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    Estudios Bolivianos

    Print version ISSN 2078-0362

    Estudios Bolivianos  no.16 La Paz  2012

     

    HISTORIA

     

    ARGENTINOS Y PERUANOS EN BOLIVIA: APUNTES SOBRE LA MIGRACION REGIONAL A MEDIADOS DEL SIGLO XX

     

     

    María Luisa Soux

     

     


    Resumen

    Complementando los trabajos realizados por otros historiadores sobre la presencia de extranjeros en Bolivia, que se han concentrado sobre todo en el tema de la migración europea o asiática, el presente artículo busca poner en la agenda de investigación el tema de la migración regional y transfronteriza, a través del estudio de la migración de argentinos y peruanos a Bolivia en la década de 1940. Para ello, acude a una fuente excepcional como es el censo de extranjeros que se halla actualmente en el Archivo de La Paz.

    Descriptores

    Migración regional // políticas migratorias // migrantes argentinos y peruanos // censo // comportamiento migratorio // inserción laboral


    Abstract

    Complementing the research of other historians about the presence of migrants in Bolivia, focused on the European or Asian migrations, this article seeks to introduce into the research agenda the process of regional and cross-border migration, trough the study of the migration of Argentineans and Peruvians to Bolivia in the 1940s. The research uses a unique source such as the Census of Foreigners of La Paz Archive (ALP).

    Key words

    Regional migration // migration policies // Argentine and Peruvian migrants // census // migratory behavior // employability


     

     

    Introducción

    La historia económica de los primeros años del siglo XX, en parte de los países de América Latina, estuvo marcada de manera importante por la llegada de grandes oleadas de migrantes europeos que se insertaron en el mercado laboral como obreros calificados, técnicos o trabajadores agrícolas. En Argentina, Brasil o Chile, para citar algunos casos, estos migrantes -procedentes fundamentalmente de Italia, España y Alemania- fueron una pieza fundamental en el desarrollo industrial de los países anfitriones. Esta migración ha sido ampliamente estudiada en la historiografía latinoamericana, sobre todo en los países donde significó un impacto demográfico mayor.

    Sin embargo, existe otro tipo de migración que no ha merecido tantos trabajos de investigación: el permanente desplazamiento de personas y familias que cruzaban y cruzan las fronteras comunes de nuestros países por motivos muy diversos, como el comercio itinerante, la búsqueda de mejores oportunidades laborales, la represión política en sus países de origen, las persecuciones de carácter étnico y el anhelo de un ascenso social, entre muchas otras razones. La constitución de repúblicas en el antiguo territorio colonial de los virreinatos del Perú y del Río de la Plata, rompió los espacios económicos, sociales y culturales tradicionales, conformando nuevos espacios que fueron estableciendo poco a poco centros de atracción o, en muchos casos, espacios centrífugos, que miraban hacia las costas como horizonte para la exportación de materias primas. De esta manera, el antiguo espacio peruano (o potosino) fue desestructurándose poco a poco, aunque nunca se llegó a romper definitivamente las relaciones.1

    Productos de consumo popular como la coca o la chicha siguieron articulando estos espacios y, consecuentemente, los comerciantes tradicionales de estos productos continuaron trasladándose de un lado a otro de la frontera, manteniendo relaciones de amistad, parentesco y compadrazgo.

    A fines del siglo XIX, dos nuevos elementos modificaron esta situación. Por un lado, el avance de la industrialización, fundamentalmente en las costas de Argentina, Chile y Perú, atrajo a trabajadores del interior que llegaron como obreros a los nuevos centros textiles, agrícolas y mineros; por el otro, una agresiva política migratoria empezó a ofrecer en todos los países de la región grandes ventajas a grupos poblacionales procedentes de Europa, los cuales, de acuerdo a los discursos liberales y "civilizadores" que imperaban en la región, traerían a este continente la modernidad y el progreso.

    Esta política tuvo en Argentina y Chile una respuesta mucho mayor a la obtenida en Perú y Bolivia, donde la migración europea pareció no llegar en el número esperado.

    Este comportamiento diverso pudo deberse a una serie de factores, entre los que se hallaban las oportunidades de trabajo, la falta de población en muchas regiones o la cercanía a los puertos y la costa; sin embargo, la visión oficial sobre el asunto en los países involucrados se dirigió más bien a que la presencia de una fuerte población indígena había limitado la esperada migración de los progresistas europeos.2

    Dentro de este contexto, la presente investigación busca analizar el comportamiento migratorio de argentinos y peruanos en Bolivia durante la década de 1940, estableciendo de manera indagatoria las regiones de origen, el tipo de migración, las actividades realizadas por los migrantes y su nivel económico y cultural.

     

    Políticas migratorias en Bolivia

    El interés estatal por recibir nuevos grupos de población puede remontarse a los primeros años de la república, donde se dictaron leyes que otorgaban privilegios a quienes se establecieran en las zonas fronterizas, sin especificar si estos beneficios también implicaban a los extranjeros. Este fue el caso, por ejemplo, del Marco del Jaurú, ubicado en la frontera con el Brasil, y donde el Estado promovió el asentamiento de los soldados de la independencia. Muchos de estos soldados pertenecientes a las tropas bolivarianas eran naturales de Colombia y Perú. En noviembre de 1863 se firmó con el Perú un tratado llamado de "Paz y amistad", cuyo artículo 5º. Establecía:

    Los ciudadanos de cada una de las altas partes contratantes, tendrán en los territorios de la otra, respectivamente, entera libertad para efectuar sus compras y ventas, transacciones y demás contratos, para establecer sus condiciones legales y fijar el precio de sus artículos, mercaderías u otros objetos naturales, manufacturados o industriales, sean nacionales o importados y ora los vendan en el interior o los destinen a la exportación; pero conformándose invariablemente a las leyes y reglamentos del país.

    Coincidentemente, en julio 1868 se firmó el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con Argentina, que establecía:

    Art. 3º. Los bolivianos en la República Argentina y los argentinos en la República de Bolivia, tendrán los mismos derechos que los ciudadanos con excepción de los políticos; no estarán sujetos sino a las contribuciones e impuestos que paguen los ciudadanos y podrán ejercer profesiones científicas estando acreditados en forma por los Tribunales y Facultades competentes, como si fueran profesores del país.3

    Luego de la derrota en la Guerra del Pacífico, el Estado Boliviano, dentro del interés por desarrollar la nación, empezó a promover con más fuerza la migración.

    Fruto de este interés fue la suscripción de convenios para homologar títulos académicos para las profesiones liberales,4 buscando la llegada de profesionales.

    De la misma manera, se establecieron convenios internacionales multilaterales, que reconocían los mismos derechos civiles a los extranjeros que a los nacionales5.

    Ya en el siglo XX, el Estado liberal, a través de la Oficina Nacional de Estadística y Propaganda Geográfica, llevó a cabo una política de propaganda para incentivar la llegada de extranjeros. Con este motivo, se publicó un folleto titulado Indicaciones sumarias para el Inmigrante en Bolivia, editado, según don Manuel Vicente Ballivián, "con el objeto de llamar la atención de los inmigrantes a Bolivia que... desean dedicarse a labores especiales en el país" (Oficina Nacional de Estadística, 1912).6

    Siguiendo la preocupación por el problema, se publicó por los mismos años un "Reglamento de Inmigración Libre", donde se podía encontrar las prescripciones y requisitos que debían cumplir los inmigrantes, así como las facilidades que otorgaba el gobierno a quienes querían trasladarse a Bolivia como inmigrantes.7

    Manuel Vicente Ballivián, el promotor del progreso en el país y el más entusiasta defensor de la migración de extranjeros calificados -en otras palabras, preferentemente de europeos o criollos latinoamericanos-describía las posibilidades de mejoramiento de la situación de los migrantes, tal como se puede determinar en la carta ya citada anteriormente:

    Bolivia es un país nuevo, donde las industrias esperan el capital y brazos para su explotación. ...El gobierno boliviano se preocupa del establecimiento de colonias y para ello necesita elementos de actividad y trabajo. En esta virtud ha constituido a los Consulados de Bolivia en el exterior, como oficinas de información y encargados de suministrar datos a los inmigrantes que quieran venir al país, exigiendo que los elementos de trabajo sean garantizados y aptos para iniciar el sistema colonial (Ibíd).

    Dentro de este incentivo, se crearon algunas colonias extranjeras, sobre todo en las tierras bajas y cercanas a la frontera. De esta época proviene la migración de familias alemanas organizadas en la Argentina, que se asentaron en la región de Villamontes, en el Chaco Boliviano.8

    A pesar del impulso dado por conservadores y liberales a la migración, ésta fue muy baja, tal como se puede observar en los resultados del Censo de 1900, que anotaba un total de 7.425 extranjeros frente a 1.737.143 bolivianos, es decir, el 4 por mil de toda la población (Oficina Nacional de Estadística y Propaganda Geográfica, 1905:244).9 Los convenios y tratados firmados con otros países europeos y asiáticos, como Italia o Japón, promovieron también la migración y el asentamiento de migrantes, garantizándoles la igualdad de derechos con respecto a los bolivianos. Respondiendo al tratado firmado con el Japón, se fortaleció poco después la migración asiática, fundándose colonias de japoneses y okinawas en la región de Santa Cruz.10

    El desarrollo de la industria minera, sobre todo la dirigida por los Barones del Estaño, promovió en la década de 1930 la inmigración de técnicos e ingenieros de minas procedentes sobre todo de la Europa Oriental; al mismo tiempo, numerosos trabajadores chilenos llegaron a las minas de estaño como perforistas y técnicos medios. Sin embargo, esta migración fue también limitada, más aún si comparamos con la llevada a cabo en los países vecinos.

    El problema principal fue que el nivel de industrialización de la economía boliviana fue mínimo. Las principales industrias se limitaban a algunas textileras, dirigidas por empresarios italianos y árabes -Fábrica Said, de telas de algodón; Fábricas Forno y Soligno, de telas de lana-; las pequeñas cervecerías, dirigidas por familias alemanas; y los resabios de antiguas industrias vitivinícolas, dirigidas por sus antiguos dueños en los valles de Cinti, Tarija y Luribay. El resto de la actividad no pasaba de ser artesanal.

    Ya dentro del contexto de la persecución nazi y poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Bolivia firmó un acuerdo específico sobre el tema de inmigración, esta vez con Polonia. Este convenio, firmado en Buenos Aires el 31 de diciembre de 1937 y aprobado por el Congreso boliviano en noviembre de 1938, establecía el apoyo que recibirían los ciudadanos polacos en Bolivia, apoyo que consistía en el pago de pasajes, entrega de tierras gratuitas, liberación del pago de impuestos sobre el transporte de los objetos traídos por los inmigrantes, etc. Al mismo tiempo, se establecía la creación de una empresa colonizadora que administraría el proceso de migración e inserción en labores agrícolas.

    Este convenio no llegó a entrar en vigencia debido a la invasión alemana a Polonia; sin embargo, fue la base para la aceptación de miles de inmigrantes judío-polacos que llegaron a Bolivia durante la Guerra.11

    Esta visión sobre la migración extranjera en las clases altas y medias de la sociedad, que se mantuvo aún por mucho tiempo y que no difiere de las políticas adoptadas en otros países latinoamericanos, marcó una clara diferenciación de corte racista. La migración de europeos, norteamericanos o latinoamericanos de "tez blanca", era aceptada más que la de asiáticos; entre éstos, los japoneses tenían un status superior frente a chinos y coreanos, y los dos eran preferidos frente a la migración de quechuas y aymaras de la sierra peruana, que tenían fama de "ladrones y flojos".

     

    El problema de las fuentes

    El estudio de la migración regional hacia Bolivia no ha sido abordado aún por la historiografía boliviana. Algunos trabajos periodísticos realizados en los últimos años han tratado el tema de las relaciones familiares seculares entre el sur peruano -Tacna y Moquegua- y La Paz,12 mientras que la migración de otros países como Chile y la Argentina ha sido dejada totalmente de lado.13 Por este motivo, este trabajo será únicamente un primer acercamiento al tratamiento del tema.

    Hace algunos años, circunstancias especiales nos pusieron en contacto con algunos documentos provenientes de la Oficina de Identificación y Migración, entre los que se hallaban muestras de los censos de extranjeros que se habían llevado a cabo durante la década de 1940.14 La documentación, que consistía en papeles de identificación de extranjeros, registros de salida y de entrega de pasaportes, se hallaba totalmente desordenada. Luego del proceso de ordenamiento por procedencia de los migrantes, se contó con el registro de alrededor de 5000 extranjeros, entre los que se hallaban unos 500 argentinos y unos 1500 peruanos.

    La falta de datos estadísticos confiables y la gran distancia existente entre los censos generales en Bolivia, nos impiden determinar con exactitud la representatividad de la muestra; sin embargo, para tener algunos datos comparativos podemos decir que el número de extranjeros en el censo de 1900 era de 7425, de los cuales 5818 eran hombres y 1607, mujeres. El número de peruanos era de 2571 (2072 hombres y 499 mujeres), mientras que los argentinos sumaban 1368 (963 hombres y 405 mujeres).

    Para el siguiente trabajo, se ha reducido la muestra a 150 argentinos y 270 peruanos, tomando en cuenta que el objetivo del mismo no es determinar la cantidad de migrantes, sino su forma de relacionarse y su inserción en el mercado de trabajo. Por este motivo, se ha optado por reducir la muestra para establecer más fácilmente las relaciones sociales que se establecen entre los grupos de migrantes.

    Uno de los aspectos que llamó de inmediato nuestra atención fue la distinta composición por género que presentaban los documentos, relación que fue confirmada también por el censo de 1900, en relación al número de inmigrantes masculinos y femeninos entre argentinos y peruanos.

    La comparación de datos entre el Censo Nacional de 1900 y las fichas del Censo de Extranjeros de la década de 1940, nos da el siguiente resultado:

    El diverso comportamiento en la relación entre hombres y mujeres migrantes muestra ya un diferente tipo de migración. Por un lado, parece ser que la migración argentina era más de carácter familiar, hecho que se comprueba también por la presencia de familias completas en las listas de migrantes; mientras que la migración peruana tiene un carácter más masculino. Los peruanos migraban solos y rara vez llegaban acompañados por sus familias.

     

    La migración argentina

    A partir de la muestra de 149 migrantes argentinos censados entre 1941 y 1949, se ha podido obtener algunos datos sobre el carácter, forma de migración, objetivo y formas de inserción laboral de los inmigrantes argentinos. Por la ocupación de los migrantes, el apellido y la organización familiar, se puede observar que la gran mayoría de argentinos en Bolivia procedían de la clase media. Muchos de ellos conformaban una segunda generación de migrantes europeos que buscaban nuevas alternativas económicas; algunos habían utilizado la Argentina como un país de paso, ya que habían nacido en Europa (España, Italia, Polonia). Un número no determinado aún estaba en Bolivia de paso, ya sea como comerciantes o, por el contrario, como empleados de alguna empresa comercial internacional. Esta población, por lo tanto, se quedaba en Bolivia el tiempo de su contrato y retornaba posteriormente a la Argentina. Finalmente, hallamos también migrantes que llegaban con una misión, ya sea de religiosos católicos o de predicadores protestantes. El carácter de migración familiar y la ubicación en la clase media de empleados y comerciantes, hace que un gran porcentaje de las mujeres migrantes sean consideradas como amas de casa. El resumen puede verse en el siguiente cuadro:

    Tomando en cuenta la procedencia y los lazos familiares que pudiera haber entre los inmigrantes argentinos, no se encuentra una relación directa entre la procedencia y la ocupación. Esto significa que los migrantes procedentes, por ejemplo, de Buenos Aires o de la Capital Federal, tienen una serie de profesiones u ocupaciones que no guardan necesariamente una relación.

    A pesar de que se puede plantear la existencia de ciertas tendencias en la relación entre procedencia y ocupación, podría tratarse, por lo pequeño de la muestra, de una casualidad.

    A pesar de ello, citamos algunos casos familiares y ocupacionales que pueden abrir espacio para nuevas investigaciones:

    •     El caso de la familia Cammarata, de Bahía Blanca, dedicada a la misión adventista. Se podría abrir una investigación sobre los vínculos religiosos y familiares entre los migrantes europeos a Bahía Blanca y la apertura de sus redes hasta Bolivia.

    •     El caso de los comerciantes de origen libanés procedentes de Formosa. En este caso, la familia Handal, que llegó a tener en Bolivia una serie de casas comerciales de textiles y ropa.

    •     La familia Luraschi de Rosario, Santa Fe, que muestra la típica situación de un negocio familiar donde los parientes van llegando a Bolivia para apoyar el negocio, en este caso, la Casa Vico de Oruro.

    •     Un caso que parece ser más casual es el de los músicos provenientes de Mendoza. Se trata de una orquesta que actuaba, en el momento del Censo, en el Teatro Edén de Oruro.

    •     Una estrategia familiar diferente parecen seguir otras familias, en las cuales la inserción laboral y la ocupación es muy diversa. Éste es el caso, por ejemplo, de la familia Doubley, procedente de Buenos Aires y en la cual uno de los hermanos es dentista, el otro es empleado de la Empresa Cobana y el tercero es empleado del periódico La Razón.

    •     Es interesante resaltar que el único agricultor que aparece en la muestra es Ángel Humacata, procedente de El Carmen de Jujuy, y que se asentó en la empresa vitivinícola de Cinti, SAGIC, al sur de la república. La migración de agricultores parece ser inversa, ya que eran y son los bolivianos los que migran hacia la Argentina, como braceros para la zafra o como agricultores en pequeñas granjas.

    El siguiente cuadro muestra un resumen de la procedencia de los inmigrantes argentinos en Bolivia:

    La ocupación y el lugar de procedencia de los migrantes no parece tener tampoco relación con la residencia en Bolivia. Empleados, comerciantes y artesanos se ubicaron sobre todo en La Paz, Oruro y Cochabamba. Tres son los casos especiales: el primero, un inmigrante de Orán que se ubicó como perforista petrolero en el centro de Camiri, lo que plantearía una migración entre habitantes del Chaco; el segundo caso es el de unos cuantos habitantes de Jujuy y Salta que se asientan en Tarija y Tupiza, planteando una migración más ligada al circuito comercial del sur; y, finalmente, el caso de los chóferes argentinos que son censados en Santa Cruz y garantizados por la familia Monasterios, familia tradicional cruceña que se dedicaba en esos años al transporte de goma hacia la Argentina.

    Es interesante resaltar que en las ciudades, y sobre todo en La Paz, los inmigrantes argentinos ejercían ocupaciones que no eran tradicionales para los bolivianos, y que más bien se identificaban como propias de los inmigrantes judíos de Europa Oriental. Éste es el caso, por ejemplo, de los peleteros y ebanistas.

    El lugar de residencia de los migrantes sigue la dinámica del crecimiento de las ciudades bolivianas por esos años. El primer lugar lo ocupa La Paz, y muy lejos se hallan las otras ciudades del país. El resumen de la residencia de los migrantes argentinos puede verse en el siguiente cuadro:

    Como se puede ver en el cuadro anterior, el 66% de los migrantes argentinos se establecieron en La Paz, donde desarrollaron actividades comerciales, artesanales o se ubicaron como empleados de diversas empresas. En el lado contrario se hallan los migrantes rurales, que se encuentran únicamente en Ancoraimes y Cinti. En el primer caso se trata de una enfermera diaconisa que ejercía su misión en el Altiplano paceño, y en el segundo, de un trabajador de la empresa vitivinícola de Cinti.

     

    La migración peruana

    Para analizar la migración peruana a Bolivia, se deben tomar en cuenta una serie de elementos estructurales y coyunturales que marcaron la relación entre estos dos países.

    Un primer punto, central para el análisis, es la existencia secular de un circuito económico y poblacional que ha relacionado el sur peruano, el altiplano paceño y la región de los Yungas.

    Este circuito se remonta a la época prehispánica. Tiwanaku y posteriormente los señoríos aymaras mantuvieron, bajo el sistema de control de pisos ecológicos, archipiélagos en las tierras bajas de los Yungas. Por ejemplo, el señorío Lupaca, ubicado en la actual región de Puno, tenía colonias multiétnicas en los yungas Chapi y Peri, actuales provincias Nor y Sud Yungas de La Paz; mientras que el señorío Pacajes, ubicado en el altiplano paceño, tenía colonias en las costas de Ica y Moquegua, hoy del Perú (Murra, 1975).15 Esta situación se mantuvo durante la época colonial y no se rompió posteriormente, a pesar de la existencia de una frontera nacional que cortaba este espacio.

    Un segundo elemento que hay que tener en cuenta, esta vez coyuntural, es el desarrollo de la industria cafetalera en los Yungas paceños, en la década de 1940. La crisis del mercado de la coca y los intentos por diversificar la producción yungueña, así como la apertura del camino carretero hacia Nor y Sud Yungas, promovieron la inversión en muchas haciendas, sobre todo del Norte de la región, en la compra de cafetos y el desarrollo de una pequeña industria. Esta actividad aumentó la demanda de mano de obra que fue cubierta, aparentemente, por la llegada de trabajadores procedentes del antiguo espacio económico, es decir, del altiplano peruano.

    En el Norte de Bolivia, en el departamento de Pando, la industria de extracción de goma elástica, que vivió una nueva etapa de boom debido al aumento de la demanda internacional de la Segunda Guerra Mundial, promovió también la migración peruana de la Amazonía. Algunos trabajadores siringueros cruzaban la frontera para insertarse como braceros en la extracción de goma.

    Finalmente, causas políticas como la persecución de jóvenes apristas en el Perú, promovieron el aumento de la llegada de migrantes temporales a Bolivia. Muchos jóvenes, sobre todo de Arequipa y el Cusco, llegaron a estudiar a la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz. Entrevistas realizadas con algunos descendientes de estos estudiantes relatan que el motivo de la llegada no fue únicamente académico, sino que varios de éstos jóvenes habían escapado de la persecución política.

    La desproporción entre la migración masculina y la femenina nos muestra una estrategia migratoria diferente a la argentina. Por lo general, los migrantes peruanos llegan solos o acompañados por otros parientes masculinos. En el caso de los migrantes rurales, podría pensarse en una migración de tipo estacional o golondrina, en la cual es el hombre el que sale mientras la mujer se queda en la comunidad cuidando las tierras.

    Sin embargo, la presencia del mismo parámetro migratorio en los migrantes urbanos nos plantea la interrogante sobre la relación existente entre las familias del sur peruano y las familias paceñas, lo que podría mostrarnos un comportamiento tradicional de relaciones sociales y de parentesco, para establecer matrimonios entre migrantes peruanos y jóvenes paceñas relacionadas con ellos.16

    El comportamiento migratorio tradicional interno del campo a la ciudad plantea un cierto equilibrio de género. Mientras los jóvenes llegan para insertarse en el mercado de trabajo como albañiles, cargadores o pequeños comerciantes, las mujeres jóvenes se insertan en el mercado laboral como empleadas domésticas. Este comportamiento no ocurre, sin embargo, con el caso de los migrantes peruanos. En el censo se consigna sólo a una mujer peruana que trabaja como sirvienta doméstica, hecho que difiere de los parámetros de migración tradicional. Una explicación a este fenómeno podría estar en la visión discriminatoria que tenía la élite paceña frente a los peruanos, y en la falta de demanda de servicio doméstico para las jóvenes del Perú.

    Al contrario de lo que ocurría con la migración argentina, en el caso de los peruanos existe una relación fuerte entre el lugar de origen y la ocupación, así como una diferenciación marcada entre tres niveles de migrantes: por un lado, la migración ciudad-ciudad, compuesta en su mayoría de jóvenes estudiantes, empleados o técnicos; por otro lado, una migración campo peruano-La Paz, compuesta por artesanos, obreros y empleados de bajo nivel; y, finalmente, una migración campo-campo, compuesta casi exclusivamente por jóvenes aymaras dedicados a la agricultura o por migrantes de la amazonía peruana dedicados a la extracción de goma en Pando.

    Mientras que el primer tipo de migrantes tiene un movimiento más familiar (la mayoría de mujeres censadas son esposas de técnicos o empleados dedicadas a labores de casa), la migración del segundo y tercer tipo tiene un comportamiento que podríamos llamar más "comunal": es decir, son miembros de una misma comunidad los que migran, pero sin llevar a sus familias.

    El siguiente cuadro nos muestra un resumen de la ocupación de los migrantes peruanos:

    La relación entre ocupación y lugar de nacimiento es más clara en el tercer tipo de migrantes (campo-campo). Así, por ejemplo, los 26 migrantes de Conima (región de Puno) son agricultores en Nor Yungas y se ubican en cuatro haciendas: El Choro, Santa Rosa de Suapi, Quiloquilo y El Moro. Más aún, los migrantes de El Moro son todos parientes, ya que apellidan Aquince; los de El Choro apellidan Blanco; y los de Santa Rosa de Suapi, Huayhua.

    Este hecho nos muestra un comportamiento migratorio, en primer lugar, comunal y, en segundo lugar, familiar. Habría que profundizar con un estudio en la misma región de Yungas para determinar la existencia de redes sociales ligadas a este tipo de migración.

    Los migrantes del Desaguadero, también agricultores, trabajan en la misma región del Desaguadero boliviano.

    Esta situación nos lleva a pensar que pudiera tratarse de relaciones familiares y sociales que cruzan la frontera y se ubican indistintamente a uno u otro lado del río.17

    Los migrantes del segundo tipo (pueblos de la sierra peruana-La Paz) tienen mayores posibilidades de ampliar y diversificar sus ocupaciones. Así, por ejemplo, los 29 migrantes del pueblo de Anapia se establecieron en La Paz como panaderos (12), zapateros (5), comerciantes (4), y con otros oficios (7). Además, la especialización parecería ser también una cuestión familiar: así, de los 14 migrantes de Anapia de apellido Segales, 5 eran panaderos; lo mismo que otros 5 de apellido Escóbar y 2 de apellido Arratia; otros 3 Segales eran zapateros, lo mismo que los 2 de apellido Flores, y así sucesivamente. Lo mismo ocurría con los procedentes de Yunguyo, que eran panaderos, zapateros, pintores o sastres.

    Los migrantes del primer tipo (ciudad-ciudad) tienen actividades mucho más diversificadas. La mayoría de los migrantes provenientes de Arequipa eran empleados, músicos, comerciantes o estudiantes, lo mismo que los que llegaban del Cusco, Tacna, Moquegua y Mollendo. Los provenientes de Lima se hallaban en las ocupaciones más "altas", como médicos, gerentes o contadores.

    El siguiente cuadro nos muestra un resumen sobre la procedencia de los migrantes peruanos:

    Finalmente, la residencia de los migrantes peruanos parece concentrarse en dos regiones: la ciudad de la Paz y los Yungas, siendo su presencia casi mínima en el resto del país. Esta ubicación confirma la larga tradición de relaciones sociales existente entre el Perú y La Paz, y la poca incidencia en el comportamiento migratorio de nuevos elementos, como la apertura de fábricas o de otras actividades económicas. Durante la década de 1940, los migrantes peruanos se insertaban en un mercado laboral tradicional, en el cual se hallaban ya desde hace mucho tiempo antes: la artesanía, la agricultura y el comercio fueron rubros en los cuales los peruanos estuvieron desde la época colonial. Quizás la única diferencia fueron los chóferes, aunque éstos tuvieron también sus antecesores, los trajinantes y arrieros.

    El siguiente cuadro nos muestra el lugar de residencia de los migrantes peruanos:

     

    Conclusiones

    Este trabajo es un primer avance sobre un tema que debiera profundizarse mucho más. La falta de fuentes y de trabajos centrados en el tema de la migración en Bolivia limitan, por el momento, la elaboración de un análisis más profundo de este fenómeno.

    A pesar de estas limitaciones, se ha podido avanzar en determinar algunas estrategias y comportamientos migratorios, comparando el tipo de migración desde la Argentina con las formas migratorias peruanas. Mientras la migración argentina muestra un comportamiento más familiar o individual, la migración peruana presenta diversos tipos: el primero, de campesinos peruanos al área rural boliviana, se acerca a los movimientos poblacionales andinos, ligados al control de pisos ecológicos y a una economía de diversificación ligada a la territorialidad salpicada; el segundo, de los pueblos del altiplano peruano a La Paz, se emparenta, más bien, con el tipo de migración interna campo-ciudad, donde la inserción laboral gira en torno a actividades tradicionales como la artesanía y el comercio; finalmente, la migración ciudad-ciudad, que se acerca más al tipo de migración proveniente de la Argentina, en la cual los migrantes ocupan puestos intermedios en empresas familiares. En todos los casos se ha notado la falta de inserción en un mercado ligado a actividades industriales. En ese sentido, la migración regional hacia Bolivia no se inserta, o lo hace de manera muy limitada, en el proceso de proletarización de la mano de obra.

    A partir del presente trabajo se presentan varias interrogantes que podrán ser cubiertas por nuevas investigaciones. Entre ellas podemos preguntarnos: ¿la migración regional entre países limítrofes responde tanto a contextos de larga duración como a coyunturas?, ¿cómo se puede establecer con mayor precisión las causas de la migración?, ¿la cercanía (o lejanía) cultural entre migrantes y receptores de los mismos, será fundamental para establecer con claridad nuevos lazos y una migración permanente? Finalmente, ¿de qué manera la migración fundamentalmente masculina marcó una ampliación en las relaciones familiares de las regiones de frontera? Nuevos acercamientos y un estudio multidisciplinario podrán darnos más pautas para analizar, tanto para el pasado como para hoy, este fenómeno social tan importante.

     

    Notas

    María Luisa Soux Muñoz Reyes

    Doctorado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). Investigadora Titular del Instituto de Estudios Bolivianos de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UMSA. Profesora emérita de la Carrera de Historia de la UMSA. Contacto: mlsoux@yahoo.es.

    1      Este proceso, lento pero inexorable, ha sido analizado, por ejemplo, por historiadores como Antonio Mitre, quien, en El monedero de los Andes, muestra la persistencia de la circulación de moneda feble en un amplio espacio; asimismo, historiadores argentinos como Viviana Conti, o peruanos como Alberto Flores Galindo han trabajado esta temática a través de la persistencia de circuitos comerciales y ferias.

    2      En esta época, se puede establecer una jerarquía de la migración con parámetros claramente racistas. Los migrantes europeos, de raza blanca, ocupaban la cúspide de la migración; seguían en la jerarquía los llamados "turcos" y que provenían de Siria, Palestina, el Líbano e inclusive de algunos países balcánicos, pero que llegaban con pasaporte del Imperio turco. Los migrantes de los países latinoamericanos de raza blanca eran también considerados como una migración provechosa para los intereses del país. Finalmente, en la totalidad de los países analizados, se consideraba como una migración necesaria, pero muchas veces indeseable, la proveniente de los países asíáticos y, en el último lugar de la jerarquía, se hallaba la migración de indígenas.

    3      Convenio firmado en Buenos Aires el 9 de julio de 1868.

    4      Congreso de Montevideo, 1889, aprobado por Bolivia en 1903 y ratificado en 1904.

    5      Segunda Conferencia Internacional Americana. México, 1902. Aprobada por Bolivia en 1903 y ratificada en 1904.

    6      Boletín de la Oficina nacional de Estadística. Sección de correspondencia. Carta al señor Ernesto Reyerlein, Entre Ríos, Argentina. 8 de marzo de 1912.

    7      Carta de Manuel Vicente Ballivián a Ernesto Reyerlein en Entre Ríos, Argentina. 8 de marzo de 1912.

    8      Archivo de La Paz. Fondo de donación José Carrasco.

    9      Oficina Nacional de Estadística y Propaganda Geográfica. Geografía de la República de Bolivia. Edición Oficial. 1905. P.244.

    10     Sobre el tema de las migraciones japonesas en Bolivia, ver el trabajo de Alcides Parejas Moreno "Los japoneses en Bolivia", donde se analiza la formación de colonias japonesas y okinawas.

    11 El tema de la migración judía a Bolivia ha sido analizado recientemente por Florencia Durán, en base al Censo de Extranjeros levantado por esos años en el país. Los datos que se utilizan en este trabajo son parte también del mismo fondo documental. Sobre el mismo tema, ver también los trabajos de León Bieber.

    12     En este rubro es interesante el artículo de Agustín Echalar sobre los descendientes del último cacique de Tacna y su relación con familias alemanas asentadas en La Paz. Así mismo, existen algunos trabajos sobre familias tradicionales paceñas emparentadas con miembros de la aristocracia del sur peruano.

    13     Una excepción es el libro de Gustavo Rodríguez Ostria El Socavón y el Sindicato, que trabaja el caso de los trabajadores mineros chilenos en las minas bolivianas. Son mucho mayores los estudios sobre bolivianos en Argentina, Chile o el Perú que el de la presencia de ciudadanos de estos países en Bolivia.

    14     La vieja casona donde se hallaban las oficinas del Instituto Boliviano de Cultura, que había pertenecido anteriormente a las oficinas de Identificación de la Policía, sufrió la caída del techo, por lo que el Archivo de La Paz tuvo que realizar un rescate de emergencia de los documentos que se hallaban bajo los escombros.

    15     Murra, John. Formaciones económicas y políticas del mundo andino. Lima: IEP. 1975. Ver el artículo "El control vertical de un máximo de pisos ecológicos".

    16     Muchas de las familias tradicionales mantuvieron esta relación y son pocas las que no cuentan con algún antecesor proveniente del sur del Perú. No se han realizado todavía en Bolivia estudios sobre redes sociales que tomen en cuenta estas relaciones para las clases medias; sin embargo, el parentesco cultural es grande, lo que da pautas para analizar con más profundidad este tema.

    17     Esta situación es muy común en la frontera entre Perú y Bolivia. Xavier Albó, en su libro Ojje por encima de todo, relata la anécdota de la existencia de ganado "internacional". Parte de las tierras pertenecientes a la comunidad Ojje quedaron en el Perú luego de la última revisión de límites entre los dos países. Este hecho no ha representado un problema para que los habitantes trasladen regularmente su ganado en balsa a las islas pertenecientes a Ojje, del lado peruano.

     

    Fuentes y Bibliografía Fuentes

    Archivo de La Paz (ALP): Fondo de la Policía. Censo de Extranjeros. Argentinos y Peruanos. 1943-1949.        [ Links ]

    Archivo de La Paz (ALP): Fondo provincial de Nor Yungas. Documentos de la Subprefectura.        [ Links ]

    Archivo de La Paz (ALP): Fondo de donación José Carrasco.        [ Links ]

     

    Bibliografía

    ALBO, Xavier
    1978 Ojje por encima de todo. Cuadernos de Investigación. La Paz: CIPCA.

    BJERG, María y Hernán Otero
    1995 "Inmigración y redes sociales en la Argentina Moderna". Tandil: CEMLA.

    ESCOBARI CUSICANQUI, Jorge
    1975 Historia Diplomática de Bolivia. La Paz: Juventud.

    HARVARD CLUB DE BOLIVIA
    2000 Bolivia en el siglo XX. La Paz. S/E.

    JORDAN SANDOVAL, Santiago
    1944 Registro de tratados y Congresos Internacionales de la República de Bolivia. Convenios Multilaterales y bilaterales. La Paz: Imp. Universo.

    OFICINA NACIONAL DE INMIGRACION, ESTADISTICA Y PROPAGANDA GEOGRÁFICA
    1905 Geografía de la República de Bolivia. La Paz: Imp. Argote.

    OFICINA NACIONAL DE ESTADISTICA
    1912 Boletín de la Oficina Nacional de Estadística N° 73, 74, 75 y 76.

    SOUX, María Luisa
    1990 Historia del Café en Bolivia (trabajo inédito). La Paz: Fundación Qhana.