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    Revista de Investigacion Psicologica

    Print version ISSN 2223-3032

    Revista de Psicologia  no.19 La Paz  2018

     

    INVESTIGACIONES

     

    ¿Cómo nos vemos? ¿Cómo los vemos?
    los estereotipos en el conflicto boliviano-chileno1

     

    How do we see you? How do we see them?
    the stereotypes in the bolivian-chilean conflict

     

     

    Maria Lily Maric Palenque 2 & Juan Carlos Romero 3-4
    Fecha de entrega: 19 de marzo de 2018 Fecha de dictamen: 28 de marzo de 2018

     

     


    Resumen

    Los estereotipos son una de las áreas de investigación más grandes y duraderas en psicología social, muchos de los procesos mediante los cuales se forman, mantienen y aplican, ahora estan bien comprendidos. El presente estudio utiliza los avances obtenidos estos últimos años en esta área y, busca a partir de la aparición periódica de conflictos entre Bolivia y Chile, determinar los auto y hetero estereotipos (¿cómo nos vemos? y ¿cómo los vemos?) entre ambas regiones. La investigación contó con una muestra binacional de estudiantes universitarios de la frontera entre ambas naciones (La Paz-Bolivia y Arica-Chile), los resultados señalan la importancia de los estereotipos en los conflictos internacionales y su posible impacto en los procesos de negociación.

    Palabras Clave

    Hetero estereotipos, auto estereotipos, exogrupos, endogrupos, Bolivia y Chile.


    Abstract

    Stereotypes are one of the largest and most enduring research areas in social psychology, many of the processes by which stereotypes are formed, maintained and applied are now well understood. The present study uses the advances obtained in recent years in this area and starting from the periodic appearance of conflicts between Bolivia and Chile, seeks to determine the self and hetero stereotypes (how do we see ourselves and how do we see them?), between both regions. The research had a binational sample of university students from the border between both nations (La Paz-Bolivia and Arica-Chile), the results indicate the importance of stereotypes in international conflicts and their possible impact on the negotiation processes.

    Keywords

    Hetero stereotypes, auto stereotypes, outgroups, endogroups, Bolivia and Chile


    Resumo

    Os estereótipos são uma das maiores e mais duráveis áreas de pesquisa em psicologia social, muitos dos processos pelos quais eles são formados, mantidos e aplicados agora são bem compreendidos. O presente estudo utiliza os avanços obtidos nos últimos anos nesta área e, a partir da aparição periódica de conflitos entre Bolívia e Chile, procura determinar os eu e os hetero estereótipos (como nos vemos e como os vemos?), entre ambas as regiões. A pesquisa teve uma amostra binacional de estudantes universitários da fronteira entre as duas nações (La Paz-Bolívia e Arica-Chile), os resultados indicam a importância dos estereótipos nos conflitos internacionais e seu possível impacto nos processos de negociação.

    Palavras-Chave

    Hetero estereótipos, autoestereótipos, exogrupos, endogrupos, Bolívia e Chile.


    Conflictos de interés: Los autores declaran que no existe conflicto de intereses.


     

     

    La imagen de un país depende de la estructura de las relaciones internacionales pues, su imagen obedece al rol que ocupa en la escena internacional
    (Alexander, 2005).

     

    1. Introduccion

    Sin duda fue Lippmann (1922) quien acuñaría el término "estereotipo" para designar "esas imágenes en nuestra cabeza" que median entre la realidad y la percepción que nosotros tenemos de ella, provocando una simplificación o una orientación selectiva de nuestras percepciones. Aunque al principio los estereotipos eran considerados en la psicología como errores, generalizaciones primitivas y sobre simplificaciones de un grupo hacia otro, hoy han encontrado un estatus importante en la psicología social, y se presentan como un conjunto de creencias compartidas o expandidas dentro de una comunidad o dentro de un grupo, Mackie M. (1973), se refiere a ellos como: "aquellas referencias populares sobre los atributos que caracterizan a una categoría social y sobre los que hay un acuerdo sustancial", de ahí, que cuando hablamos de estereotipos, hablamos de un proceso de categorización (Tajfel, 1984), dado que la percepción diferencial de numerosos grupos de personas sería imposible sin una previa categorización de estos. O sea, los seres humanos, para ordenar y sistematizar la información que recibimos, utilizamos el proceso psicológico de categorización (Rodríguez M; Sabucedo, J.; Arce C. 1991). En este sentido la categorización desempeña un papel práctico en la economía del pensamiento, simplifica la percepción del entorno tanto físico como social, lo que ocasiona una sobreestimación de las diferencias entre categorías y una subestimación de las diferencias al interior del endogrupo (Tajfel, 1974).

    En lo que respecta a su contenido, los estereotipos están lejos de ser atribuciones neutrales, estan, al contrario, relacionados a interacciones grupales. El impacto de los estereotipos en el grupo fue demostrado por los trabajos de Sherif y colaboradores (1961), constatando que grupos independientes puestos en interacción de competencia elaboran estereotipos negativos, mientras que elaboran estereotipos positivos hacia su grupo de pertenencia. Ganter (1997), señala que, si bien existen estereotipos positivos, los estereotipos sobre los exogrupos y las minorías tienden a tener más connotaciones negativas que los estereotipos sobre el endogrupo y las mayorías. Investigaciones realizadas, mostraron también, que las atribuciones están estrechamente ligadas con las formas socialmente permitidas de interacción con miembros de los grupos sociales, evidenciando que los estereotipos, aun los positivos definen los "lugares" de los grupos en la jerarquía social y permiten las legitimaciones de las relaciones de poder entre los grupos. De ahí que Camino y Pereira (2000, citado por Pastor C., 2015), mencionan que los estereotipos surgen en los conflictos de poder que existen entre grupos. Por su parte, la teoría del modelo de contenido del estereotipo MCE publicada por Fiske y al (1999), establece que la generación de estereotipos hacia los exogrupos estaría determinada por el grado de amenaza atribuido a este, por lo que antes de usar los estereotipos, los grupos analizan el grado de amenaza en función de dos parámetros: El primero hace referencia a las intenciones del agente externo, sociabilidad; el segundo a la cantidad de recursos que creemos posee el agente externo para llevara cabo sus intenciones, lo que da información de cuan competentes son. A partir de esto se observan tres emociones asignadas al exogrupo y ligadas a la percepción de amenaza. 1.- Compasión, que será observada en los casos en que la competencia es baja, pero la sociabilidad es alta, estos exogrupos tienen buenas intenciones y no tienen la capacidad suficiente para amenazar la jerarquía, entonces son considerados como subordinados. 2.- Envidia, que será atribuida a los exogrupos con una alta percepción de competencia, pero baja sociabilidad, estarían en una posición más elevada de la jerarquía y percibidos como una amenaza. 3.- Desprecio, que sería la emoción que se produce cuando el exogrupo no es considerado, ni competente, ni sociable, generalmente está asociado a posiciones muy bajas.

    De ahí que el estudio de los estereotipos en los conflictos internacionales tiene un rol importante a jugar, construyen los atributos característicos del grupo y atributos de los otros, refuerzan la existencia del otro, pueden acentuar diferencias, generar conflictos, ocasionar luchas intergrupales. Si bien el estereotipo incrementa la cohesión interna dentro del propio grupo, reforzando el sentimiento de "nosotros", también genera hostilidad intergrupal debido a la competencia directa entre grupos por recursos socialmente valorados y aparentemente escasos como: poder, prestigio y bienes materiales. Esta teoría denominada teoría del conflicto realista (TCR), postula que la hostilidad intergrupal aumenta cuando los grupos son competitivamente interdependientes; esto es, cuando las ganancias de un grupo implican pérdidas para el "otro". Según esta teoría, el conflicto de intereses activa la cohesión intragrupo y la identificación de los miembros con el grupo y sus causas, es decir, sus normas y valores (Sherif, 1967). Tal vez por esto las investigaciones sobre la (TCR) dirigen su atención al análisis de la percepción de los exogrupos en tanto amenazas, Stephan y Stephan (2000, citado por Smith Casto V. 2006), en su teoría integrada de las amenazas (TIA) enfatiza en que estas no necesariamente responden a criterios objetivos de peligro, sino que la realidad psicológica de la amenaza juega un rol en la percepción de esta. Dentro de ellas se encuentran las amenazas a la integridad del grupo (alimentación, salud), las amenazas a su posición de privilegio (poder económico y político) y finalmente cuando las diferencias culturales entre los grupos son tan irreconciliables que éstas se convierten en una amenaza para la reproducción cultural del endogrupo (amenazas simbólicas). Estudios han mostrado que tanto las amenazas simbólicas como las objetivas predicen actitudes negativas hacia los exogrupos (Stephan, Ybarra y Bachmann, 1999; Stephan, Ybarra, Martínez, Schwarzwald yTurKaspa, 1998).

    Las naciones son un ejemplo de estos grupos donde puede darse hostilidad intergrupal, al entablar luchas entre ellas por el acceso a los recursos. El individuo al apropiarse del imaginario nacion, la hace parte de él, la convierte entonces en una comunidad políticamente imaginada, inherentemente limitada y soberana. Imaginada porque nunca sus miembros, por pequeña que sea, conocerán a la mayoría de sus compatriotas, no los verán, ni oirán siquiera hablar de ellos, pero, en la mente de cada uno de ellos vive la imagen de su comunión a pesar de las desigualdades, siempre se piensa en términos de compañerismo y relaciones horizontales. En última instancia, es esta fraterna que durante los últimos siglos ha permitido, que miles de personas maten y sobre todo estén dispuesta a morir por imaginaciones tan limitadas (Anderson, B. 1993).

    "Debemos como nacion, justificar "lo que somos", para validar las leyes, las instituciones, "nuestras reglas", la ética, la moral discursiva y práctica; entonces debemos nombrar “barbarie", "herejía", "mendicidad", al "otro", para no ser "nosotros" mismos, esos mismos "barbaros", "herejes" y "mendigos". En ese binarismo, el loco confirma "la razón"; el niño sirve para explicar "la madurez"; el salvaje ayuda a concebir "nuestra civilización"; el marginado, "nuestra integración social"; el deficiente "nuestra normalidad" y el extranjero serviría en esa lógica para definir "nuestro país". Lacoste P (2005 citado en Maric M, 2017).

    Esta creación de "conciencia nacional" señala Kelman (1983), reúne dos eficaces disposiciones psicológicas: la necesidad de autoprotección y la de auto trascendencia". Resultando en dos tipos de lazos entre personas y nación: "sentimentales", vinculados a lo identitario, e instrumentales, vinculados a aquellos factores que permitan satisfacer necesidades. Es en este sentir a la nacion que se constituyen los estereotipos, por eso, Sangrador (1996), señala que los estereotipos no serían fenómenos meramente cognitivos, se trataría de creencias "teñidas" afectivamente. El propio sesgo etno-céntrico en los estereotipos demostraría que no se trata de contenidos solo cognitivos, sino que están condicionados por las necesidades para construir imágenes de los grupos que "protejan sus valores, glorifiquen al endogrupo y justifiquen las actitudes hacia los exogrupos" (Sangrador, 1996). De ahí que los estereotipos, al igual que los mitos, pueden sustituir al análisis histórico, privando al objeto de estudio de su singularidad que es fruto de una evolución particular en un contexto dado (Frederick Barth, (2006), lo que lleva a parafrasear a Jean-Noël Jeanneney, cuando dice: «una idea falsa es un hecho verdadero», poco importa si concuerdan o no con la realidad, porque, las ilusiones y las apariencias son también parte de la realidad y pueden terminar por influirlas. Todo lo anterior nos lleva a decir que el estereotipo es el discurso sobre el otro, juega el rol de un filtro cognitivo que, como un vidrio de color, pinta la realidad de una cierta tonalidad, o en el peor de los casos, incita a ignorar la evidencia. Los estereotipos nos hacen ver lo que esperamos ver, e impiden, percibir una realidad no reconocida que ha sido objeto de una construcción preconcebida (Bourhis, R&LeyensJ.P.,(1999).

    Esto ha llevado a que investigadores en relaciones internacionales examinen el origen y consecuencias de las imágenes que, los estados nacionales tienen el uno del otro, particularmente en el contexto de un conflicto internacional, estableciendo que es la imagen, o sea, la percepción del otro y no los hechos, lo que determinan el comportamiento y sirven para justificar los deseos de reaccionar contra o de apoyar a otra nación. Los prejuicios y estereotipos si bien pueden generar disposiciones favorables, frecuentemente en casos de conflictos internacionales, donde se exacerba la fiebre nacionalista, conducen a malentendidos, xenofobia y odio. Atacar una nación, sin justificación, es inconsistente con una imagen positiva de sí mismo; imaginar a la otra nación como: dañina o explotadora, explica el comportamiento de amenaza y origina que disminuyan las restricciones morales de contención al ataque, justificando el mismo. De ahí que la imagen de enemigo ha sido utilizada siempre. A este respecto Bandura (2004), sostiene que las personas no se involucran en conductas agresivas hasta que no han justificado consigo mismo la moralidad de sus acciones.

    El caso Boliviano-Chileno

    Extrapolando la teoría de Bandura a la situación chilena/boliviana, vemos que desde los procesos de independencia a principios del siglo XIX, ambos países mantuvieron tensas relaciones y terminaron construyendo estereotipos negativos uno del otro. La problemática chileno-boliviana es un ejemplo de estas naciones condicionadas por su pasado colonial, cuyas fronteras son aún heridas sin cicatrizar, mismo que ocasionan conflictos con implicaciones sociales, económicas, políticas y sobre todo humanas para ambos países. Así, es común ver en la prensa descontentos y disgustos que reflejan el malestar existente entre ellos: "Chile y Bolivia reviven en La Haya su conflicto por una salida al mar" (El País 5 de mayo de 2015). "Chile demanda a Bolivia ante la CIJ por las aguas del Silala" (La Razón 6 de junio de 2016). "Chile y Bolivia se cruzan reproches por una visita fallida del canciller boliviano" (Europapress. 18 de julio de 2016). "Transportistas bolivianos bloquean en protesta por paro de aduaneros en puertos de Chile" (Periódico El día 14 de febrero de 2017). Aquí los estereotipos pueden ser la razón para que problemas que posiblemente podrían ser solucionados con diálogos entre funcionarios y autoridades, sean, en su lugar, situaciones de conflictos internacionales, olvidando que ambos países comparten una frontera de 942 km de extensión y negando que tienen un pasado común, intereses económicos y un comercio entre ambas naciones; según la página web de Terminal Puerto Arica (TPA), el movimiento de carga boliviana en ese puerto, corresponde al 85% de la que se mueve en el mismo, pero estos datos que en situaciones normales podrían llevar a establecer relaciones que promuevan la integración, no parecen servir más que para reforzar las tensas relaciones entre ambos países.

    Posiblemente, una explicación a esto pueda ser encontrada en la lectura de los textos de historia, la cual señala que la identidad chilena se construyó a partir del imaginario derivado de la conquista, donde los vencedores son blancos y los vencidos indios, quedando los primeros en estratos medios altos y los segundos como esclavos o siervos (Gissi Jorge, 2013). Este imaginario, construido en los intereses de la aristocracia chilena, sumada a un ejército nacional, intervenido y financiado por empresarios salitreros ingleses y nacionales, utilizó la construcción de una retórica basada en percepciones subjetivas, constituyendo verdaderos artefactos culturales que buscaban destruir al "otro" -peruanos y bolivianos- en su moralidad (Gissi Jorge, 2013).

    La Guerra del Pacifico consolida este imaginario, según historiadores chilenos, esta guerra, puede ser considerada el cemento de la nacionalidad chilena. Para la oligarquía chilena de 1879, el conflicto fue expresión de la lucha de razas. Los goberLosnantes chilenos suponían que la población de su país pertenecía a una raza blanca y superior que se caracterizaba por ser "activa, vigorosa e inteligente". En cambio, Perú y Bolivia estaban conformados por individuos de piel oscura, miembros de razas inferiores. Era ésta una población "perezosa, desmoralizada por el clima y por el ocio", en la que se confundían anárquicamente criollos, indios, negros, chinos y mestizo, así lo admitió el destacado político, diplomático, periodista, historiador y escritor chileno Benjamín Vicuña Mackenna. (citado por Vásquez Bazán Cesar. 2016).

    Los estereotipos forjados durante la guerra sirvieron de artefactos útiles para otorgar sentido patriótico a la misma y exacerbar los sentimientos de nacionalidad, donde la deslegitimación del "otro" desde el punto de vista racial, fue el artificio principal. Una ejemplificación de la racialización del "otro", lo podemos encontrar en la revista del Sur, 18 de octubre de 1879, donde se lee:

    "El infeliz indígena que es la base del ejército aliado, no conoce la patria más que de nombre, ni conoce más que los aspectos sombríos y odioso de la vida civilizada (..) el soldado chileno no es más que el roto chileno con uniforme militar, he ahí nuestro héroe eterno y nuestro invencible generalísimo".

    En Bolivia, por su parte, el relato nacionalista afianzo, lenta y sostenidamente, un imaginario que tiende a demonizar a Chile; El periódico El Comercio de 28 de febrero de 1879, señala en sus titulares 14 de febrero.

    Tropas chilenas tomaron por asalto el pueblo de Antofagasta. Denunciamos ante el mundo el cobarde crimen.

    Una lectura de los textos del citado periódico muestra como el discurso de la amenaza externa, va desarrollando una identidad nacional hegemónica y excluyente, en contraposición a la otredad, que se fundamenta en la división o se nutre de ella. Es decir, se es más boliviano cuanto más se odia al chileno.

    Mueran los cobardes araucanos, porque su puñal ha rasgado nuestra hermosa tricolor, porque salvajes, han consumado el crimen más infame en el suelo bendito de la patria. A las armas, a las armas ciudadanos vamos a defender los sagrados derechos de esta patria amada.
    El Comercio 28 de febrero 1879.

    Pasada la guerra del Pacifico, la visión de Chile como el "otro" continuo, acrecentándose más después de la Guerra del Chaco, cuando terminada la contienda se sintió la necesidad de constituir un imaginario, así se estableció el imaginario de "recuperar el mar perdido", para lo cual se requería visualizar a Chile, como agresiva, expansionista, cínica e imperialista. Querejazu Calvo, Roberto, (2010) califica a Chile de nación "astuta, ambiciosa y poco escrupulosa. Para, Escobari C, Jorge (2013), el accionar de Chile es calificado en términos de "cinismo inaudito" capaz de actuar con móvil inmoral". Becerra de la Roca, Rodolfo (2006), señala que la acción de Chile se evalúa como "monstruoso e impune delito de despojo", capaz de "un comportamiento desleal y traidor"; Chile fue "paladín de la agresión". Los autores del relato boliviano otorgan a Chile un conjunto de atributos negativos que, con frecuencia, se emplean entre Estados en conflicto. Se trata de una tendencia general que LeShan (1992), ha detectado y expresado en los siguientes términos:

    "una nación enemiga, encarna el mal, por lo tanto, actuar en contra de este enemigo es el camino a la gloria y a alturas legendarias de existencia; por ello cualquiera que no esté de acuerdo con tales verdades es un traidor".

    O sea, los conflictos entre grupos favorecieron la atribución de rasgos negativos al exogrupo, mientras que atribuyeron rasgos positivos para sí mismos, incrementando en ambas naciones su cohesión e identificación grupal, y su rechazo hacia el exogrupo. Si tomamos en cuenta que los estereotipos son compartidos por los individuos que conforman la sociedad, sean ellos miembros de las elites políticas o de la población general, estos, aun cuando piensan que realizan evaluaciones objetivas de la naturaleza de las relaciones entre grupos, están en realidad siendo guiados por los procesos cognitivos, pudiendo estos ser un obstáculo durante la negociación en caso de estereotipos negativos, o facilitando la misma en el caso de estereotipos positivos. (Faure, G. (1993).

    Por lo que consideramos importante estudiar la imagen o representaciones que se tejen en contextos internacionales, ya que estos definen frecuentemente el comportamiento del adversario durante el desarrollo de negociaciones internacionales (Radtchenko-Draillard, S., 2003). De ahí que Jervis (1976), señala que la práctica de las relaciones internacionales no puede entenderse sin abordar las diferencias y errores de percepción de sus actores, motivados, fundamentalmente, por determinantes nacionalistas.

    El presente trabajo se inserta en esta lógica y busca demostrar el impacto que tienen los estereotipos de una y otra nación en las relaciones internacionales y particularmente en el contexto de conflictos internacionales. Este estudio supone, en cierto modo, un retorno a una olvidada tradición de trabajos que se centraba en la reflexión sobre la base actitudinal de la guerra y la paz, el nacionalismo y el internacionalismo. Un repaso a los trabajos publicados durante las décadas de los años diez y veinte de revistas como "The Sociological Review" puede dar fe de este antecedente.

     

    II. Método

    La presente investigación tiene un alcance descriptivo correlacional, el enfoque es de tipo cuantitativo con un alcance exploratorio, dado que es una temática poco estudiada en ambos paises. El diseño es no experimental de tipo transeccional.

    Muestra

    La muestra estuvo constituida por 397 estudiantes universitarios, 198 chilenos y 197 bolivianos, con edades que fluctuaban entre 18 a 33 años. De los cuales 77,4% eran mujeres en la muestra boliviana y 35% en la muestra chilena. La condición socioeconómica, fue clase media, según datos de clasificación señalados por los participantes en ambos países. La prueba fue tomada en cada país, su selección fue de tipo no probabilística o intencionada de tipo estratificada con asignación fija. Este tipo de muestra es útil para estudios de perspectiva fenomenológica donde el objetivo es analizar los significados de un determinado grupo social.

    Instrumentos

    Escala de contenidos estereotípicos del autoconcepto colectivo nacional:

    (Espinosa, 2010). La escala consta de 23 atributos, adjetivos positivos y sus respectivos antónimos que caracterizan que tanto esos atributos son representativos del endogrupo nacional. Cabe resaltar que para cada caso se hizo la adaptación respecto a la nacionalidad del participante, por ejemplo, en el caso boliviano la escala inicia con: "los bolivianos somos...", mientras que para el caso chileno inicia con: "los chilenos somos...". La escala de respuestas por ítem está estructurada como un diferencial semántico de 7 puntos. Los participantes debían marcar el número que más se acercaba al adjetivo que creyeran característico de las personas de su país. Entonces, en la dupla de adjetivos solidarios-egoístas: 1 sería el acuerdo con que los miembros del endogrupo nacional son muy solidarios; 3,5 el acuerdo con que los miembros del endogrupo no son ni solidarios, ni egoístas, y 7, el acuerdo con que los miembros del endogrupo son muy egoístas.

    La validación de este instrumento consistió en someter a los adjetivos a un análisis factorial exploratorio. El análisis factorial definitivo muestra una clara estructura factorial (KMO=.806) que dio como resultado 4 factores con una varianza explicada total de 47.53%. Con una consistencia interna obtenida a través del Alpha de Cronbach superior de 0.60 en los cuatro factores. Confirmando la confiabilidad de la escala. (Espinosa, 2010)

    Procedimiento

    El levantamiento de la información se realizó entre septiembre y noviembre de 2016. La recolección de datos se desarrolló de manera presencial en contextos educativos estatales, la Universidad Mayor de San Andrés y la Universidad Pública de El Alto, en el caso boliviano y, la Universidad de Tarapacá en el caso chileno, en las tres instituciones, la aplicación de los cuestionarios vino acompañada del consentimiento informado que daba cuenta del objetivo general del estudio, el carácter voluntario de la participación, el respeto a la confidencialidad de las respuestas, la salvaguarda del anonimato de los participantes y el uso de la información con fines estrictamente académicos.

    La información obtenida se sometió a un procesamiento estadístico a partir de técnicas descriptivas, correlacionales, inferenciales pertinentes para los objetivos del estudio.

     

    III. Resultados y discusión

    De 397 personas conformaron la muestra entre los dos países, la repartición fue la siguiente:

    Cómo nos vemos los chilenos y cómo nos vemos los bolivianos

    Con relación a las dimensiones autoestereotípicas, a nivel descriptivo se aprecia que en la muestra general existen diferencias significativas p<.05 entre la auto percepción de chilenos y bolivianos, para los factores de moralidad y nacionalismo. Los factores, calidez y competencia no presentaron diferencias significativas.

    El grupo chileno se auto percibe más nacionalistas M= 3.58 que el grupo boliviano, M=3.88, p <.05. Al contrario, en el factor moralidad, la muestra boliviana se auto percibe mucho más moral que la imagen que tienen de si mismos la muestra chilena, el análisis de medias arroja una M= 3.75 para la boliviana y, una M = 4.5 para la muestra chilena, p<.01 (análisis de contravalores).

    Un análisis de atributos por factores señala que: para el factor "moralidad", de los 7 atributos de la escala, 4 presentan una diferencia significativa p<.05, y 3 atributos: "confiables"; "honrados" y "cultos" no demostraron diferencias entre grupos. Aunque el análisis de medias entre muestras no presenta diferencias para el atributo "corrupción", llama la atención que este atributo arrojó medias elevadas tanto para la muestra chilena, como, para la boliviana. Chile M= 4.32; Bolivia M=4.30, demostrando que ambos grupos se auto perciben "corruptos".

    Es interesante constatar que, en el caso boliviano, parecería existir una discordancia en la percepecion de este atributo, dado que se visualizan como "corrupto", pero "honesto"; esto no sucede en la muestra chilena, quien se visualiza como: "corrupto" y "deshonesto".

    Los resultados de los atributos que presentan diferencias significativas muestran que el grupo boliviano se auto percibe más: "honesto", "respetuoso" y "sincero", que la visión que tienen de sí mismos sus pares chilenos. Mientras que el grupo chileno se auto perciben más "solidario", que la imagen que tienen de si mismos el grupo boliviano. Es interesante notar que la muestra chilena arroja un resultado superior a la media en estos atributos, sugiriendo que existiría una elevada autopercepción de ser "deshonestos", "irrespetuosos" y "mentirosos". Por su parte los puntajes obtenidos por el grupo boliviano muestran una ligera tendencia a auto percibirse como "egoístas" y "mentirosos".

    De los 6 atributos medidos en este factor, el único con diferencia significativa fue el de "trabajador", p<.01, el grupo boliviano se auto percibe en este ítem superior al grupo chileno. Los otros atributos, no obtuvieron diferencias significativas, quedando demostrado que ambos grupos se auto perciben similares en los atributos de "emprendedores", "creativos", "inteligentes", "capaces" y "éxitosos"

    El desglose de atributos para el factor calidez señala que, de 7 atributos, sólo 3 obtuvieron diferencias significativas, p<.05, demostrando que los chilenos se auto perciben más "expresivos" y "sociables" que los bolivianos; mientras que estos se perciben más "generosos" que los chilenos. En los otros atributos "alegres", "simpáticos", "expresivos"," adaptativos", "avivados", no existiría diferencia en la percepción que tienen ambos grupos de sí mismos.

    En este factor de tres atributos presentados en la prueba, dos atributos: "cuestionador" y "patriota" demostraron ser estadísticamente significativos p<.01, en ambos casos el grupo chileno obtuvo mejores resultados en la auto percepción en estos atributos que el grupo boliviano.

    Cabe recalcar que la percepción del grupo boliviano en el atributo de "sumisión" obtuvo un puntaje ligeramente superior a la media, demostrando que este se percibe como "sumiso".

    Como los vemos

    Los factores que demostraron nivel de significación p<.05 son moralidad y nacionalismo, los otros factores no muestran resultados significativamente diferentes entre ambas muestras, de lo que se deduce que la diferencia entre estos países radica en los factores mencionados.

    En el factor nacionalismo, la muestra chilena percibe a Bolivia como patriota.

    Por su parte la muestra boliviana percibe a Chile como poco moral. Los resultados de medias arrojan un puntaje de M=4.1.

    Un análisis de atributos por factores muestra lo siguiente:

    Análisis de atributos para el factor: Moralidad

    Es en este factor, de 7 atributos, 4 presentaron fuertes diferencias entre muestras, n. s<.01. Se constata que los bolivianos perciben a los chilenos con una fuerte tendencia a ser: "egoistas", "deshonestos", "corruptos" e "irrespetuosos". La percepción del grupo chileno referente a la moral del boliviano se enmarca en la media esperada con una ligera tendencia al contravalor.

    Análisis de atributos para el factor: Nacionalismo

    Un análisis comparado entre la muestra chilena y la boliviana, para el factor nacionalismo, señala que los 3 atributos medidos en este factor presentan diferencias estadísticamente significativas p<.01. Los resultados obtenidos muestran que el grupo boliviano percibe al chileno como más "desarrollado", y más "cuestionador". Por su parte el chileno percibe a los bolivianos como altamente "patriotas", pero, "subdesarrollados" y "sumisos", arrojando las medias obtenidas en estos atributos un nivel superior a la media establecida.

     

    IV. Conclusiones

    Como nos vemos

    La imagen nacional es una construcción cultural. Ahora bien, no es posible contemplar esa imagen de un modo aislado, ya que su producción tiene lugar en la encrucijada de dos procesos, uno interno y otro externo. En el primer caso, la imagen nacional se fija sobre unos cánones reconocibles por una comunidad como tales y da lugar a la autoimagen. En segundo lugar, tiene que enfrentarse a las imágenes que han creado de ella otras naciones, dando lugar así a la hetero imagen. La información generada por estas, puede ser un indicador para la hostilidad intergrupal, dado que son efectos de sesgos de percepción, comunes a todos los seres humanos. En este trabajo buscamos conocer los auto y hetero estereotipos de Bolivia y Chile, dado que se ha demostrado que estas juegan un rol importante en los conflictos internacionales y más aún en los procesos de negociación.

    En los resultados encontrados se destaca el factor: moralidad, como el que presente mayores diferencias entre los grupos boliviano y chileno a nivel de la auto percepción. En este factor la muestra chilena se asemeja a la muestra boliviana sólo en 37,5% de este factor, a tiempo que se evidencia un 62,5% de variación entre muestras, señalando que ambos se visualizan diferentes. La percepción del boliviano es que moralmente es superior al chileno, se siente más "honesto", más respetuoso", más "sincero" que los chilenos. Este por su parte, sólo obtuvó resultados superiores para el atributo "solidario". Estudios realizadospor López Rodríguez L. (2015), señalan a la moralidad como factor importante en las relaciones. Sin duda, percibir a los miembros como honestos, sinceros o dignos de confianza, facilita la convivencia y la mantención de relaciones correctas. Los estudios también destacan que la moralidad, es más importante que la sociabilidad y la competencia en evaluaciones que las personas realizan sobre su endogrupo (Leach et al., 2007, citado en López Rodríguez L. 2015). En efecto, los miembros del endogrupo pueden ser percibidos como cálidos, amables y amistosos (i.e., sociables) pero no necesariamente como personas morales en las que se pueda confiar.

    En el factor moralidad, las medias obtenidas en la muestra chilena son altas para los contravalores de: "deshonesto", "irrespetuoso" y "mentiroso", correspondientes con lo obtenido en: "corrupción". Llama la atención que según los indicadores de Transparency International y del Banco Mundial, la percepción de los chilenos es que el país presenta un bajo nivel de corrupción. Sin embargo, los resultados obtenidos en la presente investigación y corroborados por estudios realizados el pasado año y presentados por Transparency International en el Barometro global de la corrupción (2017), y por Orellana, P. (2004), demuestran lo contrario. Orellana, P., denomina a esto "esquizofrenia ética", manifestando que para los chilenos no hay percepción de corrupción significativa en las transacciones internacionales: importaciones y exportaciones, inversiones extranjeras y quizás hasta en las licitaciones internacionales, lo que se refleja en los excelentes indicadores de las encuestas internacionales, pero, hay percepción de corrupción en la vida diaria.

    "presentan dos comportamientos simultáneos contradictorios que correspondería al rasgo de hipocresía de nuestra nacionalidad ......el país tiene una conciencia y una práctica esquizofrénica lo que sirve para identificarla probidad o la corrupción vigentes, sin entender que ambas se dan simultáneamente" (Orellana Vargas P. 2004).

    Si bien el atributo de "corrupcion", en el caso boliviano, no presentó diferencia significativa con el resultado del grupo chileno, mostró discordancia con los resultados obtenidos por el atributo honestidad, ya que los bolivianos se consideran: "honestos" y al mismo tiempo, "corruptos". Una posible explicación tanto para el caso chileno como boliviano, lo encontramos en los trabajos de Girola L. (2009), que señala que existen muchas acepciones al termino corrupción, por lo que sugiere referirse a él como anomia, dentro de las cuales pueden existir anomias valorativas, anomias por superposición de códigos normativos, por contraposición entre moral ideal/moral práctica, por ambigüedad/ambivalencia en las prescripciones normativas, también, anomias como un subproducto perverso del sistema de dominación en una sociedad jerárquica y escasamente democrática, anomias porcomplejizarían y tecnificación de las soluciones propuestas por el Estado la desigualdad social prevaleciente (asistencialismo y paternalismo en lugar de previsión social) y anomia por prevalencia de la impunidad frente a la trasgresión y el sentimiento de desvalimiento que esto genera. O sea, existirían una serie de variables sociales y sobre todo político institucionales que llevarían a las poblaciones a verse obligadas a desarrollar conductas que, si bien, no están acordes a las leyes, responden a las necesidades y a la realidad de la población, generando una visión positiva de esta característica, logrando que perciban corruptos como viveza, astucia, etc. Lo que da como resultado que los chilenos se perciban "deshonestos "y "corruptos", mientras que los bolivianos perciben la corrupción ligado a viveza, astucia, porque ante todo ellos son "honestos". La investigación presentada en el Barómetro Mundial de Corrupcion por la ONG Transparency International lo corroboran, al señalar en su informe del presente año que, de 10 latinoamericanos, solo 1 denuncia casos de corrupción, demostrando que, por una u otra causa, la corrupción parece ser un hecho aceptado en las muestras de ambos países.

    Los factores de calidez y competencia son considerados como consecuencias de las interacciones interpersonales e intergrupales. Fiske (1992), señala que los individuos deseamos conocer las metas y la efectividad para lograrlas. Es decir, los perceptores quieren saber la intención del endogrupo y del exogrupo (positiva o negativa), y su capacidad para lograr estas metas. Estas características corresponderían a percepciones de calidez y competencia, respectivamente (Fiske S. Cuddy A. Glick, P. Xu J. 2002).

    Los resultados que obtuvimos en la investigación para calidez muestran una diferencia significativa entre ambas muestras, el grupo chileno auto percibe más afínidad entre ellos que el grupo boliviano, lo que generaría mecanismos de favoritismo endogrupal y mayor identidad (Smith, V. Pérez, R. 2007). Un examen por atributos señala que esta diferencia estaría dada por los atributos: "sociabilidad" y "comunicativos", siendo similares para los otros 5 atributos. El hecho de que la muestra boliviana se perciba menos "comunicativa" y "sociable" que la muestra chilena, sugiere que estos atributos pueden estar interfiriendo en el favoritismo endogrupal. El factor competencia no demostró diferencia significativa entre muestras, de lo que deducimos que ambas se consideran igual de competentes, aunque el análisis de atributos señala que los bolivianos se consideran más "trabajadores" que los chilenos. Otro análisis sobre estos resultados, la encontramos en Vidangos J (2018) quien señala que la percepción de competencia del grupo boliviano podría ser un mecanismo de defensa de su autoestima nacional y personal, frente al alto nivel de desarrollo socio económico e industrial en el que se encuentra Chile en comparación con Bolivia.

    Como los vemos

    Los resultados de la hetero percepción muestran diferencias significativas para los factores de moralidad y nacionalismo. En mi opinión en los resultados obtenidos proceden de los componentes históricos tanto pasados como presentes (Ibañez, 1988), los cuales influyen en los estereotipos. Así situaciones como la guerra del Pacifico, y/o los problemas que desde 1904 vienen suscitándose entre ambas naciones debido al enclaustramiento boliviano por parte de Chile, colaboró a la construcción de los estereotipos existentes hacia el grupo chileno, quienes son percibidos por los bolivianos como deficitarios de valores morales. La moralidad de acuerdo con varios autores sería la dimensión estereotípica más relacionada con la percepción de amenaza exogrupal, (Alexander, 1985, 1987. Brambilla et al., 2012, citado por López, L. 2015), constituyéndose en un impedimento para mantener relaciones correctas entre ambos países, pues el exogrupo es percibido como poco sincero y sobre el que se desconfía. En el caso boliviano de no trabajarse estos estereotipos, podrían constituirse en impedimento para establecer procesos de negociación exitosos con Chile, suscitando sentimientos de amenaza que podrían desvirtuar los mensajes entre ambos.

    Como señala Bar-Tal (1994), los acontecimientos pasados no son fácilmente olvidados. Cada grupo tiene su historia y la transmite a las nuevas generaciones. La memoria colectiva almacena los acontecimientos del pasado y muchos de ellos no solamente son la herencia de grupo, sino que llegan a ser parte del ethos mantenido a través de la cultura, educación y otras instituciones. Las relaciones intergrupales pasadas se recuerdan de forma selectiva y sirven de fundamento sobre las que se construyen relaciones. De ahí que los resultados obtenidos muestran que los estereotipos generados durante la guerra del Pacifico y años posteriores, parecería estar aún viva en la memoria del pueblo boliviano. Así, un análisis de lo obtenido en los factores de calidez y competencia, mismas que no presentaron diferencias significativas entre países, podría señalar que las muestras reconocen en el otro capacidad y estatus para poder ejercer y competir, pero un análisis por atributo lleva a pensar los estereotipos desarrollados durante la contienda bélica del Pacifico, están aún presentes, por lo que el grupo boliviano percibe a sus pares chilenos como: "antipáticos", "irrespetuosos" y "zonzos". Por su parte los chilenos perciben a los bolivianos menos "comunicativos" y "poco sociables", rasgos que son percibidos como caracteristicos de grupos aimaras, raza que esta en el imaginario del chileno, íntimamente ligada a Bolivia, olvidando este que Arica,(región donde se tomo la encuesta), es una ciudad de origen aimara, aunque el proceso de chilenización, implantado después de la guerra del Pacifico, busco limpiar esta imagen de la mente del norteño.

    En lo referente al factor nacionalismo, la prueba de Espinoza que se utilizó en la investigación rompe con la noción de nacionalismo como ideología, y considera a este factor relacionado a una visión cuestionadora y de desarrollo (Espinoza y col.,2016). Los resultados obtenidos muestran diferencias significativas en la hetero percepción de nacionalismo entre ambas muestras. Así Chile considera a Bolivia como un país "subdesarrollados" y "sumiso", pero, también es percibido como altamente "patriotas", posiblemente se deba a los reclamos constantes a nivel internacional que realiza Bolivia por su reivindicación marítima. Por su parte, los bolivianos perciben a los chilenos en los niveles medios en atributos para:" desarrollados", "cuestionadores" y "patriotas".

    Uno de los principales aprendizajes que aporta las investigaciones sobre estereotipos es que informan sobre las naciones que les dan origen y las perpetúan. Sería absurdo soñar con suprimir los estereotipos pues ellas son intrínsecas a la vida de la sociedad. Es necesario acomodarse a ellos con la preocupación de reprimir los aspectos de ellos que puedan interferir en la construcción de una relación armoniosa entre países. De aquí que es necesario conocerlos. La investigación realizada muestra que los chilenos no consideran a los bolivianos como una amenaza. De acuerdo con lo mencionado en la teoría de las amenazas (TIA), Bolivia, al ser percibido como un país "subdesarrollado", "poco comunicativo" y "poco sociable", no responde a ningún criterio objetivo, ni psicológico de peligro, no representa riesgo alguno para su integridad, ni la posición de privilegio (poder económico y político) que percibe tener.

    Por su parte Bolivia, percibe a Chile como un país "poco confiable", "poco sincero", además de "antipático" e "irrespetuoso", lo que tornara difícil el proceso de negociación, a no ser, que ambos países adquieran consciencia de los estereotipos que tienen uno sobre el otro y traten de atenuar los mismos. Diferentes estudios realizados sobre el rol de los estereotipos en los procesos de negociación muestran que los negociadores internacionales para alcanzar sus objetivos utilizan su identidad social, altamente relacionado con sus estereotipos nacionales, como mecanismo para identificar lo similar y lo diferente en la diversidad de sus adversarios. Autores como:( Lewicki, Litterer, Minton et Saunders, Pekar Lempereur et Colson, citados en Radtchenko-Draillard S. 2014) remarcan la importancia de conocer los estereotipos sobre el adversario en los procesos de negociación internacional, ya que la visión del otro influye en el mismo y por ende es esencial conocerlos, saber cómo movilizarlos para el propio beneficio, evitando que nos dañe cuando sea utilizado por el otro. Para Walton et McKersie, (1965) los estereotipos, sobre todo negativos, pueden volverse un obstáculo en las negociaciones internacionales porque pueden provocar desconfianza y hostilidad o lo que es peor indiferencia inicial entre protagonistas. Todo lo anterior lleva a pensar que de no ser tomados en cuenta los estereotipos existentes entre grupos bolivianos y chilenos, estos pueden constituirse en impedimento para lograr procesos de negociación exitosos, Radtchenko-Draillard S. (2014) menciona que los sujetos que sostienen estereotipos negativos hacia la contraparte, durante el proceso de negociación eligen frecuentemente una orientación basada en la competencia reñida, la repetición, la argumentación unilateral y la presión que ejercen sobre el otro para persuadirlo a aceptar sus propuestas; mientras que los sujetos que sostienen estereotipos positivos eligen frecuentemente la orientación estratégica integrativa, basada en la cooperación, el respeto al adversario, los intercambios y los ajustes necesarios en las soluciones satisfactorias en la búsqueda de un acuerdo óptimo para todos.

    En definitiva, Bolivia y Chile mantienen estereotipos unos sobre los otros, estereotipos que pueden ver afectados los procesos de negociación, única vía posible para solucionar los problemas endémicos en la región, cuyas consecuencias afectan no solo el comercio internacional que existe entre ambos países, y su implicancia económica, sino sobre todo el bienestar de las poblaciones de ambas regiones que deben realizar actividades en conjunto. De ahí, que los estereotipos además de ayudarnos a percibir, ordenar y comprender la realidad social se convierten en elementos esenciales para propiciar relaciones intergrupales solidarias que puedan ayudar a construir una cultura de paz en la región.

     

    Notas

    1 El trabajo boliviano fue financiado con fondos concursables del programa IDH.

    2 Universidad Mayor de San Andres. La Paz. Bolivia La Paz. Bolivia. Correo electrónico.: mlmaric@hotmail.com

    3 Universidad de Tarapacá-Arica. Chile. Correo electrónico.: proferomero@gmail.com

    4 Los autores agradecen la colaboración de los equipos de psicologia política de ambas universidades: Vidangos, J., Ordoñez, G. & Morales V. de la Universidad Mayor de San Andrés y Ramirez, C. & Mena, P. de la Universidad de Tarapacá.

     

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