un gobierno que se encuentra en el poder en el momento de la encuesta. Consecuentemente, su confianza en el poder ejecutivo es significativamente más alta que la de los votantes de Scioli (t=13,25; p≤,001), así como también lo es su percepción de clima positivo (t=8,09; p≤,001) (y menorsu percepción de clima negativo). Sin embargo, estos votantes también perciben que los funcionarios son menos justos (percepción de justicia) (t=2,32; p≤,05) y más corruptos (t=5,33; p≤,001). A estas evaluaciones podemos entenderlas en el marco de visiones más amplias del sistema e, inclusive, vinculadas a los últimos gobiernos. Esta inferencia halla sustento en el hecho de que, al momento del estudio, se encuentran muy presentes en la agenda mediática causas de corrupción vinculadas al período anterior. En este marco, su visión del poder judicial es también más positiva que la de los votantes de Scioli (t=2,35; p≤,05). Por otra parte, los votantes de Macri manifestaron niveles de cinismo político (t=6,90; p≤,001) y percepción de anomia (t=4,30; p≤,001) significativamente más altos que los votantes de Scioli, así como también una valoración más negativa de los partidos políticos (t=3,35; p≤,001). En conjunto, estos datos dan cuenta de un rechazo a la política consistente con la construcción de imagen pública de la alianza Cambiemos que desvincula a sus candidatos de la política tradicional.

    Por otra parte, estos dos grupos también difieren en variables vinculadas a valores e ideología política. En este caso, si bien no se encuentran diferencias en las dimensiones más progresistas de los valores sociales, sí se identifican en aquellas asociadas a actitudes conservadoras. Así, los votantes de Macri manifestaron una mayor preferencia por valores religiosos (t=4,08; p≤,001) y materialistas (t=6,26; p≤,001) respecto de los votantes de Scioli. Lo mismo sucede con el RWA (t=8,87; p≤,001), las dos dimensiones de la SDO y la creencia en un mundo justo (t=6,24; p≤,001), dimensiones ideológicas que dan cuenta de actitudes defensivas del statu quo y justificativas de las diferencias sociogrupales. En este caso, también los votantes de Macri resultan más conservadores. Además, los votantes de Scioli manifestaron mayor tolerancia política (t=4,48; p≤,001) y un posicionamiento ideológico más orientado hacia la izquierda (t=12,87; p≤,001). En conjunto brindan sustento a la identificación de los votantes de Macri con posiciones relativamente más conservadoras -en sentido amplio- que los de Scioli.

    Respecto de las variables vinculadas al capital social, las diferencias dan cuenta de que los votantes de Scioli tienen mayores niveles de confianza social (t=4,43; p≤,001) y participan significativamente más que los votantes de Macri (t=5,17; p≤,001), aunque estos niveles fueron bajos en toda la muestra. Además, los primeros tienen más conocimiento (t=3,37; p≤,001), interés por la política (t=8,75; p≤,001) y eficacia política interna (t=4,41; p≤,001), mientras que no difieren de los votantes de Macri en términos de la eficacia política externa.

    Finalmente, examinamos las actitudes de estos dos grupos hacia la democracia, encontrando diferencias en la medida en que prefieren la democracia (t=4,53; p≤,001) y la satisfacción con la misma (t=3,07; p≤,001), siendo más positiva en ambos casos en el grupo de votantes de Scioli. Así, mientras que los votantes de Macri estaban más satisfechos y confiaban más en los poderes del estado, percibiendo además un clima más positivo, evaluaban peor a la democracia en sí. Este resultado es interesante porque da cuenta de la diferenciación Estado-gobierno.

     

    IV. Discusión y conclusiones generales

    Los resultados expuestos nos permitieron, en primer lugar, dar cuenta de la existencia de diferencias en casi todos los aspectos examinados de la cultura política de dos grupos que manifestaron preferencias electorales diferentes en un escenario político de polarización. Así, pudimos aportar evidencia de que éste no representa solo un artificio mediático o electoral, sino que tiene su correlato en la ideología, valores, actitudes y comportamientos de la ciudadanía. Sin embargo, es posible también pensar que la dirección de esa asociación sea inversa, de modo que haya sido la coyuntura política de confrontación y polarización del debate público la que ha penetrado en aspectos más permanentes de la cultura política. Para concluir al respecto, nuestro abordaje descriptivo y transversal resulta insuficiente; siendo relevante la complementación con estudios que examinen relaciones explicativas e, idealmente, realicen abordajes longitudinales. De cualquier modo, las diferencias resultan atendibles en tanto también se replican en actitudes más generales de apoyo al sistema político democrático. Así, es posible que esta coyuntura política no resulte inocua para el desarrollo de la democracia. Además, si bien la literatura sostiene que las adscripciones identitarias son volátiles y poco ideológicas, sustentadas más en las personas que en los programas políticos (Bennet, 2012), nuestro estudio aportó evidencia de que tienen su correlato en variables psicopolíticas relevantes.

    En términos del aporte que podemos realizar a las perspectivas de cultura política desde la psicología política, encontramos que, en línea lo que proponen muchos autores, las culturas políticas no son homogéneas, sino que las personas recuperan los aspectos más consistentes con sus propias perspectivas (Jorge, 2010). Así, las variables manifestaron una congruencia entre sí hacia el interior de los grupos, dando cuenta de que no se trata de elementos aislados, sino que representan conglomerados actitudinales complejos donde predominan, por ejemplo, actitudes progresistas o conservadores, visiones positivas o negativas de la política o una alta o baja movilización cognitiva.

    Más específicamente, encontramos que la mayoría de las variables sociodemográficas no se asociaron a la preferencia electoral. En este sentido, si bien los modelos sociológicos del comportamiento electoral adscribían gran importancia a estos elementos, los desarrollos más recientes han relativizado su rol en tanto los anclajes identitarios tradicionales (adscripciones de clase, partidarias, etc.) han ido perdiendo relevancia en entornos políticos más complejos y cambiantes (Brussino, Alonso & Dreizik, 2013). De cualquier modo, el nivel educativo sí tuvo una asociación significativa -aunque relativamente débil- con la preferencia electoral, siendo los votantes de Scioli los de mayor nivel educativo formal. Esto es consistente con estudios previos donde es el nivel educativo el que más se vincula con aspectos de la cultura cívica (Almond & Verba, 1963; Corporación Latinobarómetro, 2015). Al respecto, Almond & Verba (1963) señalaban que una mayor educación no sólo permitía acceder a ocupaciones de mayor estatus e ingresos, sino que también tenía un efecto socializador positivo; tanto por la transmisión de conocimientos útiles para la vida política, como de la exposición a situaciones sociales que los refuerzan.

    Además, ambos grupos tuvieron otras diferencias que -en términos generales- reproducen aspectos salientes de la coyuntura política. Así, los votantes de Cambiemos reprodujeron en sus actitudes el distanciamiento y rechazo de los actores políticos tradicionales que encarna la perspectiva tecnocrática y pos-ideológica de este gobierno (Vommaro, 2016). En este sentido, fueron más cínicos, manifestaron menor confianza tanto en los políticos como en su propia capacidad de agencia en este ámbito (eficacia política) y, consecuentemente, mostraron menos conocimiento e interés en la política. Como correlato de ello y de sus menores niveles de confianza social, también fue el grupo que participó menos en organizaciones sociales y políticas. Es interesante señalar que estas variables se han mostrado asociadas entre sí en la literatura previa, siendo elementos nucleares de las definiciones de cultura cívica (Inglehart & Welzel, 2003; Jorge, 2010; Zmerli & Newton, 2008). Fue el grupo de votantes de Daniel Scioli el que, dentro de nuestra muestra, encarnó mejor la mayoría de las características atribuidas a una cultura cívica: un mayor conocimiento, interés, eficacia y participación política, junto con una mayor confianza interpersonal y una confianza política moderada. De cualquier modo, los niveles de conocimiento, interés y eficacia política se ubicaron en este grupo apenas por encima de la media teórica; a la vez que las variables de confianza política y social lo hicieron apenas por debajo de ella. Como veremos más adelante, los posicionamientos ideológicos de este grupo también fueron consistentes con las características atribuidas a las culturas democráticas.

    Por otra parte, a la vez que evaluaron negativamente a los actores políticos tradicionales, el grupo de votantes de Macri percibió mayores niveles de corrupción y mayor injusticia en el accionar de los funcionarios políticos; aspectos que la alianza cambiemos recuperó como propios haciendo énfasis en la denuncia de la corrupción gubernamental (Vommaro & Gené, 2017). En la misma línea, y junto a una mayor confianza en el gobierno que votaron y se encuentra en el poder, manifiestaron mayor confianza en el poder judicial que, durante el período de recolección de estos datos, había realizado llamados a indagatoria a funcionarios del gobierno kirchnerista, incluida la propia expresidenta Cristina Kirchner. Resulta interesante analizar esta correspondencia entre la confianza en el poder ejecutivo y el poder judicial, posiblemente condicionada por el posicionamiento respecto del gobierno actual; en el marco de lo que se ha denominado como "judicialización de la política", convirtiendo al poder judicial en un actor central de la política argentina de los últimos años (Nosseto, 2014; Vommaro & Gené, 2017). Durante 2016, el gobierno de Mauricio Macri implementó estrategias orientadas a una vinculación con el poder judicial a través de nombramientos en la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de la Magistratura, legitimados como forma de dar respuesta a la demanda social de mayor transparencia en la política. Además, las mencionadas acciones en causas de corrupción vinculadas al gobierno kirchnerista se constituyeron en un espacio de disputa política y fueron capitalizadas como espacio para la reafirmación de las identidades polarizadas en torno a la dicotomía: kirchnerismo/ antikircherismo (Vommaro & Gené, 2017). En conjunto, es posible hipotetizar que esta coyuntura penetre en las actitudes de la ciudadanía hacia estas instituciones de modo más o menos estable, aunque necesitaríamos de mayor evidencia empírica para comprobarlo.

    En relación con los aspectos ideológicos y de valores, señalábamos cómo el grupo de votantes de Mauricio Macri no sólo se posicionaba significativamente más hacia la derecha en el espectro ideológico, sino que también manifestaba actitudes más conservadoras y orientadas al sostenimiento del statu quo (mayores niveles de RWA, SDO y Creencia en un Mundo Justo) y una mayor preferencia por valores materialistas y religiosos. Además, en términos políticos, resultaban menos tolerantes que los votantes de Scioli. En conjunto, estos datos brindaban una imagen de un votante más conservador, tanto en términos estrictamente políticos como en otros que hacen a la percepción más general del orden social. Sin embargo, los dos candidatos no mantenían diferencias ideológicas significativas entre sí, más allá de las estructuras políticas que los respaldaban (Lupu, 2016). En este sentido, si bien es cierto que Cambiemos se presenta a sí mismo en términos pos-ideológicos, sus alianzas partidarias y estratégicas son principalmente con expresiones de la derecha-centroderecha así como también muchas de sus propuestas políticas (Bohoslavsky & Morresi, 2016). Así, a pesar del intento de evitar las etiquetas ideológicas a través de un planteo "moderno", ubicado más allá de la izquierda y la derecha, este partido es entendido en términos de las "nuevas derechas" latinoamericanas; planteando una oposición a los populismos de la región a los cuáles connota negativamente (Barolin, 2017). De este modo, a la vez que la literatura señala la personalización de la política y pérdida de relevancia de anclajes identitarios e ideológicos en la toma de decisiones electorales (Bennet, 2012), nuestros resultados dan cuenta de la importancia de las variables ideológicas de la cultura política. Además, vimos cómo estas diferencias entre los votantes no se correspondían necesariamente con posiciones ideológicas de los candidatos sino más bien con el lugar que éstos ocupaban en la coyuntura electoral en función de las agrupaciones políticas que estaban por detrás de ellos.

    Finalmente, de modo consistente con la literatura que señala la relevancia de los aspectos de la cultura política para el desarrollo de las democracias (Dalton & Welzel, 2014; Inglehart & Welzel, 2003; 2005), estas diferencias entre los grupos también se correspondieron con actitudes diferentes hacia el sistema político. Así, si bien ambos grupos manifestaron altos niveles de apoyo a la democracia en términos ideales; tanto la preferencia por la como la satisfacción con su funcionamiento fueron más altos en el grupo de votantes de Scioli quiénes, como mencionábamos, manifestaban mayor presencia de los atributos vinculados a las actitudes democráticas. En este sentido, es posible hipotetizar que, a la vez que no socavan las bases más fundamentales del apoyo a la democracia, los posicionamientos en escenarios políticos de polarización y conflictividad sí pueden penetraren algunos aspectos centrales de la cultura política democrática.

    En conjunto, los resultados de este trabajo nos permitieron una aproximación descriptiva compleja a la cultura política de la ciudadanía cordobesa, la cual manifestó sus particularidades en el escenario electoral de 2015. Además, pudimos dar cuenta de la heterogeneidad de las expresiones de la cultura política, permitiéndonos pensar en cómo la coyuntura política puede penetrar en actitudes cívicas más básicas. De este modo, señalamos la relevancia y vigencia de ésta como categoría analítica. Si bien el diseño de investigación no nos permitió probar relaciones de tipo explicativas, la evidencia resultó suficiente para plantear hipótesis que puedan ser examinadas en próximos estudios. Al respecto, señalamos diferencias específicas entre votantes de dos candidatos políticos percibidos como ideológicamente cercanos pero representantes de expresiones políticas contrapuestas en una coyuntura de polarización. Si bien es posible que los votantes no sostuviesen adscripciones identitarias fuertes en relación con estos candidatos (al tratarse de un escenario de ballotage), su preferencia electoral resultaba consistente con sus actitudes, perspectivas ideológicas y comportamientos políticos. En este punto queda preguntarnos si son estas diferencias las que determinan -al menos en parte- la opción electoral o si es la posición en el mapa político actual la que configura -o al menos profundiza- estas diferencias.

     

    Notas

    1 Daniela Alonso. Licenciada en Psicología y Doctoranda en Psicología (Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Córdoba). Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Argentina). Miembro Equipo de Psicología Política del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi - CONICET y UNC). Docente Colaboradora del Seminario: Psicología Política: Historia y Actualidad de una disciplina emergente (Facultad de Psicología - UNC). Correo electrónico.: daniela15_ve@hotmail.com

    2 Silvina Brussino. Doctora en Psicología (Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Córdoba). Directora del Equipo de Psicología Política del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi - CONICET y UNC). Investigadora Independiente en la Carrera de Investigador Científico y Tecnológico de CONICET). Directora del Doctorado en Psicología (UNC). Directora de la Maestría en Metodología de la Investigación en Ciencias del Comportamiento (UNC). Profesora Titular de la Cátedra Psicología Social (Facultad de Ciencias de la Comunicación, UNC) y de la Cátedra Metodología de la Investigación Psicológica (Facultad de Psicología, UNC). Profesora del Seminario electivo de Psicología Política (Facultad de Psicología, UNC). Correo electrónico.: brussino@psyche.unc.edu.ar

     

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