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    Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional

    Print version ISSN 1997-4485

    Rev. Fuent. Cong. vol.3 no.4 La Paz Aug. 2009

     

    INVESTIGACIÓN

    LOS INICIOS DE LA RADIO EN BOLIVIA Y LA GUERRA DEL CHACO
    RADIO NACIONAL - RADIO ILLIMANI (1929-19)

    Daphné L’Angevin*


     

    Cuando el italiano Guillermo Marconi deposita su patente para la Telegrafía Sin Hilo (TSF) en 1896 y al año siguiente realiza la primera transmisión de radio de la historia, todavía no sabe que ha inventado lo que más tarde Lenin calificaría de “periódico sin papel y sin distancias”. En sus primeros años, el uso de la radiotelefonía1, es exclusivamente militar. Con el avance de la tecnología superando una tras otra las dificultades técnicas, se evidencia su potencial estratégico sobre las poblaciones civiles. En la década de los años 1910 aparecen los primeros programas de radio, difundiendo música e información de toda índole. A partir de 1920, la radio confinada a Europa y los Estados Unidos, se despliega a lo largo del planeta. El 27 de agosto de 1920, en Buenos Aires, se realiza la primera radioemisión de la región. Una veintena de aparatos receptores recibieron, a las 21 horas, la ópera Parsifal de Richard Wagner, desde el Coliseo de la ciudad porteña. La proeza técnica seduce al resto de América Latina que no tarda en inaugurar sus propias radioemisoras: México en 1921, Uruguay, Brasil y Chile en 1922, Colombia en 1923, Paraguay en 1924, Perú y Ecuador en 1925, Venezuela en 19262.

    En Bolivia, los intentos de entusiastas radioaficionados, los padres Cerro y Descotes3, empiezan en 1914 y, en 1922, Descotes logra trasmisiones con varios países suramericanos con la emisora del Observatorio San Calixto con el código CP1 AA. Sin embargo, la verdadera pionera boliviana, la primera en salir oficialmente “al aire”, con contenidos similares a los actuales (música, noticias, mensajes y publicidad), es la Radio Nacional (código CPX), propiedad de los hermanos Enrique y Rodolfo Costas, el 2 de marzo de 1929.

    Los Costas impulsan un mercado todavía incipiente pero muy prometedor, inaugurando la aventura de la radiodifusión en Bolivia.

    El 15 de junio de 1932, con la batalla de Laguna Chuquisaca, estalla la guerra del Chaco con el vecino paraguayo, apoyado por Argentina. Esta crisis internacional, agravada por las convulsiones internas, hace reaccionar a la oligarquía criolla boliviana. La necesidad de una potente radio de Estado para representar a Bolivia tanto en el extranjero como en el interior de la República y defenderse de los ataques de la propaganda paraguaya, se vuelve imperativa. El 16 de julio de 1933, fruto de la labor de miembros del Supremo Gobierno y del Centro de Propaganda y de Defensa Nacional (CPDN), se inaugura Radio Illimani (código CP4-CP5).

    Durante dos años, una inédita “guerra del éter” se lleva a cabo en Bolivia, en contra de Paraguay. Primera experiencia en tiempos de guerra internacional y de crisis nacional, la radio permite abarcar originalmente un momento clave de la historia boliviana. Nuevo lugar de expresión, nuevo medio de persuasión, la radio viene a ser el canal de difusión de los ideales de las élites criollas bolivianas y de la estrategia gubernamental que trata de colmar las múltiples fisuras de una tensa situación político-social y responder a las necesidades de una guerra internacional.

     

    I. RADIO COMERCIAL, RADIO DE ESTADO: CÓMO NACEN LAS RADIOS

    Si dejamos de lado los ensayos experimentales de radiotrasmisión de los años 1910 y 20, destacamos dos periodos en la llegada de la radio en Bolivia. Primero, Radio Nacional, emitiendo a partir de 1927, inaugurada en 1929, funciona como un típico negocio (satisfacer a los clientes y aumentar los beneficios), administrado por sus fundadores, los hermanos Costas.

    El estallido de la guerra en 1932 marca la ruptura con los años de radio comercial libre. Nace Radio Illimani, en 1933, radio estatal, con un elaborado aparato de propaganda para difundir el discurso preparado por las élites oligárquico-criollas bolivianas, dirigido al conjunto de sus conciudadanos.

    A. LA PRIMERA BROADCASTING BOLIVIANA: RADIO NACIONAL

    A principios de los años 1920, la radio es todavía un medio de comunicación elitista. Los receptores capaces de captar las emisiones foráneas (Argentina, Estados Unidos) han de ser potentes pudientes. Por eso son caros. El lujo de poseer uno dentro de un espacio privado4 limita el número de radioescuchas. Sin embargo la tecnología hace bajar estos elevados precios y la radio se vuelve más accesible.

    Consciente del extraordinario potencial del nuevo medio y de su éxito fulgurante, el Estado boliviano expide una serie de leyes, en 1925, que controla la emisión y la recepción de los mensajes radiofónicos. Define la radio como un “servicio de interés o utilidad general, [difundiendo] observaciones meteorológicas, cotizaciones minerales, cambios sobre plazas del exterior, conferencias de interés social o educativo, artículos literarios, conciertos musicales, noticias de prensa, artículos de propaganda industrial, y todo cuanto puede tener carácter cultural, recreativo, moral o de interés comercial”5.

    Se reserva el derecho de incautarse de cualquier estación en caso de alteración del orden público y por razones de defensa nacional6. Además impone una cuota inicial (Bs.5) y mensual (Bs.3) sobre la adquisición y posesión de aparatos receptores. Esta medida, impopular, en lugar de frenar el número de auditores o aumentar los ingresos del Gobierno, favorece la compra colectiva de material y las reuniones (en casas particulares, clubes, asociaciones) para escuchar las trasmisiones. Frente a tal éxito, la ausencia de una emisora nacional es insoportable.

    La mayoría de los países de América Latina7 se han dotado ya de su propia emisora broadcasting. En 1927, Ricardo Vargas Palenque oficializa el ensayo de la “primera estación de radio-cultura en La Paz”8. En mayo de 19289, se trasfiere la “estación” de Palenque a los hermanos Enrique y Rodolfo Costas, los padres de Radio Nacional.

    EL ESTRENO

    Los Costas son los actores del auge de la radio en Bolivia. Para paliar el alto precio de los receptores, los importan y los prestan a la gente para despertar el gusto y la costumbre de escuchar las noticias y disfrutar de la música desde una caja de madera. Hacen instalar más de 150 aparatos receptores en lugares públicos, como bares, restaurantes o clubes, y colocan altoparlantes en las plazas y avenidas principales de La Paz10, así como en las principales capitales de la República11. Trabajan en la creación de la futura Radio Nacional y el sábado 2 de marzo de 1929, la inauguran en El Alto de La Paz, junto con personas de la élite. Ese día, El Diario12, periódico paceño, titula:

    Hoy se inaugura solemnemente el primer broadcasting boliviano. El Presidente de la República hablará al país por medio del micrófono de El Alto. En representación del periodismo local también dirigirá un saludo a las poblaciones del interior un representante de la prensa paceña. Todos los números del programa será completado con audiciones musicales, podrán ser escuchados en “El Diario” [Calle Illimani, esquina Correo], “La Razón” [Calle Ballivián, esquina Loayza], Plaza Murillo, Calle Comercio, Plaza Alonso de Mendoza y Club Ferroviario.13

    Esta primera audición empieza a las 17:30. Como lo describe la prensa, la gente se agrupa alrededor de los altoparlantes colocados por la empresa en los lugares mencionados y escuchan la transmisión. Las personalidades eminentes (políticos, periodistas, abogados, etc.) acuden a la inauguración y por primera vez un presidente boliviano, Hernando Siles Reyes, se dirige “al pueblo de Bolivia”. El director de El Diario aprovecha la ocasión para enviar “un saludo a las poblaciones del interior, señalando el positivo adelanto obtenido mediante el primer broadcasting nacional, que ha de suscitar el interés de las masas populares hacia todos los acontecimientos del país y del extranjero”14. La prensa añade:

    …[tiene] para el país enorme significación el hecho de que las comunicaciones por radio se pongan al alcance de la masa popular. El diario, la revista y el libro, propulsores de la cultura no tienen suficientemente difusión por múltiples factores, siendo los principales la falta de vías de acceso a las poblaciones rurales y el analfabetismo. El broadcasting tendrá la virtud de despertar inquietudes y suscitar el anhelo de conocer lo que ocurre en los principales centros de la república. [es] una máquina poderosa[que] tiene el fin primordial de vulgarizar conocimientos de todo índole15.

    El discurso de la prensa, o sea el de las élites liberales16, subraya el rol educativo de la radio hacia las “masas populares” y su poder en términos de vinculación nacional. Insiste en los problemas de comunicación que conoce el país, la desarticulación entre los diferentes núcleos de población. El potencial de la radio para colmar las fisuras de la sociedad boliviana (distancia, luchas políticas) no deja de fascinar. Esta primera audición nacional17 tiene una dimensión simbólica muy fuerte. La difusión musical es cuidadosamente escogida.

    Se trasmite el Himno Nacional boliviano; “Aires Nacionales” (tocados con instrumentos clásicos europeos, piano y violín, símbolos de refinamiento cultural); un solo de piano, “el charango” (un instrumento clásico imitando un instrumento nacional); ritmos de moda (tango y shimmy); una referencia a los veteranos de la Guerra del Pacífico (Orquesta. “Llamada a los Colorados”); y música militar (marcha). Los discursos patrióticos (“Palabras del S.E. el señor Presidente de la República apadrinando la inauguración”; “Alocución del señor ministro de comunicaciones”) exhortan a la unión nacional. Simbólica e ideológicamente, la inauguración quiere presentar a Bolivia como un país culto, unido, fuerte, ecléctico, progresivo, abierto a las influencias exteriores (mezcla entre música nacional, internacional y militar).

    Hasta 1933, los Costas son los únicos bolivianos que emiten en el éter latinoamericano. Cuando estalla la guerra con Paraguay, Radio Nacional, por ser una empresa privada (los Costas son empresarios, no políticos) no satisface a las necesidades de propaganda del Estado y de sus élites. Los Costas se preocupan por la satisfacción del gusto de un público, sin interés estratégico en preparar la batalla de las palabras que se está armando entre los beligerantes.

    B. RADIO ILLIMANI, AL SERVICIO DEL ESTADO

    Pocos días después del estallido de la guerra con Paraguay, el 22 de junio de 1932, para controlar la difusión de la información, Salamanca promulga una Resolución Suprema18 donde exige “la inscripción obligatoria de las estaciones y aparatos receptores, prohibiéndose la trasmisión (sic) de noticias”, porque se ha constatado que “se trasmiten noticias e informaciones falsas, alarmantes, y perjudiciales a los intereses de la nación” y pide el registro, en las 24 horas, de toda receptora y difusora. Empieza la guerra del éter. El mismo año, el Centro de Propaganda y de Defensa Nacional (CPDN)19 dibuja un proyecto de radio y lo publica en la prensa. Su meta es:

    1°, organizar un completo servicio de propaganda para el exterior, 2°, establecer una propaganda apropiada en el interior, junto con un servicio comercial y familiar, 3°, ponerse en contacto con la raza indígena ya sea aimara o quechua, en su propio idioma organizando conferencias y enseñanzas apropiadas que serán amenizadas con variados programas musicales.20

    Claramente, el proyecto determina tres espacios o “frentes de batalla” para la futura radio: los países extranjeros, la población nacional y la población indígena. Es relevante que esta última no esté incluida en la propaganda del interior. Muestra que está aparte, fuera de la vida nacional y que despierta suficiente interés para reunir los esfuerzos del tercer eje de la propaganda oficial de guerra. Después de este cuadro ideológico de la futura radio, el CPDN y varios actores preparan la instalación de una emisora creando, el 15 de noviembre de 1932, la Compañía de la Radio Boliviana, para recaudar fondos. Los actores que participan son el CPDN, la RCA Víctor Company, el Gobierno, la Casa Grace, las Cámaras de Industria Nacional y Comercio, el Banco Central, “aportes voluntarios de la ciudadanía”21. La élite paceña, círculo reducido y cerrado, junto con empresarios e ideólogos extranjeros, constituyen el núcleo de personas22 que diseña la Radio Illimani y la controla durante la guerra.

    El estreno es cuidadosamente preparado y el primer programa de la Illimani da el tono al discurso que difunden las radios (y otros medios de comunicación) durante la guerra. Afirmar que forma un concentrado de propaganda estatal nacionalista es apenas un eufemismo.

     

    II. USOS Y DISCURSOS DE LA RADIO DURANTE LA CONTIENDA CHAQUEÑA

    Desde la Guerra del Pacífico (1879-1883) y la pérdida de su espacio costeño, Bolivia es un país mediterráneo, fraccionado geográfica y socialmente, gobernado por élites mineras-latifundistas criollas, inspiradas y fascinadas por Europa. El carácter marcadamente colonial de la estructura social y política de Bolivia a principios del siglo XX y la “congelación social todavía precapitalista”23 impiden una verdadera integración nacional entre las mayorías rurales indígenas, trabajando en los latifundios o las minas, la pequeña clase media urbana, y las élites gobernantes. Bolivia sufre de una fuerte desunión que el estallido de la guerra con Paraguay en junio de 1932 recalca. La radio recién llegada despierta un inaudito entusiasmo en los círculos de poder, que esperan encontrar en ella el medio para federar el país entero. Del estreno de la Radio Illimani hasta el fracaso de Bolivia en la guerra, son dos años de historia de discurso y de uso radiofónicos.


    A. EL DISCURSO INAUGURAL DE LA RADIO ILLIMANI: UNA INTRODUCCIÓN A LA RADIO EN TIEMPO DE GUERRA

    El 15 de julio de 1933, en vísperas del día aniversario del levantamiento de los paceños en contra del yugo español y del principio de la emancipación del Alto Perú, se inaugura la segunda broadcasting boliviana y la primera radio de Estado. Para esta fecha altamente simbólica, los diarios hablan de un “hecho trascendental dentro de nuestro progreso cultural”24 que “difundirá los incontrovertibles derechos que tiene Bolivia sobre el Chaco Boreal”25 ya que “la ciudad de La Paz cuenta con una nueva industria. Bolivia está ligada con las naciones del mundo26”. Globalmente, lo que está en juego, es la cultura nacional, el vínculo con el resto del mundo y la cuestión del Chaco. La primera noche de radiodifusión de la Illimani27 presenta, en 22 números, al territorio nacional y al resto del continente suramericano, cómo Bolivia se ve a sí misma. Ideológicamente, la orquestación entre músicas y discursos es perfecta.

    El estreno de Radio Nacional es una sutil mezcla de música clásica, música nacional y militar, con discursos patrióticos y obras cultas (poesía). La audición empieza con una “Marcha de los Colorados”, los veteranos de la guerra del Pacífico, ejecutada por la “Banda del Regimiento ‘España’ de la Escuela de Clases”.

    Es un homenaje al pasado histórico de Bolivia, a los soldados que resistieron contra el invasor chileno. Y la correlación con el conflicto actual se evidencia a lo largo del programa. De hecho, casi un cuarto de la programación hace referencia a la Guerra del Chaco, al ejército, al heroísmo patriótico o a la nación: “Himno Nacional”, “Canto Épico, poesía dedicada al Ejército Nacional”, “Sinfonía heroica, poema de Fernando Diez de Medina”, “Adelante Bolivia. Marcha Patriótica”, “Boquerón28, fox-trot incaico”, “Hacia el Chaco, marcha” y casi al final, un “Saludo a los combatientes, palabras de un soldado herido que se dirige a sus compañeros del Chaco”. Las “palabras iniciales del presidente del Centro de Propaganda y Defensa Nacional”, el “Discurso del Excmo. Señor Vicepresidente José Luis Tejada Sorzano” y el “discurso del Ministro de Guerra, Dr. Enrique Hertzog”, enriquecen el discurso en lección patriótica. El Vicepresidente habla de la radio como una:

    …conquista del progreso [que podrá] enviar desde estas majestuosas y serenas cumbres andinas la radiación de nuestras actividades culturales, muy lejos de nuestras fronteras [para ponerse] en contacto íntimo y directo con pueblos alejados y en veces inaccesibles [porque Bolivia es] víctima de un aislamiento agobiante que el radio le permitirá romper en el aspecto espiritual haciéndole posible recibir de modo directo las palpitaciones del mundo y enviar por igual medio las suyas29 […] Bolivia sigue unificada en el más alto sentimiento de nacionalismo […] es una patria independiente y adornada con los atributos esenciales de la soberanía […] [la radio es un medio para llevar] los elementos de educación, sensaciones de alegría, placidez y belleza, y estímulos de patriotismo y de progreso. Que ella, lo mismo en los gélidos páramos de las planicies andinas como en las ardientes llanuras orientales, en las quiebras de los montes y en la hoya de los valles, se haga presente en la cabaña del indio solitario, hasta donde nuestra pobre civilización no ha podido llegar con la acción renovadora y redentora del libro y del periódico y utilice allá la palabra hablada en lenguas nativas, acompañada de los sones armoniosos de la música autóctona, y de las sugerencias cariñosas del apóstol para despertar su alma.

    Este discurso es extremadamente rico para entender el papel que las élites quieren dar a la radio y como quieren presentar a Bolivia. Es un país de belleza y tranquilidad (“majestuosas y serenas cumbres andinas”), de alta cultura, en oposición al país agresor y bárbaro, Paraguay, que compone un “ejército sin dios, ni ley que mutila los cadáveres y asesina los camilleros”30, según dice el Ministro de Guerra esa misma noche. Es también un país donde reinan los valores universales de “alegría, placidez y belleza”. El campo léxico del alejamiento (“lejos”, “alejados”, “inaccesibles”, “aislamiento agobiante”) muestra que la radio puede ser la medicación tan esperada, ya que pone en contacto con el mundo, propulsando “educación”, “patriotismo”, “progreso”.

    El Vicepresidente loa a la nación (“unificada en el más alto sentimiento de nacionalismo”, “patria independiente”, “adornada con los atributos esenciales de la soberanía”) y cuando habla del “indio”, repite claramente el tercer eje de la propaganda enunciada por el CPDN31 con una consonancia religiosa y divina (“redentora”, “apóstol”, “alma”). Más adelante, añade que la radio auxiliará a los maestros y los alumnos de las universidades y escuelas “trayéndoles los reflejos de otras culturas superiores a la nuestra” (complejo de inferioridad de un país colonizado que toma sus referencias simbólicas de los países occidentales), será el “amigo inseparable” del obrero, que protegerá al cuartel, a los aviadores, al explorador de las selvas.

    Apela a los sectores sociales, tradicionalmente de izquierda, que menos apoyaron a la guerra (universitarios, maestros, obreros) y a los sectores claves (el ejército, así como los que exploran el aire y la tierra). Se usa la música militar (marchas, himnos) y la declamación de poesía para despertar el fervor patriótico, apelar a la emotividad de la audiencia y motivar el enrolamiento y el apoyo a la guerra. Los discursos patrióticos y la música militar son entrecortados por cultura universal, imprescindible para mostrar un rostro culto, con la difusión de música clásica (“Suite de cantos hindúes”, “Himno Sacro de Beethoven”, “Primer movimiento del quinteto de Shumann”). (sic)

    Pero es la emergente música nacional o criollo-mestiza, junto con la música indígena erudita, la que ocupa el mayor espacio: “Capricho Indio”, “Kaluyo Indio”, “Tango boliviano”, “Kaluyo Potosino”, dos “bailecito(s)”, “Canción de la Puna”, “Fox-trot incaico”. Mezclando música de moda (tango,fox-trot) o criolla (bailecito, kaluyo) con referencias nacionales mestizas o indígenas, la música criollo-mestiza es un sorprendente sincretismo musical . Para loar y afirmar la unión regional y nacional, se difunde el “Himno Nacional”. A mitad de la transmisión, tocan el “Himno a Sucre” y, al final, el himno paceño, afirmando la supremacía de La Paz sobre Sucre como capital32. Tampoco se olvida el necesario espacio publicitario (inserción de la radio en un mercado capitalista) para las empresas que patrocinan la radio: “Anuncios comerciales, nómina de las firmas de negocios que anunciarán por medio de la Radio Illimani”.

    Ideológicamente, la noche de inauguración da la imagen de un país unido y múltiple, con una cultura nacional innovadora y progresista. Este sincretismo, especie de fusión de elementos clásicos europeos o de moda con producciones nacionales, va de la mano con lo militar y lo patriótico. Todo está orquestado para emocionar, convencer y crear el consenso nacional, así como seducir a los países vecinos.

    Técnicamente, no es tan exitoso, ya que se corta momentáneamente la corriente a las 22 hrs. Los cruceños son víctimas de las fallas técnicas y no pueden escuchar la nueva radiodifusión esa primera noche33. Mientras, Radio Nacional, a la que la prensa está ignorando, está siendo escuchada con toda nitidez34. Una carta de los hermanos Costas35, publicada poco tiempo después del estreno de Radio Illimani, denuncia las loas exageradas hechas a la nueva emisora y los perjuicios causados a su radio. Aseguran que, contrariamente a lo que se había dicho, Radio Nacional se está escuchando en toda Bolivia, Chile, Argentina, Perú, Brasil, Canadá y Estados Unidos. El discurso oficial de prensa asegura que Radio Illimani es la primera emisora boliviana de alcance internacional. Esa feroz competencia entre los medios de comunicación estropea el sueño de unidad que las radios mismas proponen y tratan de crear.


    B. POR DENTRO Y POR FUERA: CONVENCER A TODOS

    Con el estallido de la guerra en 1932, el control del gobierno boliviano y de la censura sobre los medios de comunicación se agudiza. En enero de 1933, se aprueba la censura de prensa por el Congreso36 y entre 1933 y 1935, el Departamento de Prensa y Propaganda de la Cancillería supervisa la censura de los mensajes relativos a la guerra, con un grupo de censores. Los programas de radio reflejan este control, emitiendo una mezcla de música, discursos, noticias y publicidad (ver fotos), cada noche, entre las 19:30 a las 23:30, con emisiones mas largas los sábados y los días de fiesta patriótica, religiosa o aniversario (de un país, un departamento, una institución). A partir de 1934, empresas privadas, sobre todo de cigarrillos, patrocinan algunos programas, ampliando el tiempo de difusión, hasta añadir una emisión al mediodía. En 1935, se crea una “hora oficial para toda la República” a las 21:00 y el Departamento de Propaganda difunde tres informativos diarios. Entre 1933 y 1935, tres tipos de contenidos sobresalen37:

    Primero, el “discurso hablado”: charla, conferencia, arenga patriótica y radioteatro, que pueden tratar temas variados, considerados como serios o de diversión, desde la literatura erudita, hasta la pieza humorística, pasando por la emisión infantil;

    segundo, el “discurso informativo”: boletín noticioso, cambios y cotizaciones, información política y militar;

    tercero, el “discurso musical”, dividiéndose entre música eruditaclásica europea, música internacional en boga, música criollo-mestiza, música folclórica o música nacional.

    Estos tres tipos de contenidos son concebidos según los tres espacios estratégicos definidos previamente por el CPDN (interior, exterior, indígena); la música toma una dimensión particular.


    “DIPLOMACIA” INTERNACIONAL

    Generalmente, la estrategia para alcanzar y convencer al extranjero consiste en dedicar espacios a los países foráneos.

    Radio Illimani y Radio Nacional, a lo largo del conflicto son escuchadas en todo el continente sudamericano y hasta Estados Unidos y Europa. En esa época, las radios internacionales intercambian cartas para señalar la buena recepción de otra radioemisora y estas cartas se publican en la prensa38, evidenciando un lazo de amistad y apoyo. Una guerra internacional es como un tablero de ajedrez donde las piezas se tienen que acomodar según las necesidades y posibilidades diplomáticas. Las fiestas patrias de países amigos dan lugar a noches enteras en su homenaje (usualmente Perú, Colombia39 y Brasil). Es igual con el aniversario de clubes rotarios de otros países.

    Lazos internacionales se tejen por intermedio de las radios. A partir de 1935, la prensa paceña publica los programas cotidianos de dos estaciones de Nueva York: la W2XAD y la W2XAF (con orquestas de la General Electric y audiciones de la NBC), la DJA de Berlín y la Estación Roma 2RO. Proceder de tal forma es hacer propaganda. Efectivamente, leer la programación de las emisoras nacionales, junto con dos estadounidenses, una de Roma y otra de Berlín, evidencia los modelos internacionales que está adoptando Bolivia.

    Los Estados Unidos son los pioneros de la radiodifusión, a la vanguardia de la moda, estética o técnica y líderes económicos. Hitler y Mussolini están en el poder en Alemania e Italia y sus corrientes ideológicas tienen un eco en los círculos de poder bolivianos y en los que deciden los contenidos de prensa. Los lazos con la Alemania nazi y el nacional-socialismo son fuertes. No hay que olvidar que el General alemán Hans Kundt dirige el Ejército boliviano hasta finales de 1933.

    La música también sirve para mostrar una línea propagandística. Por ejemplo, una noche, entre las 20:30 y 23:30, Radio Nacional difunde, con audiciones de 15 minutos cada una, una “Audición Iberoamericana” (a las 20:30), “Jazz melódico MÉRIDA”, selecto programa de bailables de actualidad. Canciones internacionales” (a las 22:15), y “Música brasileira y lusitana: fados, sambas, maxixas, Orquesta Os Embassadores Cariocas” (a las 23:10)40. Otra noche, difunde un “Programa de música y canciones del folklore sudamericano”(a las 22:50) y “Cantantes y orquestas españolas con castañuelas. Aires andaluces y flamencos” (a las 23:10)41. En este caso, se evidencia la aprobación boliviana hacia el continente sudamericano: España, Brasil y Estados Unidos. Nunca se dedica una emisión al tango argentino o temas de música tanguera, ya que Argentina apoya logística e ideológicamente a Paraguay, no se aprueba ni se valora su producción musical.


    UNIR POR DENTRO, MOVILIZAR PARA EL CHACO

    Respecto con el interior, la estrategia es poco distinta. Lo importante es otorgar espacios a los que necesitan ser motivados en la guerra. Por ejemplo, para paliar el fraccionamiento geográfico o separatismo oriental, la radio ofrece emisiones en honor a sus departamentos: “La Radio Illimani dedicará audiciones en homenaje a los departamentos”42. Rápidamente, las ciudades y los pueblos, con corriente eléctrica, se dotan de receptores y colocan sus altoparlantes en las plazas principales o en los balcones de las casas de particulares con altos puestos. Si no hay suficientes recursos, la gente se cotiza o reciben donaciones del gobierno. Por ejemplo: “Tienen otro receptor para informar al pueblo. Fue donado por la Cámara de Industria y Comercio43” del Beni. Un “aparato radio receptor de onda larga ubicado en uno de los balcones de la casa del señor Barrios en la Plaza Ballivián”. Otro ejemplo: “Chulumani, Yungas, tendrá una radio que da el Rotary”44. El Gobierno y sus élites se encargan de la emisión del mensaje radiofónico, pero también se preocupan por su recepción y ayudan a la implantación de la radio porque más valor y fuerza tiene el discurso de movilización, si llega a todas partes.

    Hay que imaginar el “caos sonoro” que invade los centros urbanos a principios de los años 1930. Los altoparlantes son orientados en las plazas mayores, colocados en los edificios prefecturales o municipales (a veces en casas particulares). Los mensajes circulan de boca en boca, al lado del narrador y del pregonero de las plazas públicas, así como del lector de periódicos para los analfabetos. Se asiste a una “nueva forma de socialización por los mensajes de radio”45, porque la experiencia radiofónica no se reduce a su contenido ni al momento de la escucha. Durante o después de una emisión, los radioescuchas discuten entre ellos, en las plazas o en las casas, y acaban por relacionar con gente de horizonte social y afiliación política distinta de la suya, ampliando su experiencia y su conocimiento del mundo que les rodea.

    Al lado de este cambio en el relacionamiento social efectivo, el poder de saberse vinculado con los demás que escuchan la radio, ya sea dentro de los límites de las fronteras bolivianos o afuera, consolida la idea de una comunidad, nacional e internacional. Sin embargo, en el momento de la guerra, esa nueva sociología no preocupa a los emisores del discurso nacionalista y el frente y la retaguardia siguen constituyendo el núcleo de sus objetivos. La glorificación del soldado, del futuro o excombatiente, de los heridos de la guerra es un tema abundante de la radio.

    El enrolamiento es necesario así como el motivo de los futuros alistados. Y para dar más peso al discurso, se les invita en la radio: “Un joven excombatiente de la guerra en la radio CP446”. Respecto con la retaguardia, se trata de magnificar el rol de la mujer. Por ejemplo: “sobre la influencia de la mujer en la vida de las colectividades, por Renée Tuckerman de Aramayo “la mujer en la guerra y posguerra cumplirá su misión de amor y dulzura”47. Diariamente, numerosas alusiones al papel de la mujer como alivio y respaldo a la guerra ocupan los discursos de radio. También se otorga un lugar privilegiado para los niños y maestros, con la semanal “hora infantil”; “audición de radio en homenaje al Día del Maestro, hoy48”.

    Los niños son los futuros ciudadanos de la nación y son educados por los maestros, usualmente opuestos a la guerra. En estos años, muchos sectores se oponen a la guerra y al gobierno. La radio trata de hacer olvidar las revueltas sociales y la ausencia de consenso político, porque la meta principal es unir y federar en contra de un enemigo común, Paraguay. Para mostrar que la guerra es imprescindible, el discurso de radio demoniza al enemigo, creando una dicotomía entre civilización y barbarie, entre cultura y bestialidad, entre la razón universal y la ignorancia del salvajismo, para poder subyugar su propio grado de civilización y su buen derecho sobre la posesión del Chaco: “Los deberes de la civilización contra la barbarie guaraní49”. Paraguay es el país agresor, salvaje, bestial y Bolivia la nación agredida, culta, progresista. La cuestión de la pertenencia del Chaco ocupa horas de discurso por radio50. El tono lírico, teatral de los discursos o arengas patrióticas trasforma la radio en un lugar de expresión del maniqueísmo, esencial a la guerra, de la glorificación de la Patria, del Ejército, de la mujer, de los soldados. Sirve a la vez para seducir al extranjero, buscar el consenso social y motivar al apoyo.

    Sin embargo, falta imperdonable de la técnica y a pesar de una amplia cobertura local, nacional e internacional, los que más necesitan la radio, como respaldo moral y entretenimiento en las largas horas de espera entre los combates o movimientos de tropas, no escuchan la radio. No llegan las ondas de la radio a las trincheras. En septiembre de 1934, los hermanos Costas montan un proyecto de radio para el Chaco, llamado “La Voz del Ejército”51. Una radiodifusora instalada en el asiento del Gran Cuartel General del Comando Superior, “con aparatos receptores en todos los frentes de batalla, en las mismas trincheras” hará llegar las ondas a la línea de fuego. La lejanía del campo de batalla impide a los soldados gozar de las ondas hertzianas bolivianas. Así, la influencia de la radio tiene límites ciertos. Son los hispanohablantes de las ciudades y pueblos con receptores y corriente eléctrica los que pueden escuchar la radio, excluyendo a muchas comunidades indígenas, a todos aquellos que viven en el campo y a los soldados del Chaco.


    EL DISCURSO MUSICAL

    La música es el discurso más sutil que ofrece la radio. Con ella, se revela toda la fuerza de la radiodifusión para vencer el fraccionamiento social y cultural de Bolivia. Tres clases de música pasan por las emisoras bolivianas. Primero, la música clásica (llamada también música erudita o culta) tocada por orquestas nacionales (Orquesta Illimani, Orquesta Kana Wara…etc.) tal como “suite”, “sonata”, “ópera”, “pot-pourri”, “operetas” y otras obras de los grandes compositores europeos ((Wagner, Tchaikovsky, Debussy…, etc.) muestra el conocimiento de la tradición del viejo continente por los compositores y músicos bolivianos. Segundo, la música internacional en boga tal como fox-trot, pasodoble, one-step, machicha, ranchera, rumba, jazz, también tocada por orquestas nacionales (DixieBoys, Trío Hawaiano,etc.) evidencia que se conoce y se sigue la moda, integrándola a su cultura musical (otro ejemplo de “diplomacia internacional”). Tercero, la más difundida, es la música criollo-mestiza (música nacional boliviana o música folclórica según indican los programas de radio): huayño, kaluyo, cueca, bailecito, yaraví, aires nacionales, vals, bailes de la tierra, etc., tocada por orquestas, duetos, solistas nacionales (Simeón Roncal, Jorge Luna, Jorge Parra, etc.). Se hace cohabitar los tres géneros musicales para asociar en la mente de los auditores lo nacional con lo erudito y lo de moda. Sobre la emergencia de la música criollo-mestiza, Roberto Fernández dice:

    …contando con los músicos de la élite boliviana, [se observa] el proceso de reapropiación de la música criolla y de apropiación de los discursos musicales mestizos e incluso de los ritmos indígenas junto con los discursos musicales extranjeros52.

    La música criollo-mestiza siendo un justo medio entre lo clásico y lo indígena, significa una revolución cultural para una sociedad que condena a los indígenas a un papel marginal y se avergüenza de sus mestizos. La música criollo-mestiza es una visión progresista delarte boliviano que muestra los “cambios de concepción de una sociedad hasta entonces casi colonial y conservadora”53. Es la música de los sectores populares, que en la Guerra del Chaco se la reivindica como identidad nacional. Jenny Cárdenas, sobre la inauguración de la Radio Illimani, escribe:

    Este hecho marcó un hito en la historia de la música boliviana. Si por una parte, la guerra fue el punto de convergencia de los bolivianos de todos los puntos del país que llegaron cargando la impronta de sus expresiones culturales, su música y su idiosincrasia, la radio fue el elemento que cohesionó ese primer gran encuentro […]. La aparición de la radio fue […] el paso e instrumento necesario para consolidar la emergencia y desarrollo de la música criollo-mestiza y el precedente que señaló la necesidad de expresión de las clases populares: esa identidad cultural, que emergía de la guerra expresándose en la música mestiza y que más tarde sería el símbolo de una emergente mayoría urbano-mestiza, que vanguardizó la revolución nacional del 5254.

    La radio sirve para catalizar y reunir las expresiones culturales de diferentes sectores sociales y, en el caso de la música criollo-mestiza, el de las clases populares. Sin embargo, esa música sigue siendo interpretada por compositores nacionales reconocidos y “músicos de la élite boliviana55”. La Guerra del Chaco y la necesidad de mostrar un rostro nacional coherente inician el proceso de aceptación del mestizaje en la cultura boliviana. Pero faltan todavía décadas para su verdadera aceptación e integración dentro de la sociedad boliviana. La tendencia “indigenista” acompaña este proceso y empieza a desarrollarse en los años precedentes a la Guerra del Chaco. Atiliano Auza León dice sobre este aspecto:

    [...] un movimiento de lo que bien puede llamarse el clasicismo indigenista es decir, una combinación feliz entre el modo de los grandes maestros de la música universal y las melodías folklóricas nativas, traducidas en “suites aimaras y quechuas”, “paisajes andinos”, “kaluyos y yaravis”, “canciones collas”, “caprichos y fantasías”, “himnos y coros”, “aires indios”, etc., son temas que se pueden apreciar en la producción de varios compositores que hacen su aparición en la primera mitad del siglo XX. De igual manera podrían ser considerados como precursores de la primera etapa indigenista del nacionalismo56.

    La tendencia indigenista, como la música criollo-mestiza, es la afirmación de una identidad común a todos los bolivianos, un sincretismo entre las producciones nacionales y elementos extranjeros. La radio permite la difusión de géneros totalmente bolivianos como fox-trot incaico, tango incaico o “Suite Aimara57”. Es la invención de una cultura nacional. La guerra hace darse cuenta de la composición social y racial del país y la radio les da un espacio de cohabitación y reconocimiento.


    LA RADIO Y LOS INDÍGENAS

    En la propaganda estatal y el discurso de las élites, alcanzar al indígena es tan importante como alcanzar al interior y al exterior. Porque, según unos ideólogos, la radio lleva en sí la posibilidad de educar y civilizar al indígena. La Razón del 5 de septiembre de 1928 publica: “La radiotelefonía y los rotarios.

    Una iniciativa de don José Salmón58”. El autor, dándose cuenta del éxito mundial de la radio y de su “trascendencia” escribe un discurso similar a los de los años de guerra, asegurando que “nada intensificará más la comunión intelectual con los países vecinos, con los pueblos hermanos y con nosotros mismos que la radio-telefonía […]” y sigue así:

    “Pero, hay algo más importante, algo más trascendental y que se refiere a la educación del indio. De entre los mecanismos que se pudieran establecer para ponerse en contacto íntimo con el indio, para llevarle un rayo de luz, un soplo de aliento, para infundirle ideales, hábitos y costumbres, para hacerles escuchar voces cariñosas que pudieran llegar al alma y herir su cerebro, nada habrá de inventarse mejor que el altoparlante, cuya bocina convertida en trompeta apostólica, emitirá sonidos que se convertirán en enseñanza y alegría. Estando cerca del indio, en su propio hogar le enseñaremos y le alegraremos. Ah! el día que hayamos llegado a alegrar al indio sin usar alcohol, ese día podríamos exclamar como el griego de marras: Eureka!”.

    Sobreentendiendo que la radio es el apóstol del indígena, la apuesta es alegrar y educar al indio. La época, inspirada de las grandes ideologías europeas59 que exponen la supremacía de la raza blanca, ve en el indígena un individuo triste, apático, al que se tiene que “herir”. José Salmón propone instalar radioemisoras locales en las prefecturas de los departamentos para difundir “una hora del indio” en las fincas o los Clubes Rotarios. En el idioma de los indígenas (sin especificar cuál), la radio difundirá temas para educarlos, darles consejos sobre la agricultura, hacerles escuchar “música apropiada” y enseñarles el castellano60. El indígena tiene que cambiar “… para servir mejor a la sociedad que lo quiere integrar. Mano de obra casi gratuita de las minas y de las tierras de los latifundios, permite a la economía boliviana no hundirse totalmente”.

    El indígena es en realidad un problema más económico que social o cultural. Pero es inconcebible admitirlo. Y cuando se lo integra como eje de la futura propaganda oficial61, en 1932, el CPDN (cuyo secretario general es José Salmón) lo hace para incorporarlo al imaginario nacional, contrarrestar la propaganda paraguaya y motivar su enrolamiento en las filas de los contingentes enviados al Chaco. En la guerra el discurso de radio ve al indio como un ser ahistórico y pasivo. Valora al aymara o quechua como descendientes valientes de los incas, portadores de los valores de un pasado glorioso. Nostálgicos de los tiempos del imperio Inca, los ideólogos que piensan “lo indígena”, son incapaces de salir del discurso paternalista que lo considera como un ser débil que hay que cuidar. Miedo y fascinación, exotismo y fantasía marcan su mentalidad. Glorifican al indio como un ser virgen, ajeno a la influencia nefasta de los vicios de la modernidad, tal vez como base de una nueva civilización, pero siguen menospreciando la realidad: una mayoría indígena y mestiza, pobre y explotada.

    En 1934, se crean dos radios locales en los centros mineros donde trabajan indígenas y mestizos: la CP9 Radio Oruro abre en mayo de 1934 y la CPH Radio Potosí en julioagosto de 1934. La política de educación del indio, si fracasa con las escuelas, tal vez sea exitosa por radio. Es el tema recurrente de la radio como solución a los espinosos problemas bolivianos.

    En 1935, los bolivianos descubren otra forma de integrar y utilizar a sus autóctonos. Desafortunadamente, son los paraguayos que explotan la idea: “Presentación de Chiriguanos en la radio. Un aparatoso medio de propaganda que tratan de poner en práctica62”. Los paraguayos presentan a chiriguanos “que aprehendieron en las inmediaciones del Río Parapetí. Así desnudos y hambrientos, los exhibieron asegurando que son parientes cercanos, seguramente por los pies descalzos y por las expresiones guturales de que se valen los guaraníes para entenderse entre ellos […] desde la Radio Prieto de Asunción, se anuncia que los indios aborígenes que tienen en rehenes, difundirán mediante el micrófono piezas de música Chiriguana. Existe en Asunción con tal motivo extraordinaria expectativa”. Se critica la iniciativa paraguaya por no haber podido instrumentalizar a estos chiriguanos y entonces hacer valer sus derechos sobre esta región. La radio puede ser un instrumento terriblemente cínico en las manos de nacionalistas desesperados.

     

    ALGUNAS CONCLUSIONES

    La entrada de un nuevo medio de comunicación de masas en el panorama nacional y mundial permite descubrir nuevos aspectos de la historia. En el caso de Bolivia, la radio permite comprender y analizar, con otro punto de vista, una de las lógicas complejas de su sociedad. En menos de una década (1929-1935) el país experimenta el auge de un nuevo canal de difusión, una guerra internacional devastadora y tremendos cambios socio-políticos y culturales.

    La radio no da el impulso de estos cambios sino proporciona el espacio para verlos. El discurso radiofónico de la Guerra del Chaco es un discurso unilateral idealista que viene de sectores sociales específicos (dominantes) y se dirige hacia una masa heterogénea de audiencia, boliviana y foránea.

    A pesar de su unilateralidad y su idealismo, permite que esta masa se encuentre de forma simbólica y física. En las plazas, los radioescuchas se relacionan, discuten, y aprenden de la existencia de otros sectores sociales, otros espacios geográficos de Bolivia. En su imaginario nace una nueva conciencia social, nacional e internacional. Si la guerra permite la integración efectiva de los sectores marginados (mestizos e indígenas) en las filas del Ejército, la radio refuerza los lazos interpersonales dentro del país y con la comunidad internacional.

    Este nuevo relacionamiento social, propulsado por la guerra y revelado por la radio, va de mano con un cambio político-económico radical. Como lo escribe Thomas Lyle Whigham,“la guerra destruye, la guerra construye”63. La pérdida de la guerra significa efectivamente el cierre de un ciclo político (los liberales), el inicio del proceso de desmoronamiento de la vieja oligarquía minera, y la emergencia de la llamada “Generación del Chaco” con los militares Germán Busch y David Toro que llegan al poder. Las radios en la guerra del Chaco son testigos fieles y el espejo ilusionista de las lógicas de estos cambios.

    NOTAS

    (*) Historiadora. Universidad Europea de Bretaña, Francia

    1.   Emisión de señales (mensajes) a través del éter (telefonía sin hilo), utilizando las ondas hertzianas.

    2.   Merayo, Arturo (bajo la dirección de). La radio en iberoamérica. Evolución, diagnóstico y prospectiva. Madrid, Colección Periodística, n°21, 2007. 464p.

    3.   Idem.

    4.   Véase la imagen ofrecida por la prensa: “enseñanzas, informaciones o audiciones musicales que los radiofilistas reciben […] cómodamente sentados en los sillones del escritorio particular”. La Razón, 5 de septiembre de 1928. Hemeroteca, Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional de la Vicepresidencia de la República, La Paz, Bolivia.

    5.   Decreto Supremo del 22 de junio de 1925, dictado por Bautista Saavedra. El Anuario, recopilación de los leyes y decretos, Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional de la Vicepresidencia de la República, La Paz, Bolivia.

    6.   Artículo 38, D.S del 22 de junio de 1925. El Anuario, op. cit.

    7.   Cf. Supra.

    8.   D.S del 29 de marzo de 1927, dictado por Hernando Siles Reyes. El Anuario, op. cit.

    9.   R.S. del 31 de mayo de 1928, El Anuario, op. cit.

    10.  Reyes Velásquez, Jaime. Historia, legislación y ética de la radio en Bolivia. Módulo 1, p 32-37. Programa nacional de formación universitaria en comunicación radiofónica. La Paz: Universidad Católica Boliviana, 1999.

    11.  El Diario, 2 de marzo de 1929. Hemeroteca, Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional de la Vicepresidencia de la República, La Paz, Bolivia.

    12.  2 de marzo de 1929.

    13.  Así como en las Plazas Venezuela y Pérez Velasco (La Razón, 2 de marzo de 1929).

    14.  El Diario, domingo 3 de marzo de 1929.

    15.  El Diario, 2 de marzo de 1929.

    16.  La Razón y El Diario pertenecen a las élites intelectuales de los partidos políticos.

    17.  Primera audición de la CPX, El Diario, La Razón, 2 de marzo de 1929.

    18.  El Anuario op.cit.

    19.  El CPDN fue fundado en 1924 para promover los intereses nacionales e internacionales de Bolivia bajo los auspicios de su presidente, don Alfredo Ascarrunz, su secretario general, don José Salmón y la iniciativa del patricio paceño don Jorge Saenz.

    20.  Raúl de la Quintana Condarco. Radio Illimani, los primeros años de su historia, 1933-1937. La Paz : CIMA, 1986 (p.11). NB : referencia de 1932.

    21.  Quintana, op. cit.

    22.  Son a menudo los mismos que hablan por radio.

    23.  Concentración de las tierras, peonaje, técnicas y estructuras agrarias anticuadas, sobre los cuales reposa el frágil equilibrio económico. Mesa, José de; Gisbert, Teresa ; Mesa Gisbert, Carlos. Historia de Bolivia. La Paz : Editorial Gisbert, 2007.

    24.  El Diario, 6 de junio de 1933.

    25.  El Diario, 11 de julio de 1933.

    26.  La Razón, 16 de julio de 1933.

    27.  La Razón, 15 de julio de 1933.

    28.  Batalla donde se ilustraron los soldados bolivianos en septiembre de 1932.

    29.  Citado por Quintana, op. cit.

    30.  La Razón, El Diario 16.07.1933.

    31.  “Ponerse en contacto con la raza indígena ya sea aimara o quechua, en su propio idioma organizando conferencias y enseñanzas apropiadas que serán amenizadas con variados programas musicales” op.cit.

    32.  Cf. Guerra Federal de 1899 entre liberales (La Paz) y conservadores (Sucre).

    33. La Razón, 19.07.33 “En Santa Cruz, no se escucha la estación R. Illimani”; El Diario 19.07.33 “los radioescuchas de Santa Cruz han sido defraudados”.

    34. La Razón, 19.07.33 “las audiciones de CPX en el interior de Santa Cruz […] magnífica trasmisión noche 14 que superó Radio Illimani en noche inauguración”.

    35. “Sobre las audiciones de la radio CPX La Paz”. La Razón, 23 de julio de 1933.

    36. Fernández Terán, Roberto. « Prensa, Radio e imaginario Boliviano durante la Guerra del Chaco (1932-1935) » p. 209-246, en La Música en Bolivia: De la Prehistoria a la Actualidad. Cochabamba: Walter Sánchez (ed.), 2002. p.219.

    37. Son cuatro, si consideramos la propaganda comercial, pero la dejamos de lado.

    38. Por ejemplo: “Se escuchan bien las audiciones de la radio Illimani en Colombia. El doctor Cuervo recibió un radiograma de Cúcuta”, La Razón, 26 de julio de 1933.

    39. Por ejemplo: “en homenaje a Colombia ofreció anoche una audición especial la radio Illimani”, La Razón 21 de julio de 1934.

    40. CPX, diciembre de 1933.

    41. CPX, mayo de 1934.

    42. El Diario, 22 de agosto de 1934.

    43. La Razón, 9 de junio de 1934.

    44. El Diario, junio-julio de 1934.

    45. Fernández, op.cit.

    46. El Diario, junio, julio de 1934.

    47. La Razón, 13 de febrero de 1935.

    48. Radio Nacional (El Diario, junio de 1934).

    49. El Diario, junio de 1934.

    50. Por ejemplo: “No se trata de un pleito de fronteras sino de la propiedad del Chaco Boreal. Texto de la 4ª conferencia de don Eduardo Diez de Medina en la Radio Illimani”, La Razón, 28 de julio de 1933.

    51. El Diario, septiembre de 1934.

    52. Fernández, op.cit.

    53. Cárdenas Villanueva, Jenny. El impacto de la guerra del Chaco en la música boliviana (Música criollo-mestiza: resurgimiento de una identidad cultural de interpretación). Tesis de licenciatura en sociología. La Paz: Universidad Mayor de San Andrés, 1986. 54. Op.cit.

    55. Fernández, op.cit.

    56. Auza León, Atiliano. Historia de la música boliviana. Sucre: Talleres Gráficos “Tupac Katari, 1982. Citado por Cárdenas, Jenny. op.cit.

    57. De José Salmón.

    58. Autor de la “Suite Aymara”.

    59. Positivismo de Augusto Comte, teoría de la evolución de Charles Darwin; darwinismo social de Herbert Spencer.

    60. Cf. Discurso de inauguración de la Illimani del Vicepresidente Tejada Sorzano.

    61. Op.cit.

    62. El Diario, enero-abril de 1935.

    63. Thomas L. Whigham. «La guerre détruit, la guerre construit. Essai sur le développement du nationalisme en Amérique du Sud» p.23 in Richard, Nicolas; Capdevila, Luc ; Boidin, Capucine (sous la direction de). Actes du colloque international: Le Paraguay à l’ombre de ses guerres. París, 17-19 novembre 2005. París: Colibris, 2007.


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